lunes, 17 de marzo de 2008

Casa de juegos (1987)


La figura del timador me parece realmente sugerente. Es un tipo de criminal al que fácilmente se le puede tener simpatía. No usa armas, ni coacciona, ni se ve envuelto en delitos de sangre. Por supuesto, en la vida real puede ser tan dañino y nocivo como cualquier criminal común. Pero en el mundo del cine el timador es un personaje de corte carismático que suele dar buenos resultados en la pantalla. Esa obra deliciosa que es El golpe aúna todas las características del género y nos presenta la visión más romántica del timador. Casa de juegos conserva parte de ese halo ilusiorio y lo traslada a escenarios más reales, algo parecido a lo que pudimos contemplar en el magnífico filme Nueve reinas.

David Mamet, el afamado dramaturgo, guionista y director debutó en la realización con esta película basada en una historia suya. Una joven psiquiatra, autora de un exitoso libro, está tratando a un paciente con problemas de ludopatía que un buen día se le presenta y le amenaza con suicidarse. Dice que le debe mucho dinero a una gente muy peligrosa. La joven decide ayudarle y acude a ver al mafiosillo que ha amenazado al chaval. Será el primer paso hacia un mundo muy distinto de aquél al que está acostumbrado la psiquiatra.
Casa de juegos es, como la mayoría de obras de Mamet, una intrincada historia con diálogos de temporizador donde la trama cobra interés a medida que diversos giros inesperados nos van llevando de uno a otro lado. Sin ser tan brillante como Glengarry Glen Ross (pero por ejemplo más entretenida que la polémica Oleanna), la película nos ofrece todo lo que uno espera del sello Mamet. La dirección es simplemente correcta, y aunque resulta claro que en manos de un director más experimentado la cinta habría ganado muchos enteros, Casa de juegos no deja de ser un filme muy entretenido dotado de una excelente historia y buenas interpretaciones, donde destaca sobretodo un pícaro Joe Mantegna.


Por lo demás, resulta curioso el timo del sobre y del cambio, un timo ideado por el experto timador que asesoró a Mamet, y que intenvó la treta para no tener que desvelar trucos que todavía usaban compañeros suyos. El gremio de estafadores, como ven, tiene un código de honor como ya quedan pocos.

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