sábado, 30 de junio de 2007

La venganza catalana


La labor encomiable de Juan Antonio Cebrián como divulgador de la historia no puedo más que admirarla y apoyarla desde aquí, pues muchas veces me ha inspirado para escribir sobre hechos pasados pero no por ello menos interesantes. Y fue escuchándole a él y su programa cómo supe por primera vez de la llamada "venganza catalana".
Hace unos días se cumplían 702 años de los dramáticos hechos que tuvieron lugar en el Imperio Bizantino y en el que participó un nutrido grupo de guerreros españoles, más concretamente de la corona de Aragón. Como dice Arturo Pérez Reverte en su cachondo artículo, aquellos soldados eran una panda de aventureros. Sin embargo, eran formidables en la batalla. Eran los temidos almogávares.
Los almogávares eran la tropa de élite de la Corona de Aragón, veteranos de las guerras de la Reconquista, fieros, indómitos, salvajes, una fuerza de choque que se lanzaba al ataque al grito de guerra de Desperta, ferro! Su espada estuvo también al servicio de nobles y gentes de Iglesia, pues eran también unos preciados mercenarios.
En el despertar del siglo XIV el emperador bizantino Andrónico II Paleólogo veía impotente como Asia Menor caía bajo el poder turco. Sus tropas eran incapaces de hacer frente al poderío de aquellas poderosas tropas. Así pues, el emperador dirigó su mirada a Europa, en busca de ayuda. Y la encontró en España, en el Reino de Aragón.
Al mando del mítico Roger de Flor, una expedición de algunos miles de almogávares partieron hacia el Imperio Bizantino. Aunque siempre inferiores en número, los almogávares se las compusieron para derrotar una vez tras otra a los turcos, quienes finalmente se retiraron lamiéndose sus heridas, quedando escarmentados durante un tiempo. El agradecido emperador concedió a Roger de Flor los rimbombantes títulos de megaduque y césar del Imperio, amén de algunas tierras en Asia Menor.
La estancia de los almogávares tal vez no fuera fácil en la Grecia bizantina, sobretodo para la población local. El caso es que Miguel IX, hijo del emperador bizantino, fuera por librarse de los duros almogávares, por envidia a Roger de Flor, o por ambas cosas, informó a su padre de que el ambicioso ex-templario planeaba hacerse con el trono. Sin dudarlo, Andrónico II invitó a un banquete a Roger y 100 de sus oficiales. Allí fueron todos asesinados.
Si el emperador y su hijo esperaban que los almogávares huyeran o que lograrían ser derrotados fácilmente sin su jefe, se equivocaron. Los enfurecidos soldados aragoneses se volvieron contra aquellos que los habían contratado, y durante semanas se dedicaron al pillaje, la masacre y la destrucción, arrasando gran parte de Grecia, hasta que saciada su sed de venganza, dejaron aquellas tierras para siempre.
El episodio de la conocida como "venganza catalana" fue largamente recordada por los griegos, y al parecer aún hoy amenazas y maldiciones recuerdan aquél trágico episodio. Si un niño no quiere comerse la sopa, su madre no apelará al coco, sino que tal vez le amenace diciendo: ¡Que vienen los catalanes!

Sesiones de la enfermedad tropical


7.000 dólares a la semana en comida, drogas y alquiler. Ése era el ritmo de vida de Keith Richards cuando en 1971 los Rolling Stones invadieron el sur de Francia. Los amigos y músicos relacionados con Keith iban y venían, y unos cuantos cocineros habían sido contratados para cocinar exóticos platos a cualquier hora del día y en cantidades industriales para que todos pudieran saciar su hambre. Los camellos del lugar hicieron su agosto, y la cercanía de Marsella, capital europea de la droga, hizo que Keith y los suyos difrutaran de las drogas más puras que se podían encontrar.
El famoso estudio móvil de los Stones fue llevado a Francia porque Keith no quería alejarse de su escondite y su familia. Los técnicos robaron electricidad de los ferrocarriles ya que no había energía suficiente para todo el tinglado que comportaba el estudio portátil.
Las grabaciones fueron caóticas, la mayor parte de los que residían en la villa de Keith, Nellcote, estaban colocados casi todo el tiempo. Charlie Watts y Bill Wyman llegaban sobre las ocho, y Keith aparecía a las diez. A veces Mick llegaba para grabar y Keith no daba señales de vida. Hubo muchas tensiones. Aun así, de esas extrañas sesiones surgió parte del inmortal Exile on Main St.
Villa Nellcote había sido un cuartel general de la Gestapo durante la Segunda Guerra Mundial. Se decía que en los sótanos de la mansión se habían llevado a cabo los "peculiares" interrogatorios de la temible policía nazi. Ningún lugar mejor para pasar unas vacaciones con Keith Richards.
Entre idas y venidas de amigos, gorrones y camellos, Keith se ocupaba de su familia: la mítica compañera de Keith, Anita Pallenberg, tan enganchada como su amante Stone, y el hijo de ambos, Marlon. Días extraños y felices para el pequeño Richards. Mientras, las "sesiones de la enfermedad tropical", como decía Keith, seguían, hasta que en octubre Bianca, la mujer de Mick, tuvo un hijo en París y Jagger decidió no volver más por el centro de perversión de Keith. Ese mismo mes unos ladrones entraron en la villa y robaron 11 guitarras. Keith lloró, y la mayoría de los que allí estaban se sorprendieron, pues nunca habían visto al duro rufián derramar lágrimas, ni siquiera tras la muerte de Brian Jones.
La policía francesa, al tanto de los trasiegos en villa Richards, pasó por allí para preguntar después de que un chef fuera despedido por Keith cuando le intentó chantajear, ya que su hija había recibido drogas por cortesía de Anita. Viéndolas venir, los Stones, para evitar más problemas, dejaron Francia y se fueron a Los Angeles a terminar su nuevo disco. Pero la estancia a lo Atila de Keith en Villefranche-sur-Mer aun traería cola.

Fotos de las sesiones de la enfermedad tropical


Anita y Marlon. ¡El pequeño Richards también era fan de Tintin!

