jueves, 24 de mayo de 2007

Guillermo el Proscrito



Humbertito Lane. Así se llamaba el archienemigo de Guillermo Brown, un niño de 11 años que trata de salir adelante en un incomprensible mundo de adultos.
Y es que en la época de una joven Richmal Crompton (1890-1969) los libros sobre niños repelentes de ojos azules y cabellos con grandes bucles dorados hacían furor. Crompton, que había tenido que renunciar a su puesto de profesora cuanto contrajo la poliomelitis, se decidió a crear un niño mucho más real, travieso e inconformista, pero lleno de imaginación e infantiles inquietudes. Un niño que se ensuciaba, se peleaba y se rompía los calcetines y los zapatos, no una especie de angelito que ayuda a todo el mundo y nunca rompe un plato. Cualquier profesor sabe que niños así no existen.
Guillermo tal vez no cuente con las ingeniosas frases del Nicolás de Goscinny, pero es una fiel representación del mundo visto por un escolar de 11 años. La gran virtud de Crompton es que comprendía a la perfección la forma de pensar de los niños, logrando retratar una infancia realista con la que muchos se podrán identificar. Por otro lado la escritora aprovecha para ironizar una visión de la sociedad inglesa de entreguerras, y un retrato familiar de lo más disparatado y diverso: una madre abnegada y paciente que siempre trata de dar buena impresión ante las visitas; un hermano mayor que se enamora cada dos segundos y una sexy y pelirroja hermana mayor que gusta de volver locos a sus pretendientes.
Por no sé que motivo la serie de libros de Guillermo tuvo un enorme éxito en la España de la posguerra, y se editó toda la colección en unos cuidados libritos ilustrados con maestría por Thomas Henry. Por desgracia no he podido encontrar el dibujo de Guillermo y sus Proscritos que adornaba la parte interior de las tapas, pero era una imagen antológica: cuatro niños feos y malcarados asomados a una valla clavando su fiera mirada al lector.



Richmal Crompton

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