viernes, 27 de julio de 2007

Woody Strode

Fue un eterno secundario, pocas veces actuó como protagonista, pero gracias a su portentoso físico y una reconocible forma de actuar, sobria pero convincente, su rostro se hizo popular entre los espectadores de los cines, especialmente entre los del género western.
Mañana habría cumplido 93 años. Woodrow Wilson Woolwine Strode nacía un 28 de julio de 1914, mientras en Europa estallaba la Primera Guerra Mundial. Tras estudiar en la universidad se convirtió en uno de los primeros jugadores de color en fichar por un equipo de la NFL. Su musculatura y sus capacidades atléticas le llevaron también a participar en combates de lucha libre.
Strode debutó en el cine en 1941, aunque realmente su carrera profesional como actor comenzó a principios de los años 50. Hizo de todo, desde villano en algunas películas de Tarzán hasta cintas de serie B como El hijo de Simbad. Su primera gran producción fue Los diez mandamientos, y su papel más destacado hasta entonces fue La colina de los héroes, de 1959.
La carrera de Woody Strode cambiaría radicalmente cuando conoció al director John Ford. Ambos se hicieron muy amigos, y Ford le otorgó a Strode el papel protagonista de El sargento negro, uno de los títulos inolvidables de la prolongada carrera fordiana. A partir de entonces Strode se convirtió en un secundario habitual y miembro del círculo de amigos del director irlandés. De hecho el actor estuvo junto a Ford hasta el último aliento del director.
Tras comenzar a ser un secundario habitual le llegaría el que quizás fuera su papel más memorable, el del temible gladiador que había de enfrentarse a Kirk Douglas en Espartaco. A pesar de la popularidad que había obtenido con El sargento negro, la baza principal que jugó en su favor a la hora de que le escogieran para interpretar a Draba fue su capacidad para lanzar el tridente como un lanzador de jabalina profesional.
Durante los 60 siguió trabajando febrilmente, rodando varias películas al año, en clásicos como Los profesionales o Hasta que llegó su hora, que le dio una segunda racha de popularidad por todo el mundo. La película de Sergio Leone significó el comienzo de unos cuantos trabajos en el western europeo.
Strode continuó actuando hasta el final, y casualmente su última película, Rápida y mortal, fue un western, el género que le había hecho famoso. Como los viejos vaqueros (e indios, que también llegó a interpretar, además tenía sangre india en sus venas), Woody Strode murió con las botas puestas. Feliz aniversario, Woody.

jueves, 26 de julio de 2007

The Sweet


Más glitter que glam, durante los 70 The Sweet fueron, junto con Slade, la cara más positiva y festiva de aquél movimiento de riffs rockeros y looks afeminados que vino a llamarse glam rock. Aunque seguramente Slade les ganaron la mano gracias a sus muchas cualidades, The Sweet no tenían nada que envidiar en cuestión de garra y sobretodo a la hora de facturar himnos rockeros ideales para el sábado noche. "Fox on the run", "Ballroom Blitz", "Teenage Rampage"... canciones que fácilmente pueden levantarte el ánimo un mal día y que son perfectas para corear con los amigos y cuantas cervezas. A pesar de que su apariencia era de segunda división incluso para los estándares de su época (¡aunque en cuestión de ropa estrafalaria no sé si podrían competir con Slade!) The Sweet eran una formidable banda que ofrecían diversión garantizada, y no todos los grupos pueden presumir de una baza semejante. Así que haceos con uno o dos discos de la banda o un buen recopilatorio, invitad a unos amigos el próximo sábado, comprad unas cervezas, y el resto vendrá solo. It's a teenage rampage!

El blog de Pete Townshend


Pete Townshend, músico, guitarrista rompedor en el sentido más literal del término, miembro del mítico grupo The Who y uno de los mejores compositores de la historia, es un apasionado, como tantos otros, de las nuevas tecnologías, y tiene su propio Blog. Si sois fans suyos supongo que estaréis interesados en lo que tiene que decir, o aunque no le conozcáis, tal vez queráis descubrir qué visión del mundo tiene alguien de 62 años que ha viajado mucho y casualmente es una estrella del rock. Sea como sea, Who he? es el blog en cuestión, y contiene enlaces a oras ppáginas del músico dónde nos habla de su carrera, su banda o nos relata anécdotas autobiográficas. Evidentemente, ¡está todo en inglés!

John Mayall "Bluesbreakers with Eric Clapton"


John Mayall ha sido y es una figura clave para entender la evolución que la música británica tuvo en la década de los 60. Por su banda, los famosos Bluesbreakers, pasaron muchos de los mejores músicos británicos de la época, gente que acabaría formando parte de pesos pesados de la historia del rock como Cream, Fleetwood Mac o los mismos Rolling Stones.
Muchos consideraban que en la Gran Bretaña de aquella época el blues más puro que podía encontrarse era el de John Mayall y sus chicos, y en gran parte era cierto, aunque a lo largo de los años Mayall no dudaría en realizar experimentos jazzísticos y blues rock.
El músico inglés creció escuchando blues y jazz gracias a una buena colección de discos que tenía su padre, y a principios de los 60 formaba parte de The Hounds of Sound, un grupo de jazz que prontó comenzó a derivar su estilo hacía el blues que demandaba toda una nueva audiencia de jóvenes amantes de los nuevos sonidos americanos. Por consejo de Alexis Corner, verdadero precursor del blues británico, Mayall se traslado a Londres, un lugar lleno de oportunidades para gente de talento como él.
Aunque tal vez hoy no estaríamos hablando de Mayall si éste no hubiera cruzado su camino con un joven guitarrista de largas patillas llamado Eric Clapton. En 1965 Mayall vio como la compañía Decca rescindía su contrato tras el fracaso del primer largo del músico, un disco en directo que pasó totalmente desapercibido.
También por aquél entonces un descontento Clapton abandonaba a The Yardbirds ante el giro estilístico que estaba tomando el grupo. Clapton, un ardiente seguidor del blues, mostró su descontento cuando el grupo editó "For your love", un single escrito por un compositor de éxitos pop a sueldo.
Fuera el destino o la casualidad, lo cierto es que dos de las figuras más importantes del blues en el Londres de los 60 buscaban uno reto con el que satisfacer su hambre musical. Mayall, que había seguido la formidable progresión de Clapton en los Yardbirds, logró convencer a Clapton de que se uniera al nuevo grupo de Mayall, los Bluesbreakers. Todo lo que restaba era un contrato discográfico.
Gracias al poderoso single I'm Your Witchdoctor, el productor Mike Vernon logró que Decca readmitiera de nuevo a las huestes de Mayall. Vernon no sólo fue crucial al conseguirles un contrato a los Bluesbreakers, sino también al sabe captar el sonido de una banda que había estado rodándose por todos los clubs y locales del área londinense. Y es que el crudo sonido que surgía de los amplis de aquella banda no era algo que productores convencionales o directivos discográficos pudieran asimilar fácilmente.
Eric Clapton, admirador de Buddy Guy, Freddie King y otros grandes guitarristas del blues eléctrico de Chicago, la técnica de Clapton a las seis cuerdas pronto le desmarcó de otros colegas suyos, debido sobretodo a unos admiradores hasta la médula de su estilo que no dudaban en otorgarle el título de divino.
Cuentan que cuando Clapton vio una foto de Freddie King con una guitarra Gibson LesPaul en las manos, el joven guitarrista corrió a la tienda más cercana a comprarse una. Tras muchas pruebas, Clapton enchufó su LesPaul en un ampli Marshall, y el resto es historia. Como el camarero que encuentra la combinación perfecta para un Martini, Clapton había dado con su piedra filosofal para desplegar su estilo eléctrico característico, una mezcla de blues pesado y una refinada técnica cristalina como el agua.
En 1966 Decca editaba Bluesbreakers with Eric Clapton, un álbum que se convirtió en quintaesencia de lo que era el blues eléctrico para miles de músicos que aprendieron a tocar con ese disco. La combinación Mayall-Clapton se mostró explosiva, y el álbum permaneció en las listas 17 semanas, alcanzando el número 6. Los seguidores británicos más exigentes del blues encontraron en John Mayall una referencia para los siguientes años. Aunque para entonces Clapton ya había abandonado el barco para fundar Cream.


John Mayall

Hace unas semanas me hice con una interesante edición en CD del Bluesbreakers with Eric Clapton, que recogía la versión en mono del disco así como la versión estéreo. La verdad es que la versión mono suena brutal, las improvisaciones de Clapton "in-your-face" son demoledoras, la base rítmica suena como agua condensada y la armónica de Mayall es absolutamente deliciosa. Y sea el destino o sea casualidad, si todo va bien este fin de semana podré ver a Mayall y sus Bluesbreakers en directo. Y es que el verano es perfecto para el blues o el jazz en vivo, sino me creéis probadlo alguna vez.