Post-Stone Fever pt.2: Good ol' Keith



Esta vez parece que ha sonado la alarma de verdad. El riff humano, definitivamente, ha entrado en el club de la tercera edad. ¿Se no ha hecho Keith Richards un abuelo, después de tantos años? La duda me corroe.
La verdad es que el bueno de Keith dejó de tener un aspecto saludable hace mucho, ya en los 70 paseaba por todos lados su apariencia cadavérica y su desdentada sonrisa. Aunque cueste creerlo, las leyes de la naturaleza a todos alcanzan, incluso a los mitos (¿muertos?) vivientes. Como todo el mundo sabe, y la leyenda no ha dejado de recordar, Keith Richards tendría que haber muerto seis o siete veces ya, pero por algún extraño retruécano de la genética, el viejo guitarrista sigue vivo, como bien inmortalizó Andrew Dice Clay en su famosa frase de la película Ford Farlaine.
Han sido muchos, muchos, años de excesos. Tras su famosa caída del cocotero, que muchos no creyeron (¿recordaban quizás cuando se dijo, años atrás, que las costillas rotas de Keith se debían a haberse caído de la escalera cuando buscaba un libro en su biblioteca? ¡Un momento! ¿Libros? ¿biblioteca? Sí, sonaba a coña, pero no sé, ¿acaso Keith no era fan de Keourac?), una intervención en la cabeza, sin contar los electroshocks a que se sometió hace décadas y tantas otras cosas por las que ha pasado ese extraño ser apodado el riff humano, a muchos nos chocó su estado de forma en éste último concierto al que hemos asistido.


Las malas noches de Keith habrá sido muchas, pero a ciertas edades una mala noche asusta al más pintado. Con su bronsoniano nuevo look, el guitarrista de Dartfort estuvo lento, a ratos perdido, y, en definitiva, tocaba lo que le venía en gana, aunque en realidad eso lo ha hecho siempre.
Que un tipo de siempre tan demacrado como Richards preocupe al personal desde luego es alarmante. Aunque, sí, la opinión también es unánime en que esa noche Keith había decidido celebrar algo por su cuenta con litros de alcohol. Otra vez, nada nuevo en el horizonte. Eso que conocemos como profesionalidad nunca ha sido uno de sus puntos fuertes, y a nadie debería sorprender pues estas cosas. Si buscas profesionalidad, ¡Keith no es tu hombre!


Keith y sus medicinas

Así pues, ¿qué fue diferente? Pues no lo sé exactamente, pero es la sensación que tuvimos muchos. ¡Keith Richards se ha hecho mayor! O se le notó más esa noche. Que Mick Jagger esté más en forma que yo no me sorprende, y lo que sí me sorprendía es que su compañero del alma estuviera como una rosa con esa dieta tan especial que lleva. Y ahora que ya parece surtir efecto, ¡me sorprendo! La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, ¡ay Dios! Al simpático forajido ya le cuesta subirse a su caballo, pero cuando le da por cabalgar, la tierra todavía tiembla, eso no lo dudéis.


El viejo pirata y Johnny Depp

Cuando el escenario pequeño comenzó a moverse entre las masas algo pasó con el sonido, y mientras tenía a sus majestades a unos cuantos metros de mí, prácticamente sólo se oía la batería de Charlie Watts y la guitarra de Richards. Era como si Keith tocara en mi jodido salón. La verdad que fue entrañable escucharle, un error aquí, ahora toco, ahora no, ahora meto un arreglo por que sí... Si alguien pudiera dudar que Charlie es un grandísimo batería y un genio, debería haber visto como el Stone de pelo blanco se cogió perfectamente a una imposible y desdibujada intro de Keith Richards para Honky Tonk Woman. Increíble.


El mago de las cinco cuerdas ataca con otro riff

En resumen, la calidad que atesoran estos dioses del rock and roll es tan grande, y su repertorio tan apabullante que los errores que puedan cometer nunca ensombrecen el espectáculo de su peculiar circo ambulante. Disfruté como un enano, el set list fue de ensueño, y si no lloré con Happy es por que estaba saltando y cantando, no es canción para tener quietos los pies. Tras un largo día hoy he dormido 13 horas y aún estoy cansado. Pero valió la pena. Look at me, I'm shattered!


Don't mess with Keith!
¿Será esa la misma navaja que
puso en el cuello de Ron Wood?

Post-Stone Fever pt.1: De ratones y Stones


Como la Navidad y los regalos, como la cerveza y la espuma, como John Holmes y el instinto atávico del predador, no hay gira de Rolling Stones sin rumores, comentarios, bromas y chistes. El grupo de rock and roll más grande que todavía osa subirse a un escenario arrastra tras de sí un tsunami de opiniones, halagos, críticas y hasta insultos. Es lo que conlleva llevar 40 años en la cima.
¿Cuantos críticos aceptaron a los Stones cuando aparecieron? ¿Cuántos no los pondrían por el suelo al reseñar sus conciertos llenos de orgásmicos e histéricos gritos, de peleas, disturbios y detenciones? En los 60 eran unos jóvenes irreverentes de pelo largo que venían a quemar la ciudad, en el nuevo siglo son viejos que se arrastran y viven de glorias pasadas.
El concierto a uno puede gustarle más o menos (me pareció más brillante cuando les vi en su anterior visita en la gira del Forty Licks, por ejemplo) pero es sorprendente la postura de algunos profesionales de la pluma al servicio de los grandes rotativos. ¿No te ha gustado? Me extraña, pero adelante. ¿Pero por qué esa mala baba pugnando por salir tras esas frases y juegos de palabra? Cuanta energía negativa, desde luego esa explosión es más grande que lo último de los Stones. En fin, como decían The Who, anyway blood flows.


Keith Richards, sorprendido del truco

Creo que algunos deberían recordar que cuando se tilda de "inmortales" a los cuatro británicos es en sentido figurado. No, no están como a los 20 y pico. Algún día nos dejarán solos, y entonces muchos se tirarán de los pelos. Y otros tendrán que buscarse a quién lanzar sus dardos. ¿Le pasará lo mismo a U2? ¿Nadie boga por la retirada de Elton John? ¿Quién esto escribe le habría espetado lo mismo a Muddy Waters? Tampoco habrá tanta diferencia, digo yo, no sé. En fin, las opiniones son como los culos, todos tenemos uno. Más algunos son tontos del ídem. O es tal vez es que piden peras al olmo.




The Glimmer Twins dispuestos a encajar los dardos y las flechas en favor del pobre "Guiñitos"

domingo, 24 de junio de 2007

Rubio, ¿sabes de quién eres hijo?


Ya lo comenté hablando de la "Trilogía del dólar", en El bueno, el feo y el malo es Eli Wallach quién se lleva la gloria por encima del propio Eastwood. Tuco Benedicto Pacífico Juan María Ramírez, el "feo", con sus vilezas, traiciones y espíritu infantil, hacen de él un personaje con el que uno puede identificarse. Sólo una mente latina podía crear un pícaro semejante, tan supersticioso a la vez que apegado a las cosas más mundanas.
El bueno de Tuco desde luego no era un tipo de fiar. Rubio, el personaje de Eastwood, lo sabía bien, por lo que en una escena final le gasta una pequeña broma, a fin de ponerse a salvo de las posibles barrabasadas del malcarado bandido. Es sin duda una de mis escenas favoritas no sólo del film, sino probablemente de todos los tiempos. Esos gimoteos, esas maldiciones ahogadas... y no quisiera restar mérito al actor de doblaje, que realizó un soberbio trabajo.
Pobre Tuco, hasta cuando su pellejo está en juego tiene tiempo para preocuparse por el oro que yace a sus pies. A lo largo de la película los improperios de Tuco son uno de los momentos más cómicos de la película, y al final no iba a ser distinto. Rubio, ¿sabes de quién eres hijo? Hasta que el grito queda ahogado por esos extraños cánticos guerreros de la banda sonora. Entrañable a más no poder.


