sábado, 3 de febrero de 2007

Five Horse Johnson

Ocurrió en Jerez de la Frontera, verano del 2001. Me encontraba en el festival Serie Z, sin duda el mejor festival de rock que ha visto este país. Había sido un largo viaje, y lamentablemente habíamos llegado tarde (¡malditos viajes organizados!). Me perdí unos cuantos grupos el primer día. Vi cómo unos Sewergrooves atacaban lo último de su repertorio. Anochecía ya. Era hora de cenar algo.
Cómo suele ocurrir en los festivales, las colas eran inmesas, el servicio, exiguo. Conseguir una raquítica hamburguesa o un bocadillo no era tarea fácil. Poca gente para servir, mucha gente que alimentar. Ni en los mejores tiempos de la cabaña del tío Tom.
Quién haya estado en una situación similar, sabrá que uno puede llegar a concentrarse sólo en su objetivo sin importarle nada más, así caigan bombas de napalm alrededor. No fue hasta que prácticamente había conseguido que me atendieran y tener asegurada la manduca que comencé a oir lo que había detrás de mí.
No llevarían demasiado tiempo. Aquel torrente sonoro me dejó sin habla. En cuanto tuve el bocadillo en la mano salí de aquella cola infernal para irme a las primeras filas, dando un bocado de vez en cuando, por momentos olvidando que tenía un bocata en las manos.
Tenían una base rítmica atronadora, los riffs de guitarra angulosos se sucedían con abrasadores juegos de un slide, y sobretodo, aquél sonido de armónica bluesera que sonaba como mil infiernos. Y del averno debía de surgir aquella voz gutural de un enorme rubio (en todos los sentidos) de larga cabellera y negras vestimentas. Fue uno de los mejores momentos y más grandes shocks que he vivido. Uno de los dos o tres momentos álgidos del festival sin ninguna duda. Aquella noche, Five Horse Johnson se ganaron mi corazón.
Cuando, tras regresar a Valencia, me enteré de que esos cuatro vándalos toledanos (Toledo, Ohio. Patria del hombre que despachó al coronel Kurtz) iban a tocar en una sala acompañados de nada menos que Raging Slab (otro grupo que había tocado en el festival y cuyo calibre también es considerable) no pude ser más feliz. Me hice con una entrada y salí para aquella sala. Una sala mítica para muchos, y que hoy en día es una disco de ambiente (!). O tempora, o mores.
La afluencia de público fue decepcionante. Lo cual me recuerda el porqué ahora ahi ya no hay rock y sí mucho pachangueo. Pero aun así, ninguno de los grupos se amilanó por ello. Salieron a matar y nos ofrecieron una buena dosis de rock and roll. Tanto antes como después pude charlar y hacerme fotos con algunos de ellos, y fue reconfortante averiguar que eran tan majos como buenos músicos.
Five Horse Johnson, el blues del Mississippi convertido en rayo y electricidad, armónicas que chocan contra la piedra y rasgueos de guitarra en las catacumbas del infrasonido. Si aún no los has escuchado, ¿a qué esperas? Quizás vengan de gira y tengas la posibilidad de que vuelen tus malditos sesos.


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