domingo, 10 de febrero de 2008

No es país para viejos (2007)



¿Se le están acabando las ideas a los hermanos Coen? Si tras la flácida Crueldad Intolerable y el aparente fiasco de The Ladykillers los dos genios se basaron por primera vez en una historia ajena para componer su nuevo film, en mi cabeza se dispararon las alarmas. Tras ver No es país para viejos, la luz roja se ha apagado. Pero todavía espero a verles con un guión surgido por completo de ese par de cabezas enfermas. Me huele a que juzgar esta película sin haber leído el libro es navegar en los mares del desconcierto, pero allá voy, lanzen las amarras y desplieguen las velas. ¡Todos a bordo!

Bien, así es como fue más o menos: los Coen se encontraban en un breve período de descanso de rodajes para escribir unos cuantos guiones, cuando el productor Scott Rudin les envió una copia de la última novela cuyos derechos había conseguido. Titulada No Country For Old Men y escrita por un tal Cormac McCarthy, los Coen no sólo leyeron el libro sino que rebuscaron en el resto de la bibliografía del escritor, así que cuando Rudin les preguntó si aceptarían llevarla a la pantalla los hermanos contestaron afirmativamente.

Tal como se desarrolla la historia en la película, No es país para viejos narra tres vidas que en un determinado momento se solaparán alrededor de un punto en común: unos narcotraficantes muertos, un suculento botín y la caza del hombre. Un viejo sheriff llamado Ed, un asesino sociópata llamado Anton Chigurh y un soldador que vive con su mujer en una caravana llamado Llewelyn Moss jugarán al gato y al ratón, en una violenta persecución como aquellas de los viejos cartoons en las que un ratón era perseguido por un gato y éste a su vez por un perro. Por el título de la película podríamos pensar que Ed es el personaje principal. Si ocurre así en la novela es algo que no sé, pero en el film ningún personaje cobra más importancia que otro. Con más o menos minutaje, se podría decir que esos tres extraños individuos están situados en un plano de igualdad.
Será Llewelyn Moss el desencadenante de la historia. Él descubrirá los cuerpos de los narcotraficantes, él encontrará el dinero y se lo llevará consigo. Para un ex-veterano de Vietnam que vive en una caravana, ver tantos dólares significa una vida mejor. Aún así, su conciencia le hará volver con un bidón de agua al lugar del crimen. Allí logrará escapar con vida de su encontranazo con algunos secuaces del dueño del dinero, pero el fallo de éstos pondrá en su busca al temible asesino Anton Chigurh.

El punto de discordia respecto a No es país para viejos tal vez sea su decisión de trasladar lo más fielmente posible la historia de las hojas de papel a la gran pantalla. Creo que el film es uno de esos extraños casos en que podría revelar el final de la película y no importaría demasiado. Lo cierto es que tras contemplar uno de los finales más desconcertantes de los últimos tiempos, uno se queda con la duda de si se trata de una broma más de los hermanos Coen, llevada al límite. Según lo que ellos mismos declaran en algunas entrevistas, la explicación es tan simple como que ése es el final de la novela. Ni más ni menos. El evidente cambio de tono hacia los dos últimos tercios del film también parece explicarse por la fidelidad de la historia a la obra de McCarthy. El cuestionarse la validez de tales argumentos sería entrar en un debate sobre cuál es el objetivo de las adaptaciones cinematográficas de obras literarias y todas las implicaciones que pueda haber sobre el asunto. Quizás solo baste decir que algunos tal vez se puedan sentir decepcionados con el final o con el propio film en sí. A mí no sólo no me decepcionó, sino que me hizo salir de la sala con una sonrisa y amando a los dos hermanos aún más. Tras jugueteos con el mainstream como Crueldad intolerable celebro ese gesto de anarquismo de corte literario en los dos hermanos. Por último, decir que estén atentos a la pantalla y no pestañeen o bostecen. Un poco más y me pierdo la conclusión de la cinta. Hacía tiempo que no me impactaba tanto el final de una película.

