miércoles, 3 de octubre de 2007

Operación Valquiria: atentado contra Hitler

Se espera su estreno para el verano de 2008. El director Brian Synger y el actor Tom Cruise se encuentran rodando en Alemania Valkyrie, una coproducción germano-americana que narra los famosos hechos acaecidos un 20 de julio de 1944 cuando un grupúsculo de militares alemanes intentaron, sin éxito, eliminar del mapa a Adolf Hitler. De modo que echemos un vistazo a ese heroico gesto.

“El asesinato se debe intentar, cueste lo que cueste. Aunque falle, debemos actuar en Berlín. Pues el propósito práctico ya no importa; lo que ahora importa es que el movimiento de resistencia alemán debe arriesgarse ante los ojos del mundo y de la historia. Comparado con eso, lo demás no importa". (Fragmento de una carta del teniente Heinrich Graf Von Lehndorff-Steinort al coronel Von Stauffenberg).


Hitler y Jodl

Algunos de nosotros tendemos a concebir la Alemania nazi como un régimen sin fisuras cuyo encumbramiento había obtenido el respaldo de una gran mayoría de la población germana. Sin embargo, fueron muchos los alemanes que se opusieron activamente al partido nacional-socialista. Tampoco cabe olvidar que las primeras víctimas del partido nazi, en los tiempos en que Hitler aún no había tomado el poder, fueron sus adversarios políticos, especialmente socialistas y comunistas. A partir de 1933, con el partido en el poder, aquellos que no habían sido silenciados en cárceles o campos de concentración tuvieron dos caminos a elegir: esperar tiempos mejores o intentar combatir la injusticia.


Hans Oster

La misma disyuntiva se planteó entre los militares alemanes. La Wehrmacht no era, por lo general, un cuerpo fanático y leal como el de las SS, pero es cierto que la gran mayoría de oficiales germanos recibieron con agrado el cambio que significó la subida de Hitler al poder. En los difíciles años de la República de Weimar los veteranos de la Primera Guerra Mundial habían contemplado con desolación el auge del comunismo, la quiebra económica y los desordenes sociales. La promesa de una Alemania grande y unida que aquél joven austriaco traía bajo el brazo era bienvenida entre el cuerpo militar, tradicionalmente un sector social conservador y poco amigo de los progresos.
Hubo, por supuesto, militares que admiraban al Führer con fervor. Entre los militares de recio abolengo, los viejos Junkers prusianos, estaban quienes veían en Hitler a un advenedizo ambicioso y potencialmente peligroso, y otros quizás tampoco le tenían mucha consideración, pero juzgaban necesaria su intervención. Como muchos que le habían ayudado a conseguir el puesto de canciller desde el gobierno de Hindenburg, los hubo quienes creyeron que podrían utilizarle para luego deshacerse de él. Y, en fin, otra gran parte del ejército, que no se posicionaba políticamente, simplemente acogieron con agrado el fin del caos y se dispusieron a acatar órdenes, pues ése era su deber.
Conforme la década de los 30 avanzaba y Alemania se rearmaba ante la pasividad de los gobiernos extranjeros, las tendencias en favor de Hitler fueron creciendo, mientras que un grupo de militares (así como de civiles) cada vez más reducido consideraban que la dictadura nazi era inaceptable. Conforme la política internacional del gobierno nazi se fue haciendo más agresiva elementos del ejército y del servicio secreto (Abwehr) comenzaron a formar grupos de resistencia para elaborar distintos planes con un único objetivo: eliminar al Führer o, en su defecto, apartarle del poder.
Hans Oster, jefe de la Oficina de Inteligencia Militar del Abwehr, y los oficiales Ludwig Beck y Erwin Von Witzleben, se contaron entre los miembros destacados de los primeros focos de resistencia del ejército. Sus planes para efectuar un golpe de Estado se vieron frenados por la falta de suficientes apoyos y por la política apaciguadora de Gran Bretaña y Francia.
Para cuando estalla la Segunda Guerra Mundial son varios los intentos de acabar con la vida de Hitler, la mayor parte llevados a cabo por individuos que actúan en solitario. Abandonos, arrestos, bombas que no estallan, casualidades de todo tipo... por una causa o por otra Hitler salía indemne de aquellos planes. En noviembre de 1939 el dictador daba una charla en Munich. 20 minutos después de haber abandonado el recinto, una bomba hacía explosión. Todo parecía indicar que las palabras del Führer eran ciertas, y que su misión divina le hacía invulnerable.


