lunes, 4 de junio de 2007

El "bendito milagro" de Dunkerque


20 de mayo de 1940. En tan sólo diez días un imparable avance de la Wehrmacht alemana había divido al Cuerpo Expedicionario Británico (BEF) y tropas francesas y belgas del grueso del ejército francés. El siguiente paso de los germanos fue avanzar a lo largo de la costa del norte de Francia para cercar a británicos y franceses e impedir su retirada hacia el mar.
Pocos días después el comandante en jefe de las fuerzas británicas, Lord Gort, decidía evacuar a lo que restaban de las fuerzas aliadas en Normandía. Las fuerzas totales aliadas se acercaban al medio millón de hombres. El esfuerzo logístico que se tuvo que realizar para trasladarlos fue enorme. Aparte de varios destructores y otros grandes barcos se reunieron una variopinta amalgama de barcos de diversos tipos (pesqueros, buques mercantes, yates...) que se congregaron en las playas de Dunkerque para la evacuación de las tropas.
El día 24 los carros blindados alemanas eran detenidos mientras avanzaban hacia Dunkerque por orden de Hitler. Las razones para tal decisión nunca han estado del todo claras, y se han propuesto varias teorías para explicar lo que a la postre fue un error fatal. Se ha hablado de una esperanza del führer en poder llegar a un armisticio con los británicos, o incluso de cierta simpatía o admiración del mismo Hitler por el pueblo británico. También se ha apuntado a que Herman Goering persuadió al fuhrer de que la Luftwaffe se bastaría para evitar cualquier intento de evacuación. Sea cuales fueren las razones, el extraño suceso dio dos preciosos días de tiempo a los aliados para evacuar a un gran número de tropas.
Sin embargo, la evacuación no fue fácil. Al caos que se formó en la estrecha franja de terreno donde miles de soldados esperaban embarcar mientras un nutrido grupo de barcos trataban de maniobrar como podían entre tanto buque, hubo que añadir el permanente castigo al que sometió la Luftwaffe a las fuerzas aliadas. Aunque la RAF realizó una extraordinaria labor defendiendo a las fuerzas terrestres y marítimas, los aviones alemanas lograron cobrarse varios barcos y vidas aliados.
Dos divisiones francesas intentaron frenar como pudieron a las fuerzas terrestres alemanas, y aunque finalmente hubieron de rendirse, su heroica resistencia también contribuyó a esta especia de victoria moral aliada.
El 3 de junio las restantes fuerzas aliadas que habían quedado en la playa se rendieron. En los dñias en que la evacuación tuvo lugar más de 300.000 soldados británicos y franceses habían logrado salir de las playas francesas. Atrás quedaban compañeros y un gran número de preciado equipamiento de diverso tipo. Pero el siempre insustituible recurso humano había sido salvado en su gran mayoría. Una más que considerable fuerza se había escurrido de entre las manos teutonas. Cuatro años más tarde tendrían razones para lamentarlo.

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