Space Ace y Dunkin' Donuts

Ace Frehley, el ex-guitarra del grupo Kiss (¡aunque para muchos de nosotros es el hombre!) protagoniza el último anuncio de la famosa marca de rosquillas (que diría Homer) Dunkin Donuts. Ningún kissmaníaco debería perdérselo. It's worth to see!

miércoles, 25 de julio de 2007

Heroes


Salva a la animadora, salva al mundo.

No sé si con el tiempo esta frase sobre la animadora (o la porrista que dicen en otras latitudes) será tan habitual entre los friquis como "Que la Fuerza te acompañe", "Hasta el infinito y más allá" o "¡Mi tesoro!", pero lo cierto es que Héroes viene a sumarse a toda una hornada de series norteamericanas cuya principal característica común es un estilo más cinematográfico y una calidad que se echaba de menos.
Dos de las grandes cadenas norteamericanas televisivas (la especializada en series HBO y la todopoderosa NBC) nos están brindando, entre otras, mucho entretenimiento últimamente, y se hace difícil al final seguirlas todas. Comencé a ver Prisonbreak pero tras unos capítulos me perdí, la tercera temporada de Perdidos parece que no llega nunca y por suerte Me llamo Earl no requiere un seguimiento especial. Aunque todas tienen su interés, ninguna llega a la altura de la serie madre, Los Soprano. Pero bueno, esa es otra historia.
Héroes es una serie muy entretenida y viene a ocupar un espacio que no conseguían llenar otras series de corte fantástico o de ciencia ficción. Con un guión más sólido que la retorcida serie de los náufragos de Perdidos y una interacción entre los personajes muy bien llevada, los héroes anónimos han cautivado a un gran número de público entre los que se cuentan muchos seguidores del cine más fantasioso y los cómics de la Marvel y DC. Y es que Héroes es, desde su planteamiento, pasando por personajes y frases, hasta la forma de los rótulos de cada capítulo, un gran homenaje a los cómics clásicos de superhéroes. Y eso también es de agradecer.
Ahora que la primera temporada ya ha concluido muchos esperamos impacientes el anunciado retorno de la serie en septiembre. La verdad es que, a diferencia de unos X-Men, estos superhéroes más de estar por casa se les llega a coger cariño. Supongo que el simpático HiroNakamura (vaya, ¡se llama Hiro!) es uno de los más populares, aunque es inevitable desear tener a un médico de cabecera que fuera tan simpático como el doctor Suresh, o preguntarse acerca de las motivaciones del señor Bennett, o imaginarse una cita con la animadora o con la poderosa dualidad de Niki/Jessica Sanders. Otro de los grandes logros de la serie es la de haber demostrado que cualquier tío con pintas de informático de barrio puede llegar a ser un supermalvado convincente (el temible Sylar).
Héroes, un entretenimiento para toda la familia. ¡Ojalá dure!

sábado, 21 de julio de 2007

L.A. Woman


Bueno, primero todo, y contrariamente a lo que se suele decir, éste no es el último álbum de The Doors. Más bien es el último de la banda al completo, aunque tal vez aquellos que no puedan concebir a los Doors sin Jim Morrison no puedan verlo de otra forma. Sea como fuere, la historia no iría mucho más allá. El 3 de julio de 1971 Pamela, la novia de Morrison, le encontró muerto en la bañera. Para muchos era el fin de una era.
L.A. Woman, el que iba a ser el sexto álbum en estudio del grupo, sería el primer disco en el que el productor habitual de la banda, casi un miembro en la sombra, Paul Rothchild, no participaría. Al parecer las nuevas canciones no le gustaban, y no se sentía con fuerzas para seguir con ellos. Tras una despedida amistosa, los cuatro miembros del grupo y su ingeniero habitual, Bruce Botnick, decidieron grabar el nuevo álbum en el estudio de ensayos de la banda y oficina del mánager, The Doors Workshop.
Como músicos adicionales para la grabación se contrataron a Jerry Scheff, bajista de Elvis (y es que Jim era un gran fan de el Rey) y el guitarra rítmica Marc Benno, habitual de Leon Russell. La idea del grupo y de Botnick era volver a las raíces, grabar en vivo con los menos efectos posibles. No es casualidad que L.A. Woman sea generalmente considerado como el disco blues por excelencia de los Doors. El disco se grabó rápidamente, en seis días. Una o dos tomas era lo habitual para cada canción, y Jim, armado con su micrófono habitual para las giras, un Electrovoice, decidió grabar todas las voces en un baño que había en la sala.
El disco se abre con "The changeling", el típico ritmo boogie de los Doors con una guitarra funky y un gruñido de Morrison. La letra, que Jim había escrito alrededor del 68, trata de la vida y la ciudad, y la decisión de cambiar de aires.
La segunda canción (de lo que era la primera cara) era una canción del guitarra Robby Krieger. "Love her madly" hablaba de las muchas veces que su chica le había amenazado con irse tras haber tenido una de esas típicas peleas de pareja.
El áspero blues "Been down so long", con guitarras dobladas y sonido de slide, fue inspiración de Jim tras leer una novela del escritor y cantante folk Richard Farina.
"Car hiss by my window" es un blues clásico con una letra rescatada, de nuevo, de viejos poemas escritor por Jim. La banda se puso a grabar con pocas canciones preparadas, y varios de los cortes finales surgieron en improvisaciones y grabaciones junto con viejas letras del cantante. La canción acaba con un solo vocal de Morrison imitando una guitarra.
El viejo disco cerraba su primera cara con la inmortal "L.A. woman" que daba título al disco. Para muchos su tema favorito de la banda, "L.A. woman" se convirtió en uno de los clásicos de los Doors. El tema se abría con la rugiente guitarra de Krieger (haciendo uso de la palanca) imitando el motor de un coche, entrando entonces la batería de John Densmore y el poderoso bajo de Jerry Scheff. La imaginería de la letra estaba en parte inspirada por la novela "La ciudad de la noche" de John Rechy. A mitad de canción el frenético ritmo se frena, pasamos a un medio tiempo de bajo y batería principalmente. En uno de los crescendos más famosos de la historia del rock, Jim nos presenta a su alter ego, Mr. Mojo Rising. Krieger frase sobre la base rítmica y el órgano al fondo de Ray Manzarek, para dar paso a una explosión en forma de solo que nos lleva de nuevo a la rugiente voz de Jim. Conforme la canción se acerca al final el Rey Lagarto canta a la mujer de Los Angeles con su característica voz aullante de cliente asiduo de la licorería de la esquina. En definitiva, puro rock and roll, la creatividad de la banda en sus cotas máximas.
La segunda cara se abría con el tétrico riff de "L'America", una canción de Jim sobre Latinoamérica que había sido grabada meses atrás para una película de Michelangelo Antonioni. Dado que el director finalmente no usó la composición, "L'America" se acabó incluyendo en el disco.
"Hyacinth house" era una composición de Manzarek. Aparte de la referencia mitológica al amante de Apolo, la misteriosa letra de Jim hablaba de la necesidad de encontrar a alguien especial. También incluyó, al parecer, diálogos de la banda durante una tranquila noche con bebidas y marihuana y unos extraños ruidos en el baño.
"Crawling king snake" es una versión del maestro del blues John Lee Hooker. Los Doors gustaban de revisionar viejos clásicos del blues, como atestiguan muchos bootlegs y canciones inéditas suyas.
"The WASP (Texas Radio and the Big Beat)" es una revisión de un viejo poema de Jim que éste llegó a recitar en directo. Supuestamente habla de los viejos días de infancia en que el cantante se empapó de blues y rock escuchando viejas emisoras tejanas y mejicanas, y, por otro lado, de las ansias por dejarlo todo y escapar hacia una vida mejor.
L.A. Woman se cerraba con otro gran clásico de la banda, "Riders on the storm". De una jam sobre el clásico country "(Ghost) Riders in the sky" surgió la que sería la última canción grabada por Morrison. La canción se abre con efectos de lluvia y distintos sonidos surgidos del piano eléctrico Fender de Manzarek. Luego, sobre una base del mismo Manzarek surge la clásica línea envolvente del bajo de Scheff. La voz profunda de Jim nos habla de diferentes historias, destacando la famosa imagen del asesino en la carretera bajo la lluvia. A lo largo de los 7 minutos de canción destaca el piano de Manzarek, que se explaya durante un largo solo, y los fantasmales ecos del propio Morrison siseando la frase riders on the storm. El disco se cierra con el sonido de la lluvia cayendo.
En las recientes y muy recomendables reediciones de la discografía clásica de The Doors debido al cuarenta aniversario de la banda, podemos encontrar pequeñas joyas inéditas o poco conocidas del grupo. En la edición de L.A. Woman tenemos "Orange County suite", un lánguido medio tiempo imprimido con el sello clásico Doors, y una versión del bluesman Willie Dixon, "(You need meat) Don't go no further".
L.A. Woman es probablemente el disco más completo del grupo, un disco maduro de una banda grabando a su aire y tratando de volver a su espíritu original. Aunque por diversas razones probablemente mi disco favorito siempre será The Doors, la verdad es que L.A. Woman es un fantástico compendio de lo que una poco ortodoxa banda de blues era capaz de ofrecer. Lamentablemente el disco se convirtió en poco tiempo en el testamento de una formación única y de un cantante gurú que se ha convertido en mito. Pero no hay que olvidar que tras el mito existía una música única que todavía hoy es necesaria para los sentidos.

