martes, 26 de febrero de 2008

Diez juegos de mesa



¡Los Top Ten están de moda! Aunque el número varíe, muchos son los blogs que les da por elaborar listas más o menos absurdas que van desde capítulos de series o discos vergonzosos hasta el infinito y más allá. El particular Top 5 de Estrellita Mutante ha logrado estimularme lo suficiente para dejarme llevar por la tendencia e inaugurar mi propio período de listas y clasificaciones. Am I a fashion victim? Además dicen que es una forma fácil y rastrera de aumentar el pagerank. Maldita sea, me siento sucio. Vamos allá, en orden más o menos cronológico, desde las brumas del tiempo y la mente hasta tiempos más recientes, intentando coincidir además en los primeros puestos con mis juegos de mesa preferidos.
Nota: hay un juego cuyo título no recuerdo y por tanto dejo fuera de la lista, aunque seguramente merecería una entrada propia. No sé si será muy conocido, y ni siquiera sé si lo conservo, pero seguramente hoy tenga un gran valor económico. Se trataba de una especie de Monopoly que trató de aprovechar el momento de corruptelas y escándalos del gobierno socialista, y el juego iba de eso: expropiaciones, sobornos, recalificaciones ilegales... ¡impagable! Si alguien lee éstas líneas y sabe de qué estoy hablando, ¡por favor que me recuerde el nombre!
Vamos allá:

10. La Legión: Es el primer juego de mesa que recuerdo. Era un juego de estrategia clásico, con tablero de casillas pentagonales, y uno tenía fichas que representaban compañías de artillería, infantería, etc. Obviamente, era español, y representaba la Guerra de Marruecos. Lamentablemente ya no lo conservo, aunque hoy en día desde luego no creo que fuera muy políticamente correcto. Pero por entonces aquello no importaba.


9. Lepanto: Barquitos de plástico, cuatro contendientes, costas e islas, y una batalla famosa. Me pregunto por qué la historia me gusta tanto. Je.


8. Juegos Reunidos: ¡Aquello era lo máximo! Un montón de juegos (dados, ajedrez, damas) en uno, aunque el más fascinante era la ruleta. Curiosamente, no me he convertido en un ludópata.


7. Tragabolas: Hipopótamos que comen bolas. Una idea lisérgica para el que seguramente sea el juego más ruidoso de todos los tiempos. Yo lo tenía difícil para jugar sin que hubiera protestas familiares.


6. Trivial Pursuit: Ideal para toda la familia y demás reuniones familiares. Recuerdo que mi tío lo trajo algunas Navidades, y aquello era la bomba. Sigue siendo uno de mis favoritos y nunca me niego a una partida trivial. Hay muchas ediciones, pero las actualizaciones no son tan interesantes. Lo bueno es jugar con esa edición 80's. ¡Esas preguntas! ¿Quién es el presentador del programa 300 millones? ¿Qué equipo ha ganado la última Liga? ¡Demonios, eso sí que son viajes en el tiempo!


5. Heroquest. Nunca llegué a tenerlo, pero jugué unas cuantas veces en casa de un amigo. ¡Yo quería ser el bárbaro! Y por supuesto tenía envidia y quería mi Heroquest, pero nunca cayó en mis manos. Trauma infantil.


4. Hotel. Intentado ser un James Brolin imberbe me metí en el negocio de los hoteles intentando amasar una fortuna. Siempre me ha parecido curioso que el Monopoly no llegara a entrar en mi casa (salvo una especie de adaptación española que se llamaba Ministerio o algo así), y sí lo hiciera este himno a la familia Hilton. Si se jugaba sucio y uno tenía suerte de caer en el complejo hotelero de los rascacielos la partida estaba casi ganada, lo cual al final no lo hacía demasiado entretenido. Tengo que recuperarlo un día, o más bien una noche, rodeado de cervezas y amigotes. ¡Peleas aseguradas!


3. Subbuteo. Uno de los nombres más estúpidos que un juego de mesa haya podido tener y un excitante juego de fútbol sobre un tapete, una especie de modernización de las chapas. ¡Entre mi hermano y yo hubo partidas e incluso ligas realmente excitantes! Según las endebles piezas iban cayendo y rompiéndose, se fueron acabando las jornadas futboleras.


2. Cruzada Estelar y Battle Masters. Mi entrada definitiva en el mundo Warhammer, que allí se quedó. Junto a las instrucciones venía toda una historia sobre las Legiones del Espacio y demás seres extraños, algo novedoso para un juego de mesa. Robagenes, Dreadnoughts, esos bips que uno no sabía que escondían, habitaciones y puertas, regresar vivo de las misiones... ¡desde luego tuvo un buen uso!
El Battle Masters fue igual o más especial. Ogros, cabalgalobos, caballeros, cañones... el tablero era una gigantesca lona de vinilo brillante, y encontrar espacio para desplegarlo era todo un reto. Recuerdo que durante bastante tiempo usé una tabla que había pertenecido a un amario-cama para ponerlo sobre una mesita y poder jugar. Mi madre trató de deshacerse de tan aparatoso trozo de manera hasta que finalmente lo consiguió. Las figuritas venían sin pintar, y había un folletillo que daba consejos para darles esplendor. Alguien tan vago y tan poco paciente como yo obviamente las dejó tal cual. ¿Alguien sabe para que servían los Goblins? ¡Eran pura carne de cañón, incapaces de matar una mosca! Ya sé como se sentía Rommel al tener que lidiar con tropas italianas.


Sí, son dos en uno, pero un Top 11 no queda bonito.

1. Stratego: El capitán mata al teniente y al sargento. El minero acaba con las bombas y puede moverse en diagonal. El explorador tiene las horas contadas. Un cuatro estrellas (general) es más que un coronel o un comandante. Un mariscal podía realizar auténticas escabechinas entre el enemigo. El espía era importante porque era el único que podía acabar con el mariscal. Las guerras napoleónicas. Un juego inteligente y extremadamente entretenido. El ajedrez de los juegos de mesa. Ganaba quién daba con la bandera del enemigo, y cada uno tenía su propia táctica para defenderla. Yo la rodeaba de bombas y tras las bombas algún teniente o capitán que acabara con el minero. Uno de los juegos más cool que haya visto el ser humano.


¡Imperio Cobra! ¡Hundir la flota! ¡Risk! ¡Los petroleros! ¡El templo de cristal! ¡Aquél de vivir la vida! Maldita sea, podría hacer dos o tres listados más sobre juegos de mesa.

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