sábado, 8 de septiembre de 2007

Tiburón (1975)

Durante las dos primeras semanas de julio del año 1916 la costa de Nueva Jersey, un lugar donde que muchas personas elegían como vacaciones y en el que se estaba creando una incipiente industria turística se vio aterrorizada por una serie de ataques de tiburones que se saldaron con cuatro muertes y una persona herida. La ola de pánico fue tal que aquel verano quedó en el inconsciente colectivo norteamericano... entre 1974 y 1975, los Estados Unidos, y muy pronto el mundo, sentirían de nuevo ese terror atávico, aunque esta vez las únicas víctimas fueron los bolsillos de los espectadores y la verdadera naturaleza del tiburón blanco.

A principios de los años 70 el escritor Peter Benchley venía barruntando una historia sobre ataques de tiburones. Su editor le animó a escribir una novela sobre el tema, así que dicho y hecho, Benchley volvió con un libro sin título. Se barajaron muchos nombres, rimbonbantes algunos, chapuceros otros, títulos como "Stillness in the water", "Leviathan rising" o "The jaws of the Leviathan". Con el tiempo agotándose, Benchley y su editor eligieron el menos malo: Jaws.
El libro fue un gran éxito, y los productores de la Universal, interesados por la historia, se hicieron con los derechos cinematográficos por 150.000$. Años más tarde el productor David Brown ha declarado que si hubieran leído la novela dos veces nunca habrían comprado la historia, pues estaba claro que iba a ser muy cara de rodar. Pero la idea de un tiburón aterrorizando las tranquilas playas del Atlántico les encantaba.
La agencia con la que trataron los de la Universal exigió que la dirigiera un director afiliado a su empresa. Los productores, ansiosos por obtener los derechos de la novela, aceptaron. En cierto modo, lo que pasó a continuación es que la Universal se deshizo como pudo de aquel pobre tipo, y se puso a buscar un director de su agrado. Los productores David Brown y Richard D. Zanuck, que habían producido la primera película para el cine de un joven y talentoso director, decidieron ponerle al frente del proyecto. Aquel joven judío había realizado un largo para televisión donde un gran camión perseguía sin descanso a un pobre tipo en su coche. Parecía el candidato ideal para llevar Jaws a la pantalla. Su nombre era Steven Spielberg.
Spielberg había leído la novela y le gustaba, y viendo el paralelismo entre la historia de Jaws y la historia del camión en El diablo sobre ruedas, y no teniendo ningún otro proyecto a la vista, parecía que no tenía nada mejor que hacer.
El escritor Peter Benchley realizó una primera adaptación de su propia novela, a la que Spielberg añadió algunas escenas. Por ejemplo, quería presentar al cazador de tiburones Quint en un cine riéndose a carcajadas mientras contemplaba Moby Dick, de John Huston. ¿Imagináis algo así? Habría sido digno de ver. Pero a Gregory Peck, que tenía los derechos del film, no le pareció buena idea, con lo que esa escena no se pudo rodar. Para completar la historia para la película el guión fue revisado por Howard Sackler, ganador de un premio Pulitzer y experto submarinista. Su contribución hizo que Spielberg acabara decidiéndose a rodar la película. Sackler pidió expresamente no figurar en los títulos de crédito ya que no disponía de tiempo para estar en el rodaje. Otro problema surgió poco después.
A principios de 1975 un contrato con el Sindicato de Actores a punto de expirar puso en aprietos al estudio. Los jefazos de la Universal decidieron que ninguna película se rodaría si no podía terminarse antes del 30 de junio. Con un guión sin terminar, Spielberg puso unas lógicas objeciones al asunto. Un nuevo escritor, Carl Gottlieb, fue contratado como una especie de "chico para todo", que trabajaría en el guión, asistiría a los ensayos, ayudaría en las improvisaciones... en definitiva, estaría allí para cualquier problema que pudiera surgir con la historia.
Spielberg buscaba actores desconocidos para la película, pero los productores insistieron en que se hiciera con un gran nombre. Roy Scheider, que había trabajado en The French Connection y era popular por entonces, fue elegido para interpretar al jefe de policía Brody. Para el papel del oceanógrafo Hooper, y tras barajarse varios nombres, Spielberg, por consejo de George Lucas, le ofreció el papel a Richard Dreyfuss. Al actor le encantó la historia, pero rechazó la película. En sus propias palabras, la razón era que "preferiría verla a rodarla, porque el rodaje será un coñazo". Tiempo después Dreyfuss acudió al estreno de su última película, The Apprenticeship of Duddy Kravitz, y, tras quedar horrorizado con su actuación, decidió aceptar el papel de Hooper. Por último, para el papel del cazador Quint, Spielberg acudió a Lee Marvin, quién rechazó el papel. También se barajon nombres como el de Sterling Hayden (el policía cabrón de El Padrino) o el de Charlton Heston, aunque al final el papel fue adjudicado a Robert Shaw, con quién los productores acababan de trabajar en El golpe. Los otros papeles importantes fueron para Lorraine Gary como la esposa de Brody y Murray Hamilton como el alcalde Larry Vaughn, ¡y es innegable que ese tipo tiene cara de alcalde! Para la escena de los pescadores en el muelle se pensó en contar con Joe Spinell, lo cual habría sido grande, pero al final no pudo ser.