Waterloo


En uno de los giros más inesperados e increíbles de la historia, Napoleón realizó un espectacular comeback de la isla de Elba que no sería igualado hasta que Elvis se enfundó en un traje de cuero negro en 1969. Recuperó el trono de Francia sin disparar un tiro, y se jugó su destino a una carta en las llanuras belgas. Desde entonces, Waterloo quedó grabado en la historia como símbolo de la derrota definitiva.
Respecto a ciertos géneros, si algo tiene que envidiar Europa a Hollywood son los grandes presupuestos. Por eso, los films europeos más grandilocuentes han surgido siempre de las coproducciones entre varios países. En 1970 Italia y la Unión Soviética unieron sus fuerzas para sacar adelante Waterloo, una superproducción de dos horas sobre la famosa batalla napoleónica.
El ucraniano Sergei Bondarchuk, que acababa de rodar la saga de Guerra y paz, fue el elegido para hacerse cargo de la cinta. El brillante Rod Steiger se metió en la piel de Napoleón para hacer frente a Wellington, interpretado por Christopher Plummer. Orson Welles aparece brevemente en el film como el rey Luis XVIII.
Toda la complejidad de una batalla como Waterloo no puede caber en una cinta de dos horas, aunque el escritor H.A.L. Craig fue bastante concienzudo al presentar tanto los antecedentes como los momentos más cruciales del combate.
Las maneras clásicas de Bondarchuk sin duda favorecieron la película, y se intuyen tras sus planos una especie de afán documentalista bastante interesante. Por medio de planos generales y aéreos nos situamos en la batalla, vemos las formaciones y movimientos de tropas, mientras planos más cortos nos introducen de lleno en mitad de los disparos y los cuerpos que caen. Las voces en off relatan qué están pensando los generales, mientras algunas escenas sirven para mostrar algunos momentos de la tropa.
Todo parece cuidado al detalle, desde el movimiento de la multitud de extras (en su mayoría soldados soviéticos) hasta los uniformes. Mención especial para la caracterización de la Guardia Imperial francesa. La por momentos poética narrativa del director ucraniano nos deja momentos de lirismo, como la carga a cámara lenta de la caballería escocesa, y emocionantes escenas como el instante en que la vieja guardia de la Grand Armée se retira, marcando así el canto del cisne para el viejo emperador.
A pesar del buen hacer del ucraniano y la cuidada puesta en escena, el film fracasó en las taquillas, y lo que es peor, ello provocó que Stanley Kubrick abandonara para siempre su proyecto sobre un biopic de Napoleón. Una lástima.
El tiempo de las viejas superproducciones históricas tal y como se hacían en los 60 y 70 ha pasado, ya no hay extras pues los ordenadores abaratan costes, y el intento de verosimilitud histórica no siempre da buenos resultados. Hay algunos buenos títulos, pero ese "toque" especial ya no esta ahí. Por ello es gratificante contemplar películas artesanales a la vieja usanza, con buenos actores, buenos guiones y batallas que son todo menos confusas.

Conversaciones con Billy Wilder



En 1981 se estrenó la comedia negra Aquí un amigo, del genial director Billy Wilder. Aunque no podía contarse entre sus grandes obras, era sin embargo un film bastante bueno con momentos cómicos inolvidables. Pero las recaudaciones no fueron buenas, y el público pareció no conectar con el estilo del viejo maestro. Hollywood había cambiado, y parecía no haber sitio en él para el director austriaco. Por aquél entonces I.A.L. Diamond, colaborador de Wilder durante treinta años, falleció. El momento del retiro había llegado. Aun así, años después, Wilder estuvo a punto de rodar La lista de Schlinder. Como buen caballero que era, no tuvo rencores cuando Spielberg se le adelantó. Wilder comentó que era una película magnífica.
Cameron Crowe, ex-redactor de la revista Rolling Stone y director de populares films como Solteros, Jerry McGuire o Casi famosos, gran admirador de Billy Wilder, convenció a éste para mantener una serie de entrevistas sobre su carrera y su visión de Hollywood. El resultado fue Conversaciones con Billy Wilder, un libro imprescindible no sólo para entender el trabajo del austríaco sino además conocer sus sarcásticas y muy certeras opiniones sobre el mundo del séptimo arte.
Wilder, a diferencia de Hichtcock, no abandonó el cine por problemas de salud. Aún habría podido ofrecernos varios trabajos muy interesantes, pero la ley del cine es implacable, aunque se sea una leyenda del mismo. Cansado y habiendo perdido a su gran amigo, Wilder simplemente se jubiló. Pero siempre conservó una gran lucidez hasta el final, y periodistas, profesionales del cine y tantos otros llamaban de vez en cuando a su puerta para conocer su opinión sobre tal o cual película o tal escándalo, o esa interpretación o esa nueva estrella. Se convirtió en una especie de abuelo de todos.
Con faldas y a lo loco, El apartamento, Perdición, El crepúsculo de los dioses... Billy Wilder dejó tras de sí una de las carreras más imponentes del viejo Hollywood, jalonada de clásicos que hicieron del cine un arte. El libro es muy interesante, y está lleno de anécdotas y datos interesantes sobre las películas del viejo Billy. Desde su admiración por el trabajo de Ernst Lubitsch hasta el respeto por nuevos talentos como Woody Allen, o sus celebérrimas frases lapidarias, como aquella sobre Marilyn Monroe y la vieja tía de Wilder, o su famosa anécdota relacionada con el discurso que dio el director Fernando Trueba en la gala de los Oscar. Éste es, en definitiva, un libro imprescindible para cualquiera que quiera saber más sobre ese pequeño arte que conocemos como cine.

sábado, 23 de junio de 2007

El rompehuesos


La década de los 70 contemplaron el reinado de Burt Reynolds, macho man y rey de Hollywood por aquella época. Siempre he sentido simpatía por el bueno de Burt y sus bigotes, con esa mezcla de tipo duro y bis cómica que se convirtió en marca de la casa. Lamentablemente problemas personales y de salud mandaron su carrera al garete en los 80, aunque con títulos como Striptease y Boogie Nights el actor volvió a contar para trabajos de cierto renombre hace una década. Ahora, pequeñas apariciones aquí y allá del actor dotan de cierta clase y glamour a la película o serie donde participe, y su pequeño cameo como Chubby en Me llamo Earl ha sido uno de los puntos álgidos de la serie.

