Hoy me he levantado destructivo... hoy me he levantado Megadeth.
viernes 18 de julio de 2008
Tallo de hierro (1987)
Para los fans del viejo Jack Nicholson la película que dirigiera el fugaz Hector Babenco (Jugando en los campos del Señor) a finales de los 80, Tallo de hierro, les reafirmará en lo grande que es Jack cuando quiere. Sus detractores tal vez tengan aquí una oportunidad para congraciarse el actor de cejas estrambóticas contemplándole en un papel alejado de sus Joker y sus Jack Torrance. Ironweed, la novela de William Kennedy en la que se basaba la película, gozaba de un gran prestigio (con Pulitzer incluído), y fueron muchos los grandes nombres de Hollywood que se interesaron por interpretar a su protagonista, Francis Phelan. Paul Newman, Robert De Niro y otros pesos pesados se mostraron dispuestos a participar en el film, pero fue Nicholson quien estuvo siempre en la mente del director. Da igual que su contrato estipulara que podía abandonar el plató para ver los partidos de los Lakers, el viejo Jack fue el elegido.La historia de Francis Phelan se remonta a principios del siglo XX, en plena era de huelgas y luchas por los derechos de los trabajadores. En una manifestación Phelan matará de una pedrada a un esquirol, quien se convertirá en la primera victíma del joven, siendo el principio de otras, entre las que se incluye su propio hijo de apenas unas semanas, quien se le escurrirá de las manos estando borracho. Comenzará entonces un exilio voluntario de Phelan, atormentado por la muerte de su bebé, dejando atrás a su familia y sus otros dos hijos, dedicándose a viajar por el país en trenes de mercancías y sobreviviendo como un vagabundo aferrado a la botella.
Años después, en plena depresión, encontramos a Phelan de vuelta a Albany, su lugar de origen, acompañado por extraños personajes de la calle como Rudy, un extraño vagabundo que filosofa y canta, y Helen Archer, una ex-cantante y concertista que sobrevive como puede junto a Phelan, formando una pareja de vagabundos en la que lo único que tienen es el uno al otro. De albergue en albergue, de esquina en esquina y de bar en bar, los tres personajes se irán topando con otros seres olvidados por la sociedad, como Oscar Reo, un antigua estrella de la radio que trabaja como cantante y camarero en un bar, o una mujer de Alaska que se hiela de frío en la calle con una gran borrachera.
El mundo de Tallo de hierro no es bonito, aunque está rodeado de cierta magia, de amistad y amor distintos a como los conocemos. Inmersos en calles sucias, malviviendo de los exiguos sueldos, conviviendo con locos y prostitutas, y perseguidos por espíritus de recuerdos pasados, Phelan y su particular grupo ahogan sus penas en alcohol, tratando de combatir al frío y huyendo de la policía y de las palizas de los grupos de vigilantes de ferrocarriles.
Tallo de hierro va más allá de la Depresión y de las culturas, pues en las calles de las grandes ciudades hay también esquizofrénicos, vagabundos, borrachos, y otras gentes que parecen pertenecer a otro plano distinto, a otro mundo que se entremezcla con el nuestro. Cada persona tiene su historia, y en la calle esa realidad es más verdadera que nunca. Seguro que en más de una ocasión nos hemos cruzado con algún Francis Phelan que hablaba a algún fantasma que nosotros no podíamos ver. Tallo de hierro es una película incómoda, triste, por momentos desgarradora, pero no exenta de belleza y cierta esperanza, en forma de esos conceptos que comúnmente llamamos amor y amistad.
Sobre Jack Nicholson se ha dicho y escrito mucho, y se ha hablado de su sobreactuación y sus gestos, pero algo innegable es que posee el carisma de las viejas estrellas, y que su sola presencia basta para llenar toda una pantalla. Para un admirador del actor como yo no me cabe duda de que Francis Phelan es uno de sus más emocionantes papeles. Me gustaría saber si alguien encuentra alguna pizca de sobreactuación en esta película. No cabe duda de que moles como Newman o De Niro podido regalarnos fantásticas actuaciones, pero Nicholson tiene ese punto de granuja que intercala con el hombre atormentado que favorece mucho al papel. En resumen, Nicholson es grande y en esta película lo es igual que en otros de sus grandes títulos.
