viernes, 25 de enero de 2008

El hombre que nunca estuvo allí (2001)


Billy Bob Thornton es un tipo afortunado. No solo compartió experiencias varias con Angelina Jolie sino que además ha tenido la oportunidad de trabajar no una sino dos veces con el mejor dúo cinematográfico de los últimos veinte años, los hermanos Coen. En cuanto plante un árbol este hombre ya podrá morirse tranquilo.

Dentro de mi cabeza El hombre que nunca estuvo allí es hasta la fecha la última gran película de los dos hermanos. Crueldad Intolerable fue un inesperado paso atrás en su carrera, Ladykillers sigue siendo una incógnita y el nuevo trabajo con Bardem también se encuentra en lo desconocido. Dicho esto, entremos en la peluquería.

El primer shock al visionar El hombre que nunca estuvo allí es que no se ve por ninguna parte a los Goodman, Turturro o Buscemi. Tampoco se puede decir que se les eche de menos, pero acostumbrado a sus rostros familiares resulta chocante no encontrarlos por ningún lado. También resultó curioso que hubieran dos versiones del film, uno en color y otro en blanco y negro. Parece que algún error en el laboratorio provocó que se editaran copias en color, pero creo que la intención de los dos hermanos era rodarla en blanco y negro.
Y dado que los dos hermanos son unos grandes admiradores del cine negro era lógico que antes o después se decidieran a rodar prescindiendo del color. El resultado, como cabía esperar, fue magnífico. En su novena película los Coen volvieron al film noir más clásico y ya desde el mismo título fabricaron un homenaje a los grandes títulos del género.
Aunque tal vez debiera precisar que la historia en sí parece más un homenaje a esas historias del periodo clásico de la prensa amarillista norteamericana (que supo captar tan bien un film como El ojo público) cuando los lectores corrían a por sus periódicos habituales en busca de nuevas historias sobre amantes asesinados por maridos celosos, secuestros sangrientos o mujeres que envenenaban a su marido para cobrar el seguro. La historia de El hombre que nunca estuvo allí es la de un silencioso peluquero que acabó siendo portada de una revista sensacionalista.



La angustiosa rutina de Ed Crane (Billy Bob Thornton) es una de las peores cosas que le pueden pasar a un hombre: estar atrapado en un trabajo asqueroso y casado con una mujer (Frances McDormand) que se preocupa más de guardar las apariencias y hacer vida social que de la felicidad de su matrimonio. Todo cambiará cuando un cuentista homosexual llamado Tolliver (el único habitual de los hermanos en el film junto a McDormand) le hable de un invento para el futuro: la limpieza en seco. Tan sólo necesita un socio capitalista que le preste diez mil dólares, y el resto será pan comido. El silencioso Crane tiene una duda razonable: seguramente ese tipo sea un estafador, pero, ¿y si estuviera dejando pasar la oportunidad de su vida? Ese dichoso tren que sólo pasa una vez ante nuestros ojos, y que como bien saben los Coen, es la causa de muchos y muy extraños crímenes.
Ed Crane es un fumador empedernido (¡tabú!) y su mujer es bebedora. Y eso no es lo peor. Crane sabe que su mujer es amante del jefe de ella, el fortachón Big Dave (James Gandolfini, ¡ave, Tony Soprano!), que regenta unos prósperos grandes almacenes. Para coger el tren del éxito Crane chantajeará a Big Dave para conseguir esos diez mil dólares. El resto, es historia. Historia al modo de los Coen.

Es increíble la facilidad que tienen esos dos tipos para adaptar los tópicos de cualquier historia a su propio estilo, y el modo en que insertan escenas realmente desconcertantes del modo más natural. ¿En que película de crímenes y juicios podría la salir la típica viuda afligida hablando de alienígenas y platillos volantes y quedar bien? Ése es uno de los talentos de los Coen: saber encajar distintas piezas y que luego el puzzle quede bien.
Como buenos freaks cinematográficos los hermanos siempre dejan pistas y guiños a films clásicos de esos que fascinan a los dos directores/productores/guionistas, y siempre es divertido tratar de dar con alguno. Salvo para aquellos que vivan día y noche en el cine negro, es un juego difícil pero entretenido al mismo tiempo. Por intentarlo no pierden nada.