El rompehuesos (¿remake con Adam Sandler? No soy partidario...) es un producto típico de la época: una sórdida cárcel, negros contra blancos, bromas pesadas, un toque de erotismo, grandes solapas,pantalones ajustados, alcohol, tabaco, peleas sucias y poca corrección política. Desde luego, la película no engaña a nadie, ni tiene grandes pretensiones. Un famoso ex-jugador de fútbol americano va a dar con sus huesos en la cárcel, y allí se ve obligado a jugar otra vez a la cabeza de un equipo de presos contra los fieros y rudos guardias. Es una especie de Evasión o victoria a la americana. A destacar la panda de tarugos que conforman el equipo (con presos reales incluidos) y la persecución policial al principio de la película, con un Maserati rugiente a ritmo del Saturday Night Special de los Lynyrd Skynyrd. Si te gustan las películas con mensaje, quieres culminar una romántica noche con tu novia o no eres fan de Burt Reynolds, desde luego ésta película no es para tí.

viernes, 22 de junio de 2007

Operación Barbarroja



Unternehmen Barbarossa era el código para la operación que la Alemania nazi desató hace exactamente 66 años: la invasión de la Unión Soviética.
Si hay un hecho decisivo en el escenario bélico europeo durante la Segunda Guerra Mundial es la decisión de Hitler de acabar con la "amenaza roja" que representaba la Unión Soviética de Josif Stalin. La invasión alemana no sólo significó el comienzo del fin de la imbatible Wehrmacht y la Alemania nazi, sino que cinco años después llevaría el comunismo hasta el centro de Europa, delimitando así el escenario para la tensa y callada lucha conocida como la "Guerra Fría".
Uno de los preceptos básicos de la política hitleriana era el "espacio vital" o Lebensraum, la conquista y colonización del Este de Europa como eje del sustento de Germania, una futura mega-nación aria con extensos campos agrícolas y latifundios. Los eslavos, a quienes los nazis consideraban inferiores, serían exterminados o esclavizados. Por otro lado, el esfuerzo de guerra alemán necesitaba de los enormes recursos naturales de la Unión Soviética, y sobretodo del vital petróleo del Cáucaso.
En 1939 Alemania y la Unión Soviética, dos enemigos naturales y supuestamente irreconciliables, habían sorprendido al mundo firmando un pacto de no agresión que permitió el reparto de Polonia entre las dos potencias. Esa frágil alianza por supuesto no estaba destinada a durar, y sólo era cuestión de tiempo ver quién movía primer sus fichas. Finalmente, fue Hitler quién avanzó sus peones un 22 de junio de 1941.
El ataque alemán cogió por sorpresa a una desprotegida Unión Soviética, aunque dicha sorpresa fue relativa, ya que anteriormente Stalin había sido debidamente informado por parte de uno de sus mejores espías, Richard Sorge, de los planes nazis. Sin embargo, Stalin rechazó la idea de que Alemania estuviera dispuesta a atacar.
Una vez más, la blitzkrieg germana no encontró oposición alguna. El rápido avance de la Wehrmacht y el inicial éxito de la operación se debieron a varios factores. Las purgas estalinianas en los años 30 habían privado al ejército soviético de un buen número de competentes oficiales y generales. Por otro lado, las fuerzas soviéticas estaban, por lo general, peor preparadas y equipadas que los alemanes. Aun así, en pocos meses las ventajas del ejército rojo pronto saldrían a relucir.
El mito de "el general Invierno" siempre ha sido convenientemente explotado por la propaganda rusa a la hora de explicar los repetidos fracasos de sus enemigos al intentar invadir la Santa Madre Patria. Primero Napoleón, y después Hitler, vieron ponerse el sol de sus victorias en las vastas y heladas llanuras rusas. Y aunque la meteorología jugó un papel decisivo, no fue la principal razón para la derrota alemana.
Desde la misma preparación de la Operación Barbarroja se cometieron errores críticos. La opinión de Hitler de la debilidad rusa y de una fácil victoria alemana no eran realistas. Su errónea visión de conjunto provocó una sucesión de metidas de pata que acabarían mandando al traste cualquier posibilidad de victoria.
Sin embargo, la etapa inicial de la invasión supuso una enorme victoria alemana. Las divisiones alemanas avanzaron rápidamente, creando bolsas de tropas rojas que irremediablemente acababan rendiéndose. El enorme número de prisioneros soviéticos en las primeras fases de la operación convencieron a Hitler de que había acabado con el Ejército Rojo, cuando si de algo disponía la Unión Soviética era del recurso humano. Cuando finalmente se vio los soviéticos seguían resistiendo, el führer decidió ahogar económicamente a la Unión Soviética. Con Moscú a la vista, Hitler desplazó a las fuerzas blindadas del Grupo de Ejércitos Centro hacia el norte y el sur, deteniendo fatalmente la ofensiva final sobre la capital rusa. Nunca sería tomada. Y ese no fue el único error.
La increíble extensión de la Unión Soviética hizo que las líneas de abastecimiento de la Wehrmacht se alargaran más de lo que sus recursos podían permitirse. En contra de lo que pudiera parecer, gran parte del ejército alemán no estaba motorizado, lo que llevaría a problemas de movilidad. Por otro lado, aunque la temporada de lluvias se retrasó aquél verano, cuando finalmente llegaron las unidades motorizadas y blindados alemanas quedaron literalmente empantanadas en suelo ruso. Además, la creencia de Hitler en la rápida victoria alemana había dejado a sus soldados con uniformes y ropas de verano. Para cuando el invierno (uno de los peores en varias décadas) llegó, las tropas alemanas comenzaron a caer víctimas del frío.
La Wehrmacht falló en su intento de controlar el petróleo del Cáucaso, y en su lugar llegaría a quedar detenida en el Volga, con sus tropas luchando en las ruinas de Stalingrado en una de las más terribles batallas de toda la guerra. Cuando a principios del 42 el avance alemán se vio frenado, la Unión Soviética se convirtió entonces en una tumba para las tropas germanas, y una guerra que no podía ganarse y que consumiría cada vez más hombres y recursos vitales que no podrían ser sustituidos.
Desde el comienzo de la invasión Stalin comenzó a clamar a sus nuevos aliados (Gran Bretaña primero, los Estados Unidos desde diciembre de 1941) por la apertura de un segundo frente. Mientras, en un enorme esfuerzo logístico, la impresionante maquinaria soviética y sus vitales fábricas fueron trasladadas detrás de los Urales, fuera del alcance alemán. Sin embargo, el astuto Stalin pedía y pedía más camiones, más munición, más tanques. El plan de Préstamo y Arriendo de Roosevelt alcanzó también a la Unión Soviética, mientras en el corazón de ésta la industria rusa comenzaba a fabricar equipamiento, aviones y vehículos a un ritmo impresionante. Cuando un gigantesco y totalmente equipado ejército soviético pareció surgir de la nada, la sorpresa fue total. El curso de la guerra había cambiado, y aunque muy pocos lo sabían entonces, en las desoladas estepas rusas un nuevo orden comenzaba a ser forjado.