Von Moltke, detenido

Las rápidas victorias de la Wehrmacht restaron fuerza a los núcleos de opositores del gobierno nazi. Aun así, para entonces grupos como la Orquesta Negra del general Beck o el Círculo de Kreisau de Helmut Von Moltke trabajaban en silencio, contactando con personas de ideas políticas afines y ganando adeptos poco a poco. En el verano de 1941 la Operación Barbarroja significará un cambio en la mentalidad de muchos militares que tiempo atrás no se habrían prestado a concebir un atentado contra el Führer.
A mediados de 1942 los reveses en el frente ruso reavivaron los planes para atentar contra Hitler. Hans Oster y el coronel Henning Von Tresckow confabulan para librarse del dictador mediante un golpe de mano en una de las frecuentes visitas de Hitler al frente oriental. Tresckow en colaboración con el general Friedrich Olbricht lograron camuflar en el avión del Führer una bomba que debía explotar en vuelo mientras el jerarca se dirigía a Smolensk. Sin embargo el explosivo no llegó a estallar. Algún tiempo después un oficial alemán, Rudolph Von Gersdorff, que había trazado un plan para auto-inmolarse y llevarse al dictador consigo fracasa a su vez.
Con las tornas de la guerra cambiando y el hundimiento del frente oriental los conspiradores están más decididos que nunca a evitar una catástrofe. Pero con la guerra en su máximo apogeo las apariciones públicas de Hitler son muy escasas y la seguridad que le rodea es cada vez mayor. La Gestapo y el propio Führer comienzan a mirar con desconfianza al sector militar, y Hitler pasa tu tiempo en la Guarida del Lobo o en su refugio de Berchtesgaden. Si se quería atentar contra el dictador era preciso encontrar a alguien que tuviera un fácil acceso al Führer.
La persona idónea para acabar con la vida de Hitler era un joven oficial a quién el coronel Tresckow había conocido en el verano de 1943. El conde Claus Von Stauffenberg había sufrido una evolución rápida y cada vez más radical; a principio había simpatizado con los nazis, pero progresivamente había comenzado a despreciarlos. Gravemente herido en África, su desprecio hacia el régimen era por entonces total. Sin embargo, no fue hasta el desastre de Stalingrado cuando Stauffenberg se convenció de que Hitler debía ser asesinado.
A finales de 1943 el teniente coronel Stauffenberg fue nombrado Jefe de Estado Mayor en Berlín teniendo a su cargo el Ersatzheer, una suerte de Guardia Nacional alemana. En enero de 1944, tras el arresto de Von Moltke, Stauffenberg se convirtió en el eje principal de la conspiración contra Hitler.


Claus Von Stauffenberg

El Ejército del Interior tenía un plan de acción llamado "Operación Valquiria" para situaciones de emergencia o momentos de crisis que amenazaran la ley y el orden. Fue idea del general Olbricht utilizar ese plan para, una vez muerto Hitler, hacerse con el control de las principales ciudades alemanas y deponer a los dirigentes nazis. Sin embargo, el general Friedrich Fromm, comandante en jefe del Ejército del Interior, podía representar un obstáculo. En una hábil maniobra Stauffenberg entró a trabajar a su servicio. Fromm, como algunos otros oficiales de importancia, conocían o habían oído rumores del complot contra el Führer, pero se mantuvo al margen, sin decantarse hacia uno u otro lado. Permaneció neutral a la espera de los acontecimientos.
Con miembros del Abwehr (bajo el patronazgo del almirante Wilhem Canaris, jefe del mismo) y de la Wehrmacht confabulados, el plan siguió adelante. Muchos militares tuvieron conocimiento de los movimientos que se estaban llevando a cabo, pero optaron por callar. El hecho de que la poderosa Gestapo no entrara en acción ha llevado a varios historiadores a especular con la idea de que Heinrich Himmler conocía los planes de Stauffenberg, pero que aun así no hizo nada por evitarlo.
La Operación Valquiria, una vez muerto Hitler, se desarrollaría del modo siguiente: el Ministro de Propaganda y mano derecha del Führer, Joseph Goebbels, sería detenido. Los principales centros de comunicaciones en Berlín serían ocupados, desde donde se radiarían nuevas instrucciones al Ejército. La misma acción se llevaría a cabo en París y Leipzig. El diplomático Friedrich-Werner Von Schulenburg estaría encargado de obligar al general Von Kluge a entablar negociaciones de paz con el general aliado Eisenhower. El general Beck se convertiría en el nuevo Jefe de Estado.
El nuevo puesto de Stauffenberg le permitía asistir a las conferencias de Hitler, y en dos ocasiones, en julio del 44, el coronel había llevado bombas en su maletín. Esperando cazar también a Himmler o Goering, la ausencia de éstos había provocado abortar los planes. La fecha final fijada para realizar el atentado fue el 20 de julio.
Ese mismo día Hitler volaba al cuartel general de Rastenburg, donde iba a reunirse con el dictador Benito Mussolini. La hora de la conferencia de guerra ese día fue adelantada por ese motivo. Poco a poco los oficiales iban llegando a la sala de conferencias habilitada en una cabaña del cuartel general ya que el búnker estaba siendo reparado. Los asistentes se iban congregando alrededor de una pesada mesa de madera. Debido al fuerte calor las ventanas se habían abierto. Quedaban pocos minutos para un momento que podría cambiar la historia.


