lunes, 13 de agosto de 2007

Historia de los videojuegos pt.2: La Edad de Oro del arcade

En 1979 la tecnología de los videojuegos y las consolas seguía avanzando a pesar de que el mercado había pasado por un pequeño periodo donde la euforia del público había descendido. Aun así, las compañías de videojuegos seguían investigando para ofrecer el mejor producto posible y hacerse con el mayor trozo posible de la tarta de los videojuegos.

Dos años antes, en 1977, Atari había lanzado su primera consola programable basada en el funcionamiento de los cartuchos. En vez de tener toda una consola para un solo juego, los cartuchos permitían una mayor interacción y variedad, que era lo que el público buscaba. Mientras, Magnavox lanzaba su Odyssey 2 (con teclado incluido), y en 1979 la empresa de juguetes Mattel entraba en el mercado con su Intellivision. También ese año Atari lanzaba ATari Football, un juego con controles basados en el sistema de trackball (como el que usan los ratones hoy en día) y el primer scroll (movimiento a través de la pantalla con bordes más allá de los límites de ésta) suave. En las salas recreativas Space Invaders seguía provocando pasiones.

Sin embargo una de las siguientes revoluciones en el mundo de los videojuegos se había gestado en 1976, cuando dos jóvenes (el tercero pronto desapareció de la escena), un ingeniero informático, Steve Wozniak, y un técnico, Steve Jobs, que había trabajado como espía para Nolan Bushnell en Atari (Jobs informaba a Bushnell de los nuevos proyectos que se traían entre manos los ingenieros) fabricaron en casa de los padres de Jobs una primitiva versión de un ordenador (básicamente una caja de circuitos). Comenzaba así la legendaria historia de la compañía Apple.

El Apple II

Alrededor de 1978 tres ordenadores personales, más parecidos a lo que conocemos hoy como un PC (con teclado, carcasa y monitor) competían entre sí por liderar el mercado de los ordenadores personales: Tandy’s Corporation con su TRS – 80, Commodore y su PET y el Apple II, que aventajaba a sus homólogos con unos flamantes gráficos en colores. Atari intentó entrar en el mercado con su propio ordenador, pero asociada su nombre al mercado de los videojuegos, su PC pasó sin pena ni gloria. Pero los ordenadores personales pronto tendrían un papel importante en la historia de los videojuegos.

Líneas de vectores, iniciales y puntuaciones (las “high scores”), colores en 8 bits, voces humanas, mundos virtuales, colores RGB en tres canales… La tecnología crecía mientras los géneros de los videojuegos se multiplicaban. Deportes, carreras, arcade, disparos, juegos en primera persona con Defender incluyendo el primer mundo virtual, todo valía para intentar copar el creciente mercado del entretenimiento informático. Era la Edad de Oro de los juegos de arcade, esto es, las máquinas recreativas. Al mismo tiempo las consolas de todo tipo intentaban llevar ese mismo entretenimiento a los hogares de todo el mundo.

Tras Space Invaders la siguiente bomba de los videojuegos volvió a venir desde Japón. Namco creaba Pacman, donde una cabeza amarilla que no paraba de comer se movía por un laberinto eludiendo a unos fantasmitas de colores. Cuando Midway Games distribuyó Pacman en Estados Unidos rompió récords de ventas, con más de 100.000 unidades vendidas. Además, camisetas, serie de dibujos y comics con el amarillo personaje siguieron al popular videojuego. En 1982 Atari lanzaba su propia versión de Pacman.

