viernes, 30 de marzo de 2007

Jim Morrison



Sucedió en diciembre de 1967. Una de las versiones asegura que un Jim Morrison algo confuso acusó a la policía de haber le atacado a él y la periodista Patricia Kennealy. Como era de esperar, varios agentes se presentaron en el escenario y arrestaron al Rey Lagarto. Fue el primero de varios arrestos.
Aunque parezca increíble, hubo un tiempo bastante lejano en que parecía que el único fan de The Doors que poblaba la Tierra era Ian Astbury. Todo eso cambió con el biopic que Oliver Stone rodó sobre la banda.
El film nos desdubrió (sí, a mí también) la existencia de una banda que ya parecía relegada a grupo de culto anclado en unos lejanos y turbulentos 60 donde el flower power y el amor libre estaban en pleno auge. En el año en que se estrenó la película yo aún era muy joven. Pero muchos otros fans no se debieron sentir muy alegres de que una de las bandas de su vida de repente estuviera por todas partes y muchas quinceañeras que no habían oido un tema de The Doors en su vida llevaran en su carpetas fotos del mítico cantante.
Uno de los problemas del film fue la sesgada visión que ofrecía de Jim Morrison. Sí, obviamente, el Rey Lagarto tuvo largos periodos de alcoholismo y sustancias peligrosas, pero ello no quiere decir que estuviera así 24 horas al día 365 días al año. Por otro lado, el papel de comparsas al que quedan relegados Krieger, Manzarek y Densmore en el film tampoco se ajusta a la realidad. Seamos justos, unos y otros se necesitaban en igual manera. Morrison nunca habría sido el mito que es hoy en día si no hubiera encontrado el espléndido vehículo de The Doors para desplegar su arte y enorme carisma. Y sin Jim, la banda tal vez habría logrado algún hit, pero serían hoy un grupo de tantos que pocos recordarían.
Hay artistas que cuando logran la fama no se sienten cómodos con ello, prefieren que sólo se juzgue su obra y talento y odian ser un icono y un producto para las masas. Otros, en cambio, han nacido para ello, y se regodean en su charca de adulaciones, admiradores y éxito masivo. Mick Jagger es el presidente de dicho club. Y Jim Morrison estaba encantado de unirse a la fiesta.
Sin duda alguna, Morrison era un gran ególatra. Un egoísta redomado que en la época de la detención se encontraba embarcado en un ego trip contínuo que no parecía tener fin. Su grupo era gozaba de un éxito brutal, las fans le amaban y muchos le consideraban el líder de toda una generación. Bebía cantidades ingentes de alcohol, se metía todo lo que tenía por delante y comenzó a provocar a todo policía que estuviera por las cercanías. Cuando comenzó a insultar a su propio público y a intentar organizar una revuelta prácticamente en cada concierto, fue evidente que el grupo había fabricado a una bestia sin rumbo. Las provocaciones y escándalos continuaron hasta que fue detenido en Miami (¿Enseñó el pene? ¿No lo enseñó? El debate continua). Jim Morrison fue arrestado y condenado y se interpuso una apelación. En pleno caos y una confusión total, el resto del grupo acabó de grabar su disco más celebrado, Morrison Hotel. Fue por aquel entonces, en 1971, cuando Jim (libre tras pagar una elevada suma) y su novia Pamela decidieron exiliarse a París.
El lado oscuro y divertido de Morrison podría llenar todo un anecdotario. Se acostó con otro icono de su generación, Janis Joplin, y al parecer la cantante no guardó un gran recuerdo de su encuentro con el Rey Lagarto. Quizás se deba a la pasión que sentía Jim por el sexo anal (¡chicas que leáis esto y hayáis puesto fotos de Jim en vuestras carpetas y posters en vuestras habitaciones! Si no gustáis de tal práctica, ¡espero que vuestras intenciones con Mr. Mojo fueran sólo platónicas!), o a su sana costumbre de no cambiarse sus pantalones de cuero en semanas.
Su muerte nunca ha sido debidamente aclarada, y algunos todavía esperan que Mr. Mojo Risin' (anagrama de su propio nombre, Jim Morrison) haga algún día su aparición triunfal. Si no le devoraron unos caníbales, probablemente su viejo amigo el bourbon se lo llevó de paseo. Esté donde esté, su obra y su mítico aura siguen ahí. Al fin y al cabo, el futuro es incierto y el final siempre está cerca.

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