Al pillo de Jack le acompaña Meryl Streep, que nos regala una triste y perdida Helen, en la línea dramática a la que nos tiene acostumbrados la Streep. Por supuesto fue nominada para el Oscar, ¡faltaría más!
Entre los secundarios destaca Tom Waits como el excéntrico Rudy, y quien conozca la carrera del músico sabra que este tipo de papeles le vienen como un guante, y una breve aparición del querido Fred Gwynne como el olvidado cantante de radio metido a barman. La esposa de Phelan (y si no fuera por los créditos no la habría reconocido) es Carroll Baker, la inolvidable lolita de Babydoll.
Tallo de hierro no es una película para ver en días depresivos, pero contiene una historia que aunque triste engancha al espectador por su pequeño toque de realismo mágico que resulta delicioso, y esa pequeña bella historia de amor entre Francis y Helen que ayuda a sobrellevar los momentos más duros del film. Tallo de hierro, un buen drama de los que ya no abundan.
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jueves 17 de julio de 2008
No lo sé
Tres palabras que seguro que a muchos nos recordarán al recordado Fernando Fernán Gómez, y que en esta ocasión no aluden al temperamento de uno de los grandes del cine español, sino al clásico del loco Ozzy Osbourne "I Don't Know", del no menos clásico álbum Blizzard Of Ozz. Y es que Ozzy nunca tuvo mejor guitarrista a su lado que Randy Rhoads (al menos en cuanto a lo que técnica se refiere), un artista de las seis cuerdas que era más que un corrededos, era un corrededos con buen gusto, binomio que no suele darse demasiado a menudo. ¿Serviría el estribillo de esta canción para cerrar el celebérrimo poema de Bécquer ¿Qué es poesía? No sería tan romántico, pero, ¡habría que ver la cara de ella!
La estrella del variedades (1943)
Gipsy Rose Lee podría ser considerada como la Diablo Cody de su era; una mujer con un pasado en clubs de striptease (más que eso: clubes de burlesque con encanto y glamour) y una carrera de actriz no demasiado exitosa, que en 1941 escribía una novela de misterio (aunque los hay que albergan dudas sobre su autoría) titulada The G-String Murders, una historia de asesinatos situada en el mundo que conocía mejor, el de las variedades. Dos años después la novela sería adaptada en Hollywood.Hunt Stronger, dueño de la Hunt Stronger Productions, se hizo con los derechos de la novela como un vehículo para la estrella Barbara Stanwyck, y encargó la adaptación de la historia al guionista James Gunn, quien se mantuvo bastante fiel a la obra, añadiendo números musicales y algunos toques de comedia. Tras las cámaras se sentó William A. Wellman, director del clásico Ha nacido una estrella, con quien Barbara ya había coincidido en uno de sus primeros trabajos en Hollywood, Enfermeras de noche, y en títulos posteriores como So Big! o The Purchase Price. Un año antes rodaba junto a Wellman Una gran señora.
Junto a la Stanwyck, que ya poseía experiencia como bailarina en sus años anteriores a Hollywood, trabajaron actores y secundarios con experiencia en las variedades como Michael O'Shea o Pinky Lee.
Dixie Daisy (Barbara Stanwyck) es una bella bailarina de burlesque cuyas malas experiencias con los cómicos hacen que rechace las contínuas insinuaciones de Biff Brannigan (Michael O'Shea). Lolita La Verne, máxima rival de Daisy, no ve con buenos ojos el protagonism del goza Daisy. Dicha rivalidad se agravará con la llegada de una antigua estrella de la compañía, la princesa Nirvana, altiva y orgullosa, que parece guardar alguna relación con el dueño del teatro. Cuando tanto La Verne como la princesa sean asesinadas, Daisy se convertirá en la principal sospechosa, recibiendo el apoyo incondicional de Biff.
