jueves, 10 de mayo de 2007

El fantasma y la señora Muir



¿Puede ser el amor tangible? ¿Sienten los espíritus? ¿Puede mantenerse una relación entre alguien de carne y hueso y una aparición? ¿Hay en el mundo del misterio sitio para el romanticismo? ¿Podemos soñar algo hasta tal punto que no distingamos entre ficción y realidad? ¿El amor eterno requiere una muerte física?
Descubrí la existencia de esta película a través de un foro (freak out!) y la sola presencia de Gene Tierney más las palabras obra de arte me bastaron para ir tras su búsqueda. Gene Tierney, una de las actrices (mujeres) más bella de la historia, y que entró en la inmortalidad gracias a la Laura de Otto Preminger, desplegó todo su talento (que no era poco) en esta obra menor (por su trascendencia) dentro de la carrera del su director, Joseph L. Mankiewicz, encarnando a una joven viuda, la señora Muir, decidida a emprender una nueva vida donde sea ella quien lleve el timón. Para ello se trasladará junto con su asistenta y su pequeña hija (una infantil Natalie Wood) desde Londres a una pequeña casa en la costa que había pertenecido a un capitán de barco. A pesar de los indicios de embrujamiento, la joven alquila la casa. Pronto se topará con el fantasma del rudo marinero Daniel Gregg (el encantador mujeriego inglés Rex Harrison) y, cuando queda claro que la viuda es demasiado valiente como para irse, fantasma y mujer comenzarán una extraña relación que alcanzará su apogeo al escribir un libro. Todo parece que va a cambiar cuando hace su aparición un atractivo escritor (el pícaro y siempre elegante George Sanders). Sin embargo, los sucesos irán por otros derroteros. Y quién quiera saber más, que vea la película.
Este tipo de film hoy en día supongo que sería enmarcado dentro de la comedia romántica (con un poco de suerte nunca se perpetre un remake de un film tan bonito), aunque el final tenga un punto inquietante. No llega ser una comedia en toda regla, ni desde luego es un drama. Es en cierto modo una película algo inclasificable que la hace encantadora, y con una historia preciosa de romanticismo buen entendido, con dos personajes de fuerte carácter y sin espacio para la ñoñería. Altamente recomendable.
Creo que tarde o temprano hablaré de Gene Tierney, aunque las pocas películas que he visto y lo poco que sé de su vida me impiden dar el paso. Pero es inevitable, es verla en la pantalla y la tengo en la cabeza durante días. Sencillamente no era de este mundo.



Gene Tierney, la diosa.

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