viernes, 30 de marzo de 2007

El Rey Lagarto



Un día cualquiera comprando en una tienda, Jim Morrison se encontró con la hermana de un amigo. A modo de saludo, el viejo Mr. Mojo le espetó algo así como "¡Uh, vaya tetas!". Una anciana que se encontraba en el lugar creyó que Jim la estaba acosando y la emprendió a bolsazos con el cantante, lo cual acabó transformando la escena en un final de Benny Hill.
Durante la grabación del tema "Light My Fire", el magnetismo que desprendía Jim impregnó el ambiente y el grupo se sumió en una especie de estado catártico. Al finalizar el tema, todos, incluidos el propio Jim, estaban de acuerdo en que la interpretación del vocalista había sido incendiaria. De hecho lo había sido tanto, que algunas horas más tarde, un ebrio Jim Morrison irrumpió en el estudio con un extintor y comenzó a lanzar espuma por todos lados. Por lo visto, no podía conciliar el sueño sabiendo que había dejado el estudio ardiendo con su artística llama.

El Rey Lagarto posa para la policía

En la canción "Touch Me", Jim incluyó al final un eslogan del limpiador Ajax. Una sutil broma al hecho de que en una ocasión anterior el resto del grupo había estado de acuerdo en ceder el tema "Light My Fire" para un anuncio de la General Motors.
Jim Morrison participó en una jam con Hendrix y Johnny Winter. La histórica grabación, con los alaridos del notablemente ebrio Morrison de fondo, es algo digno de oírse.
Durante un concierto de Hendrix, el amigo Jim subió al escenario notablemente perjudicado y, agarrándose a las piernas del genial guitarrista, hizo saber al mundo que quería comerle la polla.
Tras una noche de borrachera, dejaron a Jim en casa de un amigo. El Rey Lagarto llamó y no obtuvo respuesta. Decidió entonces que se tumbaría en el portal. Poco después, la policía llegó y le arresto. La casa pertenecía a una asustada anciana que se encontró con un borracho durmiendo en su portal.
Según el cantante Eric Burdon, Jim apareció fue un día a su mansión de visita con algunas amigas hippies. Como al parecer se encontraron a gusto, Jim y sus amigas decidieron quedarse. Cada día, Burdon tenía que atravesar una pila de cuerpos durmientes para salir de casa y llegar a su oficina. Cansado de la situación, Burdon cogió su pistola Magnum 44 e introdujo una bala. Jim, que dormitaba apoyado contra la pared, vio cómo Eric apuntaba su pistola a la araña de luces que colgaba del techo. Jim aseguró a sus groupies que Burdon tan sólo bromeaba. Éste giró el tambor de la pistola y apretó el gatillo. Nada sucedió. Volvió a girarlo y apretó de nuevo el gatillo. Nada. "¿Veis?, no lo va a hacer" aseguró Jim. Eric Burdon volvió a girar el tambor. Apuntó. Apretó el gatillo. La araña se deshizo en miles de trocitos. Eric Burdon asegura que aquella fue la última vez que vio a Morrison. Poco después el Rey Lagarto partía hacia París.

Jim Morrison derrochando carisma hasta en la foto policial.