La estrella del variedades es la arquetípica historia del whodunnit anglosajón, mezclando a partes iguales intriga, drama y comedia. La cinta está rodada con competencia por Wellman, aunque el verdadero punto fuerte del film es su actriz principal, la maravillosa Barbara Stanwyck, quien redefinió el prototipo de mujer sexy con las cosas claras, y quien a lo largo de su carrera mostró una gran facilidad para cambiar de terreno interpretativo. Aunque son sus dotes de actriz y su buen gusto para el contoneo las que más destacan en toda la cinta, Michael O'Shea realiza un respetable trabajo como el partenaire de la actriz.
Además de la Stanwyck el mayor encanto de la película está en su visión de ese mágico mundo prácticamente perdido del burlesque, donde las chicas bonitas eran más que simples bellezas que se despojaban de sus atuendos, y donde la música y la comedia se unían a números de elaborados desprendimientos de ropa convertidos en arte por gente como Gipsy Rose Lee. Rodada en pleno auge de esa particular forma de entretenimiento adulto, La estrella del variedades es una estupenda oportunidad para el espectador de adentrarse en ese mundo tan particular y extraño gracias la historia de Lee, que conocía bien a fondo el negocio. En la película vemos no sólo lo que ocurría en el escenario sino también las bellas y trágicas historias que se desarrollaban tras el telón. Hay una terrible escena que resume esta idea en la que Daisy y sus compañeros tratan de seguir con el espectáculo mientras en las bambalinas Lolita La Verne es salvajemente golpeada por su pareja y chulo. Espeluznante, y por ello, estupendamente rodado por Wellman.
Aunque en un principio la Stanwyck asegurara que odiaba el papel y el guión, finalmente acabó pasando un buen rato, recordando sus días de bailarina, mientras su marido Robert Taylor acudía a verla en los descansos totalmente uniformado, hasta que fue ascendido a teniente y fue trasladado. Aun así la feliz pareja tuvo tiempo para formalizar su cambio de nombre, dejando atrás esos Ruby McGee Stevens y el horrible Spangler Arlington para adoptar oficialmente sus nombres artísticos. ¡Qué grado de compromiso tenían aquellas viejas estrellas que eran capaces de dejar sus nombres verdaderos atrás! Eran otros tiempos, los tiempos dorados del mejor Hollywood y el glamuroso burlesque.
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miércoles 16 de julio de 2008
Phoebe Cates, la vecina adolescente 80s

Parece como si un buen día Kevin Kline hubiera llegado para casarse y llevarse a Phoebe Cates de las pantallas para siempre, de paso llevándo a Ralph Macchio de jardinero. Pero desde La princesa Caraboo nada sabemos de la linda Cates, que a algunos de nosotros nos iluminó la infancia y más tarde en afortunadas reposiciones televisivas nos iluminó la adolescencia.
Dejando la cronología oficial a un lado, para mí Phoebe Cates debutó en el cine interpretando a la típica vecina mona cuasi virginal Kate, buena amiga del dueño de Gizmo en Gremlins. Tanto a él como a nosotros nos torturó con su aburrida historia de su padre quedando atrapado en la chimenea, mientras el pueblo estaba a punto de ser arrasado por los punkis hijos de Gizmo. ¿Quién quería saber lo que le había pasado a su dichoso padre? ¡Queremos acción! Uno de los momentos álgidos de Gremlins 2 (los pocos que tiene) es la coña que hacen con lo de la historia, lo que confirma la teoría de que los niños de medio mundo estábamos de acuerdo respecto a la escenita dramática navideña.
