martes, 5 de febrero de 2008

Laura (1944)



Rouben Mamoulian había sido apartado del proyecto. Ningún director de suficiente prestigio se encontraba disponible. Fue el productor, un vienés de casi cuarenta años, quién se hizo cargo de la dirección del film. Su experiencia no era demasiado abundante: unas cuantas películas menores que había alternado con obras en Broadway desde que emigrara desde Austria, huyendo de la locura nazi. Su nombre era Otto Preminger, y Laura estaba destinada a ser la película que le lanzara al estrellato, como hizo con los dos protagonistas de la película, Gene Tierney y Dana Andrews.

Un irónico y duro detective de la policía, McPherson, se encarga de investigar el asesinato de una afamada publicista, Laura Hunt. En su rueda de interrogación de
sospechosos acude a la casa de Waldo Lydecker, un columnista radiofónico brillante y hedonista que se ha caracteriza por un gran interés en la crónica negra. A través de su declaración retrocederemos en el tiempo para conocer la historia de Laura y los acontecimientos previos a su muerte.

Tiempo atrás una joven Laura intenta que Lydecker apadrine la publicidad de una pluma estilográfica. Molestado durante su almuerzo por la impetuosa joven, el escritor la despacha de mala manera. Sin embargo, queda impresionado por la personalidad de la bella chica. Más tarde acudirá al trabajo de ella para disculparse y aceptar la oferta de la publicista. Será el comienzo de una larga amistad en la que Lydecker (mucho mayor que ella) se convertirá en una figura paternal y protectora, Los sentimientos de Lydecker hacia Laura serán cada vez más confusos.
En una fiesta Laura conoce a Shelby Carpenter, un latifundista arruinado y vividor que se sustenta bajo la protección de la señora Ann Treadwell, una mujer de buena posición que está enamorada de Carpenter. Sin embargo, tras conocer a Laura, Carpenter intentará seducirla sin demasiado éxito al principio, hasta que pasado un tiempo irán intimando hasta hacer planes de boda. Lydecker, que desprecia a Carpenter, intentará por todos los medios impedir la boda, llegando a revelarle a Laura una relación que el gigoló mantiene con una joven modelo que trabaja en la misma agencia de la señorita Hunt. Dudando en si romper o no el compromiso, Laura se retira a su casa. Poco después, un viernes, Laura llama a Lydecker cancelando una cita para cenar que tenían esa mismo noche. Algunas horas después es descubierto su cadáver.

Tras toda esta trama policíaca se esconde un gran secreto, un hecho oculto que girará la trama en el momento más inesperado. El detective McPherson irá descubriendo una complicada maraña de relaciones sentimentales, sentimientos encontrados, envidias y juegos sentimentales en la que se irá complicándose de un modo total, hasta el punto de que irá obsesionándose con el retrato de la fallecida Laura, descubriendo que el magnetismo de esa mujer es tan poderoso que perdura incluso tras su muerte. Con esa enrevesada maraña de intereses y medias verdades como trama impresa en un guión ágil y líneas de diálogo brillantes, y una dirección impecable, Laura es por derecho propio uno de los grandes títulos del film noir, que recoge tradiciones del género (empezando por la obra de Agatha Christie) y elementos de cintas previas como El halcón maltés y se enlaza con filmes posteriores como el Vertigo de Hitchcock.

El intricado guión (aunque vista hoy en día quizás no lo sea tanto) destaca por su vibrante trama en la línea habitual de los whodunnit y por ese tipo de frases ("No uso estilográfica, uso una pluma de ganso mojada en veneno") que convierten al cine negro clásico en un género realmente delicioso. Por otro lado, Otto Preminger construye los hechos de una forma clara y concisa, sin andar con rodeos, un estilo que sin embargo no dejaba ser habitual de la época. Ayudado por una espléndida fotografía, Preminger rodea la cinta de un halo onírico, especialmente en ciertas tomas de Gene Tierney, cuya belleza, por otro lado, es retratada en Laura de forma sublime.