Jim Morrison



Sucedió en diciembre de 1967. Una de las versiones asegura que un Jim Morrison algo confuso acusó a la policía de haber le atacado a él y la periodista Patricia Kennealy. Como era de esperar, varios agentes se presentaron en el escenario y arrestaron al Rey Lagarto. Fue el primero de varios arrestos.
Aunque parezca increíble, hubo un tiempo bastante lejano en que parecía que el único fan de The Doors que poblaba la Tierra era Ian Astbury. Todo eso cambió con el biopic que Oliver Stone rodó sobre la banda.
El film nos desdubrió (sí, a mí también) la existencia de una banda que ya parecía relegada a grupo de culto anclado en unos lejanos y turbulentos 60 donde el flower power y el amor libre estaban en pleno auge. En el año en que se estrenó la película yo aún era muy joven. Pero muchos otros fans no se debieron sentir muy alegres de que una de las bandas de su vida de repente estuviera por todas partes y muchas quinceañeras que no habían oido un tema de The Doors en su vida llevaran en su carpetas fotos del mítico cantante.
Uno de los problemas del film fue la sesgada visión que ofrecía de Jim Morrison. Sí, obviamente, el Rey Lagarto tuvo largos periodos de alcoholismo y sustancias peligrosas, pero ello no quiere decir que estuviera así 24 horas al día 365 días al año. Por otro lado, el papel de comparsas al que quedan relegados Krieger, Manzarek y Densmore en el film tampoco se ajusta a la realidad. Seamos justos, unos y otros se necesitaban en igual manera. Morrison nunca habría sido el mito que es hoy en día si no hubiera encontrado el espléndido vehículo de The Doors para desplegar su arte y enorme carisma. Y sin Jim, la banda tal vez habría logrado algún hit, pero serían hoy un grupo de tantos que pocos recordarían.
Hay artistas que cuando logran la fama no se sienten cómodos con ello, prefieren que sólo se juzgue su obra y talento y odian ser un icono y un producto para las masas. Otros, en cambio, han nacido para ello, y se regodean en su charca de adulaciones, admiradores y éxito masivo. Mick Jagger es el presidente de dicho club. Y Jim Morrison estaba encantado de unirse a la fiesta.
Sin duda alguna, Morrison era un gran ególatra. Un egoísta redomado que en la época de la detención se encontraba embarcado en un ego trip contínuo que no parecía tener fin. Su grupo era gozaba de un éxito brutal, las fans le amaban y muchos le consideraban el líder de toda una generación. Bebía cantidades ingentes de alcohol, se metía todo lo que tenía por delante y comenzó a provocar a todo policía que estuviera por las cercanías. Cuando comenzó a insultar a su propio público y a intentar organizar una revuelta prácticamente en cada concierto, fue evidente que el grupo había fabricado a una bestia sin rumbo. Las provocaciones y escándalos continuaron hasta que fue detenido en Miami (¿Enseñó el pene? ¿No lo enseñó? El debate continua). Jim Morrison fue arrestado y condenado y se interpuso una apelación. En pleno caos y una confusión total, el resto del grupo acabó de grabar su disco más celebrado, Morrison Hotel. Fue por aquel entonces, en 1971, cuando Jim (libre tras pagar una elevada suma) y su novia Pamela decidieron exiliarse a París.
El lado oscuro y divertido de Morrison podría llenar todo un anecdotario. Se acostó con otro icono de su generación, Janis Joplin, y al parecer la cantante no guardó un gran recuerdo de su encuentro con el Rey Lagarto. Quizás se deba a la pasión que sentía Jim por el sexo anal (¡chicas que leáis esto y hayáis puesto fotos de Jim en vuestras carpetas y posters en vuestras habitaciones! Si no gustáis de tal práctica, ¡espero que vuestras intenciones con Mr. Mojo fueran sólo platónicas!), o a su sana costumbre de no cambiarse sus pantalones de cuero en semanas.
Su muerte nunca ha sido debidamente aclarada, y algunos todavía esperan que Mr. Mojo Risin' (anagrama de su propio nombre, Jim Morrison) haga algún día su aparición triunfal. Si no le devoraron unos caníbales, probablemente su viejo amigo el bourbon se lo llevó de paseo. Esté donde esté, su obra y su mítico aura siguen ahí. Al fin y al cabo, el futuro es incierto y el final siempre está cerca.

Count Basie "Live at Newport"


Hijo de músicos, Count Basie llevó la música swing a su máximo apogeo, y es uno de los grandes nombres del jazz. Su madre le dio sus primeras lecciones de piano, y se perfeccionó aprendiendo de pianistas y músicos locales.
Comenzó su carrera acompañando a artistas de vodevil y acompañando al piano las películas mudas de la época. En Kansas City se unió a su primer gran grupo, donde coincide con el vocalista Jimmy Rushing. Más tardé tocó en la orquesta de Bennie Moten hasta que este falleció. Fue entonces cuando Basie formó su primera banda. Basie y sus parteinaires, entre ellos Jimmy Rushing a la voz, Jo Jones a la batería y Lester Young al saxo tenor, se bautizaron como Barons of Rythm y consiguieron ser banda residente de un club en la ciudad. En poco tiempo comenzaron a actuar en la radio, y fue entonces cuando el productor John Hammond les descubrió. La leyenda acababa de comenzar.
At Newport recoge la actuación en el festival de jazz de Newport que tuvo lugar en 1957. Basie se volvió a rodear de viejos colaboradores como Rushing o Young (por entonces sendas leyendas vivas del jazz) y ofreció un memorable concierto donde el mejor swing y el jazz más combativo se daban la mano, todo un tour de force en el que los músicos se dejan llevar y ofrecen toda una lección de entrega y calidad suprema. También hay que destacar la labor del entonces cantante de Basie, Joe Williams, que con su voz te transporta a otra era donde la música de baile era, en pocas palabras, MÚSICA. No dejéis de haceros con este disco, es bocatto di cardinale.

The Mamas & The Papas



Liderados por John Phillips, The Mamas & The Papas fueron uno de los grupos más populares del movimiento hippie de los 60, cosechando un gran éxito con su particular mezcla de música folk y melodías pop de gran factura. Especialmente recordados por su inmortal himno California Dreamin', tienen sin embargo pequeñas gemas menos conocidas que también son muy deliciosas, y que podemos disfrutar en directo gracias a los outtakes de la filmación de su actuación en el festival de Woodstock, el cual se encargaron de clausurar con una fenomenal actuación. Completaban la formación Cass Elliott (también conocida como "Mama" Cass"), Dennis Doherty y Michelle Phillips, mujer de John y una de las musas del flower power. California Dreamin', una canción que, en un día malo, tiene el extraño don de poder llevarte a lo más alto o hundirte todavía más.


