jueves, 26 de abril de 2007

Trilogía del dólar (II)



Tras el rotundo éxito de Por un puñado de dólares, todo el mundo esperaba una secuela. Las presiones sobre Leone para rodar un nuevo western eran cada vez mayores, aunque él intentó llevar a cabo un proyecto diferente. Como él mismo dijo, parecían desafiarle, y nadie parecía confiar en que pudiera rodar algo que no fuera un western. Otros que le conocieron afirman, sin embargo, que su negativa a rodar una secuela se debía a su eterno miedo al fracaso, y que, aunque en realidad sí estaba dispuesto a rodar otro film del mismo género, temía enormemente que esta vez la película no funcionara. Finalmente, lo que al parecer condujo a la secuela fue el contrato que Leone había firmado para poder sacar adelante Por un puñado de dólares. Según dicho contrato, Leone aún debía filmar otra película para la misma productora. Sin embargo, Leone encontró a un abogado, Alberto Grimaldi, que le ofreció mejores condiciones para rodar su film. Aunque no tenía historia, el director tenía ya un título, Per qualche dollaro in piú, al parecer una especie de chiste referente a los productores con los que trabajó en Por un puñado de dólares.
El núcleo del guión surgió de una pequeña historia llamada El Cazarrecompensas. Se pagó bastante por ella a los dos jóvenes que la escribieron, previa condición de que renunciaran a aparecer en los títulos de crédito. Luciano Vincenzone, coautor del guión junto al propio Leone, entró en el proyecto cuando el director le contó su primera idea: una secuencia donde dos pistoleros pelean empujándose y pisándose como niños.
La historia final trataba acerca de la rivalidad de dos cazarrecompensas, uno joven y otro más maduro (en realidad un trazo del joven con treinta años más), que tratan de capturar a un bandido mejicano, Indio. Tras varias tretas y peleas, ambos unirán fuerzas para derrotar al bandido y toda su banda. Leone, inspirado por el film de Robert Aldrich Veracruz (1954), trataba de rodar una historia similar, plasmar una rivalidad a lo largo de terrenos desérticos llenos de cactos y viejas iglesias.
Por supuesto, el joven sería interpretado por Clint Eastwood. El villano sería interpretado por Gian Maria Volonté, quién ya había participado en el anterior film. Sin embargo, Leone quería a un bandido más impactante, que pudiera hacer frente a los dos personajes de los cazarrecompensas. La solución llegó cuando el Indio se convirtió en una especie de psicópata drogadicto que mata en sus síndromes de abstinencia, y que mientras fuma marihuana recuerda cierta noche que le marcó en el pasado.
Para el papel del segundo cazarrecompensas, el coronel Mortimer, Leone pensó de nuevo en Henry Fonda, pero una más su agente no mostró interés alguno. Charles Bronson también rechazó el papel, y entonces Leone entabló conversaciones con Lee Marvin, con quién llegó a un acuerdo verbal. Sin embargo, poco antes del comienzo del rodaje, Leone se enteró de que Marvin ya había firmado para hacer otra película. Entonces el director tuvo que viajar a Los Ángeles de nuevo y encontrar a su coronel. Junto con un maletín lleno de dinero llevaba una vieja foto de una revista de cine. Según Leone, el hombre de la foto parecía "un peluquero del sur de Italia", pero también tenía "nariz de halcón y los ojos de Van Gogh". El nombre del actor era Lee Van Cleef.
La búsqueda de Van Cleef fue muy ardua. Parecía haber desaparecido de la faz terrestre. Finalmente, un agente informó a Leone de que Van Cleef se había retirado y ahora vivía como pintor, tras haber estado largo tiempo convaleciente de un accidente de coche. Cuando finalmente se reunieron, Leone se convenció de que había encontrado el rostro que estaba buscando. Lee Van Cleef aceptó el trato y dos días después viajó a Italia. Fue el comienzo de una magnífica segunda etapa de su carrera, que le convertiría en toda una megaestrella en el país alpino. Cuando se reestrenó Solo ante el peligro, donde Van Cleef había tenido un pequeño papel, los carteles rezaban: "protagonizada por Gary Cooper y Lee Van Cleef".
La película, que tenía más presupuesto, resultó también más compleja en su planteamiento, con pequeños flashbacks y diversos matices, pero aun así tenía todos los ingredientes de Por un puñado de dólares, aunque en más cantidad: la ironía de Eastwood, los primeros planos de las miradas, la característica música de Ennio Morricone, y un principio poco usual: un plano de un valle, y fuera de pantalla se oyen diferentes sonidos: alguien silbando, un puro que se enciende, un rifle que se carga, y un disparo que derriba a un jinete que pasa. La muerte tenía un precio comenzaba de forma impactante, y presentaba a su primer personaje, el Manco, sin tan siquiera aparecer en pantalla: basta un silbido y el fumar un cigarro para que sepamos de quién se trata. En la siguiente escena, una Biblia dará paso al segundo cazarrecompensas, el coronel Mortimer.
El film se estrenó en grandes salas, era esperado como un nuevo acontecimiento, y fue un rotundo éxito. Triplicó en Italia las cifras del film más taquillero, y mientras se vendía el film para el extranjero, algunos productores norteamericanos que habían acudido a reunirse con Vicenzone comprobaron in situ la entusiasta reacción del público ante la película. Allí y entonces comenzó a gestarse la película que completaría la "Trilogía del dólar".





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