viernes, 20 de julio de 2007

El primer hombre de Roma



Hará unos 20 años cuando una serie de televisión causó furor en este país, sobretodo entre amas de casa y demás personas afines a los culebrones, dramas y demás seriales. El pájaro espino narraba la historia de un sacerdote que de buenas a primeras se ve ante el dilema de sus votos religiosos y el amor por una mujer.
A pesar de dicha popularidad, la autora de la novela en la que se basó la serie siguió prácticamente en el anonimato, y tan sólo los fans más acérrimos de la serie y la novela y otros locos apasionados de la novela histórica podrían citar su nombre. Estoy hablando de la escritora australiana Colleen McCullough.
Yo me encuentro entre los segundos, seguramente junto a Rober Graves la australiana es la principal razón de que me haya aficionado a ese género tan popular en esta última década conocido como "novela histórica". Creo que recordar que alguien me habló de su trabajo, o tal vez fuera pura curiosidad, el caso es que tenía una novela suya por casa y le di una oportunidad. Lo que allí me encontré fue una obra apasionante, de esas que a uno le cuesta dejar de leer para hacer otra cosa. Casi podría decirse que devoré, literalmente, aquellas páginas.
La obra en cuestión era El primer hombre de Roma, y coinicidió que era la primera de varias novelas que conformaban una saga sobre el convulso período republicano de la antigua Roma, más concretamente el final de la vieja República consular.
El primer hombre de Roma nos acercaba mediante diferentes historias y puntos de vista asociados a distintos personajes al auge del ambicioso Cayo Mario que significaría, a la postre, el comienzo del fin para la aristocracia romana. La novela comienza con una misma escena observada por Cayo Mario, un político de provincias cuya está estancada debida a su condición social, y Lucio Cornelio Sila, un aristócrata de rancio abolengo pero arruinado a causa de las malas gestiones de su padre. Ambos personajes serán los protagonistas de El primer hombre de Roma y las siguientes novelas hasta la aparición en escena de Julio César, que pondrá todo de patas arriba y conducirá a la vieja Roma hacia el comienzo del Imperio.
Con un ritmo trepidante y un estilo directo y (dentro de la complejidad de lo narrado) sencillo, McCullough se aprovecha de las ventajas que ofrece el periodo y nos lleva a una Roma llena de conjuras políticas, rivalidades, envidias, revoluciones sociales, guerras y sexo, sexo a la romana. Diálogos fascinantes, históricos y documentados algunos de ellos, personajes dotados de gran fuerza (en ocasiones, dotados, simplemente), y mujeres tanto sensuales como inteligentes y ambiciosas, capaces de todo por amor y también por su propia ambición. Probablemente un hombre habría encontrado difícil crear personajes femeninos de semejante fuerza.
Aunque hable de la primera novela, El primer hombre de Roma es un titulo que sirve para toda la saga, y a quién le guste el primer libro encontrará difícil no hacerse con el resto de novelas. Al final y al cabo, aparte de la caida de la República, lo que se nos muestra en el transfondo de la saga romana es la lucha de los grandes personajes romanos por alzarse entre sus coétaneos como el salvador de la Patria, ser el romano más poderoso de su tiempo, lo que venía a conocerse como ser un "primus inter paris".
Si la novela histórica tiene una ventaja principal, la de poder basarse en hechos, fascinantes en su mayoría, que son reales y han ocurrido y están documentados en muchas ocasiones, la posible gran desventaja es que la visión dada por el autor sea errónea o directamente sea falsa. Determinados periodos históricos son bien conocidos, mientras que otros tienen huecos que han de ser rellenados. Y aun así siempre habrá diferentes puntos de visto sobre un mismo hecho o un mismo escrito. Debido a la gran popularidad de las novelas históricas, se publican títulos constatemente, y muchos estarán mal escritos o mal documentados, o en el peor de los casos, las dos cosas.
El gran acierto de McCullough ha sido el de haberse documentado concienzudamente sobre personajes, instituciones, cultura... Leyendo sus novelas uno se familiariza con el día a día de un romano y con cosas tan simples como qué comían o cómo vestían, y también complejidades como sistemas de votación, carreras políticas, relaciones entre diferentes estratos sociales, etc. Por momentos las novelas de McCullough puedan tal vez resultar algo difíciles, ya que son muchos los personajes con que nos encontramos, y cualquier acercamiento a la convulsa República romana es siempre algo confusa. Pero la escritora sale airosa del trance y en notas aclaratorias y prólogos nos detalla aquello que pudiera resultarnos más intrincado. Como ya he dicho, se nota que se ha documentado debidamente, y allá dónde los documentos históricos dejan un hueco, la escritora lo cubre con teorías propias que, aún pudiendo ser discutidas, son de lo más pausible.
Resumiendo, si sois de los que gustáis leer libros del género histórico-novelesco y aún no habéis dado con esta saga romana, no tardéis en ir a la librería a por ellos. Y la novela histórica no os interesa, dadle al menos una oportunidad a El primer hombre de Roma. Si la historia no os cautiva, tal vez la prosa de McCullough sí lo haga.
La saga romana se completa con los títulos
La corona de hierba, Favoritos de la fortuna, Las mujeres de César, César y El caballo del César. Y cuando muchos ya desesperábamos pues creíamos concluida la serie, un nuevo libro, Antony and Cleopatra (supongo que aquí lo titularán Marco Antonio y Cleopatra) llegará a las librerías en septiembre, aunque imagino que la edición en castellano tardará un poco más. Todo parece indicar que ésta vez si será el último libro sobre el ciclo romano, aunque por mí podría estar escribiendo hasta que Alarico se pasee por Roma.

1 comentario:

Javier Cercas Rueda dijo...

Acabo de terminar el quinto tomo de McCullough y me sigue entusiasmando. Creo que es de las mejores novelas históricas que he leído. Siempre que te interese mucho César y la república romana.