Michelle Phillips

La batalla que iba a ser la última

A finales de 1916 la Gran Guerra europea que hacía dos años asolaba el Viejo Continente seguía en punto muerto. Tras unos avances iniciales, las tropas del Imperio Austrohúngaro y las de los aliados (principalmente Francia, Gran Bretaña y Rusia) se habían visto obligadas a llevar adelante una estática guerra de trincheras que no beneficiaba a ninguno de los dos bandos y que cada día se cobraba miles de vidas.
Mientras en el frente oriental Rusia estaba a punto del colapso (no tardaría en producirse la revolución de febrero), la situación en Francia era insostenible. El ejército alemán se retiró de las mesetas del Aisne para concentrar sus ofensivas más al norte, mientras los aliados cabilaban un nuevo plan para dar un vuelco al devenir de la contienda.
El general Robert Nivelle, por entonces nuevo comandante en jefe del ejército francés, consideraba firmemente que una acción de gran envergadura acabaría con la resistencia germana; resistencia que por otra parte creía al límite. Una gran masa de fuerzas británicas y francesas arrollaría las posiciones alemanas y rompería totalmente el frente, colapsando así al ejército teutón. Según Nivelle, en 48 horas habría logrado una victoria tal que la guerra tocaría prácticamente a su fin. Era "la batalla que iba a ser la última".
Fue así como el 16 de abril de 1917 (dentro poco se cumplirá el 90 aniversario del inicio de la batalla) las fuerzas aliadas lanzaron su gran ofensiva, que contaba con más de un millón de hombres y un gran refuerzo artillero. El punto clave era Chemin Des Dames, una cresta que discurría entre dos grandes valles, el Aisne y Ailette. De hecho la batalla sería conocida como "Segunda Batalla del Aisne".
Uno de los principales inconvenientes fue la falta total de sorpresa. Los alemanes habían encontrado en una trinchera los planes de la ofensiva aliada, y por otro lado Nivelle no era tampoco lo que podríamos decir un hombre discreto. A todo aquél que quisiera escuchar, el general francés le explicaba cómo, cuando y dónde iba a ganar la guerra.
Por supuesto, los alemanes habían preparado una sólida defensa para rechazar cualquier ataque aliado. El desastre era inminente.
Durante el primer día de la ofensiva, las fuerzas francesas perdieron 40.000 hombres. Las bajas británicas fueron también muy elevadas. Batallones de soldados senegaleses, lanzados como pura y simple carne de cañón, fueron diezmados. El segundo día los ataques aliados fueron nuevamente rechazados.
Contrariado, el general Nivelle se negó a aceptar el fracaso de su plan. Convencido de que más ataques masivos con gran número de soldados acabarían obteniendo resultados, ordenó la continuación de su plan. Así, día tras día, cantidades ingentes de tropas aliadas eran lanzadas contra el muro alemán sin obtener resultado alguno. El número de bajas aumentaba cada día, sin que ello persuadiera al tozudo general francés. La batalla que iba a ser la última finalmente derivó en una brutal carnicería.
Finalmente el Alto Mando aliado entró en razón y obligó a Nivelle a detener la masacre. Durante cuatro largos días una ofensiva inútil (apenas sí se ganó terreno alguno) las bajas habían sido monstruosas. Aunque el ejército alemán sufrió también un gran número de pérdidas que le sería difícil sustituir, los números del ejército francés eran igual o más terribles: unas 187.000 bajas para un avance de unos pocos kilómetros. La sinrazón de aquellos días inflamaron la indignación popular, mientras la presa ponía el grito en el cielo ante la incompetencia de sus dirigentes. Como resultado, el general Nivelle fue depuesto y enviado a África.
El gran coste humano del plan de Nivelle resultó pues inútil. Se ganó poco terreno, y no sólo no se había roto el frente, sino que fuerzas británicas hubieron de ser enviadas como refuerzo a la zona para asegurar las posiciones aliadas. Irónicamente, la ofensiva que siguió a la batalla de Chemin Des Dames, mucho más modesta, cosechó mejores éxitos y el 5 de mayo 4 kilómetros de la famosa cresta habían sido tomados.
Tras la guerra, Robert Nivelle, caído en desgracia, regresó a Francia y se retiró en 1921. El hombre que había enviado a una muerte segura a miles de soldados murió plácidamente en su cama en 1924.


El general Nivelle

Blackbird

Una de las mejores versiones que se hayan hecho jamás de The Beatles. Simplemente está más allá de toda comprensión. ¡Qué preciosidad de canción! Ellos son Crosby, Stills & Nash. Woodstock, 1969.

Blackbird singing in the dead of night
Take these broken wings and learn to fly
All your life
You were only waiting for this moment to arise
Blackbird singing in the dead of night
Take these sunken eyes and learn to see
All your life
You were only waiting for this moment to be free.

Blackbird fly, Blackbird fly
Into the light of the dark black night.

Blackbird fly, Blackbird fly
Into the light of the dark black night.

