domingo, 12 de agosto de 2007

Historia de los videojuegos pt.1: De la prehistoria a Space Invaders


Siempre en constante evolución, siempre cambiando, cuesta seguir el ritmo. Se facturan miles de millones, ocupan millores de hogares y entretenienen a millones de personas en todo el mundo. Los videojuegos. La última forma de entretenimiento cuya última revolución, la Wii de Nintendo, significará probablemente un nuevo capítulo en un invento tan inútil como divertido.
Pasé gran parte de mi adolescencia y juventud con los videojuegos, no tanto como otros, y aun así tal vez les dedicara demasiado tiempo, pero lo cierto es que pasé muchas horas delante de un PC. Ahora de vez en cuando retorno a algún juego, o, ahora que hace poco por primera vez una consola ha entrado en mi hogar, echo alguna partidilla. Pero por lo general ahora ocupo mi tiempo con otras cosas.
Allá por los 80 a mi hermano le regalaron un Spectrum que apenás duró unas semanas. Luego dejó de funcionar. Fue el primer contacto de la familia con la tecnología revolucionaria del videojuego. Y allí acabó. Pero recuerdo con cariño las cintas, los extraños colores, los sonidos chirriantes del juego cargándose (¡podías estar allí horas! ¡realmente primitivo!), el extraño lenguaje de programación (¡REM! ¡NEXT! ¡INPUT! ¡POKE!), míticas revistas como Microhobby o Micromania... Si pudiera haría el experimento de poner a algún joven apasionado de la PSP y esas cosas ante un juego de Spectrum... seguramente sería como intentar sentar a Fernando Alonso al volante de un Ford T.


Lo cierto es que la historia de los videojuegos puede llegar a remontarse a épocas tan lejanas como los años 40. Incluso muchas de las empresas que se dedican o dedicaron al sector de las consolas y juegos informáticos fueron fundadas a finales del siglo XIX. Aunque a aquellos primeros prototipos es difícil darles el nombre de videojuegos.
Los primeros conceptos de juegos virtuales fueron desarrollados en el campo militar, a modo de simuladores para probar el posible comportamiento de armas, misiles, etc. En 1948 un misil que se disparaba a un objetivo era plasmado a través de un tubo de rayos catódicos. A principios de los 50 Christopher Strachey creaba el primer programa para ejecutar un juego, en este caso de damas, mientras que A.S. Douglas desarrollaba un programa llamado OXO para un juego de tres en raya. Por aquellos tiempos lo más parecido a un verdadero videojuego fue el Tennis for two de William Higinbotham, consistente en unos resortes y un osciloscopio, que había sido creado como entretenimiento para los visitantes a un laboratorio.