Cuando los dinosaurios dominaban la Tierra (XI)


JPT Scare Band

Jeff, Paul y Terry (las siglas del JPT del nombre de la banda) eran tres colegas del viejo Missouri que comenzaron su carrera acompañando a una cantante country de Kansas City. En los ensayos los tres músicos se dieron cuenta de que lo suyo era el hard rock más oscuro y las jams espaciales, por lo que dejaron su faceta country en favor de un estilo mucho más contudente. Ya como un poderoso trío comenzaron a grabar sus ensayos, dando rienda suelta a su imaginación y arropándose de un sonido proto-stoner que se convertiría en marca de la casa. Nunca llegaron a editar un disco ni tener un contrato discográfico, y su legado quedó olvidado en las viejas cintas grabadas en el sótano de una vieja mansión y un granero al que llamaron "Boogie Barn". Décadas después, a finales de los 90, la compañía Monster Records descubrió las cintas de los ensayos y editaron dos vinilos con lo mejor de aquellas sesiones. Los vinilos, Acid Acetate Excursion y Rape of Titan's Sirens eran de edición limitada y muy pronto quedaron fuera de circulación, Más tarde apareció Sleeping Sickness, un CD que recogía parte de los dos vinilos de coleccionista. La banda sigue en activo y de vez en cuando se reúne para improvisar y dar algún concierto que otro, aunque desde luego no son lo que se dice una banda al uso.

JPT Scare Band, para amantes de las space jams y el sonido 70's más crudo.

miércoles, 20 de junio de 2007

Un hombre llamado caballo


Una de las imágenes más impactantes de la historia del cine consiguió que Un hombre llamado caballo (1970) quedara grabada en la mente de muchos gracias a la escena del "sacrificio al sol" (Sun Vow), donde el personaje que interpretaba Richard Harris era izado a través de unos ganchos clavados en su pecho.
Otra de los puntos de interés del film cuando se estrenó es que fue una de las primeras películas que trataron las relaciones entre colonos e indios norteamericanos de una forma más respetuosa, adentrándose en la cultura india y sus conflictos con el hombre blanco.
En resumen, Richard Harris es un colono inglés que viaja en una caravana por los Estados Unidos y es capturado por una tribu india. Esclavizado en un principio, poco a poco los guerreros indios y el colono irán conociéndose y entendiéndose mejor. El inglés se dará cuenta de lo equivocado que estaba respecto a aquellos supuestos salvajes, y, tras un doloroso y violento rito iniciático (el mencionado "sacrificio al sol") llegará a ser parte de la tribu. Un hombre llamado caballo tal vez no sea especialmente brillante, pero las siempre interesantes interpretaciones de Harris y unas cuantas escenas bien conseguidas hacen de la película un pequeño clásico del género. Además, cuenta con una de las escenas más famosas del cine. Debido al gran éxito de la cinta en su día, le siguieron dos secuelas más, aunque con lo poco interesante que resulta la segunda, la verdad, no me he molestado en ver la tercera. Prefiero quedarme con el Sun Vow.

martes, 19 de junio de 2007

El día que el Padrino acojonó a los Stones


A finales de 1964 The Rolling Stones promocionaban su segundo álbum norteamericano, 12x5, y se hallaban enfrascados en una gira por California. Al participar en un festival se les puso como cabeza de cartel, ya que lo británico estaba muy de moda en aquél momento. Entre otros artistas iban a participar Chuck Berry, los Beach Boys, Marvin Gaye y las Supremes.
Los Stones se sorprendieron al saber que serían cabezas de cartel, pero lo que le realmente les preocupó fue que tendrían que actuar tras el negro número uno, el auténtico Padrino del soul, mister James Brown. Sencillamente, Brown era imbatible en directo, y tanto entonces como a lo largo de su carrera, él y su banda eran una auténtica máquina apisonadora de soul y rythm & blues. Mick Jagger habló con el representante del grupo para que cambiaran el orden, pero nada se pudo hacer, los productores del evento querían a la nueva sensación cerrando el evento. Tan sólo consiguieron un lapso de diez minutos entre actuación y actuación. Lógicamente, a James Brown no le hizo ninguna gracia ver cómo unos advenedizos blancos pasaban por delante de él. Nadie le había regalado nada al bueno de James, y el verse relegado en el cartel le pareció un insulto. Sus palabras fueron: "Decidle a esos locos hijos de puta que desearán no haber salido jamás de Londres". Dicho lo cual, salió al escenario a matar.
Es divertido pensar en unos jovencísimos Rolling Stones temblando en su camerino, probablemente escuchando la poderosa máquina de Brown en acción, y palideciendo teniendo que salir tras un monstruo así. Finalmente Marvin Gaye fue a consolarles y les dio ánimos. "Salid ahí y haced lo vuestro", les dijo. Los Stones le hicieron caso y el público les acogió con entusiasmo. Hasta el mismísimo Padrino fue a hablar con ellos y felicitarles por su actuación. A partir de entonces, dicen, Mick Jagger ya tenía un referente en la vida.
Ha pasado el tiempo, lamentablemente James Brown nos ha dejado, pero sus Satánicas Majestades siguen reinando y derrochando rock and roll allá por donde van. No falta mucho para su llegada a estas tierras, y yo, como dice la canción, tengo one ticket to paradise.

El rey del juego


Yo no quiero una lección, Genio. Quiero todo lo que tiene él.

Cuando se quiere ser el mejor hay que luchar por ello y deshacerse de quién ocupa el puesto. Steve McQueen quiere ser el rey del juego, pero Edward G. Robinson no se lo pondrá fácil. Las armas son una baraja de cartas, el campo de batalla una mesa de póker, la táctica a seguir, póker descubierto a cinco cartas. La presión es enorme, hay muchos intereses de por medio, y los métodos mafiosos pueden interferir en el camino. Y si crees que tu amigo te ha traicionado tal vez te vengues acostándote con su mujer, pero justo en ese momento aparecerá tu novia. Debería ser un signo de alerta, la suerte se ha ido por la puerta. ¿Podrán el ímpetu y la sangre nueva derribar a la experiencia y la clase del viejo maestro? Completan el reparto Karl Malden y la felina Ann-Margret. Mención para el breve papel del maestro compositor Cab Calloway.

