sábado, 26 de enero de 2008

El mago (1978)


¿En que andaría pensando Sidney Lumet para meterse en un fregado semejante? Parece que el hombre realmente trabajó con estusiasmo en el proyecto, pero no se me ocurre peor manera de cerrar una década tan brillante como la que firmó allá en los 70. Desde luego El mago no es Una tarde perros. El poder letal de esta cinta sirvió para dar al traste con todo el fenómeno blaxploitation. ¿Estaría financiada por la CIA?

Hubo alguien que tuvo la feliz idea de montar un musical en Broadway basado en la clásica historia de El mago de Oz, pero adaptándolo a la realidad afroamericana y contando sólo con cantantes y bailarines de color. El capo de la Motown, Berry Gordy, quería llevar el musical a la gran pantalla mediante la Motown Productions, la filial cinematográfica y televisiva de la famosa compañía negra de discos.
En un principio Gordy quería a la misma protagonista de musica para interpretar a la virginal Dorothy. Pero la manipuladora Diane Ross se metió de por medio y convenció al productor Rob Cohen para ofrecer un trato de producción con ella como máxima estrella. ¿Una Ross de treinta y pico años haciendo de Dorothy? ¡Es la magia del soul! El director inicial consideró que aquello no tenía lógica y abandonó el barco. Sidney Lumet, que no sé si necesitaba pagar la hipoteca o andaba despistado, se encargó de la dirección.
Aparte de la señorita Ross y algunos supervivientes del reparto del musical se fichó a otra gran estrella (ya desvinculada de la Motown) para que interpretara al Espantapájaros. ¡Y menuda estrella! Michael Jackson, cuando todavía no se había convertido en Wacko Jacko, co-protagonizaría el film junto a la Ross. De mago se puso al cómico Richard Pryor, y un por durante mucho tiempo omnipresente Quincey Jones se encargó de los arreglos musicales junto a una pléyade de músicos y compositores.


Wacko Jacko, un niño grande

Supongo que para disfrutar realmente con El mago o bien se es un hermano negro orgulloso de su raza que odie a Judy Garland, o bien se es un fan acérrimo del funk, el soul y la música disco. Dentro del despropósito no puedo negar que he disfrutado con la experiencia. Hay algunas buenas canciones, destacando sobretodo aquellas en que Jackson cobra protagonismo, aunque otras, especialmente las baladas, son bastante aburridas. Luego está la colección de increíbles caretos de Wacko Jacko y sus antólogicas citas de famosos que se saca literalmente del relleno del cuerpo (?). A los decorados kitsch y los personajes negros pasados de ácido añadan unos diálogos que parecen perjeñados por un esquizofrénico (guión de Joel Schumacher) y escenas impagables como la de la persecución en la estación de metro, ¡donde papeleras y columnas cobran vida y atacan a los personajes! Por no mencionar unos enigmáticos taxis que nunca toman pasajeros y una larga escena en las Torres Gemelas (sí, el mundo de Oz se fusiona con el de Nueva York. ¡Digno de un genio!) con colores y danzas que se alarga hasta el infinito (¡y eso que fue recortada por problemas técnicos!) que deja al mejor relleno de pavo navideño a la altura de una hamburguesa Mac.
Las escenas se entrelazan como se pueden entrelazar las longanizas, y debe ser de los musicales con menos diálogo que he visto en mi vida. Como los peces que beben, aquí cantan, cantan y cantan y vuelven a cantar. Y cuando ya parece que Dorothy va a volver a casa, ¡se pone a cantar de nuevo! Espectacular, amigos.

Supongo que hay que tener humor para disfrutar con un film tan extraño, pero como ya he dicho admito que he pasado buenos momentos. ¿Repetiría la experiencia? Lo dudo, pero si quieren tener un viaje lisérgico sin necesidad de drogas no dejen de ver El mago, no saldrán defraudados.
Y que alguien me explique si tiene algún significado el que en un film donde todos son negros la protagonista vuelva a casa gracias a una maga blanca.

Leer critica de El mago en Muchocine.net

1 comentario:

José Fernández dijo...

Lena Horne (la maga) es negra! Muy descafeinada, si, pero es negra. A mi esta película, sin parecerme gran cosa, tampoco me pareció un bodrio tan grande. De hecho la ví con bastante interés, me entretuvo, vamos.