El siguiente paso era, naturalmente, conseguir un tiburón. El director artístico, Joe Alves, comenzó a entrevistarse con diseñadores de efectos especiales sin gran éxito. La gente del gremio no paraba de decirle que hacer un tiburón mecánico de siete metros era prácticamente imposible. Finalmente Alves dio con Bob Mattey, que había construido animales mecánicos en el pasado y que estaba retirado. Mattey respondió que podía hacerlo, así que consiguió el trabajo. Para reclutar al resto del equipo de efectos especiales Alves realizó una búsqueda que él compara con Los 7 magníficos, poco a poco iba encontrando a aquellos que necesitaba.
Un nuevo problema surgió a la hora de buscar unos exteriores adecuados. El lugar ideal resultó ser Martha's Vineyard, un lugar pintoresco y turístico cuyas tenían un fondo arenoso hasta 12 millas mar adentro, con lo que los mecanismos podían funcionar correctamente sin que se viera tierra por ningún lado. Esa fue la razón principal de Spielberg para escoger aquel villorrio. Sin embargo, las gentes de allí no querían un equipo de rodaje en plena temporada alta. La gente de los estudios tuvieron que convencer a las fuerzas mayores del pueblo que todo permanecería como antes de que llegara la gente de Hollywood.
Un lugareño llamado Craig Kinsbury tuvo un papel importante tanto dentro como fuera de la película. Según Spielberg era la versión local del personaje de Quint, y el director le animó a participar en la película, escribiendo sus propias frases. Además, fue la inspiración para frases de otros personajes, como cuando Quint dice "esto no es como salir a pescar percas o bacalaos".
El rodaje, que comenzó alrededor del comienzo del verano de 1974, iba a alargarse lo inimaginable, surgiendo problemas por todas partes. Muchas tenían que ser rodadas en alta mar, con lo que colocar las cámaras, calcular ángulos, preparar barcos y actores era toda una odisea, ya que nada permanecía en su lugar, y no paraban de cruzar barcos y veleros en el horizonte.
Otro problema fue el tiburón mecánico. Se había construido un gran tiburón completo (al que Spielberg llamaba "Gran zurullo blanco") y dos tiburones sesgados para rodar planos desde la izquierda o desde la derecha. Aunque para la secuencia inicial Spielberg había decidido ocultar al tiburón de modo que sólo se vieran las sacudidas de la víctima en lo que fue un gran acierto, la pura verdad resultó ser que el tiburón no funcionaba. En la primera prueba del muñeco mecánico en agua la pieza se fue al fondo del agua y tuvo que ser rescatada por unos hombres rana. Como recuerda Richard Dreyfuss en el documental Dentro del tiburón, por las radios del equipo de rodaje no paraba de oirse la frase "el tiburón no funciona". En lo que es ya una historia legendaria de Hollywood, los fallos con el tiburón acabaron beneficiando a la película, ya que tener al monstruo en pantalla todo el tiempo habría convertido a Tiburón en una película de terror con monstruo al uso. Siguiendo el viejo axioma del personaje de Kirk Douglas en Cautivos del mal, la gente teme aquello que no ve. Y Tiburón es una buena prueba de ello.
Se decidió que sería impactante tener imágenes de tiburones reales en la película. Se contactó con una pareja que había trabajado con tiburones blancos para rodar las escenas bajo el agua. El problema era que los tiburones normales medían 3 o 4 metros y no eran tan gigantescos como en la película. En una decisión bastante Spinal Tap se construyó una jaula pequeña y la Universal mandó a un tipo bastante bajito que ni siquiera sabía bucear para que se metiera dentro de la jaula. Las mejores escenas fueron rodadas cuando un tiburón quedó enganchado con la jaula y la hizo trizas. Como las tomas eran tan buenas, y al no haber nadie en la jaula, se cambió el guión para aprovechar esas escenas.


