martes, 22 de mayo de 2007

Tintin


Aprovechando que se cumplen 100 años del nacimiento de Hergé, creador del insigne Tintin y del todavía más insigne Haddock, me gustaría rendir un pequeño tributo a una obra que me ha acompañado durante muchos años. Es curioso, pero no puedo recordar cómo era la vida sin algún álbum de Tintin rondando por casa.
Por supuesto no es la única obra del maestro Hergé, pero si por algo es recordado el dibujante belga es por ese pequeño periodista. Como todo personaje que acaba transgrediendo las dimensiones a las que lo confinó su autor, Tintin acabó siendo odiado por el propio Hergé. Encontrar la motivación para realizar una nueva aventura con Tintin y Milú le resultaba cada vez más mortificante, quería hacer cosas nuevas, pero la presión era enorme, ya que la gente solo quería más y más Tintin.

Hergé


Y resultan curiosas las polémicas que ha llegado a crear el amigo Tintin. Desde rumores de homosexualidad por esa extraña amistad con sus amigos y la nula presencia femenina en la vida del joven réporter, hasta (las más fundadas) acusaciones de fascismo. Aunque esto último no es lo que parece. Un joven e inocente Hergé comenzó a publicar las historias de Tintin en el suplemento Le Petit Vingtième para niños de un famoso periódico de tintes católicos. El director del periódico era un ultracatólico de derechas admirador de Mussolini que marcó el carácter retógrado de las primeras aventuras de Tintin, sobretodo en las obras En el pais de los Soviets y Tintin en el Congo. Cuando uno lee de pequeño la historia africana uno no podía ser consciente del colonialismo subyacente en la obra. Y aunque muchas frases fueron cambiadas en su día para minimizar el efecto fascistoide, aún subyace el carácter moralizante del hombre blanco superior.
Otra tonta acusación fue la de colaborador de los nazis. Cuando ya había marcado las distancias con sus primeras obras (no es casualidad que El cetro de Ottokar, publicado en 1938, hable de una conspiración para un golpe que derribe a un gobierno legítimo por parte de un gobierno fascistoide extranjero), la Segunda Guerra Mundial afectó también la vida de Hergé. En una Bélgica ocupada el dibujante simplemente trató de seguir trabajando como buenamente pudo, lo que a la postre le valió acusaciones de colaboracionista y sandeces semejantes.
Por suerte el tiempo ha situado a Tintin como una de las mejores y más populares obras del noveno arte, y siempre es un placer volver a releer esos viejos álbumes llenos de aventuras, joven inocencia y Loch Lomond.
Aunque también puede resultar divertidas las extrañas versiones que de Tintin circulan por ahi, como Tintin in Thailand, donde descubrimos a un Tintin salido del armario que junto con sus amigos está dispuesto a disfrutar de los encantos sexuales que el país ofrece a todo turista que pasé por allí. ¡Ah, Tintin, amiguito, you're wicked!


4 comentarios:

Fantomas dijo...

A Tintin lo conocí a través de la serie animada que en mi pais, transmitía la HBO. Ahora queda esperar lo que Spielberg tiene planeado hacer con el personaje.

Saludos!

Möbius el Crononauta dijo...

Sinceramente creo que Spielberg debería dejer a Tintin en paz.

Aitor Fuckin' Perry dijo...

Ugh, Tintín en Tailandia, hay cosas que es mejor no saber xD También hay uno en Barcelona, lo tengo en el PC pero ni lo abrí, donde estén los auténticos... Stock de Coque, ese sí que era bueno. Y el de la isla con el platillo volante, ahí Hergé le dio al ácido cosa fina.

Möbius el Crononauta dijo...

Sí, ya sabes lo que decía Otto, hay cosas que son mejor no saberlas.

Es la edad, el mejor ácido que hay, dicen...