lunes, 18 de junio de 2007

La sombra del vampiro


Nosferatu, el clásico de terror más renombrado de la historia del cine, se rodó en Alemania en 1921. La película hizo de su director, F.W. Murnau, una leyenda del cine mudo, así como del protagonista, Max Schreck. Alguna especie de leyenda urbana corrió durante años entre los cinéfilos sobre éste último. Extraños rumores decían que la gran interpretación de Schreck se debía a que no era un actor, sino un vampiro verdadero. Por supuesto, no era cierto.
Sin embargo tal rumor ha servido de inspiración para La sombra del vampiro, un film atípico y bastante interesante, que nos lleva a los días del cine mudo y el rodaje de Nosferatu. El papel de Schreck/Nosferatu fue escrito especialmente para Willem Dafoe, sin duda uno de los puntos fuertes de la cinta. Dafoe logra una perfecta fusión con su personaje, reafirmándose como el gran (e injustamente infravalorado) actor que siempre ha sido, a pesar de haber tenido que actuar en subproductos infectos para ganarse la vida. Al parecer fue el personaje de Schreck el que llevó a los productores de Spiderman a otorgarle el papel del Duende Verde (probablemente lo mejor de la primera entrega sobre el Trepamuros).
La inusualmente corta película (apenas hora y media) se apropia del mito de Nosferatu para mostrar el lado más vulnerable del vampiro, visto como un verdadero personaje romántico, el eterno solitario maldito que ya no es humano, pero que vive rodeado de ellos y se ve obligado a recordar lo que fue y ya nunca será. La sombra del vampiro es como un moderno y trágico cuento de hadas con forma de homenaje a la mejor película vampírica de la historia.

domingo, 17 de junio de 2007

Ultimátum a la Tierra



Ya que he mencionado a Robert Wise he recordado que se está preparando un remake de su clásico de la ciencia ficción Ultimátum a la Tierra (The day the Eart stood still). Una vez más, permitidme temblar ante tal perspectiva. Ultimátum a la Tierra creo que sencillamente no es mejorable.
La película, estrenada en 1951, se convirtió en un fenómeno social ya en su estreno, y desde entonces miles de fans de la ciencia ficción y estudiosos del cine la han colocado entre las cintas más populares del género.
Es curioso pensar hoy en día como a pesar de las evidentes carencias en efectos especiales Wise consiguió hacer una película que ha marcado la forma de rodar historias sobre ovnis e invasiones de las siguientes décadas. También la banda sonora, a cargo de Bernard Herrmann, influyó a los films de serie B que siguieron. O cómo el papel de Klaatu, bordado por el siniestro Michael Rennie, iba a ser interpretado por Claude Rains. O cómo el propio Robert Wise permaneció ajeno durante bastante tiempo a las lecturas religiosas que podían deducirse del film que él mismo había creado.
En fin, una gran película, que, a la espera de ver si la vuelven a rodar, es y seguirá siendo punto de referencia en el cine de ciencia ficción.

Marcado por el odio


Paul Newman, actor con una de las carreras más sólidas de Hollywood, ha decidido retirarse. Si su decisión es definitiva o no, el tiempo lo dirá. Con perlas como El buscavidas, Dulce pájaro de juventud, Cortina rasgada, El golpe o El color del dinero Newman se ha ganado un puesto entre los grandes del cine. Surgió del Actor's Studio para iniciar una fulgurante carrera que compaginó con carreras de coches, exitosas salsas, grandes donaciones benéficas y algo de política. Además, su matrimonio con la actriz Joanne Woodward se ha convertido en todo un hito en Hollywood. ¡Casi cincuenta años casados! Ahora que ya no le veremos en las pantallas tendremos que recurrir a su larga trayectoria, que incluye clásicos como Marcado por el odio.
Con su segunda película Newman consiguió el éxito y deslumbró a todos con una magnífica interpretación. Marcado por el odio estaba basada en Somebody up there likes me, la autobiografía de Rocky Graziano, uno de los mejores boxeadores de los 40 que llegó a trabajar como cómico en la televisión. La película narra la difícil infancia de Graziano, sus jugueteos con el crimen convertido en un joven problemático y auge como boxeador.
Paul Newman construyó su personaje como muchos actores del método, intentando vivir como su personaje y profundizando en sus motivos, miedos y anhelos. El retrato que hizo de Newman de Graziano no pudo ser mejor, teniendo en cuenta además que era James Dean quién iba a interpretar el papel, pero tras su fatal accidente Newman fue el elegido. Por otra parte, la película contó con la sabia dirección de Robert Wise, uno de esos pequeños artesanos que el cine da de vez en cuando. Marcado por el odio significó además el debú en la pantalla grande de los actores Steve McQueen y George C. Scott. Gran film, y gran Newman.