Mis villanos del cine: Mola Ram

Si hay un villano capaz de robarte el corazón, ese es Mola Ram, el malvado líder sectario de Indiana Jones y el templo maldito. Interpretado por el actor hindú Amrish Puri, Mola Ram sea probablemente el malvado más carismático de las tres películas del aventurero del látigo, ya que Hitler tan sólo hace un pequeño cameo en la tercera entrega.
Con su calva pintada de rojo y sus pecualiares tocados, Mola Ram tiene todo un imperio subterráneo desde el cual controla a un joven maharajá y cuyo poder se basa en unas piedras mágicas. Con la única excusa de financiar su negocio y encontrar un par de piedras más, el malvado amigo Ram secuestra y esclaviza a niños de poblados perdidos de la mano de Dios para que trabajen como esclavos en las minas. Por suerte, el bueno de Indy estará allí para desbaratar sus planes. Incluso en la India de los años 30 el pequeño y mediano empresario tenía sus dificultades para encontrar buenos trabajadores.


Muñeco vintage de Mola Ram

Las armas de Mola Ram son un ejército de brutos barbudos con turbantes, una sangre que domina la voluntad y una mirada hipnótica que asusta al más pintado. A pesar de su pinta de empaquetador de carne para kebabs, el temible brujo, ataviado con sus mejores galas bajo la estatua de su terrible Dios, hace sacrificios humanos usando unas jaulas que se hunden en una especie de lava incandescente en el interior de la gruta donde se reunen sus acólitos. Y que me aspen si no me acongojé en el cine con las famosa escenitas de Mola Ram sacando corazones que laten y que luego flamea como si fuera carne de pato. Fiero y carismático, Mola Ram es otro de los malutos de mi niñez.

Marca de la casa: cánticos extraños y un bombeante corazón en la mano

Mis villanos del cine: Darth Vader

villano, na.

(Del b. lat. villanus, y este del lat. villa, casa de campo).

1. adj. Vecino o habitador del estado llano en una villa o aldea, a distinción de noble o hidalgo. U. t. c. s.

2. adj. Rústico o descortés.

3. adj. Ruin, indigno o indecoroso.


Como decían M-Clan (siento no disponer ahora mismo de una cita mejor), a los antihéroes nada se les da bien (obviaremos la gorilesca primera estrofa "arriba las manos abajo los pies"). Están destinados a no quedarse con la chica, a que el héroe llegue y la desate de las vías del tren, a perecer de las formas más absurdas y dolorosas, o, con suerte, pasarán el resto de sus vidas a la sombra. Desde que el cine tuvo a un héroe había un antihéroe para ponerle las cosas difíciles. Pero por mucho que lo intentara, el malo estaba destinado a perder. Como el caballo que monta la Muerte y el infierno, el antihéroe lleva al fracaso consigo.
El público solía identificarse con los buenos, con el guapo actor que rescata a la chica, sobretodo en tiempos difíciles cuando no había trabajo y la vida era en blanco negro. Cuando la vida mejoró y llegó el color, algunos malos de película comenzaron a cobrar más personalidad. Aun así, aquellos que se identificaban con el malo en vez de con el bueno tenían algo diferente. Formaban parte de la minoría selecta de los tenebrosos hijos de Doom, los admiradores del chico malo.
Yo fui, y soy, uno de ellos. No se de quién será la culpa, supongo que se la tendré que atribuir a ese malvado caballero Sith. Pero antes de eso, diré que sí, soy fan de los villanos. Lo cual no quiere decir que prefiera al malvado arqueólogo francés y sus nazis que a Indiana Jones. Pero cuando el villano de la peli tiene algo especial, tened por seguro que ése será mi hombre (o mi mujer).
Y la verdad es que el lado oscuro tiene algo muy seductor. En realidad lo llevamos tan dentro que a la mayoría os habrá pasado. Eso que tus padres te prohibían hacer era de repente muy atractivo. En otra ocasión te habría gustado llevarte un juguete bajo la chaqueta, comerte un pastel mientras no mira el panadero. Algunos lo hacían, otros teníamos más reparos. Pero el pensamiento cruzaba por nuestra mente alguna vez. ¿Cómo no entender pues a un pobre diablo que quiere dominar el mundo? ¿Cómo no identificarse con el perverso hombre de bigotes cuya única posibilidad de ligar es quitarle la chica al bueno? Yo soy de los villanos, chico.
Así que inauguro una nueva sección dónde os traeré a los villanos que me han hecho estremecerme o conmoverme en la gran pantalla. Aunque no sé si con el tiempo se colarán pérfidos personajes del comic o los libros. Por suerte muchas películas comparten malutos con esos géneros del arte contemporáneo. Y si no os importa, intentaré darle un tono más desenfadado del habitual, con un lenguaje algo más procaz y con menos seriedad. Porque los personajes con más y mejor sentido del humor son los chicos malos de las películas.
Si les parece bien, inauguro la sección con el primer villano al que admiré: el temible Darth Vader.


Muchos debieron alucinar con la aparición de aquel enmascarado ser vestido de negro que surgía de entre el humo en el episodio IV de Star Wars. Para mí la primera vez fue con el malvado lord Sith bajando de una nave de protocolo imperial en El retorno del Jedi.
Armado con su sable láser, sus poderes Sith y la temible voz de Constantino Romero, Darth Vader, que no gusta de que se subestime el poder del lado oscuro, es aficionado a dar órdenes tajantes y dejar sin respiración a la gente, a pesar de su asmática respiración. Sutil paradoja la del caballero oscuro.
Cuando uno, siendo un tierno infante, ve películas como La guerra de las galaxias y demás, la verdad es que se entera de poco. Y aunque la saga galáctica no sea tan sesuda como El séptimo sello, lo cierto es que a uno se le escapan muchas cosas. En mi colegio todos considerábamos, no se si acertadamente o no, a Darth Vader como el verdadero villano de la historia, aún cuando éste era en realidad un asalariado, un subordinado del temible emperador Palpatine. Pero dado que éste se dejaba ver más bien poco, y el bueno de Vader hacía todo el trabajo sucio, justo es que él se lleve la gloria.
Y aún con los años luego he redescubierto alguna cosa que otra. Dado que los Ewoks no son lo que se dice mi concepto de gran personaje galáctico, hacía mucho tiempo que no veía El retorno del Jedi. Y hoy me he visto a mí mismo sorprendido al ver como Darth Vader también tiene sus cuitas, y es digno de compasión. En realidad, como muchos asalariados, no disfruta con lo que hace. Cuando su hijo Luke le dice que en realidad él es bueno, el viejo ex-Jedi le dice (como a todo el mundo) que no conoce el poder del lado oscuro, y que debe obedecer a su señor. Como cuando nuestro padre nos dice que tiene que pagar el piso y el coche y qué nos creemos que todo el monte es orégano. Algo así.
Pus sí, me ha sorprendido recordar que Darth Vader era capaz de conmoverme. Y que se resigna a ser lo que es, aunque una pequeña vocecilla en su interior le diga qué tiene que hacer algo para cambiarlo. Al final, como todo buen padre, sale en defensa de su hijo y manda a su jefe muy lejos. Darth Vader al final se redime, se quita la máscara y nos deja ver su cara de taxista. Y luego en la nueva trilogía el tal Anakin se pasa al lado oscuro (en realidad aún no he entendido muy bien por qué) en un momento mientras Palpatine se hace viejo de repente. Mal, mal. Darth Vader no se merecía eso. Pero lo admito. Algo recorrió mi espalda cuando al ponerse la máscara suena por primera vez esa respiración de submarinista. Y es que si George Lucas hiciera un remake de cuatro horas de El Dorado, sería capaz de asistir al cine sin inmutarme sabiendo que en los últimos cinco minutos aparece Darth Vader para acabar con españoles, indios, Carlos Saura y demás señores oscuros del cine con ínfulas.
Por cierto, con tanta tecnología, ¿no podían haber inventado nada para arreglarle el asma a este hombre?