A pesar de sus narraciones inexplicablemente el personaje de Kate sobrevivió y protagonizó también esa secuela de los bichos que en modo alguno estaba a la altura del primer film, pero pocos podíamos imaginar que la dichosa Kate ocultaba un pasado bastante caliente, muy alejado de la nieve y la Navidad.
En efecto, imaginad el shock (de hecho me llevó un momento relacionar la cara con aquella virtuosa Kate) cuando vi la famosa escena de la ducha en la cascada en ese bodrio conocido como Paradise, que fue el verdadero debut de la actriz y donde ya tuvo que dejar sus carnes a la vista de todos. Su padre, hombre del negocio cinematográfico, y tipo sabio indudablemente, le aconsejó que lo hiciera siempre que la pareciera artístico. Y efectivamente, lo único artístico que había en ese despilfarro de dinero (no sé cuanto costaría, pero más de veinte dólares de presupuesto ya es demasiado para una cosa tan horrible) era el desnudo de la bella Phoebe. Y encima repitió en su siguiente película, ese clásico de culto de instituto que es Aquel excitante curso, con jovencísimos Sean Penn, Forest Whitaker y Jennifer Jason Leigh pululando por allí, y Phoebe Cates de nuevo alegrando la vista al público.

Los desnudos de Phoebe hacen llorar a Gizmo
Bien, el tiempo pasa rápido y hoy Phoebe cumple 45 años, ya tiene hijos, y sus encantos y sus historias sobre chimeneas y Papa Noeles se los reserva para Kevin Kline, pero para un servidor los tres títulos citados le bastan para seguir recordándola.
¡Feliz cumpleaños, mrs. Cates!
Dejando la cronología oficial a un lado, para mí Phoebe Cates debutó en el cine interpretando a la típica vecina mona cuasi virginal Kate, buena amiga del dueño de Gizmo en Gremlins. Tanto a él como a nosotros nos torturó con su aburrida historia de su padre quedando atrapado en la chimenea, mientras el pueblo estaba a punto de ser arrasado por los punkis hijos de Gizmo. ¿Quién quería saber lo que le había pasado a su dichoso padre? ¡Queremos acción! Uno de los momentos álgidos de Gremlins 2 (los pocos que tiene) es la coña que hacen con lo de la historia, lo que confirma la teoría de que los niños de medio mundo estábamos de acuerdo respecto a la escenita dramática navideña.
A pesar de sus narraciones inexplicablemente el personaje de Kate sobrevivió y protagonizó también esa secuela de los bichos que en modo alguno estaba a la altura del primer film, pero pocos podíamos imaginar que la dichosa Kate ocultaba un pasado bastante caliente, muy alejado de la nieve y la Navidad.
En efecto, imaginad el shock (de hecho me llevó un momento relacionar la cara con aquella virtuosa Kate) cuando vi la famosa escena de la ducha en la cascada en ese bodrio conocido como Paradise, que fue el verdadero debut de la actriz y donde ya tuvo que dejar sus carnes a la vista de todos. Su padre, hombre del negocio cinematográfico, y tipo sabio indudablemente, le aconsejó que lo hiciera siempre que la pareciera artístico. Y efectivamente, lo único artístico que había en ese despilfarro de dinero (no sé cuanto costaría, pero más de veinte dólares de presupuesto ya es demasiado para una cosa tan horrible) era el desnudo de la bella Phoebe. Y encima repitió en su siguiente película, ese clásico de culto de instituto que es Aquel excitante curso, con jovencísimos Sean Penn, Forest Whitaker y Jennifer Jason Leigh pululando por allí, y Phoebe Cates de nuevo alegrando la vista al público.

Los desnudos de Phoebe hacen llorar a Gizmo
Bien, el tiempo pasa rápido y hoy Phoebe cumple 45 años, ya tiene hijos, y sus encantos y sus historias sobre chimeneas y Papa Noeles se los reserva para Kevin Kline, pero para un servidor los tres títulos citados le bastan para seguir recordándola.
¡Feliz cumpleaños, mrs. Cates!