Tennis for two

Mientras una empresa que proporcionaba entretenimiento a los soldados estadounidenses de Japón, Service Games, se unía a otra empresa que importaba cabinas de fotos automáticas, Rosen Enterprises, formando la corporación Sega, los ordenadores conocían una etapa de desarrollo nunca vista hasta entonces. En los años 60, cuando Sega comenzaba a producir juegos mecánicos de toda índole, miles de estudiantes, profesores y científicos comenzaban a explorar las posibilidades que los nuevos ordenadores, más pequeños y manejables que las primitivas y gigantescas versiones, ofrecían para cualquier posible aplicación a la vida humana.
A principios de esa década en el Instituto Tecnológico de Massachussets varios amigos experimentaban con los nuevos ordenadores PDP que traian un monitor incorporado. De su trabajo surgió Spacewar!, un juego donde dos jugadores controlaban cada uno una nave que podían mover y que disparaba torpedos a su enemigo. Al cabo del tiempo decidieron incluir el juego con cada ordenador PDP que se fabricaba. Se daba así el primer paso hacia una incipiente industria del arcade.
En bares y sitios de ocio hacía décadas que se podía disponer de máquinas como el pinball o máquina del millón con las que se podía jugar introduciendo una moneda. La primera máquina (lo que se ha conocido por aquí como máquinas recreativas o maquinitas) basada en un juego de ordenador fue una versión del Spacewar! llamada Galaxy Game que fue colocada en la Universidad de Stanford. Otro bloque más del comercio con videojuegos había sido encajado.
Aunque el mundo parece considerar a Nolan Bushnell, fundador de Atari, como el padre de los videojuegos, lo cierto es que, tras una controversia que llegó a los juzgados, se demostró que un jefe de una sección de diseños de una subcontrata militar se le había adelantado en unos cuantos años.
Ralph Baer, diseñador de televisores, cuya idea databa de los 50, no tuvo oportunidad de ponerla en práctica hasta mediados los sesenta. Su concepto era el de crear una especie de televisión interactiva. Sentado en una parada de autobús en un viaje de negocios, la inspiración vino a él y al llegar a su casa escribió un memorando donde desarrolló su proyecto. Con una variedad de juegos de persecución, deportes y otros géneros, Baer inventaba la primera videoconsola. Llamada por él simplemente como "caja marrón", el invento estuvo listo en 1968. La empresa Magnavox se interesó por aquella extraña televisión con cables y aparatos, y en 1972 la primera consola, Odyssey, era lanzada al mercado con un paquete de 12 juegos, a cada cual más primitivo, entre ellos uno de ping pong. Un haz de luz permitía hacerte con un rifle y disparar a una pantalla. Una gran revolución técnica de la que Wii es en cierto modo deudora.
Por entonces un joven que trabajaba en la zona de Psilicon Valley, Nolan Bushnell, tenía una idea para un videojuego, y dado que la empresa donde trabajaba no iba a darle lo que quería, se largó para fundar su propia empresa, Atari. Con una suma inicial de 500 dólares, el joven buscó a otros como él, gente rebelde y de gran inventiva, para que le ayudaran. Con unas cuantas mentiras (Bushnell afirmó que tenía un contrato para vender su juego a la General Motors) un sueldo medio y unas cuantas acciones de la empresa el fundador de Atari contrató a su primer ingeniero, Al Alcorn. Por entonces, en 1972, Atari estaba formada por tres personas.
El considerado como el verdadero primer videojuego de la historia, Pong, comenzó como un proyecto de prueba en un pequeño taller. Dos palas, una pelota y un ángulo de rebote era todo lo que hizo falta para tener un juego entretenido. Para probar si la gente disfrutaría con aquello, Bushnell y Alcorn decidieron instalar su prototipo en un bar cercano. Lo pusieron en una caja de madera, utilizaron maquinaria de un caballito mecánico para niños para recoger las monedas, y lo colocaron sobre un barril. Los dos ingenieros se sentaron a beber y a observar.
La escena debió ser curiosa. Un intrigado parroquiano introdujo una moneda y trató de averiguar como iba la cosa. Fue probando hasta que se hizo con la mecánica del juego. Pronto un grupo de clientes se pusieron a su alrededor a mirar (¿os suena la escena?) como jugaba con aquella máquina. Alguien preguntó como se captaba la señal de la televisión con aquello. La gente hasta entonces sólo podía relacionar una pantalla así con la televisión.
El éxito de la máquina de Pong fue rotundo, con lo que Bushnell se decidió a fabricarla en serie. Compró una pista de patinaje en desuso y allí montó la fábrica. Entre los primeros empleados había gente con la condicional y extraños tipos. Pero la cosa fue adelante y pronto se hicieron 10.000 unidades sólo para Estados Unidos. El éxito fue aun mayor cuando Atari desarrolló una versión doméstica. Ninguna juguetería se interesó, pero el departamento de deportes de unos grandes almacenes encargó 150.000 unidades para las Navidades de 1975. Un poco de publicidad, un diseño elegante y el resto es historia. Las unidades se agotaron en poco tiempo.
Bushnell siguió trabajando para llenar con sus productos los salones recreativos. Animaba a sus ingenieros a presentar ideas, lo que él llamaba "ideas locas", cualquier clase de idea. Algunas salían adelante y se creaban nuevos juegos. Atari crecía a la velocidad de las naves de sus videojuegos.

La versión doméstica de Pong

Por entonces surgió la polémica con Baer, quién afirmaba haber sido el primero en crear el juego de ping pong y la consola de videojuegos. Lo cierto es que Baer había patentado primero su invento. Tras una demanda legal, Atari llegó a un acuerdo económico con Magnavox y consiguió una licencia. Pero una nueva amenazá surgió en el horizonte.
Taito, fundada en 1953 por Michael Kogan en un Japón que comenzaba a recuperarse económicamente, comenzó como importadora de máquinas expendedoras y jukebox. De esa empresa surgía en 1973 la Taito Corporation, que pronto se introdujo en la industria de los videjuegos. Cinco años después, y de mano de un ingeniero japonés, Toshihiro Nishikado, Taito lanzaba Space Invaders, un juego donde había que destruir alienígenas. El éxito del juego en Japón fue tal que provocó una escasez de monedas de cien yenes. En poco tiempo Space Invaders se convertía en una sensación mundial. Atari, que ya había comenzado a tener rivales en empresas como Bally Manufacturing, Nutting, Gremlin o Sega (que lanzaba el primer videojuego de boxeo de la historia, Heavyweight Champion), se vio en un serio compromiso con Space Invaders. Su respuesta sería Centipede, de 1980. En 1978 el juego Death Race de una pequeña compañía, Exidy, provocaba la primera protesta por la violencia de un videojuego.
El éxito de Space Invaders llevó a centenares de empresas de todo tipo a fijarse en aquel nuevo mercado que tanto dinero estaba haciendo. Comenzaba así una nueva etapa de rivalidad feroz en el mundo de los videojuegos, donde si una empresa quería sobrevivir debía investigar y reinvertarse a sí misma en cada lanzamiento.

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