jueves, 28 de febrero de 2008

Jack Nicholson, el último rey de Hollywood


My mother never saw the irony in calling me a son-of-a bitch.

Hubo un tiempo en que en que las estrellas de cine no eran simples actores o actrices que ganaban mucho dinero, eran mitos intocables, cuya vida pública nunca se dejaba al azar y era cuidada y estudiada al milímetro por los grandes estudios. En aquel entonces la prensa no era tan exageradamente poderosa como hoy en día, y una gran parte de aquellos chicos y chicas que habían logrado alcanzar su sueño vivían la vida al límite y protagonizaban miles de anécdotas salvajes, delirantes o simplemente hilarantes. Eran tiempos en los que Clark Gable era conocido como el Rey de Hollywood. Hoy el glamour ha desaparecido, y fuera de las galas y entregas de premios los actores apenas se diferencian de la gente de la calle. Parece que las orgías y las fiestas en mansiones de estilo español son cosa del pasado. Sigue habiendo intérpretes con talento, pero la artesanía y la magia ya no están allí. La mayor parte de las películas actuales se fabrican en serie, como las hamburguesas.
Hay un tipo, un veterano en Tinseltown, de profesión actor, cuyo carisma, talento y pasión por la vida le entroncan directamente con las estrellas del pasado. Se le considere mejor o peor, o le discuta su histrionismo y exceso interpretativo, Jack Nicholson probablemente sea el último rey de Hollywood.

En uno de sus últimos trabajos, Cuando menos te lo esperas, Nicholson interpretaba a un hombre ya mayor que se resistía a vivir según su edad, y se negaba a tener relaciones con mujeres de más de treinta años. Pocos papeles le habrían ido mejor a un actor que llegó a salir con una amiga de su hija. El viejo diablo no estaba dispuesto a descansar. Hoy en día el actor dice dedicarse a su trabajo y a ejercer de padre para sus hijos adolescentes. Según Nicholson, las orgías en su habitación y las montañas de cocaína en bandejas de oro quedan atrás. Tendremos que creerle.

Nicholson es peculiar en muchos sentidos, y su infancia no fue diferente. Su madre, June Frances Nicholson, una corista que se encontraba en Nueva York persiguiendo su particular sueño americano. June se casó con un comediante, Donald Furcillo, quién ya estaba casado y tenía problemas con el alcohol. El matrimonio acabó pronto y June regresó junto a su madre. Fue ella quién se encargó del hijo ilegítimo, cuya paternidad no está del todo clara. Jack ha declarado que nunca ha sabido quién es su verdadero padre.
El joven Jack se crió con sus abuelos, pensando que éstos eran sus padres, y que June y su tía Lorraine eran sus hermanas mayores. En 1974, mientras se encontraba rodando The Fortune, un periodista de la revista Life que estaba realizando una biografía sobre Nicholson le llamó a su casa. Así fue como Jack se enteró del secreto familiar. Fue Lorraine la que confirmó la historia. Para entonces su abuela y su madre ya habían muerto.
Tras dejar la escuela Nicholson tuvo varios trabajos, incluyendo el de socorrista y el de acomodador en un cine, hasta que comenzó su carrera artística en los estudios de animación Hannah-Barbera como chico de los recados. Decidido a ser actor encontró trabajó de la mano del mítico director Roger Corman, con quien comenzó a destacar en películas como The Cry Baby Killer o La tienda de los horrores. Por entonces asistió a las clases de interpretación que impartía Martin Landau. Allí conoció a la aspirante a actriz Sandra Knight. Comenzaron a salir y en 1962 se casaron. El matrimonio duró cinco años y les dejó una hija, Jennifer.

En la primera mitad de los sesenta las ofertas de trabajo comenzaron a escasear, y Nicholson se ganó la vida escribiendo algunos guiones, aunque también participo en películas consideradas hoy de culto como El terror o El cuervo.
En 1967 Nicholson escribe el guión para otro trabajo de Corman, The Trip, un título bastante aclaratorio sobre la temática de la película. Para rodar el filme todos los participantes en la misma probaron el LSD (incluido Corman). Nicholson tuvo su viaje en un entorno controlado en un laboratorio. Había comenzado a usar la droga a causa de una extraña terapia de su consejero matrimonial. The Trip estaba protagonizada por Peter Fonda y Dennis Hopper, quienes estaban a punto de participar en la película más mítica de la década. Pero antes Nicholson escribió y produjo la película Head, la respuesta de The Monkees a los trabajos de los Beatles en la gran pantalla.