En otro momento del rodaje el barco de Quint, el "Orca", casi se fue a pique, y mientras todos se preocupaban de salvar a los actores nadie pareció acordarse del técnico de sonido. ¡Es el sistema de clases hollywoodiense!
Mientras el rodaje se alargaba y el tiburón no acababa de funcionar, la relación entre algunos miembros del equipo no era demasiado buena. Robert Shaw y Richard Dreyfuss no se soportaban, lo que redundó en sus respectivas interpretaciones en la película. La tensión entre Quint y Hooper era más real de lo que pudiera parecer a simple vista.
Robert Shaw era un tipo con carisma, no siempre fácil de tratar, y su personaje era un tipo desagradable. Mientras Quint, Hooper y Brody cargan las cosas en el "Orca", Spielberg pidió a Shaw que intentara molestar en lo posible a Lorraine Gary, que interpretaba a la mujer de Brody. En una de las tomas a Shaw le vino a la mente un poemilla, que en inglés reza así:

Here lies the body of Mary Lee;
died at the age of a hundred and three.
For fifteen years she kept her virginity;
not a bad record for this vicinity.

Cuando Spielberg, preocupado por los derechos de autor, le preguntó de dónde lo había sacado, Shaw le respondió que lo había visto en una lápida en Irlanda. No fue la única improvisación feliz. Una de las frases más celebradas del film, "We're gonna need a bigger boat", fue improvisada por Roy Scheider al rodar la escena. Prácticamente ya es una frase hecha en los EEUU, lo que demuestra el gran impacto que tuvo la película.
Una de las escenas más famosas de Tiburón fue un mero producto del guión. Ni efectos especiales ni tiburón por medio. Es el famoso relato de Quint del hundimiento del USS Indianapolis.
La escena tenía su origen en un pequeño párrafo escrito por Howard Sackler. Spielberg quería alargar el discurso, con lo que contactó con John Milius para que añadiera más frases. Milius le envió a Spielberg un montón de páginas de las que se hizo un resumen. Entonces esa parte del guión fue entregada a Robert Shaw. El actor era también escritor, y entre su obra se contaban novelas y una obra de teatro. Shaw reescribió parte del guión, con lo que el fabuloso relato del USS Indianapolis fue el resultado del trabajo de tres grandes escritores. No es de extrañar que para muchos ésta sea la escena favorita de Tiburón.
Según se alargaba el rodaje, el "departamento de defectos especiales" (como lo apodó Spielberg) quería parar el rodaje para perfeccionar el tiburón y otros efectos, pero los productores temían que se cancelara todo el proyecto. Con todo el equipo subiéndose por las paredes, en una cena benéfica de gala Roy Scheider comenzó una guerra de comida que acabó con los alimentos lanzados por los aires en toda una batalla campal de comida entre el equipo.
Por suerte a la hora de rodar las escenas finales el tiburón comenzó a funcionar, con lo que se pudieron completar los ataques del tiburón partiendo el barco en dos y subiéndose encima, y la escena final donde vuela por los aires. Para la muerte de Quint se había pensado en un destinos similar al del capitán Ahab de Moby Dick, con Quint arponeando al gran tiburón y viéndose arrastrado por él a las profundidades del mar, pereciendo ahogado. A Spielberg no le gustó y lo cambió por el final que todos conocemos. El tiburón vuela por los aires y mientras se hunde oímos un extraño rugido que no es sino un rugido de dinosaurio de una vieja película que el director ya había usado para el final de El diablo sobre ruedas.