El general Olbricht

En la sala de conferencias Hitler preside la mesa. Sentado en el centro de la misma, mira hacia las ventanas abiertas. A su izquierda se sientan el mariscal de campo Keitel y el jefe del Estado Mayor Alfred Jodl. A su derecha el Jefe de Operaciones Adolf Heusinger departe con el general de la Luftwaffe Gunther Korten y el coronel Brandt.
Stauffenberg había llegado a la Guarida del Lobo sobre las once y media. Informado del adelanto de la reunión, pide una habitación para cambiarse. Lleva en su maletín dos dispositivos explosivos. Tras activar el primero, un ayudante le interrumpe. Debe acudir a la reunión.
Tras llegar a la sala de conferencias a las 12:35, es anunciado por el general Keitel. Stauffenberg toma asiento entre el general Heusinger y el coronel Brandt. Pasados diez minutos el conspirador se excusa y sale de la sala, dejando el maletín bajo la mesa. Momentos después Brandt pone el maletín al otro lado de una de las grandes patas de la mesa. ¿Fue ese pequeño cambio lo que salvó la vida a Hitler? Muchos así lo afirman, y creen que la gruesa pata de madera absorvió gran parte del impacto del explosivo.
Mientras Stauffenberg abandona el lugar en su coche oficial, la sala vuela por los aires. Al abandonar la Guarida del Lobo el joven coronel cree a Hitler muerto. Sin embargo, éste tan sólo ha sufrido algunos rasguños y heridas de poca importancia.
Para cuando el avión de Stauffenberg estaba llegando a Berlin el general Erich Fellgiebel, que formaba parte del círculo conspirador y estaba destinado en la Guarida del Lobo, había informado a sus compañeros del fracaso del atentado. Hitler seguía con vida.
El centro de operaciones de los resistentes, el Bendlerblock, se convirtió en un caos. Stauffenberg llamó desde el aeropuerto diciendo que el Führer había muerto. Ante la confusión reinante, y con el plan en marcha, pues el general Olbricht finalmente había despachado las ordenes pertinentes, el general Fromm realizó una llamada a la Guarida del Lobo. Allí Keitel le comunicó que Hitler había sobrevivido, y le preguntó por el paradero de Stauffenberg. Al haberse adelantado la hora de la conferencia, sólo un oficial podía ser el responsable del atentado. Y muy pronto todas las pistas apuntaron al joven coronel.
Stauffenberg y Werner Von Haeften, su chófer, llegaron al Ministerio de la Guerra en el complejo de edificios Bendlerblock poco antes de las cinco de la tarde. Allí Fromm intentó arrestarlo, pero Olbricht y Stauffenberg se lo impidieron a punta de pistola. Mientras, Himmler revocaba todas las órdenes de Olbricht. El Ministerio de Propaganda en la Wilhelmstrasse es rodeado, pero el teléfono no es cortado. Goebbels se comunica con el exterior. Después lanza un mensaje a las tropas comunicando la conspiración que se ha puesto en marcha. A las 19:00 Hitler llama al mayor Otto Remer y le encarga recuperar el control de la ciudad.
Mientras Stauffenberg seguía asegurando que el golpe podía triunfar, toda la operación comenzaba a derrumbarse. En París todo movimiento fue abortado cuando llegó la noticia de que Hitler vivía. Los menos entusiastas comenzaron a pasarse de bando, y las discusiones en el centro de operaciones de la resistencia a favor y en contra de seguir el golpe dividen a los conspiradores.
Al caer la noche todo está perdido. Hitler ha radiado un mensaje para el pueblo alemán informando de lo sucedido. El general Beck se suicida. Fromm, acompañado por una guardia, arresta a los conspiradores reunidos en el Bendlerblock. En el patio del edificio Olbricht, Stauffenberg, Haeften y otro oficial fueron fusilados por orden de Fromm. Pasada la medianoche las SS, al mando del coronel Otto Skorzeny, se hizo cargo del lugar. Fromm fue a ver Goebbels para apuntarse un tanto, pero nada más llegar fue detenido.


