lunes, 19 de noviembre de 2007

Isquemia


El amarillo pálido se desvanece tras los árboles mientras el azul teñido de oscuridad arrecia entre las olas blancas de la bóveda celestial. Sombras danzan alrededor de la piedra, bajo las ramas, entre las rocas, corretean entre los arbustos y acarician el frío mármol. El día toca a su fin. La lechuza abre sus ojos, mientras los gusanos se retuercen en la tierra húmeda. Negras figuras que la tierra hollásteis, ¿os mostraréis ante mí? Blancos huesos, ¿revelaréis algún día vuestro secreto?
Los dos gigantes guardan la entrada. Incólumes, silenciosos, frente a frente parece desafiarse. Centuriones de piedra que sostienen la espinada corona, son mensajeros del dolor y del recuerdo, de la felicidad eterna, del castigo flamígero, de las voluntades y las debilidades, las grandezas y las miserias.
Las últimas caricias del día se escapan entre las hojas. Las mentes juguetonas y perversas bromean sobre el símbolo fálico que preside el tortuoso camino, mientras, ocultados por el secreto nocturno, pasan por el callado lugar mientras se dirigen a algún lugar apartado, donde, llenos de lascivia, unirán sus cuerpos al son de la flauta de Pan.
Cae la noche. ¿Sueñan los niños con dulces y juegos? ¿Descansan los ancianos? ¿Abraza el hombre a su esposa, feliz de tenerla a su lado? ¿Le besa ella amorosamente, sabiendo que sus sentimientos son correspondidos? ¿Retoza el perro junto al acogedor hogar? ¿Les saludará el sol de nuevo? ¿O por el contrario los pequeños morirán de hambre agotados por el trabajo? ¿Serán dejados los ancianos a su suerte? ¿Dará su amor el hombre a otra mujer y acallará sus desgarradas voces en alcohol y violencia? ¿Será la mujer quién traicione su confianza, será ella su verdugo? ¿Verá el perro la luz del día antes de que su dueño descargue su frustración sobre él? ¿Hay luz en el mundo?
Observad los árboles, contemplad el cielo. Otros más sabios que yo lo expresaron con mejores palabras. Cada día, la humanidad amanece, brilla. Cada día, la noche envuelve a los humanos, les torna oscura. Cada día, a lo largo del ancho mundo, luz y oscuridad dirimen inacabables batallas. Cuando salga el sol de nuevo, el ciclo volverá a comenzar.
¿Somos tierra y ceniza? ¿O somos luz y polvo estelar? Por qué no respondes, frío mármol blanquecino, ajada piedra gris que ante mí te levantas. El viento sopla, y los árboles silban su historia. Han visto ir y venir a muchos hombres. Ojalá fuera capaz de desentrañar su canción.
La mortecina luz apenas si deja ver el nombre escrito en la lápida. Poco importa. Fue un ser humano, que vivió y sintió, amó y odió, trató de ser feliz, hizo buenas y malas acciones, y antes de lo previsto su alma partió, su luz se extinguió. Su cuerpo se tornó inerte.
Las gotas van cayendo. Unas pocas flores empapadas apenas sí embriagan el pesado y húmedo aire. Sus lágrimas se mezclan con la lluvia. El destrozado corazón del hombre seguirá latiendo. ¿Decidirá, desesperado, acompañarla? ¿Cicatrizarán sus recuerdos? Los suicidas no pisan el suelo sagrado.
El joven amante llora a la mujer perdida. Aunque trate de negarlo, tal vez un día vuelva a disfrutar el olor de las rosas, una mirada furtiva tras un abanico, un delicado perfume en la ópera, una nota escurrida en el bolsillo. ¿Quién es capaz de leer las entrañas del destino? Tal vez, y digo tal vez, el hombre que aúlla en las sombras vuelva a ser feliz. Quizás la vida le brinde una nueva oportunidad.
Para mí ya es demasiado tarde. Norte, sur, este, oeste. Mi brazo izquierdo albergó el odio. Mi brazo derecho fue instrumento de la muerte. Mi alma retorcida ansiaba alimento. La droga lasciva inundaba mi mente. Me sacié salvajemente. Qué animal tan terrible puedes llegar a ser, humano.
Arrecia el viento. Sudoeste. Mi cuerpo se balancea sin tocar el suelo. Tendré una erección una vez más. La bendita justicia hizo, por una vez, su trabajo. Le arrebaté a un hombre lo mejor que tenía. Ojo por ojo. Áspera al tacto, pero dulce a los ojos de la gente de bien. La soga hizo bien su trabajo. Sutil ironía. Quizás no sea del todo casual.
No tratéis de buscarme, ya no camino entre vosotros. Mi partida está próxima. Sutil ironía. Balanceándome lentamente, desde el cadalso contemplo el cementerio. Trabajosamente, el joven se levanta y se pone su sombrero. Masculla unas palabras, rompe en sollozos de nuevo. Impelido por su angustia, abandona el lugar tan rápido como puede.
No tratéis de averiguar mi nombre. Recuerdo cierto día en que fui un hombre. Incluso, en las brumas de mi memoria, borrosas imágenes vienen a mí, cuando era yo un niño. También yo entonces perdí a una mujer a la que idolatraba.
Pero aquello ocurrió hace mucho. Recuerdo cierto día en que me convertí en un asesino. La imagen en el cristal se aleja. Apenas puedo ya divisiarla. No espero misericordia. No. Ni siquiera hay nada más allá. Religión… ¡ja! No, no hay nada, ¿lo véis? Sólo oscuridad, no, ni siquiera oscuridad. Quizás, un simple aliento helado en la noche. ¿Quién fui? Apenas sí puedo ver… ¡Ah! Ahí vienen. Vienen a por mí. Si tan sólo pudiera describirlo… es demasiado horrible… ¿Cuál era mi nombre? Me dejo ir… es hora de partir. Perdonadme, perdonadme. Yo... oh, casi... ya no puedo... ¡Señor, apiádate de mi alma! Adiós, adiós…

4 comentarios:

Akeru dijo...

Terriblemente hermosa.

El tiempo se ha ahorcado
en el cadalso de la eternidad.

Sus pies se balancean sobre el rostro de Dios, pero éste mira hacia otro lado.

Besos vampiricos, eterno Moebius...

Möbius el Crononauta dijo...

Hermosas palabras. Creo que aún estoy lejos de la eternidad, pero quién sabe, cualquier noche y un mal mordisco...

Aura dijo...

Veo que no soy la única a quien la contemplación de una obra le lleva de viaje... Y me alegro que sea de la mano de Friedrich.
Vengo de visita y le encuentro muy prolífico. Así da gusto.

Möbius el Crononauta dijo...

Mi actitud hacia el arte podría resumirse en esa frase de Monty Python "No entiendo de arte, pero sé lo que me gusta". El tiempo es limitado y apenas sí manejo unos cuantos nombres, pero el otro día descubri al señor Friedrich, y, como bien dices, me evocó muchas imagenes y pensamientos, y eso no me sucede con todos los pintores.
Gracias por sus candorosas palabras.