Marca de la casa: voz profunda, respiración quejosa, un sable luz y pétrea maldad con mucha Fuerza

Appetite For Destruction: 20 años en la selva



En 1989 los Estados Unidos invadían Panamá y acababan con el régimen de su otrora protegido Manuel Noriega. Éste se refugió en la embajada de El Vaticano. Para hacerle salir de su escondite, el ejército estadounidense bombardeó día y noche al dictador narcotraficante con heavy rock, especialmente con "Welcome to the jungle" y la estridente voz de un tal Axl Rose.
Aunque no deje de ser una divertida anécdota, la verdad es que es una bonita metáfora de lo que significó la aparición de los Guns 'n' Roses en 1987. Llegaron al mundo cargados de un arma que podía servir tanto para tortura como para las noches de fiesta más salvaje. No dejaron, ni dejan, a nadie indiferente, y hay tantos admiradores como detractores. Pero pocas personas hay que no hayan oido hablar de ellos.
Sí, un 21 de julio de 1987 un pedazo de dinamita se puso en circulación, aunque la mecha tardó en prender. Desde un principio el disco estuvo rodeado de polémica. Una portada censurada que tuvo que ser cambiada (ahora los vinilos con la portada original pueden llegar a valer una fortuna), la MTV se negaba a poner videoclips del grupo, letras cerdas y agresivas, como agresiva era la voz del cantante, y riffs de hard rock que eran puro fuego. Todo eso y mucho más podía encontrarse en Appetite for destruction, el disco de debut de los Guns 'n' Roses.
Es difícil decir algo que no se haya dicho ya. Todo en ese disco es perfecto. No se qué demonios hizo el productor, Mike Clink, pero... ese sonido... obviamente el talento del grupo estaba allí, pero el bueno de Mike supo encauzarlo y destilarlo en pequeños cartuchos auditivos. Simplemente no se podía hacer mejor.
Para toda una generación, Appetite for destruction es su disco de cabecera, la aguja que les inyectó el veneno del rock. Aunque yo llegué algo más tarde y mi aguja tiene otro nombre, desde luego no podía imaginar que el grupo que tocaba esa canción, "Sweet child o' mine", tuviera en la recámara balazos como "My michelle", "Welcome to the jungle" o "Paradise city". Evidentemente "Sweet child..." es un gran tema, pero sonaba más como otras bandas de la época. El resto de su repertorio era desconocido para mí, y dado que el famoso riff de "Sweet child o' mine" había abierto a los Guns las puertas de la fama, era lo único que sonaba en las radios. Pero sí, no fue hasta el 91 o 92 cuando cogí la fiebre gunner, allá por la época de Terminator 2.
Muchos rockeros de pro defenderían con los puños Appetite for destruction, y si hay un disco que merezca una pelea definitivamente es éste. No lo duden, muchos de ustedes podrán provocar a fans de Elton John y salir indemnes, pero hablar mal del debut de Guns 'n' Roses puede ser peligroso. O al menos lo era, en una época ya lejana. Antes de internet, el DVD y la caída del muro. Cuando Reagan y el primer Bush gobernaban el imperio. La era de la selva.
Antes de la explosión de Nirvana, el cantante Axl Rose se encontraba en Seattle, y allí escribió la canción que abriría el disco definitivo en los últimos 20 años. La primera frase, ya mítica, es pura mitología rockera. Do you know where you are? You're in the jungle, baby, you're gonna die!
Un vagabundo le dijo esas mismas palabras al joven Axl, que quedó tan impresionado que escribió una canción sobre ello. ¡Estás en la selva, nene, vas a morir! La canción describía la visión que Axl tenía de Los Angeles. Algo parecido a los coches que chocan en "It's so easy", surgida de un comentario que un tipo hizo a los gunners después de que éstos presenciaran en Nueva York un aparatoso accidente automovilístico. Pero la selva tenía más que ofrecer.
"Nightrain", puro veneno, vino barato, resaca asegurada por un dólar, néctar de los pobres y hambrientos Guns 'n' Roses. "Out ta get me", la policía no te deja en paz si vistes como una puta y estás en una banda de rock. "Mr. Brownstone", baila al ritmo de la heroína. "Paradise city", un lugar para pasarlo bien, chicas bonitas, ¿Los Angeles o Kentucky? Fuego puro, Slash e Izzy. "My Michelle", la balada que nunca fue, Axl y su amiga Michelle Young en un coche, Elton John en la radio. ¿Alguna vez te han escrito una canción? "Think about you", Izzy compone, Axl canta a su amor. "Sweet child o' mine", viejos recuerdos, éxito de MTV. "You're crazy", evolución, una canción acústica electrificada. "Anyting Goes", perdida en los comienzos musicales de Axl, talk box. "Rocket Queen", le grand finale, disturbios en St. Louis, gemidos en el estudio.
20 años de un clásico de rock and roll. ¿Sabéis ya dónde estáis?

viernes, 20 de julio de 2007

El primer hombre de Roma



Hará unos 20 años cuando una serie de televisión causó furor en este país, sobretodo entre amas de casa y demás personas afines a los culebrones, dramas y demás seriales. El pájaro espino narraba la historia de un sacerdote que de buenas a primeras se ve ante el dilema de sus votos religiosos y el amor por una mujer.
A pesar de dicha popularidad, la autora de la novela en la que se basó la serie siguió prácticamente en el anonimato, y tan sólo los fans más acérrimos de la serie y la novela y otros locos apasionados de la novela histórica podrían citar su nombre. Estoy hablando de la escritora australiana Colleen McCullough.
Yo me encuentro entre los segundos, seguramente junto a Rober Graves la australiana es la principal razón de que me haya aficionado a ese género tan popular en esta última década conocido como "novela histórica". Creo que recordar que alguien me habló de su trabajo, o tal vez fuera pura curiosidad, el caso es que tenía una novela suya por casa y le di una oportunidad. Lo que allí me encontré fue una obra apasionante, de esas que a uno le cuesta dejar de leer para hacer otra cosa. Casi podría decirse que devoré, literalmente, aquellas páginas.
La obra en cuestión era El primer hombre de Roma, y coinicidió que era la primera de varias novelas que conformaban una saga sobre el convulso período republicano de la antigua Roma, más concretamente el final de la vieja República consular.
El primer hombre de Roma nos acercaba mediante diferentes historias y puntos de vista asociados a distintos personajes al auge del ambicioso Cayo Mario que significaría, a la postre, el comienzo del fin para la aristocracia romana. La novela comienza con una misma escena observada por Cayo Mario, un político de provincias cuya está estancada debida a su condición social, y Lucio Cornelio Sila, un aristócrata de rancio abolengo pero arruinado a causa de las malas gestiones de su padre. Ambos personajes serán los protagonistas de El primer hombre de Roma y las siguientes novelas hasta la aparición en escena de Julio César, que pondrá todo de patas arriba y conducirá a la vieja Roma hacia el comienzo del Imperio.
Con un ritmo trepidante y un estilo directo y (dentro de la complejidad de lo narrado) sencillo, McCullough se aprovecha de las ventajas que ofrece el periodo y nos lleva a una Roma llena de conjuras políticas, rivalidades, envidias, revoluciones sociales, guerras y sexo, sexo a la romana. Diálogos fascinantes, históricos y documentados algunos de ellos, personajes dotados de gran fuerza (en ocasiones, dotados, simplemente), y mujeres tanto sensuales como inteligentes y ambiciosas, capaces de todo por amor y también por su propia ambición. Probablemente un hombre habría encontrado difícil crear personajes femeninos de semejante fuerza.
Aunque hable de la primera novela, El primer hombre de Roma es un titulo que sirve para toda la saga, y a quién le guste el primer libro encontrará difícil no hacerse con el resto de novelas. Al final y al cabo, aparte de la caida de la República, lo que se nos muestra en el transfondo de la saga romana es la lucha de los grandes personajes romanos por alzarse entre sus coétaneos como el salvador de la Patria, ser el romano más poderoso de su tiempo, lo que venía a conocerse como ser un "primus inter paris".
Si la novela histórica tiene una ventaja principal, la de poder basarse en hechos, fascinantes en su mayoría, que son reales y han ocurrido y están documentados en muchas ocasiones, la posible gran desventaja es que la visión dada por el autor sea errónea o directamente sea falsa. Determinados periodos históricos son bien conocidos, mientras que otros tienen huecos que han de ser rellenados. Y aun así siempre habrá diferentes puntos de visto sobre un mismo hecho o un mismo escrito. Debido a la gran popularidad de las novelas históricas, se publican títulos constatemente, y muchos estarán mal escritos o mal documentados, o en el peor de los casos, las dos cosas.
El gran acierto de McCullough ha sido el de haberse documentado concienzudamente sobre personajes, instituciones, cultura... Leyendo sus novelas uno se familiariza con el día a día de un romano y con cosas tan simples como qué comían o cómo vestían, y también complejidades como sistemas de votación, carreras políticas, relaciones entre diferentes estratos sociales, etc. Por momentos las novelas de McCullough puedan tal vez resultar algo difíciles, ya que son muchos los personajes con que nos encontramos, y cualquier acercamiento a la convulsa República romana es siempre algo confusa. Pero la escritora sale airosa del trance y en notas aclaratorias y prólogos nos detalla aquello que pudiera resultarnos más intrincado. Como ya he dicho, se nota que se ha documentado debidamente, y allá dónde los documentos históricos dejan un hueco, la escritora lo cubre con teorías propias que, aún pudiendo ser discutidas, son de lo más pausible.
Resumiendo, si sois de los que gustáis leer libros del género histórico-novelesco y aún no habéis dado con esta saga romana, no tardéis en ir a la librería a por ellos. Y la novela histórica no os interesa, dadle al menos una oportunidad a El primer hombre de Roma. Si la historia no os cautiva, tal vez la prosa de McCullough sí lo haga.
La saga romana se completa con los títulos
La corona de hierba, Favoritos de la fortuna, Las mujeres de César, César y El caballo del César. Y cuando muchos ya desesperábamos pues creíamos concluida la serie, un nuevo libro, Antony and Cleopatra (supongo que aquí lo titularán Marco Antonio y Cleopatra) llegará a las librerías en septiembre, aunque imagino que la edición en castellano tardará un poco más. Todo parece indicar que ésta vez si será el último libro sobre el ciclo romano, aunque por mí podría estar escribiendo hasta que Alarico se pasee por Roma.

