lunes, 28 de enero de 2008

Pelham 1,2,3 (1974)


The Taking Of Pelham 1,2,3 probablemente sea junto a Los tres días del condor y Marathon Man uno de los thrillers definitivos de la década de los 70 (dejo de lado French Connection por su temática policial aunque pudiera ser catalogada perfectamente en dicho género). Tratando de ser objetivo, quizás no esté a la altura de la cinta de Sydney Pollack, pero desde que la vi por primera vez Pelham 1,2,3 se convirtió en uno de mis films favoritos. Quizás el que no tuviera demasiado éxito en su día o que no contara con estrellas tan conocidas como Robert Redford o Dustin hoffman ha provocado que actualmente el film permanezca en el olvido, pero desde luego yo siempre tengo esta película muy presente.

Basada en una novela de John Godey, Pelham 1,2,3 narra el secuestro de un vagón de tren en el Metro de Nueva York. Cuatro hombres bien armados y con un plan perfectamente estudiado se hacen con un vagón y un variopinto grupo de rehenes, poniendo en jaque a las autoridades del Metro y al departamento de Policía del mismo. El teniente Garber se verá de pronto ante algo inaudito: un secuestro en el Metro. Su labor será negociar con los criminales y tratar de averiguar el siguiente paso de los secuestradores para frustrar sus planes.

Del director Joseph Sargent poco sé aparte de que estuvo tras las cámaras en el biopic sobre el general McArthur, pero tengo que reconocerle su espléndida labor en Pelham 1,2,3. Prácticamente desde el principio impone un ritmo perfectamente equilibrado, donde los hechos se van sucediendo uno tras otro sin que por ello se resienta la narración o se confunda al espectador. "Sin prisa pero sin pausa" podría haber sido el lema del director a la hora de rodar este film. Mezclando escenas de acción y/o tensión con pequeños momentos de comedia, Sargent logra en poco más de hora y media lo que muchos otros films del estilo no consiguen en más de dos horas: desarrollar la historia plenamente (breve planteamiento, nudo y desenlace) logrando además que los personajes no queden como simples marionetas y no dejando al espectador apenas tiempo a la distracción. El entretenimiento es tal que uno juraría que sólo ha pasado media hora desde que aparecieran los créditos iniciales.
Sargent también acierta al no perder tiempo explicando las causas o motivos tras el secuestro. Cuatro tipos quieren dinero y para ello secuestran un tren. Cualquier información que necesitemos saber de ellos se va conociendo a lo largo de la película, mientras la acción está en desarrollo. Con ello se logra que el espectador se quede pegado a su asiento, pero siempre dándole tiempo para asimilar lo que está ocurriendo. Si quieren un ritmo frenético de videoclip para cocainómanos ésta no es su película.
Pelham 1,2,3 es un perfecto ejemplo de economía de medios en un film de acción. Sargent recurre a la violencia sólo lo estrictamente necesario en la medida en que lo demanda la historia. Cuando hoy en día la pauta es tener más explosiones, más disparos y coches ardiendo, y el más difícil todavía, la acción en Pelham 1,2,3 no es el fin por sí mismo, sino una consecuencia de la trama. Hubo un tiempo en que el guión primaba por encima de los efectos especiales.



Durante los créditos vemos como los secuestradores van subiendo al metro, hasta culminar con la aparición del jefe de la banda, apoyado en una columna, en un plano que recuerda a la introducción de Henry Fonda en Hasta que llegó su hora. Una vez realizado el secuestro, la historia se traslada a la central de la policía de transportes, donde asistimos al rutinario día a día del teniente Garber, que parece reducirse a lidiar con pequeños robos, asaltos e incidentes de exhibicionistas y a mostrar el recinto y hacer de guía turístico a empresarios del metropolitano japonés. Es entonces cuando encontramos los primeros rasgos humorísticos del film, pequeños momentos de relax que sin llegar a resultar paródicos o actuar como simple relleno sirven para rebajar un poco la tensión de la trama. Son como una ruta en el metro: hay breves paradas donde suben y bajan viajeros, pero casi todo el tiempo el tren sigue su marcha. Junto a los desplantes de Garber a los nipones y su peculiar ironía encontraremos también pequeños ratos de comicidad en dos trabajadores del metro, a cada cual más cascarrabias: un jefe de línea y el jefe de transportes ("¿Qué esperan por 35 centavos, vivir para siempre?"), ambos cortados por el mismo patrón: mayores, gordos, con voz carajillera y con muy malas pulgas. Aunque para retrato sorprendente el del alcalde de Nueva York. No sé si es cosa de la novela original, de los guionistas o de Sargent, pero el alguacil de la Gran Manzana poco tiene que ver con tipos como Giuliani. Aquí tenemos a un tipo que parece hacer política desde su mansión delegando en un joven ayudante que más que colaborador parece su madre, haciendo salir al político de su cama como si éste fuera un niño que se niega a ir a la escuela. Sin querer extenderme demasiado en este punto, hay un chiste sobre abucheos que resuelve escenas después de forma bastante sutil. En medio de toda esa acción resulta difícil darse cuenta de ello, y aunque sea un pequeño detalle siempre me ha parecido muy curioso.