Blackbird singing in the dead of night
Take these broken wings and learn to fly
All your life
You were only waiting for this moment to arise
You were only waiting for this moment to arise
You were only waiting for this moment to arise


jueves, 29 de marzo de 2007

Saxon


En cierto modo voy a seguir hablando de guerreros. No son troyanos pero sí tienen algo de sajones. Estos hijos de la Gran Bretaña volvieron hace poco a los escenarios españoles para hacer lo que mejor saben: rockear duro.
Hace muchos años, ellos estuvieron allí, poniéndoselo difícil a los Judas Priest, Iron Maiden y demás grupos metálicos que poblaron la tierra a comienzos de los 80. Quizás nunca llegaron al nivel de popularidad e inspiración que sus colegas de generación, pero tuvieron mucho éxito en su día y se hicieron con una buena legión de fans melenudos. Dondequiera que la dama de hierro dejara un hueco, allí estaban Saxon para rellenarlo.
La historia (especialmente el Medievo) siempre fue un referente para los Saxon y las letras de su cantante, Byff Byford. Y como viejos guerreros que luchan hasta caer, los miembros de Saxon continúan haciendo giras y grabando discos, lejos ya de los grandes estadios y las listas de éxitos, pero demostrando una gran dignidad y saber hacer que para sí quisieran muchos grupos noveles. Otros han caído por el camino, o continúan haciendo el ridículo allá por donde pasan. Sin embargo, las huestes del bueno de Byford van al gran y sin concesiones. Gozan de un gran repertorio lleno de grandes clásicos inmortales, sus nuevas canciones no desentonan con sus hits del pasado (lo mínimo que se le puede pedir a una banda de su trayectoria) y se ganan a la audiencia cada noche. En gran medida ello se debe a la excelente labor de Byford como frontman del grupo: es un levanta-audiencias, con él lo de la experiencia va más allá de los grados. Son varias las crónicas de sus actuaciones en festivales hispanos donde se comprueba que en una buen día Saxon pueden meterse en el bolsillo a la audiencia más escéptica.
Y este lunes pude volver a presenciar su esplendoroso y enérgico directo. A pesar de los cambios de formación, el espíritu sigue ahí, y desde luego casi me hicieron olvidar aquella lejana noche cuando los vi por primera vez y disfruté como en pocos conciertos he disfrutado. Una pena que la acústica de la sala no acompañara, pero escuchar grandes temas como Crusader, Heavy Metal Thunder o Denim & Leather le hace a uno olvidarse de todo lo demás. Eso sí, me quedé allí esperando un último bis a ritmo de 747 (Strangers In The Night). Eso no se hace, hombre.

sábado, 24 de marzo de 2007

300



Bueno, bueno. La espera ha sido larga, pero ha merecido la pena. Sangre, gloria, destrucción... todos los elementos que uno pudiera buscar en esta película están ahí. No se convertirá en un gran clásico, pero es digna de entrar en el selecto grupo de esas películas épicas a recordar.
300 es el segundo film basado en la obra de Frank Miller, uno de los iconos del cómic de los últimos tiempos, cuya adaptación al cine de su obra Sin City ya cosechó grandes éxitos hace poco. Este film, sin llegar a alcanzar, en mi opinión, la calidad de aquél, sí tiene sin embargo todos los ingredientes que hicieron popular la película de Robert Rodriguez y el propio Miller: estética de cómic (obvio), uso innovador de los efectos especiales, interpretaciones sólidas, una historia atrayente (ésta mucho más épica que la anterior, pero en cierto modo igual de pareja al cine negro) y dosis de sexo y violencia con (más) sentido que en las usuales grandes producciones. O al menos éstas están más conseguidas.
La trama es simple: Leónidas, rey espartano, hace frente junto a 300 de sus mejores guerreros a un ejército numéricamente muy superior en el Paso de las Termópilas, lugar clave donde se pretende frenar la invasión persa de Grecia. Hasta aquí, más o menos, la historia real (la batalla que se describe tuvo lugar en el siglo V a.C.). Para aquellos que busquen verosimilitud y realismo históricos, sólo recordar que ésto se basa en un cómic, que a su vez (he leído por ahí) se inspiró en una vieja película de 1962, Los 300 espartanos. Según los textos históricos, obviamente hubo más de 300 espartanos. Leónidas contó con bastantes aliados griegos (unos cuantos sí aparecen en el film) y no todos lo abandonaron. Los extraños personajes y guerreros que podemos ver a lo largo del film obviamente son una licencia artística, así como muchos otros elementos del film. Pero una vez más, recordar que aquí se ha tratado de recrear un cómic.