Stauffenberg y su mujer

Tras el fracaso del golpe un furioso Hitler clamaba venganza. Los perros sabuesos de las SS al mando de Himmler comenzaron a arrestar a todos aquellos que habían tenido relación con el atentado. El almirante Canaris, el general Halder, el ex-director del Reichsbank... poco a poco los conspiradores fueron cayendo. A muchos se les ahorcó con cuerdas de piano, mientras otros eran ahorcados en ganchos de carnicero. Cartas y diarios de los arrestados llevaron a más detenciones. Conspiraciones anteriores fueron también descubiertas. Una auténtica purga se llevó a cabo en la Wehrmacht. Muchos que apenas si sabían del complot y que simplemente habían tenido contacto con algunos de los conspiradores fueron ejecutados. Todo aquél que hubiera tenido conocimiento del plan fue arrestado. Erwin Rommel, el general favorito del Führer y héroe de la nación, no fue por ello una excepción. Como deferencia, y para evitar golpes en la moral del pueblo, le fue ofrecido el suicidio como una salida digna, si no quería ser ejecutado y que su familia pagara las consecuencias. Tuvo un funeral de Estado con honores.
Se organizaron tribunales populares para juzgar a los implicados, y mostrarlos al pueblo. Durante meses las ejecuciones se sucedieron, hasta casi finalizada la guerra. Miles de personas, militares y civiles, fueron ejecutados como consecuencia del fallido atentado del 20 de julio.
La obsesiones de Hitler y su paranoia llegaron a límites extremos tras la fatídica fecha. Se extremaron las medidas de seguridad, todo aquél que fuera a verle era registrado, nadie podía portar armas en su presencia. Como símbolo de lealtad la Wehrmacht fue obligada a realizar el saludo nazi en vez del saludo militar, y el fanatismo de los seguidores del Führer creció aún más.
Aun así, el atentado fallido de Stauffenberg quedó, como deseaba Lehndorff-Steinort, como prueba para la historia de que hubo personas que trataron de alzarse contra un régimen criminal y opresor que había mancillado la confianza de un pueblo y había provocado escenas de terror difícilmente imaginables.

7 comentarios:

Pollomike dijo...

aurgh! no veas que ganas de verla

Möbius el Crononauta dijo...

Hombre, buenas!

Pues lo mismo digo, esperemos que Cruise (y la película) estén a la altura de las circunstacias. Veremos a ver, veremos a ver...

Míster Chesnutt dijo...

Es curioso como Stauffeberg y los demás organizaron un golpe de estado tan cochambroso. ¡Hacen parecer a Franco un estratega! La gente suele quedarse con la anécdota de la bomba, pero espero que la película refleje todo el entramado conspirativo en Berlín; al final se quedó en nada por la ineptitud de los sublevados, y el ambiente general del ejército reflejado por Manstein: "un mariscal prusiano no se amotina", pero en fin... la historia les ha juzgado.

DarkLord dijo...

bueno, yo vi un documental en History Channel y estuvo bien impresionante, veremos si la pelícual sale cmo debe ser

callexg dijo...

He visto una pelicula que se trata de lo mismo... de hecho vi el trailer de esta donde aparece tom cruise... y hay escenas identicas... la verdad no sé como se llama la otra pelicula, pero me gustaría saber... la pueden encontrar en el Ares...

callexg dijo...

jeje.., acabo de encontrar el nombre... se llama "Stauffenberg, operación valkiria" ... y fué estrenada el 2004... creo que la de tom cruise es una puta copia de esta... aún no veo la de tom, pero con el trailer me bastó...

a todo esto... es muy buena!!!!!!

Heidy dijo...

la pelicula me pareció buenisima...una excelente recreación de lo ocurrido...me mantuvo todo el tiempo a la expectativa de lo que estaba sucediendo...Excelente!