En 1968 el flamante nuevo productor estrella de la Paramount y playboy en sus ratos libres, Robert Evans, estaba realizando audiciones para el papel del abogado en la película de Dennis Hopper Easy Rider. Un día se encontraba viendo una prueba de pantalla de uno de tantos "nuevos James Dean". De repente apareció un chico que entrega algo a la actriz que da la réplica, sonríe y desaparece del plano. Un entusiasmado Evans pidió que pararan la proyección. "¡Ese es! ¿Quién es el chico de la sonrisa?". Nadie lo sabía. "'¡Averiguadlo!", exclama Evans. A Jack Nicholson le acababa de cambiar la vida.

El rodaje de Easy Rider fue una especie de caos alucinógeno como seguramente sólo en la Era de Acuario podía darse. Nicholson afirmó haber fumado 155 porros durante la filmación. Un buen día él y Hopper, empapados en LSD, salieron a la carretera montados sobre los faros de una camioneta. El propio Dennis dirigió todo el filme en un contínuo estado paranoico inducido por el abuso de las drogas. Aun así, la película obtuvo un enorme éxito, convirtiéndose en una referencia para toda una generación. Easy Rider fue nominada a dos Oscar. Uno de las candidaturas fue la de Jack Nicholson como mejor actor secundario. Las puertas de Tinseltown se habían abierto para él. Al año siguiente volvió a ser nominado, esta vez a mejor actor, por Mi vida es mi vida, que contenía el mejor diálogo referente a un sandwich de la historia.


Jack Nicholson, relaxin' at Camarillo

Durante 1970 y 1971 Nicholson continuó progresando en su carrera participando en películas "adultas" como Un lugar seguro (¡por la que recibió como pago una televisión en color!) y Conocimiento carnal. Sin embargo, en su vida privada, el actor no tenía demasiado tiempo para la reflexión y la correción política. El hombre que daba vino a sus invitados esperando obtener grandes orgías y que casi había logrado desnudar a todo el equipo técnico de Mi vida es mi vida se preparaba en 1971 para realizar su debut como director en No te quedes atrás. Dice la leyenda que actor realizó centenares de audiciones en las que las aspirantes debían desnudarse teniendo ya en mente a su actriz protagonista. Wicked!
En 1974, y de la mano de Roman Polanski, Nicholson obtuvo uno de sus papeles más recordados, el del detective Jake Gittes. El personaje le valió su cuarta nominación a los premios de la Academia, que una vez más no fue a parar a sus manos. Sin embargo, el rodaje le sirvió para conocer a uno de sus ídolos, John Huston. El gran director se convirtió en una figura paterna para Nicholson, y en poco tiempo también en una especie de suegro, pues el actor comenzó a salir con Anjelica Huston, la "hijísima" del director. ¿Imagináis lo que debe ser tener de suegro a John Huston? La relación entre Jack y Anjelica fue de lo más tormentosa y pasó por toda clase de altibajos, pero aun así permanecieron juntos (con decenas de peleas y reconciliaciones de por medio) durante 17 años.

Tras mostrar al mundo sus tareas vocales en la adaptación cinematográfica de la ópera rock Tommy, Nicholson volvió a mostrar su inusual talento como actor en la película de Milos Forman Alguien voló sobre el nido del cuco. Su papel del rebelde y vivaz McMurphy le granjeó una fama todavía mayor y otra candidatura al Oscar. En el rodaje Nicholson lideró su propio golpe de estado contra Forman al igual que McMurphy hacía con la temible enfermera Ratched. Director y actor dejaron de hablarse durante el resto del rodaje, pero ello no fue óbice para que, esta vez sí, el bueno de Jack consiguiera el premio al mejor actor. En su discurso al recibir el premio agradeció a Mary Pickford haber sido la primera en obtener porcentajes de la recaudación de las películas.
Tanto en Alguien voló sobre el nido del cuco como en Missouri Nicholson coincidió con dos actores que se convertirían en grandes amigos suyos: Danny DeVito (un amigo de la infancia) y Marlon Brando. Brando era su vecino en Mullholland Drive, vivía en la casa del al lado, y es divertido pensar en la cantidad de travesuras que realizarían juntos. En esa misma calle vivía también otro party animal de Hollywood, y rey de las camas, Warren Beatty, quien gustaba de compartir amantes con Jack y el productor Robert evans. Con semejante panda reunida no era de extrañar que muchos llamaran a aquella calle "Bad Boy Drive".