Antes de Reservoir Dogs la banda de Pelham 1,2,3 (y pondría la mano en el fuego a que Tarantino es también fan de la película) ya se llamaban entre ellos por apodos como señor Azul o Señor Marrón, aunque en esta ocasión la traducción mantuvo los nombres en inglés. El recurso de las gabardinas, las gafas, y el aspecto general de los secuestradores es realmente efectivo, quedando como uno de los gimmicks más memorables del film, como ese resfriado del señor Green.
Martin Balsham, veterano del Actor's Studio y secundario de lujo, interpreta al asustadizo señor Green, mientras que Robert Shaw está fantástico como el temible jefe de la banda, el señor Blue. Del lado de la ley tenemos al infalible Walter Matthau como el aparentemente despreocupado teniente Garber, sin duda un gran acierto del reparto. Inolvidable son frases suyas como "Ya sé como van a escapar, van a pedir a los ciudadanos de Nueva York que cierren los ojos y cuenten hasta cien, ¿verdad?", como inolvidable es esa expresión de su rostro en la escena final.

Y así, mientras uno espera el desenlace y se pregunta junto a Garber cómo diablos van a huir los secuestradores y si logran salirse con la suya o no, llega ese curioso final, dejándole a uno plenamente satisfecho habiendo consumido 100 minutos de su vida de una forma realmente amena. ¿Acaso no está el cine para eso? Y es de agradecer que una película de acción pueda entretener sin que le traten a uno como a un adolescente devorador de palomitas. Y no es que sea un enemigo del cine palomitero, pero tanta monotonía cansa.

Siguiendo la imparable ola de creatividad que asola Hollywood (¿guionistas en huelga? ¿Pero había guionistas en Tinseltown?), parece que se avecina un remake (ya se hizo uno para la televisión) de la película original. La cinta de 1974 tuvo sus problemas para rodar en el metro de Nueva York ya que las autoridades temían que diera ideas a criminales o locos. Como soy bastante desconfiado para estas cosas, espero que todas las ciudades con metro del mundo nieguen el permiso para ese posible engendro. Aunque, efectivamente, si finalmente se rueda y la estrenan por aquí, seré el primero en ir a verla. La curiosidad me puede. Felizmente tal vez tenga que tragarme mis palabras. Por cierto, afirmaba el productor que Pelham 1,2,3 sólo tuvo éxito en ciudades como Nueva York o París, lugares que tenían una gran red de metro. Curioso, ¿no creen?

Sobre la estupenda banda sonora de David Shire, les dejo que les hable sobre ella el amiguete Tito Marvin.

Correll: Christ, to hear you plead with that chickenshit makes me ashamed to be an American.
Lt. Garber: Go away, will you, Frank? Go play with your trains.

5 comentarios:

Psicodeliazombie dijo...

Se ve interesante este film setentero... es mas esa decada cinefilamente ma esta cautivando este ultimo tiempo...!!!

Guido dijo...

Estos thrilles politicos/de paranoia de los 70s son mis favoritos.

Aparte de las que mencionaste, en ese grupo también se debe incluir The Parallax View.

Esta no la he visto, y curiosamente supe de su existencia hace unos meses cuando leí que están por hacerle un remake.

Tío Marvin dijo...

Muy buena su crítica y gracias por el link. Saludos

Angus dijo...

Acabo de revisitarla, y pese a conocer el final a vuelto a gustarme mucho.
El remake que se avecina (del Tony Scott), miedo me da...

pere koniec dijo...

Buen artículo! Es una de mis cintas favoritas de todos los tiempos. Dicen que Spielberg rechazo el proyecto...
Esperemos que Tony Scott no nombre a Pelham en vano. Salu2