sábado, 22 de diciembre de 2007

Rio Bravo (1959)



Un hombre entra en una cantina. Sucio y desaliñado, parece sediento. Se pasa la mano por la boca mientras contempla como los parroquianos del lugar disfrutan de sus bebidas. Lentamente, se va acercando a la barra, pero sin llegar a ella. Se apoya en una columna cercana, y observa como un tipo duro se sirve un vaso de whiskey. Éste se percata de la presencia del hombre sediento, y se sonríe. Al parecer ya le ha visto antes.
Divertido, el tipo duro le indica con una seña al tambaleante personaje si desea beber. Este asiente con la mirada, alegre de que alguien se preocupe por él. El tipo duro saca una moneda para invitarle a un trago. El hombre desaliñado parece incorporarse, animado por su suerte. Sin embargo, el tipo duro, que hace un amago de lanzarle la moneda, la tira dentro de una escupidera y rompe a reír. Observa la reacción del vagabundo sediento. Éste duda. Nadie querría meter la mano en una escupidera, pero el pobre hombre está desesperado. Se arrodilla para introducir su mano en aquél objeto de bronce.
Primer plano de una bota que aparta la escupidera de una patada. Cambio a un contrapicado. Ahora podemos observar el adusto rostro de John Wayne, mirando desaprobadoramente a la cámara. El patético borracho es Dean Martin. En los planos siguientes el personaje de Martin, Dude, derribará a Chance (Wayne) y el tipo duro acabará disparando a un inocente. Hasta que Chance se reincorpora ayudado por un arrepentido Dude y detiene al tipo duro, llamado Nathan Burdette, han pasado varios minutos y, salvo algunos sonidos, ninguno de los personajes ha hablado. Viejo cine en estado puro. Howard Hawks lleva las riendas, y eso es sinónimo de artesanía.
La historia que narra el film es básicamente la de un asedio. Chance, Dude y el viejo Stumpy (Walter Brennan, secundario de oro del viejo Hollywood) se las veen y las desean para impedir que el poderoso hermano de Burdette, Joe, lo libere de la cárcel. Mientras, asistimos a las relaciones entre Chance, Dude y Stumpy; los problemas con el alcohol de Dude, la entrada en acción de un inteligente y joven pistolero, Colorado Ryan (Ricky Nelson), y finalmente el torpe romance entre Chance y Feathers (Angie Dickinson). Como es tradicional en este tipo de viejos western, ¡al final el chico se queda con la chica!
Habiendo comentado ya lo que Howard Hawks era capaz de hacer, la siguiente gran baza del film son las interpretaciones. De Wayne no hay mucho que decir para aquél que haya visto alguna de sus películas. Dio sus mejores momentos bajo las órdenes de John Ford, y aunque nos se puede decir que fuera un gran actor al uso (quiero decir que no es Dustin Hoffman), bajo las órdenes de buen director era capaz de una expresividad fuera de lo común; pocos actores han transmitido tanto con mayor economía en palabras y gestos. De hecho fue tras ver otra cinta de Hawks, Rio Rojo, cuando John Ford se decidió a otorgarle papeles más complejos a Wayne.
Respecto al bueno de Martin, bueno, para alguien que sólo ensayaba una vez y prácticamente consideraba la profesión de un actor como un chiste, hay que decir que su retrato del alcohólico Dude es más que destacable. Fueran los genes, sus bebidas con hielo o que simplemente era un gran artista, lo cierto es que éste es uno de los papeles por los que siempre será recordado el bueno de Dino. De Ricky Nelson, niño prodigio y estrella del rock and roll, tan sólo decir que no era sólo una cara bonita, y que su interpretación es correcta, aunque no llega a escollar demasiado. Dino y Wayne se divirtieron bastante durante el rodaje a costa del pobre Nelson. Por último, mención especial para Angie Dickinson y su espabilado personaje emplumado de Feathers; esa mezcla entre descaro y tierno romanticismo son un contrapunto perfecto para el fortachón pero tímido personaje de Wayne. Mención especial para ella, y por qué no decirlo, para sus bonitas piernas.
Por supuesto, en una película donde actúan Dean Martin y Ricky Nelson no podían faltar las canciones. Johnny Cash compuso una canción para que Nelson la cantara, pero el director musical del film, Dimitri Tiomkin, consideró más oportuno que Ricky interpretara una canción folk algo ñoña. Aunque no subsane del todo tamaño disparate, el bueno de Dimitri compuso una estupenda canción, My rifle, my pony and me, que cantada a dúo por Martin y Nelson es realmente preciosa.
Rio Bravo fue una de las últimas películas de Howard Hawks. Los tiempos estaban cambiando y ya no había sitio en el nuevo Hollywood para alguien como él. Quizás éste fuera su último gran film (digo quizás porque no he visto ninguno de los siguientes), pero con una historia simple y unos buenos actores logró construir un clásico del western y del cine clásico. Y ya que hablo de Hawks por primera vez, simplemente me gustaría recomendar a las féminas que lean estas líneas que se introduzcan en la obra de Hawks y, si quieren, analicen los personajes femeninos de sus películas. En un tiempo lejano en que las actrices (con excepciones, que las hubo, claro está) tendían a ser sufridas esposas, amantes o simples mujeres para ser rescatadas, Hawks pareció especializarse en retratar a mujeres más fuertes e indepedientes de lo que solía ser habitual. Y si no os interesa esta especie de pre-feminismo en el viejo cine de Hollywood, sólo decir que Hawks es uno de los grandes y uno sólo de sus clásicos vale por filmografías enteras de muchos otros directores cargados de ínfulas y carentes de talento.

2 comentarios:

Fantomas dijo...

A pesar de que en general esta cinta esta bien considerada, tengo que decir que a mi me aburrio bastante cuando la vi. En cosa de gustos....

Que pases felices fiestas!!
Saludos.

Tío Marvin dijo...

Pues a mí me encanta Río Bravo y no digo algo nuevo si pongo de nuevo de manifiesto lo que influyó esta peli al maestro Carpenter y a La noche de los muertos vivientes