Con Sin City se escucharon críticas acusando a sus directores de no haber rodado un film sino haber dado vida a un cómic. Habrá gente que tenga esa mismo sensación, tengan problemas con 300 por ese aire de tebeo que lo impregna todo. En fin, a quién le gusten los cómics, no creo que se queje con esta producción.
Los fallos de la película, en mi opinión, son mínimos, y hacía falta una película épica de estas características, que recuperara o trajera a la memoria los recursos y mejores momentos del género, como las ya lejanas Conan el bárbaro o Excalibur. También se podría emparentar con los momentos más activos de Braveheart. Si tuviera que resumir lo que pienso, creo que este film es todo lo que Troya debió ser y no fue.
Otra cosa que me ha agradado mucho ha sido la recuperación de un aspecto técnico o recurso que parecía ya olvidado: las batallas o lucha a cámara lenta. No necesariamente en slow motion (aunque el particular efecto de éste junto con rápidas aceleraciones ha sido una de los puntos fuertes del film) pero sí con planos más o menos largos donde podemos ver lo que está pasando. Hace muchos años que las batallas se nos han venido presentando con rápidas sucesiones de planos, que intentaban dotar de más ritmo a la acción bélica, pero que al mismo tiempo nos impedía ver o contemplar realmente lo que estaba pasando. La asepsia que rodaba a esa forma de rodar (que encontró su cenit en la saga de El Señor de los Anillos) y el caos que se formaba en la pantalla nunca fueron demasiado de mi agrado, siempre he preferido la forma clásica de rodar batallas (¡Cromwell, Cromwell, donde estás!). En 300, sin ser ni lo uno ni lo otro, pero al menos uno se puede enterar de lo que pasa y de si alguien muere o no. Obviamente el director es lo que buscaba: la recreación en la sangre y las mutilaciones con pocas contemplaciones. A los sensibles, sólo recordarles que la realidad siempre fue (y es) mucho peor.
Y hablando de dirección: no conozco la corta carrera de su director, ni he visto ningún film suyo. No sé si es por la influencia que los cómics puedan haber tenido en los directores, o por estar basadas ambas en la obra de Frank Miller, pero tanto Sin City como 300 tienen ambas un tufillo o deja vu entre sí que comienza a escamarme. Teniendo en cuenta que Miller era citado en los créditos de Sin City como co-director de la misma, y en 300 ha participado como productor ejecutivo... no quisiera ser demasiado paranoico, pero si el autor de ambas obras ha metido tanta mano en los films como pienso (cosa que no sería de extrañar, pues siempre ha sido celoso protector de su obra) debería dejarse de zarandajas y pasar directamente a la dirección, pues hasta ahora parece que los resultados podrían ser bastante buenos. Aunque tal vez prefiera dedicarse a su labor de siempre, o no quiera asumir el sólo la responsabilidad de cargar con el rodaje de un film él solito.
En fin, sólo alegrarme de poder hablar por una vez de un film en cartelera, y recomendar el visionado de 300 a todo aquél que lea esto.


viernes, 23 de marzo de 2007

British Steel


Allí estaba, entre la colección de discos de mi hermano. Una de las ventajas que tenían los viejos vinilos es que su formato era mucho más impresionante, y un disco te podía entrar directamente por los ojos (cuantos chavales no comenzarían a escuchar a Iron Maiden gracias a sus simpáticas portadas). Y aquella portada negra de donde surgía una mano cuyos dedos parecían hundirse en una gran hoja de afeitar enseguida me llamó la atención. Pinchar el disco y caer rendido fue todo uno.
Cuando se editó el disco, Judas Priest habían estado labrando durante la década de los 70 un camino sin fisuras que estaba llevando hasta el concepto definitivo del Heavy Metal. Tenían los riffs, la contudencia del sonido de las dobles guitarras, por supuesto el talento... y la imagen. Cuero, tachas, muñequeras claveteadas... Desde entonces el heavy tenía su definición estética. Y por encima de toda, la inigualable voz de Rob Halford, el definitivo Metal God, cuyos agudos sobrehumanos se conviertieron en marca de la casa.
Y un disco que comenzaba con un himno como Breaking The Law no podía sino subyugarme. Da igual que las letras me sonaran a chino, ese riff y ese fraseado que parecía ametrallar a escupitajos me sonaban a gloria. Y ahí no acababa la cosa: Metal Gods, Grinder, Living After Midnight (¡uno de los mayores himnos para el sábado noche!), The Rage... ¡aquel grupo definitivamente estaba hecho para mí! Incluso un tema como United, mucho más melódico que el resto y que a priori desentonaba con el resto del álbum, parecía encajar, con ese estribillo que parecía hecho a medida para que los obreros heavies de todo el mundo se abrazaran borrachos y cantaran en los pubs de medio mundo.
El otro día iba a pinchar el disco otra vez y rememorar aquellos recuerdos, pero, ¡la aguja del plato había desaparecido! No sé que ha pasado con ella, pero es una tragedia. Ahora tendré que ir como un yonqui de tienda en tienda a ver dónde puedo reponerla. Damn it!

viernes, 16 de marzo de 2007

A sequía pertinaz...

Cuando el cura llamó a Gabino, no dijo "Gabino ven", dijo "venga vino".

El precio del poder (Scarface)

Bonita foto, ¿verdad? Poco resumen puede haber mejor para una película. La he visto por ahí y me han dado ganas no sólo de publicarla sino también de hablar sobre este film.
A principios de los 80 Brian DePalma decidió rescatar la historia que Howard Hawks había rodado en los dorados años 30. Una historia de gángsters que relataba el auge y caída de un joven mafioso que tras escalar hasta la cima lo pierde todo por culpa de sus propias miserias y debilidades.
La trama en la película de DePalma es básicamente la misma, tan sólo se traslada la acción a Florida y el joven mafioso se convierte en un exiliado cubano con un oscuro pasado criminal.
Entre muchos papeles grandiosos, Al Pacino siempre será recordado como Tony Montana, el cubano mal hablado (se contaron un total de 207 "fucks" a lo largo del film, esto es, 1.22 "fucks" por minuto) y ambicioso que consigue ser dueño del mundo para luego caer desde lo más alto.
Una caída espectacular, quizás fílmicamente excesiva, que sin embargo no desmerece al resto de la película. Por supuesto Scarface es una cita obligada para aquellos que gusten del cine sobre mafiosos, y aunque no sea así, es una de las mejores películas de DePalma. Y por si ello no fuera suficiente, Al Pacino en su mejor momento nos recuerda por qué es grande. Imprescindible su visionado en versión original. Excelente guión del señor Oliver Stone (que por aquel entonces luchaba contra su adicción a la coca) y hasta Spielberg se pasó por allí para dirigir una toma. Entrad en el mundo de Tony Montana sin miedo, será vuestro amiguito para siempre y hasta tal vez os invite a algo. Como él mismo dice, "I'm Tony Montana! You fuck with me, you fuckin' with the best!"

