lunes, 10 de marzo de 2008

Chitty Chitty Bang Bang (1968)

¿Se puede tener una infancia sin que Roald Dahl aparezca en algún momento u otro? Yo pensaba que sí, pero la realidad me ha derrotado una vez más: el ínclito Dahl firma el guión de Chitty Chitty Bang Bang, uno de esos filmes que son imposibles de olvidar, y que de un modo u otro le marcan a uno la infancia. ¿Quién no tembló de miedo imaginando que Robert Helpmann venía a por uno? Esta película es lo más parecido a la Disney fuera de la Disney que ha habido hasta la llegada de las animaciones por ordenador. Y para rizar el rizo la historia se inspiró en un escrito de Ian Fleming. ¿Tenía Dick Van Dyke licencia para matar?

Principalmente cabría destacar de Chitty Chitty Bang Bang un personaje para la historia, el temible cazador de niños, magníficamente interpretado por el ya citado Helpmann. No es de extrañar pues que el joven y astuto Marilyn Manson se inspirara en él para su EP Smells like children.
Las coreografías también merecen un momento de atención, sobresaliendo sobretodo los bailarines de bastones de bambú y esa deliciosa escena donde Dick Van Dyke y Sally Howes bailan como un títere y una muñeca mecánica respectivamente. Del resto de momentos musicales poco puedo decir, salvo que la mayoría me dejan frío. Las canciones que más se acercan al estilo Disney me aburren solemnemente, es algo que no puedo evitar. Ya de pequeño me dejaban frío, con lo que la tendencia no ha ido sino a peor.

Una cosa que echo en falta en las actuales películas de Disney y sucedáneos para niños y familias es esa oscuridad subyacente en los viejos cuentos populares y los filmes clásicos del retorcido Walt Disney, que del asunto sabía bastante. En la segunda parte de Chitty Chitty Bang Bang la alegría desaparece para llevarnos al terrible reino de Vulgaria (¿están prohibidos los niños en el país balcánico?), donde bajo la terrible dictadura del gordinflón e infantilmente caprichoso Barón Bomburst y la bruja de su mujer los niños deben permanecer escondidos y la gente es infeliz. Sí, echo de menos al cazador de niños del siglo XXI, a la muerte de Bambi de infografía... en definitiva, esos momentos que aterrorizaban a los niños. Quizás hoy en día ya nada les impresione, pero es sabido que los buenos villanos mejoran las películas.
Lo cierto es que la última vez que la vi hubo algo que me impactó más que el personaje de Helpmann, y fue descubrir a Benny Hill escondido tras su caracterización del fabricante de juguetes. ¡Eso sí que es aterrador! Por cierto, resulta curioso que siendo una producción ajena a la Disney se rodara en uno de los mayores símbolos de la famosa compañía, el precioso castillo de Neuschwanstein en Baviera.

Ken Hughes, el director de la cinta, logró reunir musical, ciertas dosis de acción y comedia de una forma magistral. Ya desde los vistosos y espectaculares títulos de crédito, repletos de imágenes de carreras de coches de principios de siglo, uno puede notar que se encuentra viendo un pequeño trabajo de artesanía. El accidente final que da paso al comienzo de la trama, con ese viejo coche abandonado, es una muestra de cine clásico inmersa en el mundo de fantasía à là Disney. En otro orden de cosas, tanto Hughes como Dahl le dieron a la película un delicioso toque humorístico que comprendía los diversos géneros de comedia que se habían podido ver en las salas cinematográficas: absurdo, chistes de doble sentido, vodevil, y ese pequeño homenaje al slapstick que representan los dos inútiles espías del barón Bomburst.
Con todo, ni en cien vidas habría podido imaginar que el mismo hombre que dirigiera Chitty Chitty Bang Bang se descargara dos años después con la monstruosa y titánica Cromwell, uno de los mejores biopics jamás rodados. Pero ya ven, así es el amigo Hughes, una caja de sorpresas.


Robert Helpmann, pesadilla infantil hecha carne

Un par de reflexiones finales. Truly Scrumptious (algo así como verdaderamente espléndida o verdaderamente deliciosa), extraño nombre para un personaje de una película infantil. Por cierto, que al final el bueno de Van Dyke hará su fortuna gracias a caramelos para perros que hacen las veces de flauta. ¿A cuantos canes dejaría ciegos su invento? Otro daño colateral más que añadir a una película infantil. ¡Nadie puede con mi buen bambú!

2 comentarios:

Aura dijo...

¿Se acuerda de cuando comentábamos la peli?
http://aura-archangemaudit.blogspot.com/2007/09/chitty-chitty-bang-bang.html

Me ha gustado mucho su post, yo todavía vibro con los terrores Disney. Que infancias más aburridas me imagino en estos tiempos...

Möbius el Crononauta dijo...

¡Vaya viaje en el tiempo! Ya me imaginaba que serías de las primeras en dejar un comentario. He disfrutado revisionando tras tanto tiempo este pequeño clásico.

Efectivamente, ahora los filmes Disney ya no desprenden malignidad alguna, lamentablemente.