jueves, 19 de julio de 2007

Hermanos Marx contra los Warner


Casi rozando la leyenda urbana, el caso de los hermanos Marx siendo amenazados por los hermanos Warner de la Warner Bros ha entrado en los anales de la historia del cine. Aunque todo parece indicar que los hechos no fueron exactamente como se suelen relatar, ya que los Marx, Groucho principalmente, se encargaron de adornar la historia y publicitarla por todas partes.
Popularmente, la historia es la siguiente: en 1946 los hermanos Marx estaban preparando una película (Los hermanos Marx en Casablanca) que en un principio iba a ser una parodia de la mítica película de Michael Curtiz rodada cuatro años antes y que pertenecía a la Warner. Los hermanos Warner escribieron una carta formal a los Marx interesándose por la trama y guión definitivo de la película. Los astutos cómicos aprovecharon esa carta para difundir el rumor de que los Warner amenazaban con demandarles si utilizaban el nombre "Casablanca" para su película, con lo que Groucho escribió una delirante carta de respuesta a los todopoderosos Warner.
Entre otras perlas Groucho decía qué desde cuando era Casablanca propiedad de la Warner, que el público medio sería capaz de distinguir a Ingrid Bergman de Harpo, o que ya puestos, los Warner no podían usar la palabra "hermanos" ya que los Marx la habían usado antes que ellos, y que antes incluso había habido otros hermanos famosos como los Karamazov.
El asunto quedó allí, y no existió tal amenaza, ni siquiera se llegó a los tribunales. La trama de la nueva película de los hermanos Marx se cambió y para la historia quedó otra anécdota surgida del interminable talento de ese coloso del humor llamado Groucho.

lunes, 16 de julio de 2007

Odio los lunes


Imagino que vosotros también, es algo universal. Empiezas a remontar el vuelo el fin de semana y cuando te quieres dar cuenta estás de nuevo bajando a la mina.
¿Qué hemos hecho para merecer semejante castigo? ¿Fue todo culpa de un fruto prohibido? Ah mísero de mí, ah infelice, apurar cielos pretendo ya que me tratáis así. En fin, podría ser peor. Podría ser asquerosamente rico y vivir en la ociosidad más absoluta, con lo malo que debe ser eso para la salud.

domingo, 15 de julio de 2007

Oliver Reed, llegó un actor libre y salvaje

Principios de los años 60. La gente bebe y se divierte en un famoso pub londinense. Como puede suceder en cualquier pub sobre la faz de la tierra, una conversación sube de tono, unas cuantas palabras desafiantes, y estalla la pelea. Varios tipos rompen unas botellas y se lanzan sobre un hombre corpulento y apuesto, de profundos ojos azules. Superiores en número, el bravucón cliente lleva las de perder y su rostro queda marcado por las botellas. Necesitará más de treinta puntos de sutura. Para alguien de su profesión una profunda cicatriz podría ser la ruina., dado que el joven es actor. El joven actor es Oliver Reed, y estaba a punto de saltar al estrellato.
Por suerte para él su carrera no acabó en aquél pub. Actor casi por casualidad, su perfilado rostro y anchas espaldas hicieron de él un actor que solía interpretar papeles muy masculinos, rudos, machistas y fieros. Y sin embargo en uno de sus primeros papeles con diálogo interpretó al típico homosexual "con pluma". Y es que tras sus celebrados personajes de tipo duro y su escandalosa vida privada había un muy buen actor dotado de un gran carisma.
Sin tener preparación alguna como actor en escuelas o teatros, Oliver Reed comenzó su carrera como extra en unas cuantas películas, hasta que un director le dio oportunidad de dar sus primeros pasos como actor en The league of the gentlemen. Más tarde trabajó en papeles de cine de terror para la productora inglesa Hammer, hasta que se cruzó en su camino el director Michael Winner. Winner vio en Reed el prototipo de lo que andaba buscando para su película The system: un actor apuesto y masculino, muy sexual, y con un aúrea de peligro en su mirada. Tras su incidente en el pub, el director Ken Russell le dio el papel protagonista del film para la BBC Debussy. La sólida y energética interpretación de Reed le valió el reconocimiento general y el estatus de nueva promesa en la Gran Bretaña de 1965.
Su carrera fue progresando y a finales de esa misma década le llegaron dos de sus papeles más recordados: el de Bill Sikes en el musical Oliver (dirigida por su tío Carol Reed) y el de Gerald en la adaptación de la escandalosa novela de D.H. Lawrence Women in love. En una escena determinada donde Reed y otro actor debían pelear desnudos, ambos se mostraron incomódos a la hora de rodarla, preocupados por el respectivo tamaño de sus penes. Como más tarde diría Reed, fue un viejo amigo suyo quién le ayudó a rodar la escena: una botella de vodka.
Definitivamente Reed era mucho más del pueblo que compatriotas como Lawrence Olivier. Cuando su fama comenzó a crecer el actor de Winbledon gustaba de rodearse de sus hermanos David y Simon y amigos y compañeros de juergas como Bill Dobson. A principios de los 70 Oliver Reed era una gran estrella, y se compró una lujosa mansión en la campiña inglesa. Como acabó echando de menos a sus viejos amigos, contrató a Dobson como jardinero, para tenerle cerca cuando le entrara la sed. Para Oliver Reed el alcohol y las mujeres eran un modo de vida, y una gran fiesta que montó con algunos amigos y un equipo de rugby acabó en los titulares de prensa cuando consumieron en una noche cerca de 200 litros de cerveza, 32 botellas de whisky, 17 de ginebra, cuatro cajas de vinno y una botella de perry, una especie de sidra hecha con peras. No está mal para 36 personas.
Su fructífera colaboración con el lisérgico Russell continuó a lo largo de varias películas, destacando The Devils y la psicodélica Tommy, basada en la ópera rock de The Who. Fue rodando Tommy cuando Oliver Reed conoció a una especie de alter-ego, el alocado batería de los Who Keith Moon. Ambos se hicieron muy amigos y participaron juntos en centenares de juergas.
También por aquél entonces Reed participó en las magníficas películas de Richard Lester sobre Los Tres Mosqueteros, aportando un toque de oscuridad e introspección a unas historias llenas de aventuras y un pronunciado humor inglés. A mediados de los 70 Oliver Reed había alcanzado la cima de su carrera, y extrañamente se había resistido al influjo de Hollywood y había permanecido en Gran Bretaña. Gente que le conoció afirma que no se sentía preparado para dar el gran salto.