¡Jack Torrance!

Actualmente una de las imágenes más conocidas del actor es verle en el estadio de los Lakers apoyando a su equipo favorito de baloncesto. Fue a principio de los 70 cuando Nicholson comenzó a acudir a los partidos de baloncesto, y hoy en día es impensable no verle sentado en la primera fila, oculto bajo sus gafas de sol, con esa sonrisa sardónica en su rostro. Como cualquier otro fan del deporte, el cascarrabias de Jack no duda en levantarse, gritar, protestar o insultar al árbitro o a los contrarios si así lo cree necesario. ¡O bajarse los pantalones! Todo vale para el buen Jack. A pesar de su genio, el actor tuvo que plegarse a la prohibición de fumar en el recinto, y actualmente afirma que en los descansos se va a los baños del estadio a disfrutar de sus puros.

Jack Torrance. Un nombre para el recuerdo. En El resplandor Jack Nicholson nos mostró su lado más diabólico y excesivo, haciendo de la gesticulación y la sobreactuación todo un arte, convirtiéndose en la versión moderna de Charles Laughton. Siempre ha habido división de opiniones sobre él: a unos les parece un actor sobrevalorado; en cambio otros creemos que tras su histrionismo se esconde un excelente actor que fuera de la pantalla es igual de fascinante. Algo que no se puede decir de Tom Cruise o muchos otros. Tras toda una década de éxitos, y tras pasarlo realmente mal bajo la minuciosa y exigente dirección del gran Stanley Kubrick, Nicholson salió echando pestes de allí (aunque siempre ha reconocido el gran trabajo de su compañero neoyorquino) para divertirse con Jessica Lange en el remake de El cartero siempre llama dos veces. En la película controvertida Rojos Nicholson interpretó al dramaturgo Eugene O'Neill. El actor es un liberal convencido que se opuso en su día a la guerra de Vietnam y más recientemente a la invasión de Irak.

En 1983 Jack consigue su tercer Oscar por su trabajo como actor de reparto en La fuerza del cariño. Sería nominado dos veces más durante los 80, una de ellas por El honor de los Prizzi, donde coincidió con su novia Angelica y su supuesto suegro, John Huston. Sin duda una de las muertes que más ha sentido Jack en su vida fue la del venerable Huston, quien poco después de dirigir a Nicholson dejaba este mundo. En 1987 el actor interpretaba al diabólico Daryl en Las brujas de Eastwick. Durante el rodaje Jack hizo gala de su poder defendiendo al director George Miller frente a los mandamases del estudio.


Good ol' Jack

Lo cierto es que Jack Nicholson siempre ha sabido dirigir su carrera con inteligencia. Es una extraña mezcla de vividor y mujeriego irredimible y hombre de negocios. Durante dos décadas se mantuvo trabajando sin parar y su popularidad fue creciendo con los años. Y si tenía que ganarse al nuevo público joven, bueno, el destino le pondría delante a Tim Burton. En 1989 Nicholson disfrutaría de lo lindo encarnando al Joker en Batman (es una de sus interpretaciones favoritas), y además conseguiría un jugosísimo contrato en el que se aseguraba el 20% de los beneficios del merchandising. El actor ganó tanto dinero que podría haberse retirado tras el enorme éxito del filme. Fue por entonces cuando comenzó a salir con la mejor amiga de su hija, a quien dejó embarazada. Tras muchos años de infidelidades, aquello fue demasiado para Angelica Huston. en 1990 se acabó su larga relación con Nicholson.