Un estupendo y muy "coeniano" Josh Brolin (el que tanto jugaba con agujas en Planet Terror) pone su acento sureño y su bigote setentero a Llewelyn Moss, un tipo que se juega la vida para salir de pobre. Tan sólo decir que no me importaría verlo como habitual de los dos hermanos. Un (para mí) sorprendente Javier Bardem encaja sin ayuda de vaselina como el callado, filosóficamente esquizoide e inusualmente despiadado Anton Chigurh, uno de los mejores villanos de los últimos años cuyo peinado amenaza con desbancar al mullet. Chigurh nos atemorizará y nos hará reir, y nos descubrirá los mil y un usos de una pistola cautiva de percusión. Supongo que no podía ser de otra forma, pero los Coen me han reconciliado con Bardem. Aunque no sé si me gustaría verle convertido en habitual.
Aunque se ha hablado mucho, y con razón, de Bardem, sería injusto no elogiar la estupenda labor de un crepuscular y cansado Tommy Lee Jones, cuyo sheriff Ed, ese defensor de la ley que no ve sentido a su trabajo en un mundo que se viene abajo a su alrededor, representa el lado más romántico del film. Con sus ecos del sheriff de ese pequeño clásico 90's llamado Lone Star y de los descreídos personajes de Bogart, Tommy Lee Jones demuestra lo muy buen actor que puede llegar a ser, y que por lo que parece le espera una madurez realmente interesante. El fugaz aunque sólido Woody Harrelson cumple a la perfección su cometido (como dicen los Coen, hizo lo que ellos le dijeron que hiciera) y pese a su poco minutaje su personaje brilla igual que los otres tres.
La conversación entre Ed y el gordo y viejo amigo en un restaurante es realmente aclaradora, y queda claro por que los viejos ya no encajan ese nuevo y demasiado moderno país. Ed es una figura paternal, que tiende a la protección no sólo por su trabajo sino por su visión de la vida. Ed no comprende la actitud de esos jóvenes que han olvidado los viejos valores y sólo se preocupan del dinero y la cultura del hip hop. El personaje de Tommy Lee Jones recuerda al de Frances McDormand en Fargo (esa intuición policial más propia de Sherlock Holmes que de un policía de pueblo), aunque éste es más oscuro y menos alegre, y se ve incapaz de proteger a Moss de sí mismo y de Chigurh. Para él, el relejo ha movido demasiado deprisa sus manecillas.


Bardem y su peinado asesino

En esta ocasión los Coen se han atrevido con el género TexMex de narcotraficantes mejicanos y pueblos fronterizos, y en mi opinión han salido indemnes de su adaptación. Además, No es país para viejos nos ofrece uno de los duelos más excitantes que se hayan podido ver en la gran pantalla. Lo mal que se lo hace pasar Chigurh a Moss podrían convertir a la primera mitad del film en el Duel de estos tiempos.
Como me es imposible saber a ciencia cierta qué escenas pueden haber añadido o modificado los Coen, he de guiarme por sus declaraciones y diversas críticas del film. De modo que me atrevería a afirmar que la mayor parte de los diálogos han sido extraídos de la novela, lo cual es curioso porque hay varios momentos que podrían haber salido perfectamente de las mentes de los dos directores y guionistas. El típico humor negro de los hermanos es aquí menos obvio, pero aun así algunas muestras de ello. Esas enrevesadas cuestiones de Chigurh, o la impagable escena de la banda de mariachis, podrían muy bien llevar la firma de los hermanos. Aunque quién sabe, igual McCarthy puede llegar a ser tan Coen como los Coen.

Otro hecho curioso es la práctica ausencia de banda sonora en el film. Pero lo cierto es que no se echa de menos. El ritmo y la cinematografía de los Coen y el poder visual desplegado en la película parece ser suficiente para motivar al espectador y hacerle vibrar en las persecuciones o angustiarse ante la intimidante presencia de Chigurh. ¡Ah! Y una vez más, ninguno de los viejos habituales aparecen en la película. ¿Es que ya nadie echa de menos a Turturro o Buscemi?

En resumen, creo que aquél que ame la carrera de los dos hermanos y se identifique con su forma de ver el mundo y su manera de construir personajes disfrutará con No es país para viejos. No es un film 100% Coen, pero se nota que está dirigida por ellos y no por cualquier director de blockbusters. Maldición, que me lleve el diablo si la conversación entre Chigurh y el dueño de la pequeña tienda de carretera no es una de las mejores escenas que he visto en el cine de los últimos veinte o treinta años.

Leer critica de No es país para viejos en Muchocine.net

6 comentarios:

Higronauta dijo...

Aunque ando algo harto de tanto Bardem últimamente, y aunque no entiendo el por qué de las dos últimas cintas de los Cohen Bross (que, reconozco no haber visto), esta ya asomaba a una vuelta a sus raíces. Tras leer su comentario, obligada visión toca.

Fantomas dijo...

Esta película me persigue, blog en el que me meto lo primero que sale es la crítica de esta cinta. Me rindo!! iré a verla.

Que estes bien.
Saludos.

Luis dijo...

Si, la verdad es que esta película esta últimamente hasta en la sopa. Siempre que sale una nueva película de los hermanos Cohen siento gran curiosidad, aunque con sus ultimas cintas no he tenido mas que decepciones. Veremos que tal esta vez.

Un saludo

Luis

Möbius el Crononauta dijo...

Si por mi fuera los telediarios no hablarían de otra cosa. ¡Cada estreno de los Coen debería ser un acontecimiento mundial!

Ya espero con impaciencia ese Burn After Reading, aunque salga Brad Pitt

Lillu dijo...

Como ya conoces mis impresiones sobre la película sólo diré que creo que no voy a leer el libro... :P

Y yo SÍ echo de menos a Buscemi!

saluditos

Pablo dijo...

Solamente y desde este estupendo blog de amigos (pues la película, todavia no la he visto), darle a Javier Bardem, mi más cordial enhorabuena. Saludos!!!. Y como siempre sensacional comentario.
http//:pablocine.blogia.com