lunes, 12 de marzo de 2007

Marah


No es fácil escribir en un domingo resacoso, pero lo que (volví) a presenciar el viernes en aquél escenario fue increíble, así que mejor hablar sobre ello cuando las sensaciones aún están frescas.
Pocos grupos podrían tener a Bruce Springsteen como mayor fan, sin embargo estos chicos de Philadelphia no sólo pueden presumir de eso, sino también de facturar uno de los discos más emocionantes de estos últimos años y de poseer un directo aplastante.
Aquél que escuche alguno de sus discos (por ejemplo su última gran obra If You Didn't Laugh... You'd Cry) encontrará historias sobre perdedores y ganadores, cuentos callejeros, corazones rotos... todo ello mezclado con brochazos de country, rock, folk... parece como si los Faces se hubieran introducido en ese sonido que popularmente se conoce como Americana. Una vez le hayas echado un oído a sus discos, pueden gustarte o no... pero es en el directo donde Marah dan realmente la talla.
Los hermanos Bielanko parecen dos hijos bastardos de Rod Stewart y Ron Wood. De hecho es en directo donde la banda refleja mejor esa conexión con la leyenda de los Faces: entrega, pasión, contundencia, humo, sudor, alcohol a raudales... Es difícil describir en lo que se convierten estos tipos cuando suben a un escenario: son rock and roll en estado puro, una fiesta perfecta de sábado noche. Sus discos podrán parecerte mejores o peores, pero sin duda Marah tienen uno de los mejores directos de hoy en día.
Se prevee nuevo disco para este verano. es probable que en Agosto vuelvan a realizar otro larga gira por este país. Si tocan en vuestra ciudad, id a verlos, no os lo penséis. Yo iré por tercera vez sabiendo que puedo presenciar una vez más uno de esos conciertos de los que no se olvidan. Y afortunadamente su popularidad está creciendo. Allá donde han ido estos días han llenado la sala. Marah pueden convertirse en algo grande, y me alegraría que así fuera. Estos trabajadores del rock se lo merecen.

viernes, 9 de marzo de 2007

Richard Corben


Nunca he sido un gran seguidor del cómic. Aunque siempre hubo decenas de ellos por mi casa, nunca me he adentrado en ese mundo tan amplio y al mismo tiempo tan fascinante. Mi colección se reduce a los clásicos que todos tenemos por casa y algún que otro cómic de la Marvel perdido. Y en algún sitio yacen las viejas colecciones de mi padre (los más viejunos tal vez los recuerden: Totem y el seminal Cimoc), dedicadas a las historietas underground norteamericanas y el cómic europeo.
Allí descubrí grandes historias, desde la ciencia-ficción y el terror hasta el erotismo y el humor más ácido. Era muy joven y nunca entendí realmente de qué iba todo aquello, pero si hay algo que recuerde son los fascinantes dibujos de Richard Corben.
No sabría cómo describirlo. Corben fue un pequeño revolucionario, y su técnica daba a sus dibujos una extraña luminosidad, como si siempre se contemplara a sus personajes a través de la luz de una luna pálida.

Las historias fantasiosas y de ciencia ficción de Corben se hicieron populares en la famosa revista underground Heavy Metal, punto de referencia de los 70 para cualquier fan del género. Desde el antibelicismo y la anarquía hasta el erotismo más "russmeyeriano", Corben creó un mundo de fantasía y escapismo que atrapó a millones de adolescentes con acné y testosterona a raudales. También ha adornado con su arte portadas de varios discos (principalmente de grupos de heavy metal de tercera), siendo el más conocido el Bat Out Of Hell de Meat Loaf.
Aunque por lo que a mí respecta, poco entendí. Sólo sé que había monstruos, alter-egos de Conan El Bárbaro y chicas semidesnudas a las que siempre secuestraban. El interés sobre éste último punto llegó más tarde, y... pero esa es otra historia.

Hace ya muchos años que no hojeo ninguna de sus extrañas historias, pero si me retrotraigo a mis inocentes años infantiles Corben siempre acaba apareciendo. Como esa portada dónde un alienigena curioso contempla el cadáver de un astronauta. ¡Podía pasar horas mirando aquella portada! La verdad es que es singular lo que uno puede llegar a recordar de su infancia.

martes, 6 de marzo de 2007

No vivió rápido... ni dejó un bonito cadáver.


