martes, 11 de diciembre de 2007

El doloroso té de Brando


París, 1958. Marlon Brando se está preparando junto a Monty Clift y Dean Martin para el rodaje de la película ambientada en la Segunda Guerra Mundial El baile de los malditos. Un buen día Brando se cita con Dean Martin en un bar. A diferencia del actor y cantante miembro del Rat Pack, Brando no suele beber y pide un té. El camarero le sirvé el té con una taza de agua hirviendo, para que se lo prepara a su gusto. La aparentemente torpe actriz Liliana Montevechi también se encontraba allí, y en un cruel golpe del destino Liliana derramó el agua hirviendo sobre las partes pudendas del actor del método. Lógicamente Brando dio un salto aullando de dolor, y tratando de aliviarlo se bajó pantalones y ropa interior, y salió como pudo de aquel bar.
Con sus pelotas escaldadas, Brando acabó en el hospital, dolorido, inmovilizado y con pomada cubriendo su "noble herramienta", como solía referirse a su pene. Cuentan que el actor comentó: Esto tenía que pasarme a mí en París y en primavera, acabar con la polla en un cabestrillo. Y es que debía ser torturante pensar en la cantidad de francesitas ardientes que pululaban al calor primaveral mientras el gran Marlon Brando languidecía en una sórdida cama de hospital.

6 comentarios:

Akeru dijo...

Se vengó años después, rodando el ultimo tango en paris...

Aura dijo...

Jejeje. Parece un castigo divino... Tengo una autobiografía de Brando y no lo cuenta, le debía dar cierto reparo. Lo que sí explica, a propósito de "El último tango en Paris" es que durante el rodaje tenía mucho frío y se le quedaba el pene del tamaño de un cacahuete, lo que provocaba las risas del equipo de rodaje...

Jim Garry dijo...

No conocía esta anecdota. Cojonuda. Pero estaba presente Dean Martin cuando sucedio? Pagaría por escuchar sus comentarios.

Möbius el Crononauta dijo...

Vaya Akeru, ¡supongo que tienes razón!

Aura, si te refieres a "Canciones que mi madre me enseñó", desde luego hay muchas cosas que no cita, como muchas otras cosas en su vida no la hizo con demasiado interés, pero aun así tiene anécdotas jugosas, y resulta estimulante ver que el ego de este hombre le acompañaba todavía.

Imagino que Dean Martin estaría presente, no sé si comentaría algo pero seguro que se reiría a carcajadas.

Noemí Pastor dijo...

¿Y para qué quería la noble herramienta si tenía músculos y camiseta?

Tío Marvin dijo...

Je, je, muy buena la anécdota. Seguro que el zorro de Dino sacó ventaja mientras tanto de la "convalecencia" de Brando.