Al finalizar los 70 Reed había pasado por un matrimonio y una larga relación fallidos; el primero se acabó por las infidelidades del actor, mientras que su segunda relación llegó a su fin cuando una Nochevieja descargó su rifle de caza sobre el reloj de cuco. Cuando su vida personal pasaba por dificultades y su carrera como actor comenzó a declinar, el periodo alcohólico más oscuro del actor entró por la puerta. Aunque Oliver Reed siempre había sido una fuente de anécdotas, durante aquellos años protagonizó muchas anécdotas delirantes, dispuesto siempre a bajarse los pantalones a la minima excusa, o hacer con sus amigos concursos de ver quién tenía el pene más grande, y cosas así.
Durante los 80 su carrera pasó por muchos altibajos. En 1981 hizo un interesante papel como el general Graziani en El león del desierto, y en 1986 su interpretación en Castaway fue aclamada como la mejor en años. Aunque por supuesto Reed no iba a cambiar, y mientras hacía una gira de promoción de Castaway apareció en un programa de la televisión inglesa con una gran jarra de algo que desde luego no creo que fuera zumo de naranja. Al parecer el actor llegó a los estudios directamente de algún pub.
Para entonces Reed había sorprendido al mundo casándose con una estudiante de dieciséis años y se había mudado a un paraíso fiscal tras soportar años de la rígida política impositiva británica. Después se mudaría al sur de Irlanda con su familia para llevar una vida tranquila.
Gran actor como era, su actitud salvaje y su pasion por la bebida hicieron que la prensa comenzase a interesarse más por su faceta alcohólica que por su carrera. Sus aparaciones en la televisión borracho como una una cuba desde luego no le ayudaron. En un programa de sesudos debates Oliver Reed fue invitado para departir sobre la violencia masculina con profesores de universidad, escritores. No se muy bien por qué había en el estudio una mesita con bebidas, con lo que el actor se sirvió copas y más copas, mientras su discurso era cada vez más incoherente y sus maneras más agresivas. Tras besar a una activista lesbiana que también participaba en el debate, Reed fue echado del estudio. En una entrevista puso en apuros a todo un David Letterman, gurú de los night-shows estadounidenses. Parecía que por cada plató que pasara no volviera a crecer la hierba. Así, muchos presentadores deseosos de conseguir audiencia invitaban a Reed y le preguntaban sobre el alcohol y cuánto bebía, olvidándose de que era un actor. Si había suerte saldría borracho del camerino y protagonizaría más momentos bizarros.
Aun así la vida siguió para el actor inglés. Combinando adaptaciones de clásicos literarios con infumables películas de serie B, a finales de los 80 Reed tuvo un pequeño papel en El barón de Munchausen de Terry Gilliam y volvió a ponerse en la piel de Atos para El regreso de los tres mosqueteros. Siguió trabajando de vez en cuando durante los 90, hasta que en el año 1999 el director Ridley Scott le llamó para participar en su nuevo proyecto.
Prácticamente olvidado por la gran industria, fue una sorpresa que un director de la talla de Scott llamara a Oliver Reed para participar en un proyecto tran grande. Quizás alguno de vosotros no esté familiarizado con la carrera de Reed, pero seguro que habréis visto Gladiator. Oliver Reed interpretaba al viejo ex-gladiador reconvertido en entrenador de gladiadores.
De la noche a la mañana Reed resurgía del olvido y por un momento los medios parecieron olvidarse de su afición a la botella. Mientras, el actor se trasladó a la isla de Malta para rodar sus escenas allí. Nada más llegar buscó el pub más británico que pudo encontrar. En un sitio llamado simplemente "The pub" Reed instaló su cuartel general.
Una noche de juerga el viejo bribón de Oliver, tras haber bebido ingentes cantidades de alcohol y haber retado a pulsos a unos cuantos marineros, sufrió un ataque al corazón y falleció allí mismo. Tras tantos años de excesos su cuerpo no pudo aguantar más.



Oliver Reed dijo una vez que sus dos ambiciones era beber en todos los pubs y acostarse con todas las mujeres del mundo. Para él la vida aburrida no tenía sentido, y por lo tanto estar sobrio tampoco. Vivió siempre según sus reglas y pocas veces se preocupó de lo que pensaran los demás. En definitiva, el viejo Oliver era puro rock and roll.
La primera vez que le vi fue en la saga de Los tres mosqueteros, y en seguida supe que aquél era un actor hecho a mi medida. También le recuerdo en el irascible y simpático papel de El principe y el mendigo, y por supuesto no podría concibir otro padrastro para el pequeño Tommy que él. El descubrir que fue amigo de juergas de Keith Moon sólo hace que me caiga todavía mejor. Aunque nunca tuvo una técnica interpretativa muy depurada, tenía un gran carisma que hacía de él alguien especial. Era un actor de personalidad y un entrañable borrachín, amigo de la gente sencilla y de ese tipo de estrellas cinematográficas que ya no quedan. Un brindis por ti, viejo amigo.

viernes, 13 de julio de 2007

Conan el bárbaro



Su primera aparición fue en las revistas de papel barato que ofrecían historias de fantasía y ciencia ficción, género conocido como pulp. Corría la década de los años 30, la Depresión atenazaba a Estados Unidos, y un joven extraño y depresivo, Robert E. Howard, considerado padre del género de brujería y espada, comenzó a publicar en la revista Weird Tales las historias del guerrero definitivo: Conan el bárbaro.
La popularidad del personaje fue bastante importante, aunque ya en plena Guerra Fría necesitó de algunas reediciones para que volviera al imaginario colectivo. Aunque cuando realmente el bárbaro entró en el imaginario colectivo norteamericano fue en 1970, cuando la Marvel comenzó a publicar comics basados en el personaje de Howard. Puesto que aún no he leido las historias originales y apenas sí poseo una antigua recopilación de los viejos comics setenteros, voy a centrarme en la célebre adaptación que se hizo del personaje a principios de los 80. Si queréis saber un poco más sobre el Conan del formato cómic, podéis encontrar un pequeño resumen de sus diversas etapas en Tebeosfera.
Los fans más puristas de la obra original de Robert E. Howard reniegan del film, y supongo que tendrán razones para ello, pero yo que crecí con la imagen de Conan como un musculoso austríaco con mucho acento considero Conan el bárbaro un film excelente, seguido de una secuela bastante inferior aunque aceptable para un seguidor del personaje cinematográfico como yo.