Newman y Graziano

Yarmuk


Cuando pensamos en batallas decisivas para la historia no suele figurar el nombre de Yarmuk, sin embargo supuso un punto de inflexión que marcaría el destino de Occidente durante los próximos diez siglos.
Mahoma había fallecido unos pocos años atrás. Los árabes musulmanes, surgidos de la desértica Arabia, comenzaban a avanzar por todo Oriente Medio. El Imperio Romano oriental, más conocido como Imperio Bizantino, había perdido Siria y la plaza fuerte de Damasco hacía tres años, en el 633. Palestina y la zona del Jordán no tardaron en caer en manos musulmanas.
El emperador bizantino Heraclio comenzó entonces a reunir un gran ejército para expulsar a los musulmanes del territorio imperial. El tamaño de dicho ejército es fruto de controversia, y se han barajado cifras desde los 20.000 a los 100.000 hombres. Lo que es seguro es que el ejército de Heraclio era una mezcolanza de nacionalidades e intereses que no ayudaría a la causa imperial. El rey de Armenia, Jaban o Mahan, fue nombrado comandante en jefe.
Para enfrentarse a esta formidable fuerza los musulmanes contaban con menos tropas, divididas en cuatro ejércitos repartidos por Palestina, Jordania, Caesarea y Emesa. El plan de Heraclio era aprovecharse de esta situación y, uno por uno, acabar con todos los ejércitos musulmanes.
Las fuerzas imperiales comenzaron su avance al finalizar la primavera del 636. Los musulmanes lograron conocer los planes del emperador, por lo que, siguiendo el consejo del general Jalid ibn al-Walid, las fuerzas de Siria y Palestina se replegaron para presentar una mejor defensa a la gran masa de tropas enviada por el emperador. En las estribaciones del río Yarmuk el ejército musulmán levantó una serie de campamentos y esperó a su enemigo.
Heraclio intentó negociar con los musulmanes sin resultado alguno. Aunque inferiores en número, las tropas de Jalid ibn Walid tenían una moral inquebrantable basada en la fe que profesaban al profeta Mahoma.
Los cuatro ejércitos de Jaban se desplegaron a lo largo de la planicie, formando una larga línea de varios kilómetros. Tras un consejo entre las autoridades musulmanes, Jalid ibn Walid, conquistador de Bagdad, fue elegido comandante en jefe. Reorganizó al ejército en regimientos y guardó a parte de la caballería ligera musulmana como reserva.
Durante seis días el ejército imperial y las tropas musulmanes se batieron incansablemente, sin apenas descanso. Los primeros ataques de Jaban fueron rechazados, pero en el tercer día de combates la superioridad bizantina logró poner en retirada a parte de los musulmanes. Sin embargo Jalid reaccionó rápidamente, y utilizando su reserva de caballería logró estabilizar la situación y rechazar nuevamente a las fuerzas de Jaban. Las bajas fueron muchas en ambos bandos.
Cuando los armenios, apoyados por los musulmanes cristianos de Jabla, lograron romper las líneas musulmanes, Jalid ibn Walid taponó la brecha con su reserva de caballería. El ala de izquierda estuvo a punto de sucumbir ante el empuje bizantino, pero Ikramah bin Abu-Yahal, al mando de un regimiento musulmán que había jurado morir antes que retroceder, logró resistir hasta que el ataque fue contenido. Pocos fueron los soldados del regimiento que sobrevivieron.
El último día de batalla unos agotados bizantinos se dispusieron de nuevo a hacer frente a los musulmanes. Jalid ibn Walid atacó con infantería y caballería el ala izquierda bizantina, mientras que con un regimiento de caballería mantenía a raya la caballería bizantina que debía apoyar a los eslavos que componían dicha ala. Jaban trató de reunir a su caballería y rechazar el ataque, pero Jalid fue más rápido y atacó con su caballería a unos caballeros bizantinos tratando de presentar una formación compacta. La caballería bizantina se batió en retirada, con lo que los musulmanes se concentraron en atacar al grueso del ejército de Jaban, los armenios. Sin apoyo de la caballería, y prácticamente rodeados, los recios armenios no tuvieron más remedio que retirarse también. El ejército bizantino comenzó a disgregarse.
La mayor parte de tropas imperiales trataron de salvarse alcanzando un vado cercano, pero Jalid había apostado la noche anterior a 500 caballeros para cortar la retirada a los bizantinos. Los musulmanes finalmente pusieron a las fuerzas bizantinas contra el Yarmuk, con lo que un caos absoluto se apoderó de las fuerzas de Jaban. La batalla estaba perdida para los bizantinos; Jalid ibn Walid, que se había mostrado como un gran táctico, había llevado a sus tropas a la victoria. Finalizada la batalla, Jalid logró dar alcance cerca de Damasco a Jaban y las pocas tropas que habían podido huir. Los musulmanes atacaron y acabaron con Jaban y sus supervivientes. Damasco estaba de nuevo en manos de los árabes.
Las consecuencias de la batalla fueron muchas. Pocos años después Bizancio perdía el control del vital y estratégico Egipto, lo que abrió la puerta del norte de África a un rápido avance musulmán que culminó con la invasión de la Península Ibérica en el 711. Anatolia (la actual Turquía) se convirtió en frecuente zona de pillajes y ataques musulmanes, y la propia capital del Imperio, Constantinopla, llegó a ser puesta bajo asedio, en el primero de los muchos intentos de tomar la capital. El abocamiento de recursos para frenar a los musulmanes abrió las puertas de los Balcanes a diversos pueblos eslavos.
En general, las grandes ciudades desaparecieron, como lo habían hecho en el Imperio Occidental, en favor de pequeños bastiones y castillos, más fáciles de defender. La cultura romana cayó así en un lento proceso de degradación. Y, sobretodo, Yarmuk significó la irrupción del Islam en Occidente, iniciando una confrontación cultural, política y militar que dura hasta nuestros días.





Ignaz Semmelweis


Ignaz Semmelweis nació un verano de 1818 en Buda, en pleno corazón del imperio austro-húngaro. Quinto hijo de un próspero comerciante alemán, frustró los deseos de éste de que se convirtiera en abogado, mostrando más interés por la medicina.
Estudió en Viena y Buda, y tras obtener el doctorado en obstetricia, Semmelweis obtuvo un puesto de ayudante en el Hospital General de Viena. Muy pronto comenzará a trabajar en la Maternidad del hospital.
Hasta aquél entonces los partos habían sido un riesgo para la salud de las madres, y a mediados del siglo XIX la situación no era diferente. Ignaz Semmelweis se preocupó por la alta tasa de mortalidad entre las parturientas, a causa principalmente de la fiebre puerperal. La horrible cifra de muertes que podía llegar en ocasiones al 90% decidió al doctor húngaro a averiguar la causa.
La Maternidad del hospital vienés estaba dividida en dos pabellones al cargo de dos médicos diferentes. En el primero las madres eran asistidas principalmente por médicos y estudiantes de medicina, mientras en la segunda los partos solían estar a cargo de las tradicionales matronas.
Realizando estudios y observando estadísticas, Semmelweis no dejó de notar que en el segundo pabellón la tasa de mortalidad era muy baja. Intrigado, comenzó a atar cabos, y fue la trágica muerte de un amigo lo que le puso en el camino correcto. Su compañero Jakob se había cortado realizando la autopsia a una de aquellas mujeres, y poco tiempo después falleció, mostrando una patología alarmantemente similar a la de las parturientas.
Semmelweis, como seguramente ya había sospechado, cayó así en la cuenta de que el mal es transportado de alguna forma por los médicos y estudiantes entre los pacientes. Faltaban aún años para que se hablara de gérmenes y contagios, pero Semmelweis había abierto una puerta a una de las prácticas esenciales de la medicina moderna, la esterilización.
¿Por qué aquella diferencia en las tasas de mortandad en los dos pabellones? El doctor húngaro obtuvo la prueba definitiva cuando comprobó que las muertes aumentaban en el segundo pabellón cuando los estudiantes trabajaban allí eventualmente.
Ignaz Semmelweis descubrió horrorizado que tanto él como los médicos y estudiantes habían sido los responsables de tantas muertes. Mientras los médicos no limpiaban el instrumental tras tratar a cada paciente, ni se lavaban las manos, la ancestral práctica de las matronas, mucho más higiénica, evitaba que las madres sucumbieran a las infecciones del post-parto.
El superior de Semmelweis, el doctor Klein, no dará crédito a la teoría del húngaro, con lo que las muertes siguieron sucediéndose. Desesperado, Semmelweis instaló lavabos y obligó a estudiantes y médicos a lavarse las manos así como el instrumental tras cada intervención. Un airado Klein se deshará de Ignaz Semmelweis, quién pondrá en práctica sus teorías en el segundo pabellón.
En los siguientes años se reduce la mortalidad de las parturientas bajo la supervisión del húngaro, quedando demostrado que la higiene ayudaba a salvar vidas. Sin embargo la orgullosa comunidad médica se negó a aceptar la realidad, no pudiendo aceptar que unas simples matronas fueran más efectivas que ellos. Por otro lado, Semmelweis no pudo explicar concienzudamente las causas de su descubrimiento. Sería el francés Pasteur quién años más tarde daría la explicación científica para lo que el húngaro había observado en Viena.
Semmelweis regresó a Hungría, donde siguió con sus prácticas de higiene médica que pronto se hicieron populares por todo el país, mientras el resto de Europa ignoraba sus descubrimientos.
Sus tristes últimos años, llenos de desesperación y demencia, acabaron tras su fallecimiento en 1865, rodeado de ignominia, burlas y envidias. No sería hasta algunas décadas después que su buen nombre sería restituido por los trabajos de Pasteur y del cirujano Joseph Lister, padre de la cirujía moderna.