Muchas escenas en alta mar fueron filmadas cámara en mano, aunque como afirma el director de fotografía, la cámara muchas veces se apoyaba en las piernas, brazos u otras partes del cuerpo. Spielberg se aseguró de intentar rodar siempre a la misma altura del agua, para dar la sensación al espectador de estar bañándose en aquellas sangrientas aguas. Por otra parte, antes de comenzar el rodaje se aseguró de que el director artístico no usara el color rojo en ningún diseño. El único rojo que quería Spielberg era el de la sangre. Son pequeños detalles, que pueden parecer tontos, los que pueden llegar al espectador de forma subconsciente.
En otra gran escena, mientras el jefe Brody vigila la playa sentado, Spielberg quería haberla rodado en una toma contínua. Finalmente elaboró la escena desde el punto de vista de Brody, siguiendo un enfoque de observación-reacción: mientras cuerpos de bañistas se cruzan por delante de la cámara, el plano va cambiando y vemos lo que ve Brody para luego ver su reacción. Una ejecución realmente brillante. Cuando el sheriff finalmente se da cuenta de lo que pasa, Spielberg le dio la vuelta a un innovador truco de cámara por Hitchcock en Vértigo, avanzando con la cámara mientras se amplía el plano con el zoom.


Junto con el montaje de la veterana Verna Fields, a quién el director llamaba "madre montaje", y de quién seguramente aprendió algún que otro truco, es indudable que gran parte del éxito de la película proviene de su banda sonora.
El aclamado compositor John Williams, que parece que hace tiempo que duerme en los laureles, saltó a la fama por su trabajo en ésta película, ganando un merecidísimo premio de la Academia. Aunque cuando le enseñó al piano por primera vez a Spielberg lo que había compuesto el director se pensó que bromeaba.
La partitura de Williams tiene dos funciones: acompañar al tiburón , como si en cierta forma mostrara su estado de ánimo en cada escena, o si se mueve rápido o lento, o si sube a la superficie o se aleja, y, por otro lado, anunciar al espectador su presencia. Con ésto último se conseguía un efecto doble, ya que si vemos la película pronto asociamos la presencia de esa inquietante música a la aparición de la criatura, con lo que cuando ésta emerge sin música previa el susto es aún mayor. La composición de Williams ha quedado en la imaginería popular asociada al cine de terror, como lo fue en su día la música de Psicosis.
Y es que si con esa cinta Hitchcock revolucionó en su día el género del terror poniendo de moda la figura del psycho, con Tiburón Spielberg marcó un antes y un después en las películas con criaturas terroríficas, siendo copiada hasta la saciedad. Todas las películas del género que la han seguido son hijas de Tiburón.
La película, estrenada en el verano de 1975, barrió las taquillas de todo el mundo, y se convirtió en la cinta más taquillera de todos los tiempos hasta la llegada de Star Wars. Y no sólo eso, es además un film impresionante, magníficamente rodado, y cuyo reconocimiento tardó en llegar. Igual que le pasara a Hitchcock en su día, el éxito de la obra de Spielberg entre el público le ha restado credibilidad, pero para mí sus mejores películas resisten el embate ante casi cualquier clásico que podáis recordar.

Leer critica de Tiburón en Muchocine.net

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