El proyecto de llevar las historias de Conan al cine era uno de esos casos en que va pasando de mano en mano y nunca parece que vaya a llegar a buen puerto. Edward R. Pressman, un productor independiente, vio a Arnold Schwarzenegger en una película sobre el culturismo. Junto a él estaba un amigo también productor, Ed Summer. Ambos hablaron sobre Arnold y decidieron que alguien con ese físico sería perfecto para un proyecto sobre Conan. Summer y un escritor de la Marvel, Roy Thomas, escribieron un primer tratamiento. Pero finalmente se encargó a Oliver Stone que escribiera un primer borrador. A Stone le llevó cuatro meses escribir el guión, tras haber leído cada novela y cada cómic acerca del personaje. Cuenta Stone que su idea era la de que la historia se alargase a lo largo de doce films como se hacía con James Bond (de Conancompletist.com).
El borrador de Stone, del que más tarde dijo Milius que era un "sueño febril bajo ácido", tenía lugar en una especie de futuro apocalíptico, y tan sólo una pequeña parte del mismo sobrevivió a la segunda etapa en la preparación de la película.
El proyecto cobró fuerza cuando el afamado productor Dino De Laurentiis se hizo con los derechos de la historia. Considerando que el guión de Stone era demasiado violento, Laurentiis contrató al director y guionista John Milius para que se encargara de todo el proyecto y reescribiera el borrador.
John Milius, al que se la había escapado de las manos la dirección de Apocalypse Now, se volcó en el proyecto de Conan. Se deshizo de prácticamente todos los elementos mágicos que aparecían en el guión y que provenían de las historias de Conan originales. En su lugar, Milius creó una trama de acción enmarcada en una extraña era perdida en el tiempo, donde se podían adivinar elementos de diversos periodos históricos. En el guión de Milius permanecieron algunas historias de los libros originales algo desdibujadas (el asalto a la Torre o la crucifixión) pero el director acerco la historia a sus propias inquietudas. Por supuesto, todo esto no hace más que irritar a los fans de la vieja saga de Robert Howard, que consideran que el Conan de Milius poco tiene que ver con el original. Hasta un personaje como Thulsa Doom, el poderoso mago oscuro, ¡es un personaje de Kull, la otra saga de Howard! Aun así, la historia que acabó de escribir el director era muy buena, con múltiples referencias a películas, libros e historia, y con una cierta profundidad que suele pasar desapercibida para los seguidores de películas de aventuras como ésta.
Aún cuando se probó a otros actores, todos parecían estar de acuerdo en que Schwarzenegger era el hombre ideal para el puesto. Y eso era cierto, ¡él era Conan! Dino De Laurentiis tenía objeciones por temor a que no se entendiera lo que decía debido al fuerte acento del actor, aunque finalmente dio su brazo a torcer. Es curioso pensar que ni Arnold, ni la actriz que interpretaba a Valeria, ni Milius, pocos estaban familiarizados con la obra de Howard y los cómics de Conan. Tan sólo Gerry Lopez, que interpretaba al compañero de Conan, Subotai, era un fan del personaje.
En realidad el mundo que creó Milius, aunque diferente del originario Conan, podía ser igual de fascinante. El reparto era espléndido, y su elección del actor y locutor James Earl Jones para interpretar a Thulsa Doom no puedo ser más acertada. Thulsa Doom, el nigromante, un vestigio de un mundo perdido, una especie de atlante, era un personaje realmente oscuro, una especie de gurú diabólico que constantemente se reinventa a sí mismo para sobrevivir en un mundo dominado por los hombres. También mención especial para un irreconocible Max Von Sydow como el rey Osric, quién enviará a Conan a rescatar a su hija, presa de la secta de Doom, y el simpático Mako como el mago y narrador de la historia.
Aunque sin un gran cuidado del aspecto visual la película habría sido más otra película fallida sobre un personaje de cómic. Ron Cobb, maestro del diseño de producción, se encargó de diseñar espadas, trajes, armaduras y palacios, haciendo un trabajo magnífico. Y por cierto, tiene un pequeño cameo en la película como vendedor de loto negro. Los extraños guerreros de Thulsa Doom, con esa pinta de vikingos seguidores de Manowar, eran culturistas y tipos grandes como Ben Davidson, un ex-jugador de la NFL. Sus trajes y cascos fueron prácticamente calcados de los guerreros teutones de la película de Eisenstein de 1938 Alejandro Nevski.
Milius, uno de los mejores escribiendo frases grandilocuentes que luego uno nunca olvida, llenó la película de discursos metafísicos de Thulsa Doom y frases terroríficas con lagos de sangre y demás visiones apocalípticas. También fue idea de Milius esa extraña búsqueda del secreto del acero, una especie de leivmotiv a lo largo de la película. Otra de las frases más recordadas de la película, esa donde Conan asegura que lo mejor de la vida es aplastar enemigos, es atribuida a Gengis Khan, y está recogida en la "Historia secreta de los mongoles".
Y para terminar, ahí están, esos parajes españoles que a veces parecen marcianos. Cuenca, Almería, Ávila... Todos los exteriores parecían hechos para que aparecieran en la película. Lo cachondo de elegir España para rodar es que pensaron que Yugoslavia, donde en principio iba a rodarse la película, era demasiado inestable políticamente. Y al poco de comenzar a rodar en España, ¡tuvieron que parar por el golpe de Estado del 23-F! Cosas del cine.
En definitiva, Conan el bárbaro era y es una gran película de aventuras, que dio a conocer al gran público el género de espada y brujería, bastante popular a lo largo de los 80 pero que parece desterrado de las carteleras para siempre. Se especuló durante mucho tiempo con una tercera entrega, incluso Milius llegó a escribir un guión titulado Conan: Crown of iron, pero nada más se ha sabido de ese proyecto. Cualquier día anunciarán el estreno de una nueva entrega, y esa será una gran noticia, aunque el listón está muy alto. Veremos si las hordas de Crom vuelven a galopar por los cines de medio mundo.


Leer critica de Conan el Bárbaro en Muchocine.net

Atraco a las 3


Bueno, aquí ya estamos hablando de palabras mayores. El punto fuerte del cine español siempre fue la comedia, y durante los años 50 la comedia negra alcanzó su máxima expresión. En definitiva, un nivel demasiado alto para que hicieran un remake. Bastantes lacras tiene ya el cine español como para que ahora se apunten a la moda de las actualizaciones de películas. Que eso se lo dejen a los yankis.
Con Jose María Forqué tras las cámaras y un reparto de lujo que contaba con lo más granado del cine de la época, Atraco a las 3 es, sino la mejor, una de las mejores comedias del cine español, un clásico y un espejo donde futuros guionistas y cineastas deberían mirarse a la hora de tocar el género cómico. Conservar la vieja esencia del reparto coral y adaptar la historia a un ámbito moderno. Algo así como hicieron en Días de fútbol (lástima que no haya tenido continuidad).
Jose Luis Lopez Vázquez, Gracita Morales, Cassen, el grande entre los grandes Manuel Alexandre y su mítico vibrato, el sempiterno cabreado Agustín González, Alfredo Landa... un reparto que difícilmente podía ser mejor, con unas frases antológicas y un director competente, con todo eso el resultado no podía ser más que una película excelente. Y punto.

Historias de la radio (1955)

Bueno creo que ya es hora de hablar un poco sobre cine español, que no cine de habla hispana. De momento me ceñiré al cine de la vieja metrópoli, que es el que domino mejor.

Habrá muchos que se identifiquen o suelan gustar de las películas que se hacen en la piel de toro, lo cual no es mi caso. Aunque por lo general el cine europeo ahora mismo goza de mejor salud que el norteamericano, lo cierto es que la industria cinematográfica en España es un desastre, y así es muy difícil hacer nada digno de mención.
Personalmente creo que tras la Guerra Civil sobrevino un período donde la carencia de medios y el penoso panorama nacional avivaron la imaginación dando lugar a una serie de títulos irrepetibles que conformaron una edad dorada de nuestro cine que dudo que se repita. Desde mediados los 40 hasta finales de los 50 y los primerísimos 60 se rodaron verdaderos clásicos ante los cuales las cintas actuales palidecen de lo malas que son, con contadas excepciones.
En fin, ya divagaré sobre esto otro rato. Ahora quiero hablar de una película de Jose Luis Sáenz de Heredia que vi ayer. Historias de la radio se estrenó en 1955, y fue un título muy popular en su época. Se trata de una comedia ligera con alguna pizca de drama, una película inocente de las que gustaban al público de entonces y no molestaban al Régimen. Vamos, que no tiene la mala leche de Plácido.
La cinta, aunque protagonizada por Paco Rabal, se trata en realidad de una serie de historias que nos acercan al mundo de aquellos años dónde la radio era fuente principal de entretenimiento y noticias. Inspirada o basada en programas de aquellos días, vemos desfilar programas de gimnasia, algún apunte de los viejos seriales y sobretodo los populares concursos radiofónicos de la época, patrocinados por marcas de sopa o jabón, y en las que el español de a pie podía, si tenía suerte, embolsarse unas cuantas pesetas con las que matar el hambre o tapar algunos agujeros.
Destaca, para empezar, la historia protagonizada por Pepe Isbert, un actor en cuyo talento podrían ahogarse todas las estrellas del cine español actual y las promesas que queden por venir. Ver primero a Isbert vestido de esquimal tiene su coña, ayudado por un jovencísimo Tony Leblanc, aunque luego en un "speech" de órdago nos recuerda el gran actor dramático que fue, como quedó demostrado en El cochecito. El segundo momento memorable es de la última historia, que incluye la combinación pueblo remoto + niño enfermo + madre que no puede pagar la operación. Después de que haya colaborado todo el pueblo (ya he dicho que ésta es una feliz película prototípica) aún faltan dos mil pesetas, con lo que el maestro del pueblo se va a un concurso de la radio de preguntas y respuestas. Todo va bien hasta que un productor malo le da al presentador una pregunta muy difícil para que no se lleve tanto dinero. La delirante escena que viene a continuación se convirtió en un clásico de la historia del cine patrio. Y así acaban todos, felices y contentos y con dos aficionados a la gimnasia en extraña postura. Entrañable.

