viernes, 13 de julio de 2007

Historias de la radio (1955)

Bueno creo que ya es hora de hablar un poco sobre cine español, que no cine de habla hispana. De momento me ceñiré al cine de la vieja metrópoli, que es el que domino mejor.

Habrá muchos que se identifiquen o suelan gustar de las películas que se hacen en la piel de toro, lo cual no es mi caso. Aunque por lo general el cine europeo ahora mismo goza de mejor salud que el norteamericano, lo cierto es que la industria cinematográfica en España es un desastre, y así es muy difícil hacer nada digno de mención.
Personalmente creo que tras la Guerra Civil sobrevino un período donde la carencia de medios y el penoso panorama nacional avivaron la imaginación dando lugar a una serie de títulos irrepetibles que conformaron una edad dorada de nuestro cine que dudo que se repita. Desde mediados los 40 hasta finales de los 50 y los primerísimos 60 se rodaron verdaderos clásicos ante los cuales las cintas actuales palidecen de lo malas que son, con contadas excepciones.
En fin, ya divagaré sobre esto otro rato. Ahora quiero hablar de una película de Jose Luis Sáenz de Heredia que vi ayer. Historias de la radio se estrenó en 1955, y fue un título muy popular en su época. Se trata de una comedia ligera con alguna pizca de drama, una película inocente de las que gustaban al público de entonces y no molestaban al Régimen. Vamos, que no tiene la mala leche de Plácido.
La cinta, aunque protagonizada por Paco Rabal, se trata en realidad de una serie de historias que nos acercan al mundo de aquellos años dónde la radio era fuente principal de entretenimiento y noticias. Inspirada o basada en programas de aquellos días, vemos desfilar programas de gimnasia, algún apunte de los viejos seriales y sobretodo los populares concursos radiofónicos de la época, patrocinados por marcas de sopa o jabón, y en las que el español de a pie podía, si tenía suerte, embolsarse unas cuantas pesetas con las que matar el hambre o tapar algunos agujeros.
Destaca, para empezar, la historia protagonizada por Pepe Isbert, un actor en cuyo talento podrían ahogarse todas las estrellas del cine español actual y las promesas que queden por venir. Ver primero a Isbert vestido de esquimal tiene su coña, ayudado por un jovencísimo Tony Leblanc, aunque luego en un "speech" de órdago nos recuerda el gran actor dramático que fue, como quedó demostrado en El cochecito. El segundo momento memorable es de la última historia, que incluye la combinación pueblo remoto + niño enfermo + madre que no puede pagar la operación. Después de que haya colaborado todo el pueblo (ya he dicho que ésta es una feliz película prototípica) aún faltan dos mil pesetas, con lo que el maestro del pueblo se va a un concurso de la radio de preguntas y respuestas. Todo va bien hasta que un productor malo le da al presentador una pregunta muy difícil para que no se lleve tanto dinero. La delirante escena que viene a continuación se convirtió en un clásico de la historia del cine patrio. Y así acaban todos, felices y contentos y con dos aficionados a la gimnasia en extraña postura. Entrañable.

2 comentarios:

Tío Marvin dijo...

He leído por ahí que la escena con la que arranca "Días de Radio", de Woody Allen, es calcada a una escena de esta peli. ¿Es eso cierto?

Möbius el Crononauta dijo...

Pues las similitudes están ahí, sí. En "historias de la radio" una de las partes tiene el mismo planteamiento que la escena inicial de "Radio Days" del bueno de woody. ¿Plagio?¿Homenaje encubierto? ¿Coincidencia? Eso ya no lo sé, pero vamos, que sí hay un parecido razonable.