sábado, 16 de junio de 2007

Sympathy for the devil


En 1968 el director francés Jean-Luc Godard se encontraba en Inglaterra para rodar su nuevo proyecto que finalmente sería abortado. Aprovechando su estancia allí el director quería rodar otro film radical y subsersivo, siempre que pudiera contar con los Beatles o los Rolling Stones. Fueron finalmente éstos últimos quienes se prestaron a aparecer en la película Godard, One plus one.
Las extrañas imágenes alegóricas del francés parecían ser demasiado para los músicos británicos, quienes en realidad no parecieron entender gran cosa. Durante un par de días Godard rodó a sus anchas en el estudio Olympic donde los Stones perfilaban el que iba a ser uno de sus temas más míticos, Sympathy for the devil.
En último término lo que realmente importó fue el valor documental de las imágenes de los ensayos de los Stones: Mick Jagger enseñando los acordes de la canción a Brian Jones, Keith sugiriendo ritmos de samba, intercambio de impresiones, cigarrillos, jams con el baterista africano Rocky Dzidzornu, Brian Jones de nuevo, completamente aislado...
Cuando finalmente la canción quedó completada, el deseo de Godard de presentarla inacabada en la banda sonora fue frustrado por los productores, quienes basaron sus pretensiones en "diez millones de adolescentes en Estados Unidos". De hecho la película acabaría siendo retitulada como Sympathy for the devil.
Mick Jagger: "Godard tuvo oportunidad de cazarnos en dos noches muy buenas. Podría haber venido cada noche durante dos semanas y sólo vernos mirándonos los unos a los otros".

jueves, 14 de junio de 2007

Mojo Nixon

Elvis is everywhere!

Podría decirse que es el grito de guerra de Mojo Nixon, un músico surgido del movimiento psychobilly que hizo de la crítica a la sociedad moderna y la cultura pop un arte. ¡"Elvis está en tus pantalones" no es una frase que pueda cantar cualquiera! Reinó principalmente durante los 80, aunque nunca dejó de atacar al sistema a pesar de varios problemas con las discográficas. Creo que ahora está semiretirado, pero con un cebo tan suculento como Britney Spears no sé si podrá aguantarse sin dedicar una canción a la superestrella pop como hizo con Debbie Gibson (impagable título: Debbie Gibson Is Pregnant with My Two-Headed Love Child (Debbie Gibson está en cinta de mi hijo de dos cabezas). Por cierto, en el video de dicha canción tenía su papelillo una joven Wynona Rider. Otras de sus perlas son Give me the head of David Geffen o Jesus & McDonald's. Nunca tendrá ventas multimillonarias, ni le darán un premio Asturias, ni creo que una futura estrella rubia del rock le cite a todas horas, pero por lo menos ha sido una gran fuente de entretenimiento.
Mojo se preocupó de saber si Elvis estaba vivo, así que dejó un número para que el rey del rock le llamara en el cachondo video (619) 239-KING (¡atención al cameo del Elvis gordo y calvo!). El bueno de Mojo sí que sabe hacer las cosas. ¡Hasta Kris Kistofferson se deja caer por ahí!


Debbie Gibson, musa de Mojo

Los vikingos



El año pasado Richard Fleischer abandonó este mundo sin meter mucho ruido, nadie le recordó en los telediarios y muchos nos enteramos después de que nos había dejado. Aun así, rodó unas cuantas películas más que interesantes, y aunque en los 80 la calidad de su trabajo ya no era el mismo, el director norteamericano ya se había ganado un puesto de honor en el Valhalla del cine con títulos como Un viaje alucinante o Barrabás.
Imagino que no podía ser de otra manera, pero fue un sábado por la tarde, hace ya muchos años, cuando descubrí Los vikingos. Espadas, barcos, y asaltos a castillos, un chaval de mi edad no podía pedir más. Y sobretodo una impactante escena que nunca olvidaría: un halcón destrozando con sus garras la cara de Kirk Douglas.
La película lo tenía todo: una buena historia, una magnífica banda sonora, grandes actores y estupendas escenas. Amor, peleas, orgías vikingas, el mito del Valhalla y la importancia de la espada. Supongo que no es sorprendente que Fleischer se encargara años más tarde de Conan el destructor, aunque el resultado fue mucho más modesto. Siempre que reponen la película me siento a verla y pasar un par de horas entretenidas acompañando a los hombres del Norte en sus pillajes. Un clásico del cine histórico y de aventuras. ¡Imprescindible!

martes, 12 de junio de 2007

The Fat Man

Un frío diciembre de 1949 la banda entró en los estudios para grabar el que sería el primer tema de un joven músico local para el sello Imperial Records. La canción estaba basada en un tema de Champion Jack Dupree, Junker Blues, aunque como era evidente que una canción sobre drogadictos no iba a ser muy comercial se adaptó la letra para hacer una versión limpia. Así fue como nació The Fat Man.

Antoine Dominique "Fats" Domino había nacido un febrero de 1928 en Nueva Orleans. Comenzó muy pronto a tocar el piano, y en su juventud alternó diversos trabajos con pequeñas actuaciones aquí y allá. El blues, el jazz, y otros estilos de la zona fueron las grandes influencias de afable Fats Domino, como quedaría demostrado en el que iba a ser su primer sencillo.

Tres micrófonos era todo lo que se podía utilizar en aquél estudio. Uno sería usado por Fats, otro estaba destinado a la guitarra y el bajo, y un tercero para el piano y los vientos. Si habéis contado bien, os daréis cuenta de que... ¡no había micro para el batería! El pobre hombre simplemente tuvo que dejarse la vida aporreando la batería para que fuera mínimamente audible. De hecho, si escucháis la grabación original, os daréis cuenta de que el sonido de la batería parece provenir del espacio exterior. Con todo, la canción era un boogie woogie marchoso con una característico wah wah vocal a cargo de Fats.
The Fat Man se convirtió en un gran éxito, el primero de muchos por venir. Fats Domino se convirtió en un referente del rythm & blues y el primer rock and roll. Su popularidad acabó decayendo entrados los 60, pero el bueno de Fats continuó girando y grabado discos esporádicamente, hasta que un buen día decidió que vivir de los royalties era mejor que ir de ciudad en ciudad, así que ahora sólo toca en Nueva Orleans. Durante el desastre del Katrina se le dio por muerto, pero por suerte logró sobrevivir. Sólo espero poder viajar pronto a la vieja ciudad y presentar mis respetos al gran Fats.