Miss Tierney

Como ya he dicho, el filme elevó a Tierney y Andrews a la categoría de grandes estrellas. Laura Hunt es uno de los papeles definitivos de la Tierney, una (nunca me cansaré de decirlo) criatura maravillosa que me hace pensar que Dios existe. En Laura su carisma escénico y su porte son capturados en la pantalla como pocas veces lograron hacerlo; además, la interpretación de la actriz llega a cautivar como cautiva al mordaz Lydecker. Por su parte, Dana Andrews (¡durante muchos años pensé que sería una mujer!) sobresale también como el típico detective descreído y lenguaraz del género; aunque no se puede comparar con los retratos detectivescos del gran Bogart, el bueno de Andrews supo estar a la altura de las circunstancias y darle a su personaje un gancho lo bastante bueno para cobrar protagonismo en determinadas escenas clave. Vincent Price, que interpreta al mujeriego Carpenter, sale indemne con su carisma habitual; a pesar de que su personaje sea demasiado ingrato como para brillar con luz propia, su sola presencia basta para recordarnos lo gran actor que fue este hombre. La señora Treadwell, la admiradora de Carpenter, tiene el rostro de Judith Anderson, la inolvidable dama de llaves de Rebeca. Imposible superar o siguiera igualar un papel así, pero su rostro imperturbable se adapta perfectamente a su papel en el filme.
Un capítulo aparte merece Clifton Webb, un actor impuesto por Preminger para mayor berrinche del todopoderoso Darryl F. Zanuck, a quién la homosexualidad del aristocrático Webb le debía quitar el sueño. Por suerte para la película, para Zanuck y para el propio Webb, que volvía al cine tras un exilio que databa del comienzo del sonoro, Preminger le rescató para que interpretara al bífido dandy Lydecker. Clifton Webb está sencillamente inconmensurable, y encaja en el papel tan elegantemente como le encajan los trajes. Suyas son las mejores frases del film, así como la mayoría de las escenas en las que participa. Un diez para él.

Otro elemento del filme que ha permanecido en la memoria es el tema principal del mismo, titulado también "Laura" y compuesto por David Raksin. Aunque personalmente a mí no me dice mucho, no se puede negar que es una bella composición, y muchos cinéfilos seguro que la tienen entre sus preferidas.

Laura supuso el estrellato para varios nombres ahora inmortales del celuloide, y es un título a destacar dentro de ese espléndido género que es el cine negro.

Leer critica de Laura en Muchocine.net

3 comentarios:

Guido dijo...

Creo que Gene Tierney es la mujer más bella que se ha proyectado en una pantalla de cine, y nunca se vio ás hermosa que en esta película.

Que bueno que detallas el aspecto onírico, porque una de las teorías que rondan es que todo lo que acontece luego de que se descrubre que Laura no ha muerto es un sueño.

El cambio argumental y narrativo TAN grande que hay a partir de ese punto te hace pensar que estás viendo una película totalmente diferente a la del principio.

Saludos!

Möbius el Crononauta dijo...

Sí, leí lo del sueño, y lo cierto es que prefiero que al final no se hiciera asi, no creo que hubiera llegado a resultar. De todas formas esa cierto ensueño que rodea a muchos planos no creo que dé sólo en "Laura", en determinados momentos otros films del cine negro me dan la misma sensación.

En cuanto a Gene Tierney, totalmente de acuerdo. Era una diosa.

Pablo dijo...

Una obra maestra, una de esas pocas películas que una vez vista, se queda uno plenamente satisfecho, puesto que ni le sobra ni le falta de nada. Otto Preminger, se saló (bueno, se ha salido muchas veces), pero aquí por la puerta grande. Con un extraordinario guión obra de Jay Dratler, Betty Reinhard y Samuel Hoffenstein, lleno de giros y sospresas. Y de las actuaciones, que se le va a decir todos impagables, pero por encima, esa belleza llamada Gene Tierney, porque sin ella, que duda cabe, esta película, hubiera sido otra muy diferente. En fín, una obra maestra. Una película que es cine, pero elevado al cubo. Saludos!!!
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