jueves, 14 de febrero de 2008

Fast Food Nation


No creo que haga falta ser muy listo para saber que las hamburguesas, patatas fritas, pizza o pollo frito de las grandes marcas de comida rápida no son precisamente una comida muy saludable. Otros platos tampoco lo son, pero supongo el que sean más o menos naturales, y distintos, no los convierte en algo tan demonizable. también es bien sabido que trabajar en un restaurante de comida rápida no es lo que se dice un buen empleo. Pero si no sabían esto, o quieren indagar un poco más, comiencen por Fast Food Nation.
Personalmente, no pisé mi primer McDonald's hasta que no estuve Londres, y lo hice obviamente por motivos puramente económicos. Y aunque no soy de esos que echan pestes de la gastronomía británica, resultaba muy cómodo tener algo familiar y barato a lo que agarrarse. Y ése es uno de los grandes secretos del éxito de tales restaurantes: su comida sabe igual y cuesta lo mismo en todas partes. De vez en cuando acabo pisando alguna franquicia de comida rápida, pero por suerte no soy un junkie de los grandes arcos dorados o del rey de la hamburguesa. Por lo visto un sector de la población más joven que yo no lo tienen tan fácil.
Fast Food Nation es un libro ameno y divertido que a la vez ofrece una vista general del panorama de las franquicias de la cómida rápida, centrándose sobretodo en la más grande todas ellas, McDonald's. Por su estilo y el trema tan polémico que trata se le podría emparentar fácilmente con los documentales de Michael Moore, aunque el autor del libro, Eric Schlosser, parece haber realizado una investigación realmente exhaustiva sobre el tema. Prueba de ello es la bibliografía abundante que se puede encontrar en sus notas.

Partiendo desde los pioneros de las grandes cadenas (la típica historia del "sueño americano": hombres que con una idea y trabajo duro lograron levantar imperios) y pasando por el gran auge de las franquicias en los 60 y 70, hasta analizar la crisis de las vacas locas en Europa y del virus E. coli 0157:H7 en Estados Unidos, Schlosser desgrana las características del éxito de la comida rápida y su impacto en la economía y sociedad estadounidense, y por tanto, en la del resto del mundo.
La primera parte del libro es la más entretenida y divertida. Se narra cómo hubo un hombre que empezó con un puesto de perritos y acabó teniendo un imperio de cadenas de cómida rápida; o de cómo un buen día los hermanos McDonald abrieron su primer restaurante drive-in y se hicieron ricos; o de la fabulosa idea del autoservicio, eliminando cubiertos, vasos y platos. Si algún día se hallan haciendo cola mientras miran unos letreros iluminados por detrás, no dejen de pensar en que algo tan cotidiano fue una revolución en su día.
Poco a poco el tono se va ensombreciendo, aunque durante una buena parte Schlosser consigue mantener un cierto aire desenfadado, aún describiendo algo tan aparentemente inocente como decisivo en la unión de fuerzas de la compañía Disney y la cadena de restaurantes de McDonald's.
De ahí pasamos a temas más serios: la explotación laboral de adolescentes en Estados Unidos y la práctica imposibilidad de formar un sindicato entre los trabajadores de las grandes cadenas; el impacto económico de la industria de la comida rápida que ha dejado a ganaderos y agricultores tradicionales al borde de la extinción; las penosas condiciones laborales en los matadores donde la mayoría de trabajadores son inmigrantes ilegales, y las consecuencias de tales abusos en la calidad de la carne, junto a la ya conocida e infame forma de alimentar y engordar al ganado... en definitiva, una bonita visión del capitalismo más exacerbado.
Para que os hagáis una idea, durante la primera parte del libro me entraban ganas de irme a comer hamburguesas, mientras que en la segunda me entraban escalofríos sólo de pensar en el payasito que todos conocemos (según un estudio citado en el libro, Ronald McDonald es el segundo personaje de ficción más famoso entre los niños, sólo precedido por Santa Claus. Inquietante).
Con todo, Schlosser deja espacio al optimismo: afirma que en Estados Unidos las ventas están descendiendo, y que al parecer las primeras fases de un cambio (cuya dirección no debe ser aún demasiado clara, supongo) ya se están produciendo. Si el autor hablaba de la enorme presión que la industria cárnica ejerce en Washington para evitar controles de calidad y cualquier tipo de restricción, comentaba después que la propia McDonald's había comenzado a cambiar alguna de sus políticas. Como ejemplo, Schlosser cita la exigencia que la cadena hizo a sus proveedores para que aplicaran toda una serie de tests y pruebas a la carne de vacuno para que estuviera libre de virus como el citado E. Coli, que en el cambio de siglo provocó varias muertes a lo largo del país. Lo que la FDA (una agencia del Departamento de Salud de Washington) no había conseguido en años, McDonald's lo consiguió en unas semanas. Quizás los directivos de la cadena no se muevan por motivos idealistas, pero como dice el autor, no todo tiene que ser como lo conocemos.

Muchas son las historias trágicas que se narran en Fast Food Nation, aunque quizás las más llamativas son las que tienen que ver con los trabajadores de los mataderos en Estados Unidos. No soy vegetariano, pero leyendo alguna de esas historias daban ganas no sólo de dejar la carne, sino también las verduras y cualquier cosa que no fuera el plancton. La historia de un tal Kenny Dobbins, por ejemplo, es realmente terrible.

¿Quiere una ración de mentiras con su menú?

3 comentarios:

Psicodeliazombie dijo...

Interesante el libro que nos comentas, deben ser muy buenas las historias ligadas al desarrollo de las grandes cadenas de comida rapida... Trato de evitar la comida chatarra de echo soy un fanatico de la buena cocina...

Möbius el Crononauta dijo...

Yo adoro la buena cocina, pero a veces uno se encuentra... no sé, es como decir "no" a una sesión inesperada de sexo rápido y sucio.

Psicodeliazombie dijo...

Jejejejeje... buen punto...!!!