martes, 10 de julio de 2007

Pedro Navaja

No soy lo que se podría decir fan de los ritmos caribeños, más bien lo contrario, aún cuando el folklore de aquellas islas y partes de sudamérica cuentan con estilos musicales muy respetables. El problema es que parece que aquí sólo llega la música más execrable de aquellos lares, estilos de música de baile que son francamente insoportables, por no decir otra cosa.
Aun así, dejando a un lado fusiones del estilo de Santana o Dizzie Gillespie, si hay un tema que suene a caribeño y me guste oir ese es Pedro Navaja, de Rubén Blades. El tema tiene clase y una letra de historias barriobajeras encantadora. La canción está inspirada en el estándar de swing Mack the Knife, que a su vez era una traducción de un tema en alemán extraido de un musical de Bertolt Brecht y Kurt Weill.
Y, en fin, no se porqué, esta mañana me ha dado por recordarlo. A veces pienso que Pedro Navaja sería perfecta para que sonara por los pueblos este verano, pero me parece que las orquestas están por otras cosas. Se deben a su público, supongo.
Así que si algún día descubrís a vuestra pareja en la cama con vuestro mejor amigo o amiga, no perdáis los papeles, y recordad la moraleja de Pedro Navaja. Incluso la podéis cantar, si es con unos cuantos tragos encima, mejor.
La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, ¡ay Dios!

lunes, 9 de julio de 2007

Hearts of darkness


Apocalypse Now, monstruosa, inigualable, un verdadero tótem del cine de los últimos 50 años, una obra maestra, una visión genial de un conflicto y del ser humano, un auténtico "tour de force" de Francis Ford Coppola, un hombre que solía dirigir películas antes de que el vino se lo llevara para siempre; (no, no seré tan malicioso, quería decir el negocio del vino).
El proyecto de llevar la novela de Joseph Conrad Corazón de tinieblas a la gran pantalla llevaba décadas sobre la mesa. En los 40 Orson Welles, quién había realizado una versión radiofónica de la novela, intentó sacar adelante el proyecto, aunque no pasó de los primeros estadios de pre-producción. Finalmente su espectacular debú como cineasta sería con Ciudadano Kane.
A finales de los 60 Francis Ford Coppola había recogido el guante. Con un tratamiento a cargo de John Milius y con la posibilidad de que la dirigiera George Lucas, Coppola llamó a todas las puertas hollywoodienses sin resultado alguno. Los productores de los grandes estudios no querían arriesgarse con una película que iba a requerir un gran presupuesto y cuya temática era por entonces tabú.
Y es que rodar la historia de Apocalypse Now era meter el dedo en la llaga de la problemática Norteamérica de aquella época. Uno de los grandes aciertos del tratamiento del guión, por cortesía de Milius, había sido cambiar el escenario africano original y trasladar la historia de Corazón de tinieblas al sangriento conflicto de Vietnam. La intención inicial de Coppola y el resto de colaboradores en su compañía Zoetrope era rodar en el mismo Vietnam, donde la guerra seguía su curso. Evidentemente ningún estudio iba a poner dinero para financiar una locura semejante.
Mientras, Lucas comenzaba a volar en solitario, tras su éxito con American Graffiti y con unas extrañas ideas en la cabeza acerca de una ópera galáctica. Así que finalmente Coppola siguió adelante solo y ya como director y productor de la película. El problema para financiar la película terminó tras los espectaculares éxitos del director italoamericano con sus dos películas sobre la Mafia. Un préstamo bancario hizo el resto. Apocalypse Now entró en pre-producción.
Coppola rehizo el guión de Milius para adaptarlo a su propia visión. Milius, excelente guionista y buen director cuando se le da bien el día, era y es un apasionado de las armas muy cercano a la derecha republicana estadounidense. No es de extrañar que su guión fuera una especie de alegato militarista que poco tenía que ver con lo que Coppola quería contar. Éste se deshizo de casi toda la palabrería chusquera, aunque sabiamente dejó algunas perlas para los momentos adecuados. Sí, efectivamente, esa famosa frase sobre el napalm y la victoria, y otras del estilo, son producto del macho man por excelencia Milius.
Finalmente la película sería rodada en las Filipinas, que eran como un Vietnam repartido por varias islas. El equipo partió hacía allí en 1976, y por entonces Coppola no debía de imaginar que se dirigía hacia el mismo infierno. Su particular "Apocalypse" había comenzado.


Hearts of Darkness es un excelente y revelador documental sobre lo que aconteció durante el accidentado rodaje de Apocalypse Now. La mujer de Coppola, Eleonor, comenzó un diario del rodaje como apoyo para su marido, además de grabar todo lo que ocurría por allí. En 1990 Eleonor colaboró con dos jóvenes cineastas para realizar unas entrevistas y editar el material filmado, creando así el citado documental que fue aclamado en el Festival de Cannes. El resultado fue realmente espectacular.
Hearts of Darkness es una puerta abierta a la locura y al proceso creativo surgido del caos, a un rodaje infernal y un camino hacia la locura con Coppola de protagonista, convertido en una especie de capitán Willard subido a un barco a la deriva con una misión que no sabe si podrá completar.
Todo lo que podía salir mal salió mal. Dicen que casos como éste son un viejo axioma de los rodajes grandilocuentes hollywoodienses, y Apocalypse Now no fue una excepción; al contrario, se convirtió, junto a Lo que el viento se llevó, en paradigma de rodaje problemático.
Para empezar, tras dos semanas de rodaje, Coppola, descontento con el trabajo de su capitán Willard, el actor Harvey Keitel, le despide y vuela a Los Ángeles para encontrar a un sustituto. Una larga lista de actores habían rechazado el papel antes de que Keitel aceptara, parecía que todos se olieran que aquél era un guión maldito. Sin embargo, un joven Martin Sheen aceptará el reto de sustituir a Keitel.
Lo que vino a continuación (quedando reflejado en el documental) fue un continuo empuje de Coppola hacia el precipicio. Los acontecimientos le sobrepasaron. Para empezar, Coppola había llegado a un acuerdo con el dirigente de Filipinas, Ferdinand Marcos, según el cual éste le alquilaría todo el equipo militar necesario siempre que no se necesitase en otra parte. El problema fue que había rebeldes aquí y allá, y sin previo aviso helicópteros y expertos eran llevados a otro punto de la isla en mitad del rodaje de una escena. Por supuesto, ésto era sólo el principio.
Un tifón arrasó los caros decorados lo que provocó que el rodaje fuera pospuesto. En el documental podemos ver cómo un incrédulo y tenso Coppola discute por teléfono cuando le informan de que Marlon Brando no acepta retrasar el rodaje de sus escenas y amenaza quedarse con su sueldo, un millón de dólares, sin haber rodado ni un segundo de metraje.
Al tifón y al caradura de Brando hubo que sumar contínuos problemas de financiación mientras el abrumado Coppola escribía y reescribía el guión. Había drogas por todas partes, y varias escenas se rodaron con los actores colocados o en pleno viaje de ácido. El juerguista Dennis Hopper pocas veces recordaba sus frases. Y cuando por fin llegó Brando, gordo, con el pelo rapado, sin saberse el guión ni haber leido la novela de Conrad, parecía que había llegado el momento de que a Coppola le diera un infarto. Pero fue Martin Sheen quién lo tuvo, y en un hospital filipino un sacerdote le dio la extrema unción. Aunque por fortuna la cosa no fue tan grave y Sheen se reincorporó al rodaje algunas semanas después.
Todo esto y mucho más es lo que podemos ver en Hearts of Darkness. Por ejemplo, la escena donde el capitán Willard rompe un espejo, que fue rodada el día del cumpleaños de Martin Sheen, que estaba totalmente borracho y se hirió de verdad, aparte de desnudar su alma en un viaje instrospectivo llevado hasta el límite por Coppola. También vemos al mismo Coppola desesperado, convencido de que la película va a ser un fracaso, que va de disgusto en disgusto, perdiendo peso a un ritmo alarmante, viviendo entre la depresión y los ataques furibundos.
También es gracioso ver cómo en la época Apocalypse Now se convirtió en una fuente de rumores varios. La película que iba a llevar seis semanas llevó 16 meses de rodajes más una titánica labor de edición por parte de Coppola y sus editores. Los maliciosos titulares hablaban de Apocalypse when? (¿Apocalipsis cúando?) y se hablaba de que Coppola había hipotecado todo lo que tenía para acabar la película (lo cual es bastante cierto). Nadie sabía que estaba ocurriendo en aquella selva lejana, así que cuando finalmente la película se presentó en Cannes en 1979 la expectación era enorme. Y sí, finalmente, la película triunfó. Coppola había creado uno de los grandes clásicos del cine a costa de dejarse la salud y el dinero. Seguramente Coppola sabía bien a lo que se refería el enigmático coronel Kurtz de Apocalypse Now cuando hablaba de "el horror".