martes, 27 de noviembre de 2007

Marciano, vete a casa


A veces lo bueno que tiene un viaje razonablemente largo es que puede dedicarse uno a leer alguna obrita corta de interés. Para mi último viaje decidí llevarme un título de la ya mítica colección de ciencia ficción de la editorial Orbis. Se titula Marciano, vete a casa, y su autor se llama Fredric Brown.

La ciencia ficción ha presentado a los marcianos bajo mil aspectos diferentes (...) pero siempre se evitó cuidadosamente lo vulgar, y lo vulgar resultó ser cierto. En realidad eran pequeños hombres verdes.

Con este fragmento del prólogo de la obra ya se intuye que nos encontramos ante una novela distinta. Con un peculiar estilo humorístico el autor nos relata el choque inicial entre la cultura humana y los alienigenas, y con gran acierto describe cómo la economía, la política y en general toda la vida humana se ven afectadas irremediablemente. Seguro que habréis leído o contemplado muchas invasiones marcianas, pero pocas debían ser como ésta.
Por huir de los tópicos generales, Fredric Brown ni siquiera habla de astronaves o modernas tecnologías. Un simple sistema parecido a la teletransportación permite que millones de marcianitos verdes pueblen la Tierra de un día para otro. ¿Son sangrientos? No realmente. ¿Hostiles? Desde luego. Sus armas no son rayos desintegradores, potentes mandíbulas o imparables androides. No usan ninguno tipo de tecnología. Lo que los hace peligrosos son su mala leche, su capacidad de ir y venir a su antojo, una visión que traspasa paredes y puertas, y una característica curiosa. Son opacos, podemos verles y, lo que es peor, oírles, pero son en cierto modo como fantasmas: no se les puede coger, tocar, ni, por lo tanto, dañar o matar en modo alguno. La temida invasión finalmente es llevada a cabo por un ejército de los marcianos más irreverentes e irritantes que podáis imaginar.
A través de pequeñas situaciones Brown va relatando la invasión y cómo afecta a los habitantes de la Tierra. Hay un personaje principal, Luke Deveraux, un escritor de obras de ciencia ficción, al que seguimos durante la narración mientras se van intercalando imágenes e historias que nos ayudan a comprender el efecto global del molesto ataque marciano. Y detrás de sus palabras podemos vislumbrar una irónica versión de la sociedad, las guerras, la economía, el propio oficio de escritor... por ejemplo, uno de los pocos negocios que se ve beneficiado por la invasión marciana es la venta de alcohol.
Conforme se acerca el final de la novela los pensamientos filosóficos y metafísicos encarrilan al lector a reflexionar sobre la naturaleza de los marcianos y su verdadera procedencia. En realidad el final deja al lector con la duda. Pero, cómo no podía ser de otra forma, hay un posdata del autor que acaba rizando el rizo. Touché.

2 comentarios:

Belén dijo...

Otro apuntado, hijo mio... me falta mucho por aprender y leer...

Besos!!!

elputocriticón dijo...

ja! me ha picado el gusanillo!! lo buscaré y veremos que tal, que la cosa tiene buena pinta..