Pero ya por entonces Atari, la compañía que había batido récords de todas las clases en Estados Unidos, había entrado en crisis. En lo que años después Nolan Bushnell calificó como un error, el fundador de Atari había vendido la compañía a la todopoderosa Warner por 26 millones de dólares. Aunque los iniciales 500 dólares de Bushnell habían resultado muy rentables, los nuevos directivos de la Warner pronto comenzaron a cambiar la cultura corporativista y líneas de producción que habían hecho de Atari la primera compañía de videojuegos. Un descontento Bushnell dejaba Atari en 1979. Ese mismo año David Crane y otros ingenieros y diseñadores descontentos abandonaban también Atari para formar su propia compañía, ActiVision. Tras dos años de pleitos consiguieron los derechos para crear sus propios videojuegos. Un gran número de ingenieros de Atari se largaron a ActiVision, donde eran mejor considerados y donde se reconocía su labor y su autoría en los créditos de los juegos.

En 1980 la compañía japonesa Nintendo, que tradicionalmente se había dedicado a la fabricación de naipes, ponía los pies en Estados Unidos con Nintendo of America, cuyos primeros lanzamientos fueron un fracaso. Un desesperado empleado de los tres que formaban Nintendo of America se volvió loco cuando desde Japón le llegó un extraño juego protagonizado por un gorila. Creía que allá en el Lejano Oriente se habían vuelto locos.

Un joven japonés que de niño amaba dibujar, leer y crear mundos de fantasía en los bosques cercanos a su casa, había entrado a trabajar en Nintendo como artistas por mediación de su padre. La sorpresa de aquel joven artista fue monumental cuando Nintendo le pidió que diseñara un nuevo juego que rompiera el mercado norteamericano. El joven, que no sabía de ordenadores ni videojuegos, comenzó a investigar y visitó salones recreativos y estudió decenas de videojuegos. Creyendo que aquellos juegos podían ayudar a expresar sentimientos y contar historias, el joven dibujó un boceto con una pequeña historia. Un gorila escapa de una jaula, rapta a una chica y escapa. Un hombre con un martillo le persigue para rescatarla. Para ello tiene que esquivar varios barriles. Había nacido Donkey Kong.


Donkey Kong

Shigeru Miyamoto, genio creativo y visionario, considerado el padre de los videojuegos modernos, iniciaba con ese gorila una de las sagas más exitosas de la historia de los videojuegos. Cuando desde el departamento técnico le dijeron que tenían problemas con el pelo del hombre al caer, Miyamoto le añadió una gorra y resolvió el problema. Más tarde, el joven cogió su guitarra y compuso la música para el videojuego. Donkey Kong estaba listo y fue enviado a los Estados Unidos. Allí, el confundido trabajador decidió poner a prueba el juego instalándolo en un bar. Al día siguiente comprobó que la caja de monedas estaba llena. Se dio el visto bueno y Donkey Kong significó un enorme éxito para Nintendo, que recaudó sólo en Estados Unidos cerca de cien millones de los actuales euros.

ActiVision, la compañía de los diseñadores fugados, se marcó otro gran tanto en 1982 con Pitfall!, que vendió cuatro millones de copias. Fue el mayor éxito que tuvo la consola Atari 2600, la sucesora de los VCS.

Tras los enormes éxitos de Donkey Kong y Pitfall!, compañías de videojuegos, compañáis electrónicas o compañías de otro tipo se vieron envueltas en una febril sucesión de lanzamientos de nuevos videojuegos que la mayoría de las veces eran de una calidad lamentable, siendo además en muchos casos meras copias de otros juegos ya existentes.

En julio de 1982 Atari se hacía con los derechos de la película E.T. El extraterrestre. Su director, Spielberg, quería lanzar el videojuego esas mismas Navidades. Sin apenas tiempo para diseñar y crear el juego, Atari acabó publicando un videojuego cutre lleno de gráficos espantosos y errores de diseño. De las cinco millones de copias hechas apenas se vendieron unas cuantas. Fue uno de los mayores fracasos en la historia de los videojuegos. En lo que se convirtió en especie de leyenda urbana (aunque es cierta) y en una metáfora de lo que la industria de los videojuegos iba a sufrir, Atari ordenó que todos los cartuchos del E.T. que no se habían vendido fueran sepultados en el desierto de Nuevo México. Toda una época de éxitos de los videojuegos estaba a punto de terminar.

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