domingo, 4 de febrero de 2007

Isandlwana: la gran victoria zulú

Orígenes

La palabra zulu significa "cielo". Y fue el 22 de junio de 1879 cuando el sol zulú alcanzó su cénit en ese cielo azul bajo el que habían vivido durante siglos.
Se calcula que fue hacia el siglo VIII d.C. cuando el sur de África comenzó a ser poblada por diversas tribus que durante décadas emigraron desde la costa Este africana. Al principio fueron tan sólo un pequeño clan entre las decenas de tribus que poblaban la zona.

La nación zulú

Fue a comienzos del siglo XIX cuando Shaka aglutinó un gran poder tras varias alianzas y una serie de victorias militares que mostraron la eficacia las nuevas tácticas militares que él mismo había llevado a cabo. Con su reinado comienza la era de la nación zulú.
Shaka fue asesinado por su hermanastro Dingane, cuyo reinado acabaría en 1839, tras ser derrotado por los Bóers. Los zulúes tuvieron que ceder parte de sus tierras a estos y emigrar hacia el Norte.

El camino a la guerra

Los Bóers volvieron a verse implicados en los asuntos zulúes cuando a mediados del siglo XIX el que sería rey absoluto de los zulúes, Cetshwayo, pidió ayuda a los colonos de su frontera para derrotar a su hermano Umtonga, quién se había vuelto contra él.

Isandlwana, hoy

Mientras las disputas fronterizas entre la provincia de Transvaal y los territorios zulúes continuaban, Cetshwayo se convierte en rey supremo de los zulúes en 1873, tras la muerte de su padre. Implantó un régimen tiránico y militarista, dispuesto a no ceder en nada frente a las potencias extranjeras que le acechaban cada vez más.
Finalmente se nombró una comisión para estudiar el asunto. Su sentencia final fue dictada en favor de los zulúes Se pidió entonces compensaciones para los bóers que dejaran sus tierras, y protección para aquellos que se quedaran.
Aun así, pequeñas incursiones de guerreros zulúes en Transvaal y Natal continuaron avivando dispustas y desencuentros. Cuando la provincia de Transvaal quedó en poder británico, cada vez era más obvio que la existencia de Zululand era un estorbo para la ansiada confederación sudafricana que el Imperio Británico tanto ansiaba.
A finales de 1878 Cetshwayo recibe un ultimatum del gobierno británico. Las condiciones eran muy duras, y se ha especulado con que Sir Henry Bartle Frere, Alto Comisionado de Sudáfrica, realizara una propuesta tan dura para provocar el conflicto final con los zulúes.
Cetshwayo ignoró tal ultimatum, por lo que en enero de 1879 se declaró el estado de guerra.

La batalla de Isandlwana: victoria pírrica y declive

Poco después se envió una fuerza expedicionaria a Zululand bajo el mando del barón Lord Chelmsford. El barón contaba con una gran fuerza de blancos y otra aun mayor de hombres de color, contabilizando en total cerca de 20.000 efectivos.
Chelmsford estableció su campamento en Isandlwana, pero, debido a la dureza del terreno y otros incovenientes, no fue fortificado. Una vez establecido, Lord Chelmsford, deseoso de dar con los zulúes y concluir su misión (aunque en realidad no había recibido órdenes de invadir Zululand) dividió su ejército, dejando un batallón para cuidar el fuerte al mando del Teniente Coronel Henry Pulleine, quién carecía de experiencia militar. El barón Chelmsford. por su parte, partiría en busca de las fuerzas zulú.
Cetshwayo, quién disponía en total de más de 40.000 guerreros, se sirvió de exploradores para estudiar los movimientos enemigos. Mientras alejaba a las fuerzas de Chelmsford mediante señuelos, el grueso de sus fuerzas cayeron sobre el sorprendido batallón, que se componía de unas exiguas fuerzas que rondaban los 1.400 soldados. Se han barajado diferentes teorías sobre la causa de tan aplastante derrota. Desde dificultades a la hora de reponer municiones a establecer una línea defensiva demasiado extensa. Lo cierto es que el campamento fue arrasado y muy pocos soldados salieron de allí con vida. Cuando Lord Chelmsford fue informado de que el campamento estaba siendo atacado, éste no creyó los informes y siguió su búsqueda.
Cuando las noticias llegaron a la metrópoli británica, la actitud del gobierno y las cámaras, donde habían surgido reticencias y oposiciones a la guerra, cambió radicalmente. Por lo tanto, se destinaron todos los medios necesarios para obtener una victoria total sobre los zulúes, aquel pueblo inferior que había osado humillar al Imperio Británico.
El ejército de Sudáfrica fue dotado de refuerzos y nuevos pertrechos. Se volvió a invadir Zululandia. Cetshwayo, con un ejército dotado de mal entrenamiento y peor equipamiento, y que había sufrido un gran número de bajas en la batalla contra los británicos, no pudo esta vez hacer frente a unas fuerzas coloniales superiores en armamento y técnica. Tras una serie de batallas los zulúes fueron derrotados y su rey Cetshwayo hecho prisionero. Los británicos impusieron que no se volviera a nombrar a un gran rey para toda la nación zulú, con lo que los jefes zulú sólo se ocuparían de su propia tribu. La nación zulú quedó asi disgregada y dejó de suponer una amenaza para el Imperio Británico.

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