jueves, 24 de enero de 2008

Zulu (1964)


Ya se lo dije. Yo sólo vine a construir un puente.

La derrota británica en Isandlwana conmovió a todo un imperio, pero ese mismo día, 22 de enero de 1879, en Rorke's Drift, 139 galeses (incluyendo heridos y agregados, y un escocés) marcaron un hito en la historia militar defendiendo una base emplazada en una misión frente a una fuerza zulú estimada en 4.000 guerreros. La película Zulú está basada en los hechos acaecidos aquel día.

Si Amanecer Zulú se centraba en la batalla principal de Isandlwana y presentaba (aunque fuera algo someramente) las razones que llevaron a tal conflicto, Zulú se centra en la gesta del teniente John Chard y sus hombres y en las terribles veinticuatro horas que vivieron enfrentándose a la numerosa fuerza tribal.
La película se abre con una masiva boda zulú en el campamento real donde el reverendo Otto Witt y su hija asisten como invitados. Por unas pocas palabras del reverendo sabemos que el conflicto entre británicos y zulúes está a punto de estallar, aunque cualquier otra referencia a la causa es obviada. Un mensajero interrumpe las celebraciones para informar al jefe Cetshwayo de la victoria en Insandlwana. Ante las noticias alarmantes y viendo su iglesia en peligro, el reverendo Witt parte junto con su hija para avisar al destacamento británico que ocupa la misión.



En las siguientes escenas se nos presentan a los personajes principales de Zulú. El primero es el teniente John Chard, del cuerpo de Ingenieros Reales del ejército, que está levantando un puente sobre un río. El segundo es el teniente Gonville Bromhead, a cargo del puesto militar de la misión. En un principio Chard se nos muestra como un eficiente militar, mientras que Bromhead, que vuelve de una cacería acompañado por unos sirvientes nativos, causa una primera impresión de ser el típico militar aristócrata arrogante. Como se verá más adelante, la riqueza de matices que guardan ambos personajes provocarán que nuestra primera impresión de Bromhead y Chard (así como la que los propios personajes guardan entre sí) vaya cambiando conforme avance la narración.
Bromhead proviene de una familia de tradición militar, mientras que Chard es un ingeniero sin experiencia en el combate. Cuando Witt les informa del inminente ataque zulú, Chard asume el mando debido a que su nombramiento precede en unos meses al de Bromhead. Por lo general, en cualquier película un hecho así augura el desastre, como puede ocurrir en la misma Amanecer zulú sin ir más lejos.
El choque inicial entre los dos oficiales se irá desarrollando a la par que se realizan los preparativos de la defensa de la misión. Bromhead acata las órdenes pero se niega a prestar cualquier otra ayuda a Chard, cuyo desconocimiento de las tácticas zulúes y del terreno es patente. En lo primero es ayudado por un agregado bóer, mientras que en lo segundo se deja guiar por su instinto.
El director del film, Cy Endfield, consigue labrar una interesante interacción entre los dos personajes. La decisión de Chard de quedarse a defender el lugar le convierten primero en una especie de oficial arrogante en busca de la gloria. Después, mientras el teniente dicta unas en principio racionales disposiciones el oficial Bromhead parece actuar en todo momento con cierta displicencia.



Como era tradicional en las películas bélicas de la época, la primera parte del film sirve para ir presentando toda una galería de distintos personajes con los que podemos identificarnos y a través de cuyas vivencias podemos ir conociendo distintos momentos de la batalla y entender sus reacciones y sus sentimientos. Entre todo el grupo de distintos secundarios destaca sobretodo el soldado Hook, un ex-presidiario que se ocupa la enfermería fingiéndose enfermo y que tratará en un principio de eludir cualquier posible riesgo o participación en el combate. Como no podía ser de otra forma, acabará comportándose como un héroe. También hay que citar al sargento Bourne, el típico veterano marcial e impasible, y varios soldados de distinta condición: un ex-granjero que parece preocuparse más por los animales que por sus camaradas, el novato acobardado, el típico borrachín, o el jefe del coro galés, que cobra protagonismo en una de las escenas más curiosas del film. En uno de los breves lapsos de la batalla zulúes y galeses se enfrascan en una lucha musical para ver quién canta mejor y más alto. El galés aprovecha para soltar una de las mejores frases de la película: "Esos malditos zulúes tienen buenos bajos, pero nosotros tenemos mejores tenores". Impagable. Por último, no puedo dejar de comentar la extraña evolución del personaje del reverendo Witt. Del comedido religioso del comienzo de la película asistiremos a una extraña evolución que acabará con un desesperado Witt implorando llevarse a los heridos de allí, soltando versículos como un fanático y, en definitiva, (no encuentro otra forma de describirlo), dando por culo a todos los que están intentando salvar sus vidas. Witt acabará totalmente borracho encerrado en un almacén. Si hay que aplaudir la construcción de personajes como los dos tenientes creo que también es justo hacer notar que Witt da la impresión de ser una figura desdibujada, casi paródica, en medio de un film plagado de sólidos retratos.

