viernes, 13 de julio de 2007

Conan el bárbaro



Su primera aparición fue en las revistas de papel barato que ofrecían historias de fantasía y ciencia ficción, género conocido como pulp. Corría la década de los años 30, la Depresión atenazaba a Estados Unidos, y un joven extraño y depresivo, Robert E. Howard, considerado padre del género de brujería y espada, comenzó a publicar en la revista Weird Tales las historias del guerrero definitivo: Conan el bárbaro.
La popularidad del personaje fue bastante importante, aunque ya en plena Guerra Fría necesitó de algunas reediciones para que volviera al imaginario colectivo. Aunque cuando realmente el bárbaro entró en el imaginario colectivo norteamericano fue en 1970, cuando la Marvel comenzó a publicar comics basados en el personaje de Howard. Puesto que aún no he leido las historias originales y apenas sí poseo una antigua recopilación de los viejos comics setenteros, voy a centrarme en la célebre adaptación que se hizo del personaje a principios de los 80. Si queréis saber un poco más sobre el Conan del formato cómic, podéis encontrar un pequeño resumen de sus diversas etapas en Tebeosfera.
Los fans más puristas de la obra original de Robert E. Howard reniegan del film, y supongo que tendrán razones para ello, pero yo que crecí con la imagen de Conan como un musculoso austríaco con mucho acento considero Conan el bárbaro un film excelente, seguido de una secuela bastante inferior aunque aceptable para un seguidor del personaje cinematográfico como yo.



El proyecto de llevar las historias de Conan al cine era uno de esos casos en que va pasando de mano en mano y nunca parece que vaya a llegar a buen puerto. Edward R. Pressman, un productor independiente, vio a Arnold Schwarzenegger en una película sobre el culturismo. Junto a él estaba un amigo también productor, Ed Summer. Ambos hablaron sobre Arnold y decidieron que alguien con ese físico sería perfecto para un proyecto sobre Conan. Summer y un escritor de la Marvel, Roy Thomas, escribieron un primer tratamiento. Pero finalmente se encargó a Oliver Stone que escribiera un primer borrador. A Stone le llevó cuatro meses escribir el guión, tras haber leído cada novela y cada cómic acerca del personaje. Cuenta Stone que su idea era la de que la historia se alargase a lo largo de doce films como se hacía con James Bond (de Conancompletist.com).
El borrador de Stone, del que más tarde dijo Milius que era un "sueño febril bajo ácido", tenía lugar en una especie de futuro apocalíptico, y tan sólo una pequeña parte del mismo sobrevivió a la segunda etapa en la preparación de la película.
El proyecto cobró fuerza cuando el afamado productor Dino De Laurentiis se hizo con los derechos de la historia. Considerando que el guión de Stone era demasiado violento, Laurentiis contrató al director y guionista John Milius para que se encargara de todo el proyecto y reescribiera el borrador.
John Milius, al que se la había escapado de las manos la dirección de Apocalypse Now, se volcó en el proyecto de Conan. Se deshizo de prácticamente todos los elementos mágicos que aparecían en el guión y que provenían de las historias de Conan originales. En su lugar, Milius creó una trama de acción enmarcada en una extraña era perdida en el tiempo, donde se podían adivinar elementos de diversos periodos históricos. En el guión de Milius permanecieron algunas historias de los libros originales algo desdibujadas (el asalto a la Torre o la crucifixión) pero el director acerco la historia a sus propias inquietudas. Por supuesto, todo esto no hace más que irritar a los fans de la vieja saga de Robert Howard, que consideran que el Conan de Milius poco tiene que ver con el original. Hasta un personaje como Thulsa Doom, el poderoso mago oscuro, ¡es un personaje de Kull, la otra saga de Howard! Aun así, la historia que acabó de escribir el director era muy buena, con múltiples referencias a películas, libros e historia, y con una cierta profundidad que suele pasar desapercibida para los seguidores de películas de aventuras como ésta.
Aún cuando se probó a otros actores, todos parecían estar de acuerdo en que Schwarzenegger era el hombre ideal para el puesto. Y eso era cierto, ¡él era Conan! Dino De Laurentiis tenía objeciones por temor a que no se entendiera lo que decía debido al fuerte acento del actor, aunque finalmente dio su brazo a torcer. Es curioso pensar que ni Arnold, ni la actriz que interpretaba a Valeria, ni Milius, pocos estaban familiarizados con la obra de Howard y los cómics de Conan. Tan sólo Gerry Lopez, que interpretaba al compañero de Conan, Subotai, era un fan del personaje.
En realidad el mundo que creó Milius, aunque diferente del originario Conan, podía ser igual de fascinante. El reparto era espléndido, y su elección del actor y locutor James Earl Jones para interpretar a Thulsa Doom no puedo ser más acertada. Thulsa Doom, el nigromante, un vestigio de un mundo perdido, una especie de atlante, era un personaje realmente oscuro, una especie de gurú diabólico que constantemente se reinventa a sí mismo para sobrevivir en un mundo dominado por los hombres. También mención especial para un irreconocible Max Von Sydow como el rey Osric, quién enviará a Conan a rescatar a su hija, presa de la secta de Doom, y el simpático Mako como el mago y narrador de la historia.
Aunque sin un gran cuidado del aspecto visual la película habría sido más otra película fallida sobre un personaje de cómic. Ron Cobb, maestro del diseño de producción, se encargó de diseñar espadas, trajes, armaduras y palacios, haciendo un trabajo magnífico. Y por cierto, tiene un pequeño cameo en la película como vendedor de loto negro. Los extraños guerreros de Thulsa Doom, con esa pinta de vikingos seguidores de Manowar, eran culturistas y tipos grandes como Ben Davidson, un ex-jugador de la NFL. Sus trajes y cascos fueron prácticamente calcados de los guerreros teutones de la película de Eisenstein de 1938 Alejandro Nevski.
Milius, uno de los mejores escribiendo frases grandilocuentes que luego uno nunca olvida, llenó la película de discursos metafísicos de Thulsa Doom y frases terroríficas con lagos de sangre y demás visiones apocalípticas. También fue idea de Milius esa extraña búsqueda del secreto del acero, una especie de leivmotiv a lo largo de la película. Otra de las frases más recordadas de la película, esa donde Conan asegura que lo mejor de la vida es aplastar enemigos, es atribuida a Gengis Khan, y está recogida en la "Historia secreta de los mongoles".
Y para terminar, ahí están, esos parajes españoles que a veces parecen marcianos. Cuenca, Almería, Ávila... Todos los exteriores parecían hechos para que aparecieran en la película. Lo cachondo de elegir España para rodar es que pensaron que Yugoslavia, donde en principio iba a rodarse la película, era demasiado inestable políticamente. Y al poco de comenzar a rodar en España, ¡tuvieron que parar por el golpe de Estado del 23-F! Cosas del cine.
En definitiva, Conan el bárbaro era y es una gran película de aventuras, que dio a conocer al gran público el género de espada y brujería, bastante popular a lo largo de los 80 pero que parece desterrado de las carteleras para siempre. Se especuló durante mucho tiempo con una tercera entrega, incluso Milius llegó a escribir un guión titulado Conan: Crown of iron, pero nada más se ha sabido de ese proyecto. Cualquier día anunciarán el estreno de una nueva entrega, y esa será una gran noticia, aunque el listón está muy alto. Veremos si las hordas de Crom vuelven a galopar por los cines de medio mundo.


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