Un breve pero magnífico papel en Algunos hombres buenos, una excelente interpretación en la minusvalorada Hoffa de DeVito, maquillaje peludo en Lobo, un divertido papel en Mars Attacks, la confirmación definitiva en Mejor Imposible, la reconversión en A propósito de Schmidt... quizás sea un dato anecdótica, pero durante las últimas cinco décadas siempre ha habido algún año en que Jack Nicholson estaba nominado a los Oscar. Y a diferencia de otros compañeros suyos, él si que asegura que disfruta de los premios y los valora como algo positivo. Sus características cejas y esa eterna sonrisa de pilluelo son ya un clásico en las primeras filas del Dorothy Chandler's Pavillion o cualquiera que sea el lugar donde se lleve a cabo la ceremonia. Los Bardem fueron testigos de ello. Por tanto, no es sorprendente que los presentadores de la gala suelan hacer alguna referencia a él en algún momento. Ha conseguido más candidaturas al Oscar que ningún otro actor antes, y además el premio a la Mejor Película lo ha dado también en más ocasiones que nadie. Si a los premios le cambiaran el nombre de Oscar a Jack no me extrañaría nada.

Hoy en día Jack Nicholson es más que una estrella, es una institución. A lo largo de muchos años nos ha brindado grandes papeles mientras se lo pasaba bien coleccionando cuadros, persiguiendo a chicas bonitas, fumando puros, viendo partidos de los Lakers o montando fiestas con sus amigos. Si al igual que varias estrellas de rock compartió vivencias y cama con Bebe Buell, no es casualidad. El bueno de Jack ha tenido más sexo y drogas que muchos músicos famosos. Sus salidas de tono no parecen haber con los años. Más de un periodista o paparazzi se las ha visto con la ira del neoyorquino. En 1994 fue denunciado por un tipo al que Nicholson le había destrozado el parabrisas del coche con un palo de golf, ¡sólo porque éste la había cortado el paso! Un arrepentido Nicholson pidió perdón y finalmente hubo un acuerdo fuera de los juzgados. Más cachonda es la anécdota que cuenta cómo el actor se abalanzó sobre una mujer de poderoso balcón durante una cena y le acabó explotando un implante de silicona. Probablemente sea una leyenda urbana, pero podría perfectamente imaginarme una escena parecida a lo Jim Carrey en Mentiroso compulsivo. Lo cierto es que Nicholson es imprevisible, travieso y pagado de sí mismo sin ser al mismo tiempo un ególatra insufrible. Esa actitud de party time all the time le entronca con tipos como Errol Flynn, Clara Bow o cualquiera de las viejas estrellas que habían venido a este mundo a iluminar la gran pantalla con su presencia y pasárselo bien mientras pudieran. A diferencia de Michael Douglas, el impenitente pecador no vio problema alguno en estar excitado la mayor parte del tiempo, y eso es grande, sobretodo en una época en que cualquier exceso es visto con malos ojos.


El rey os saluda

El niño rebelde, el viejo verde, el bufón de la Meca del cine, el maestro de ceremonias, el hombre de negocios, el actor... sus múltiples facetas son tan fascinantes como esas cejas arqueadas y esa sonrisa de destrucción masiva. Jack Nicholson es, a día de hoy, el último rey de Hollywood.

6 comentarios:

Milgrom dijo...

Uno de los pocos que quedan que siguen el espíritu del Hollywood clásico. Su filosofía incorrecta y destroyer siempre me ha fascinado.

Angus dijo...

Grande, muy grande, ENORME Nicholson...

mr chesnutt dijo...

¡Gran entrada! Desde luego, no está en la misma división que Keanu Reeves o Hugh Grant...

Donfalo S.L. dijo...

Un actor de la talla de Nicholson bien vale ese reportajazo tan completo. Chapeau!

Emir dijo...

Genial! Excelente recuento, inmenso Nicholson, genial también su historia de agradecieminto con Robert Evans, está aquí:

http://www.vidapositiva.com/La-vida-da-muchas-vueltas.html?sec=10

Möbius el Crononauta dijo...

Hey, gracias por el enlace. Que gran tipo es el viejo Jack