lunes, 8 de octubre de 2007

Brubaker (1980)


Evasiones, injusticias, justo castigo para gángsters y asesinos al final de la historia, casos reales, alegatos en favor de distintas causas... el género carcelario hollywoodiense engloba tantas variantes como usos de las penitenciarías hay en las películas. Algunas veces la totalidad de la historia se desarrolla en una prisión, mientras que en otras ocasiones malutos como James Cagney eran llevados a la silla eléctrica para pagar por sus crímenes. Durante la década de los 50 se comienzan a ver atisbos de cierto cine denuncia respecto al tema carcelario. Títulos como Quiero vivir (1953) o El hombre de Alcatraz (1962) invitaban a una reflexión sobre el sistema penintenciario norteamericano, y de la vida carcelaria en general. Dejando de lado las historias con los viejos pero siempre efectivos tópicos de alcaides implacables, reclusos veteranos y prisioneros que dan de comer a pájaros o ratones, cada vez más se tendía a usar historias reales como base para el mensaje que se quería dar, aún cuando trabajos como el del director John Frankenheimer ayudaron a asentar varios de los tópicos que aún hoy en día podemos encontrar en films como Cadena perpetua.
En la década de los 70 un concienciado Robert Redford estuvo involucrado en varios títulos de denuncia política y social que trataban de abrir los ojos del pueblo norteamericano a la realidad de su país y su entorno, entorno que por entonces era de lo más convulso. Brubaker iba a cerrar una etapa en la filmografía del actor rubio.
Basada en la historia real de Tom Murton, quién a finales de los 60 reformó y denunció el salvaje y corrupto sistema penintenciaro de Arkansas, la película narra la historia de Henry Brubaker (Redford), quién se hace pasar por recluso para analizar desde dentro el estado de la granja-prisión Wakefield. Palizar, torturas, vejaciones sexuales, neo-esclavismo, corrupción... el día a día de los internos es realmente duro.
La primera vez que vi el film era bastante joven, y realmente me impactó contemplar casi por primera vez una violencia tan cruda y real, con una primera media hora de film sumida en una atmósfera realmente sórdida. No sé realmente a quién corresponde el mérito de esas primeras escenas (la película comenzó con Bob Rafelson como director, pero tuvo que ser sustituido por Stuart Rosenberg), pero me inclino a pensar que fue Rosenberg quién las dirigió, pues ya había demostrado su pericia en el género con La leyenda del indomable unos trece años antes.
Aparte de Redford, con una actuación correcta sin más, destaca todo un plantel de secundarios habituales en la época que dan al film una solidez al reparto muy beneficiosa. Y es que aunque hay escenas muy logradas Brubaker no alcanza el nivel de otras películas del género, como la misma La leyenda del indomable sin ir más lejos. Pero nombres como el de Yaphet Kotto, Murray Hamilton, Matt Clark o el oscuro Joe Spinell conforman un elenco de secundarios realmente interesantes. Tal vez no os suenen los nombres pero habréis visto sus caras en más de una ocasión. Quién se ha hecho famoso más tarde es Morgan Freeman, que por entonces aún se hallaba en los comienzos de su carrera en el cine.
Tanto para aquellos que gusten de las películas basadas en hechos reales como para amantes de los films sólidos (y en la década de los 70 ésa cualidad era bastante común) o del género carcelario Brubaker es un título indispensable.

3 comentarios:

Aura dijo...

Oh, recién entro en su blog y descubro una reseña de "Brubaker", película-fetiche para mí que he visionado decenas de veces y una recomendación de "Aphrodite's Child" de cuyo album 666 estoy enamorada... Que grande.

Un saludo ;)

Noemí Pastor dijo...

Yo también la vi en el cine de chavalita y luego cienes de veces en la tele y siempre a gusto.

Rogolagos dijo...

te pasaste...
esta película la tenía olvidada en mi inconciente...

gracias por refrescarla

saludos
como siempre tu blog notable