Scarlett J, pianista cachonda

Otra característica de la cinematografía Coeniana es el humor negro. Si tuviera que definirlo en un plano, eligiría el del accidente de coche a cámara lenta ("el tiempo pasa tan despacio"). Sublime, puro sarcasmo à là Coen. Otras escenas como la de los dos policías que charlan con Crane o la del patólogo también cuentan con ese sutil humor tan propio de los dos hermanos.

Ayer, mientras veía el film de nuevo, me preguntaba qué sería de la carrera de James Gandolfini a partir de ahora. Para medio planeta él es Tony Soprano, y no sé si podrá remediar eso algún día. Al verle sentado como Big Dave, comiendo y hablando, no hacía más que ver los manierismos del mafioso Tony por todos lados. Supongo que Sean Connery sabe de lo que hablo.

Volviendo a la película, otro de los puntos fuertes del film son las escenas del juicio, y el modo en que humorísticamente retratan el mundo de los abogados y la diferencia que supone el tener dinero para un buen abogado o el no tenerlo.



El guión, sin ser tan rico como en otros films de los hermanos, conserva el espíritu trabajos anteriores, aunque es la preciosa fotografía en blanco y negro del habitual Roger Deakins lo que quizás sea lo más destacable de la cinta. Desde luego lo que sí es cierto es que otorga a la historia un toque clásico realmente encantador.

El pelo no para de crecer. Una duda existencial para El hombre que nunca estuvo allí.

6 comentarios:

elputocriticón dijo...

decir que ladykillers es una incógnita es ser demasiado suave.. es una mierda pinchada en un palo impropia de los Coen!!

Aura dijo...

Me parece que le comenté en una ocasión que es precisamente mi favorita de los hermanos, y Billy Bob está estupendo. Es una curiosa cinta, con momentos que parece ciencia ficción y una fotografía con mucha clase.
Se nota que le gustan los Coen :)

mr chesnutt dijo...

Un clásico sin duda alguna. A ver cuando se deciden a estrenar "No country for old man" en España de una maldita vez, que no puedo esperar más. Saludos.

A. Leroux dijo...

Esta película me recordó muchísimo a El extranjero de Albert Camus. No en la historia en sí, pero sí en el personaje principal. De hecho, me recordó tanto que no me terminó de gustar.

Möbius el Crononauta dijo...

putocriticón: lo de incógnita es porque no la he visto, pero me temo lo peor.

Aura: sí, lo recordaba mientras lo escribía. ¡Me podían los nervios! (je)
Efectivamente, ¡he crecido con ellos!

Mr. Chesnutt: yo tampoco soporto la espera.

Leroux: Vaya por Dios. Pues no conozco El extranjero, pero por suerte para mí no hubo nada que me impidiera disfrutar con este film. Bienvenido y pásese todo lo que quiera.

Pablo dijo...

Una estupenda película, cine del bueno de verdad, quizá una de las mejores de los hermanos Coen, contándonos los "tios", una inquietante y al mismo tiempo divertida, historia: ni más ni menos que la vida de un barbero en un pueblecito de California, y que un buen dia su vida dará un giro de 360º... Muy buena, si señor, y es que aquí Joel Coen nos cuenta una historia de un perdedor nato, de una manera extraordinaria, manteniendo como no, un más que excelente ritmo narrativo. Cuenta como es de esperar con una fotografia (desconocia lo de las dos copias), con un blanco y negro que no puede retratar mejor esa vida en ese pequeño pueblo. Extraordinaria la interpretación del siempre eficaz y estupendo Billy Bob Thornton, dando vida a ese barbero infeliz y con una vida más que rutinaria. En fín, una buena pieza de ese tipo de cine-negro que antes tanto gustaba, y que por supuesto todos los admiradores de los Coen ( y de los que no lo son)no se sentirán nada de defraudados. Muy bueno tu trabajo. Si señor. Saludos!!!
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