sábado, 3 de febrero de 2007

Casus belli

Acabo de ver 9/11, la famosa película e invectiva de Michael Moore contra el presidente George W. Bush. Es un documental bastante interesante, muy poco objetivo por otra parte (aunque esto nunca lo ha ocultado el orondo director) y con escenas y declaraciones realmente delirantes. No se si Bush está peor de lo que yo pensaba, o Moore ha metido tijeras, o qué, pero he flipado. Me gustaría volver a visionar la cinta en versión original, porque aún me cuesta creer que en un momento Bush esté pidiendo ayuda al mundo para acabar con el terrorismo y en un microsegundo asevere: "¡Pero mirad mi swing! Y allá que se va el señor presidente, a darle a una pelotita de golf.
Aunque si escribo ahora es por un dato que me ha hecho pensar (bueno hay mucho que masticar del documental, pero éste me ha hecho quedarme obnubilado). Al parecer, en el momento de rodar la película, solo un congresista de los EEUU tenía a su hijo en Irak. Y eso me hizo cabilar.
Me hizo recordar casos que he leído de hijos de militares, políticos, grandes estadistas, que fueron hechos prisioneros, cayeron heridos, o resultaron muertos o desaparecidos en contiendas anteriores. Quizá ahora los hijos de militares siguen alistándose, al fin y al cabo los militares siempre son respetuosos con la tradición y el orden establecido. Pero parece que otras cosas han cambiado.
Por ejemplo, durante la Segunda Guerra Mundial, son muchos los casos de hijos de poderosos que se alistaron y combatieron como cualquier hijo de vecino. Joseph Kennedy perdió a su hijo mayor en el Pacífico, y estuvo a punto de perder a otro de sus hijos, el famoso presidente y bragueta-suelta John F. Kennedy. El hijo del general Patton fue hecho prisionero. Roosevelt perdió a otro hijo. Stalin fue informado de como su hijo había sido hecho prisionero. Éste se acabaría lanzando contra unas alambradas electrificadas cuando se enteró de que su soviético padre se había negado a incluirle en un intercambio de prisioneros. Y hay otros muchos casos.
No se si los tiempos han cambiado, y ahora los mandamases no ven razón alguna en que sus propios hijos vayan a la guerra, o son los signos de los tiempos. O quizás no era lo mismo librar una guerra justa (sino justa, al menos inevitable) como el combate contra el fascismo, que una invasión de un pequeño país rico en petróleo y con muchos cabos sueltos. ¿Tal vez antes el enviar a tu propio hijo a la guerra era un honor y hoy es un descrédito? Hubo un buen día en que a alguien en EEUU se le ocurrió la idea de que era mejor reclutar a negros, chicanos y desheredados, que enviar a lo mejor de la genuina nación norteamericana a morir a países lejanos. Ya que, al fin y al cabo, los EEUU se habían convertido en el árbitro del mundo, y sabían que a partir de entonces iban a combatir más de lo normal.
Yo diría que todo apunta a un cambio de valores. En la actitud de los propios soldados me parece percibir algo diferente. Las noticias nos salpicaban cada día con los desmanes, torturas, humillaciones y bromas pesadas con los que los Marines pagaban a los iraquíes por el simple de hecho de defender su país, o simplemente pasar por allí. No es que sea yo un nostálgico ni un militarista ni nada parecido. Pero algo se ha perdido en el camino. El sentido del deber ya no parece estar ahí.
¿Quiere eso decir que antes no había desmanes? Claro que sí, siempre los ha habido, y siempre los habrá. E incluso ahora todo es más "civilizado". Pero me da la sensación de que esos chicos que combatían en Europa y el Pacífico allá por los años 40 del siglo pasado no tenían mucho en común con estos jovenzuelos que se hacen fotos con prisioneros y vejan a gente indefensa.
También es cierto que antes no había tantos medios, tecnología, teléfonos móbiles, etc. Quizás simplemente es que ahora lo podemos ver todo. Pero si nos fijamos en otros aspectos de la vida, la disciplina, esos valores tan antiguos, se pierden, o se ven substituidos por otros nuevos. Ello no tiene por qué ser malo. Pero vuelvo a ese "sentido del deber". No quiero que mis palabras parezcan un discurso à là "Patton". Si en tu oficina no mueves un dedo o no ayudas a las señoras mayores a subir al bus o te inyectas hasta mahonesa, bueno, cada uno a lo suyo. Pero pienso en una situación donde mi vida depende de quién esté a mi lado, y la suya depende de mí. Y un propósito (aunque sea falso) puede quedar desvirtuado por la actitud de unos chiquillso con armas en la mano. Eso no es un juego de niños, y si el tradicional "sentido del deber" se pierde, esas chiquilladas y bromas pesadas de unos cuantos americanillos pueden llevar a más alzamientos, más peleas, atentados, muertes. En definitiva, lo que quiero decir, es qu en una guerra donde decenas de personas mueren a diario, hay gente que se dedica a jugar, con total falta de respeto y con una irresponsabilidad absoluta. Espero que sean los menos. Al fin y al cabo, muchas veces, lo queramos o no, nuestro destino irá ligado al de los EEUU. He ahi el 11 M. No quiero imaginarme una España invadida por Marines. ¿Nos tiraríamos al monte como en 1812?
No hace mucho leí un libro sobre la batalla de Stalingrado. Y mientras pensaba todo esto que he comentado, una madre leyó la última carta que su hijo, fallecido en Irak, le había enviado antes de morir. Fue esperanzador ver que hay cosas que nunca cambian. En el libro, se incluían extractos de cartas de los soldados alemanes y rusos, y una carta íntegra de un soldado aleman, que te hacía dibujar una sonrisa al mismo tiempo que te surgía la compasión. Mientras esa madre leía la carta, me di cuenta de que cambiando nombres y lugares, la podrían haber escrito la misma persona. Parece que los soldados, sea cual fuere la época, guerra o lugar, en el fondo son los mismos, al acordarse de sus familias y sus seres queridos. Quizás lo único que ha cambiado ha sido la censura. ¿Un Marine llamando "tonto" al presidente y rogando por su derrota en las elecciones? ¡Yo diría que eso antes no pasaba!

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