Técnicamente la mejor parte de Zulú comienza en los albores de la batalla, destacando los travelling y el uso de la grúa con los que Endfield añade intensidad y una suerte de elegancia decimonónica a la acción. Previamente el director nos ha inquietado con unos extraños rumores y sonidos lejanos que parecen un tren de pisadas, y aunque lógicamente suponemos que son los zulúes, no dejan de parecerme desconcertantes. Sobrecogen las escenas donde el horizonte aparece cubierto de guerreros, sobretodo hacia la parte final, donde Endfield, una vez ya nos tiene picando el anzuelo, nos sorprende tirando del sedal y dejándonos sin aliento por unos momentos.
Junto a la composición de las escenas clave y el estupendo retrato de los varios personajes que componen el film, el director mantiene en vilo al espectador con las contínuas idas y venidas de los zulúes y el desarrollo de la batalla a lo largo de todo un día. Los que gusten de la historia bélica disfrutarán el doble contemplando las distintas tretas guerreras y las contrapartidas tácticas del teniente Chard, en lo que se convierte en un largo y angustioso juego de ajedrez en el que las piezas negras cuentan con una abrumadora infinidad de peones.



Otro interesante aspecto de Zulú es que sus héroes son de carne y hueso, y presentan emociones y miedo, algo que no suele ser habitual en este tipo de films. Si en un principio Bromhead presumía de abolengo militar, más tarde confesará haber sentido pánico. Según avanza la batalla Bromhead irá cambiando de parecer con respecto al teniente Chard, y en un momento de flaqueza éste acudirá en su ayuda. Al final de la cinta, en un memorable momento dramático, Bromhead compartirá sus sensaciones con Chard, quién cerrará un estupendo diálogo con la frase que abre esta crítica.

Zulú fue un proyecto de Endfield y del actor Stanley Baker, que interpreta sobria pero eficazmente al teniente Chard. Ambos pusieron dinero de su bolsillo para financiar esta interesante película bélica, y de hecho Endfield profundizaría en el conflicto británico-zulú firmando el guión de Amanecer zulú, donde la famosa tribu cobraba más protagonismo.
Michael Caine, en el que fue su primer papel protagonista, ejecuta con su precisión habitual la interpretación del aparentemente impasible teniente Bromhead. James Booth, con su imagen de jugador pendenciero, encaja perfectamente como el soldado Hook. Por último, Jack Hawkins, el inolvidable capitán de galera de Ben Hur, interpreta al maniático reverendo Witt.
El film se cierra con un homenaje a los caídos (que no fueran tantos como en el film pudiera parecer) y a los once militares galardonados con la cruz Victoria, un preciado galardón que nunca se ha dado en tanto alto número por una sola acción como en aquella lejana batalla de Rourke's Drift.
Me gustaría cerrar esta entrada recordando una cómica escena de Zulú, aquella en que el impávido cirujano militar pide a unos soldados que rechacen a unos guerreros que tratan de entrar por una ventana de la capilla mientras sigue operando como si tal cosa. Flema británica en estado puro.

3 comentarios:

Milgrom dijo...

Me molan estos posts en que mezclas historia y cine...Gran película por cierto.

Javi dijo...

Gran peli si señor.

estanli cuvric dijo...

Este flin es de los que supuran épica por los cuatro costados. Lo vi en la adolescencia y -coño- me llegó. Desde entonces soy un anglófilo convencido.
Yeah.