Guillermo El Bastardo, más conocido como Guillermo El Conquistador (ventajas de ser el vencedor y escribir la historia) fue durante veinte años el todopoderoso rey de Inglaterra a la par que Duque de Normandía. Gobernó con mano de hierro, sus súbditos le temían y su palabra era ley. Formidable guerrero y estratega, llevó a sus tropas a través del Canal de la Mancha y derrotó a los sajones en la famosa batalla de Hastings.
En sus últimos años, sin embargo, la decadencia física llamó a la puerta. Alto como era, engordó hasta límites insospechados, convirtiéndose en una mole de carne que fue objeto de las burlas de los cortesanos.
En al año 1087 Guillermo se encontraba en Normandía, dilucidando una disputa fronteriza. Mientras sus tropas arrasaban un poblado, cerca de Rouén, el rey normando cabalgaba entre las llamas supervisando la acción. Repentinamente, su caballo frenó en seco. Guillermo recibió un fuerte golpe en el estómago al chocar con la perilla de la silla, lo que finalmente le provocó una peritonitis.
En las siguientes semanas el pus fue extendiéndose por todo el cuerpo, lo que convirtió los últimos días del normando en una lenta agonía. Finalmente falleció el 9 de septiembre de aquel mismo año.
El otrora temido rey fue desvalijado de sus posesiones (anillos, joyas, monedas... cualquier cosa de valor) por sus servidores y abandonado semi desnudo en el suelo. No fue hasta que un caballero se apiadó de su antiguo señor que fue llevado a la catedral de Caen para su funeral.
Allí fue introducido en un gran sarcófago de piedra, ya que su voluminoso cuerpo hinchado todavía más por el pus no cabía en un ataúd de dimensiones normales.
Al parecer, mientras se celebraba la misa, la catedral se incendió. El pánico cundió entre oficiantes y asistentes. El calor fue creciendo, hasta que el hinchado cuerpo de Guillermo El Conquistador, metido en su sarcófago de piedra, sencillamente reventó. Sus restos se esparcieron por todas partes, y el pus cubrió paredes y suelo. Dicen las crónicas que el hedor duró meses.
Cruel burla del destino la que sufrió el rey normando.

lunes, 5 de marzo de 2007

Esta tierra es mía

Habéis convertido esto en un desierto, y afirmáis que es paz.

En 1943, el director francés Jean Renoir, por aquel entonces forzoso exiliado en Hollywood, dirigió un drama situado en la Francia ocupada por los nazis (aunque en el film se sitúa la acción "en algún lugar de Europa", todas las referencias apuntan claramente a Francia), siendo básicamente un alegato antibélico y sobretodo una declaración por la libertad de los hombres de los pueblos.
La trama es simple: un tímido y apocado profesor de escuela (el inigualable Charles Laughton) que vive con su madre y ama en secreto a su compañera profesora se verá envuelto en una trama de sabotajes y represalias, siendo finalmente acusado del asesinato de un importante miembro de la población, a la par que novio de su amada profesora y colaborador de los nazis.
En conjunto, no es una película grandiosa. Por aquel entonces fue otra de tantas películas patrióticas de bajo presupuesto para levantar la moral del pueblo y hacer frente común al enemigo, que, sin embargo, es retratado más humanamente que en otras películas de características similares.
La gran diferencia con otras películas del género, aparte del pequeño toque europeo de Renoir, es la formidable interpretación de Laughton, mucho más comedido que en otras ocasiones, pero sin embargo singularmente efectivo.
La construcción de su personaje, temeroso profesor primero, y valeroso héroe después (¿sutil metáfora del camino de la propia Francia?), es tan sutil como eficiente, hasta su mutación final, tras presenciar el fusilamiento de su jefe y amigo.
Aprovechando la oportunidad que se le brinda al defenderse él mismo, el personaje de Laughton proclama un discurso de los que marcan época, defendiendo la libertad, la necesidad de héroes en tiempos difíciles, la futilidad de cualquier ocupación cuando el pueblo quiere ser libre (¿inspiraría esta película a algún ciudadano iraquí?), y la constatación de que cualquiera de nosotros, en una situación extrema, puede hacer aquello de lo que nunca se creyó capaz.
Resumiendo: como ya he dicho, esta película no es Ciudadano Kane, pero merece la pena que le echéis un vistazo, simplemente por dos razones: para poder admirar una vez más la destreza de Sir Charles Laughton y para escuchar uno de los mejores discursos judiciales de la historia del cine. Por último, simplemente destacar la belleza y buen hacer de Maureen O'Hara y la siempre entrañablemente gruñona Una O'Connor, la Rafaela Aparicio de Hollywood.

Charles Laughton

Generation Gap


No importa lo moderno que seas y lo joven que te sientas, tus hijos marcarán la diferencia y harán cosas que no entiendes. La rebeldía contra la autoridad paterna forma parte de eso proceso que lleva (supuestamente) a la madurez y generación tras generación las diferencias siguen apareciendo. Y esto es tan cierto hoy como lo era hace mil años.
Fue en el año 1066 cuando la invasión normanda liderada por Guillermo El Conquistador acabó con la dinastía sajona. A partir de aquél año la Casa de Normandía ocuparía el trono inglés.
Múltiples eran las diferencias entre invasores e invadidos. Una de ellas era el corte de pelo. Para los normandos, aquellos sajones eran todos una panda de afeminados, con sus largas cabelleras por debajo de los hombros y sus pobladas barbas. Imagino que los sajones debieron pensar algo parecido de los rasurados normandos.
"En casa del herrero, cuchara de palo", creo recordar que dice el refrán. Varios años más tarde la comidilla de palacio fueron los hijos de Guillermo. Como todo rey, el normando se dedicó a la noble tarea de engendrar descendencia. Sus hijos crecieron entre normandos viviendo en un país de sajones. No se sí tuvieron amigos sajones. Pero una vez tuvieron edad suficiente, los descendientes del rey Guillermo dejaron crecer sus barbas y largas melenas. Si hubieran podido seguramente habrían llevado camisetas de Alice In Chains. Puedo imaginar los constantes enfados del buen rey al ver el aspecto de sus hijos. Cualquiera que se haya dejado el pelo largo seguramente podría reproducir sus palabras: "¿Pero dónde crees que vas con esas pintas? ¡Si pareces una chica!". Como véis, hay cosas que nunca cambian.


Guillermo El Conquistador

domingo, 4 de marzo de 2007

Cuando los dinosaurios dominaban la Tierra (VI)


Leaf Hound

11 horas. Puede parecer increíble, pero tan sólo fueron 11 horas. Tan sólo bastaron 11 horas para grabar un disco de puro rock and roll, un clásico que muy pronto se convirtió en uno de los secretos mejores guardados del rock y en uno de los LP más buscados de la historia.


El origen de la banda hay que buscarlo, una vez más, en aquella Inglaterra de finales de los 60 (¡quién lo diría hoy!), en aquel bullicioso Londres de cuya aparantemente infinita cantera no cesaban de surgir nuevas formaciones con mucho que decir.

Fueron los hermanos Brooks, Derek y Stuart, quienes tras abandonar la fantástica banda de blues-rock Black Cat Bones, buscaron un par de tipos para completar una nueva formación con la que seguir avanzando en sus inquietudes musicales. Muy pronto dieron con un par de primos (léase consanguíneos) que habían formado parte de varias bandas locales de la capital inglesa: Mick Halls (guitarra solista) y el inigualable Peter French (voz). Una vez llegó el batería Keith George Young la banda estaba lista para recorrerse diferentes clubes ingleses, teloneando a todo un grupo como UFO, a quienes (cuentan los rumores) arrollaron cada noche.

El disco que parieron a continuación, Growers Of Mushroom, marca un hito en la escena musical de la época. Riffs rocosos, influencias bluesy y boogie rock en la mejor tradición del Jeff Beck Group. El sonido que consiguieron en ese disco es de lo que hacen época, y cuando uno escucha esos magníficos temas puede pensar fácilmente que habrían sido los teloneros perfectos para una velada con Led Zeppelin. En definitiva, Leaf Hound son rock and roll puro, en la mejor tradición del hard rock 70's. ¡Si no sientes nada al escuchar este disco, es que estás muerto, amigo!

Inexplicablemente, y como ha ocurrido muchas otras veces, tras una gira por Alemania el grupo dejó de existir. Cada uno se fue por su lado, destacando la magnífica trayectoria de Peter French, que tras pasar por Atomic Rooster acabó en Cactus. No estamos hablando de cualquiera, chico. ¡Peter French rockea!
Hace unos dos años el señor French reformó la banda (creo que sin ningún otro miembro original) pero por lo visto la vieja garra sigue ahí. Dudo que alguna vez se acerquen por aquí, pero... cosas más raras se han visto.

A vueltas con El Coloso


Todo productor de cine siempre se preocupa por el uso que se hace de su dinero, como es natural. Aunque no todos tienen la suficiente visión como para entender según que cosas. En ocasiones hay pequeños malentendidos que pueden derivar en auténticas tragedias. Esta es una pequeña anécdota de una de esas historias.
Uno de los asociados del comité de producción de cierta película fue a ver al director para informarse acerca de la marcha de la producción del film, antes de que se comenzase a rodar en España.
Se reunió con el director del film, un peplum, en principio, sin demasiadas pretensiones. Pronto surgió la cuestión. ¿Quién haría de El Coloso? El perplejo director como toda respuesta le habló del arquitecto. ¿Arquitecto? ¿Qué pintaba un arquitecto haciendo de coloso?
La estatua iba a ser construida por el arquitecto, afirmó el director romano. ¿Arquitecto? ¿Estatua? ¿Acaso El Coloso no era un poderoso hombre con músculos como un Hércules o un Maciste cualquiera? "No", respondió el director. "Era, y es, una estatua".
El pobre asociado se dejó llevar por el pánico, hablando de ruina, bancarrota, repitiendo sin cesar que estaban todos locos. El avispado director finalmente logró calmar al buen hombre con unas nuevas ideas sobre El Coloso. ¿Qué tal si El Coloso caminara y aplastara gente bajo sus pies? ¡Sí! ¡Aquella era la solución que haría del film algo memorable. "¡Es usted un genio!", exclamó el productor asociado. "¡Estamos salvados!".
Sergio Leone había vivido uno de las escenas más absurdas de su carrera como director de cine. El rodaje de "El Coloso de Rodas" podría continuar.