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Juno (2007)

Una historia, una simple y llana historia sobre una adolescente que se queda embarazada. Ni efectos especiales, ni grandes explosiones, ni escenas de sexo sudorosas, ni grandes nombres en el cartel. Buenos actores, una buena historia. Lo más conocido del reparto era el apellido del director, Jason Reitman, hijo del gran Ivan que nos regaló Cazafantasmas en los 80. No sé como diablos (nunca mejor dicho) llegó Juno a la gran masa palomitera, si tuvo una campaña de marketing detrás o el viejo boca a boca funcionó de nuevo, pero lo cierto es que nadie habría esperado que una película de esas características se colara en los primeros puestos de las recaudaciones y que incluso tuviera unas cuantas nominaciones a los Oscar. Pero así fue, y resulta gratificante que hoy en día, aunque casi de casualidad, las buenas historias sigan funcionando.
Y la gran artífice de Juno fue la mujer de exótico nombre Diablo Cody, sí, esa misma que antes de hacer guiones hacía otra cosa. Hay que aplaudir su valor, porque pasar de un trabajo digno a uno tan denigrante y tan mal visto socialmente hoy en día como es el oficio de guionista tiene su mérito. De su mano ya van a venir otra película y creo que hasta una serie de televisión. Si conserva la frescura y el ingenio que ha demostrado tener con Juno, tal vez estemos ante una futura guionista de tomo y lomo. Y es que ese particular humor y esa forma de hablar tan bombástica que tiene el personaje de la película bebe directamente de la propia Diablo, lo que lo convierte, efectivamente, en algo diabólico. Y es que oir hablar a la señorita Cody es como escuchar a la joven outsider Juno. Que Diablo nos haya regalado frases atómicas como "soy un planeta", "Sonic Youth es sólo ruido" o "he oído que en China regalan bebés como iPods, los ponen en uno de esos rifles que disparan camisetas en los partidos y demás" es para estar agradecido. Hoy en día no se encuentra tanto ingenio en una película de éxito. Y ese momento de rotura de aguas, con el Thundercats go! señalando la llegada del bebé. ¡Alucinógeno!
En fin, si Juno es una historia deliciosa, más deliciosa aún es Ellen Page (sí, yo también la quiero de amiga, de novia, o de lo que sea), una especie de Karen Allen del siglo XXI, que con esta película se ha destapado como una actriz con un futuro más que envidiable. Ojalá sepa aceptar sus futuros papeles y no acabe malgastando su talento en Transformers 3 o algo así. Mención especial también para Michael Cera, el Paul Bleeker de la peli (un nombre para el recuerdo, ¡Paul Bleeker! Digno de Supersalidos o Los albóndigas en remojo), tras cuyas descacharrantes caras de pipiolo se esconde también un gran actor, como queda demostrado en la escena en que echa en cara a Juno lo mal que lo trata. Gran tipo, sólo ver su cara mientras Juno le cuenta la lo del embarazo me hizo reír, y me veía a mí mismo encajando una noticia así de una forma tan estúpida e inmadura como él, lo cual me hacía reir más aún. Desde luego a esas edades las chicas parecen tener las cosas más claras, mientras que los tíos somos todos un atajo de Paul Bleekers.
Tampoco quiero dejar pasar la actuación de J. K. Simmons, el único e inimitable Jonah Jones de Spiderman, (no me cansaré de repetirlo, ¡spin-off para ese personaje!) que en Juno está también estupendo, y debería aparecer más a menudo en las películas hollywoodienses que nos llegan por aquí. Y no sé que decir de Jennifer Garner, tan sólo que mientras veía la película me sonaba su cara y no podía ubicarla. Y es que verla actuando haciendo de mujer normal sin estar enfundada en un traje de cuero sexy saltando por los tejados me descolocó bastante, pero seguro que como actriz estará ellá más que contenta. Si ha logrado reformarse, me alegro yo también.
En fin, que no sé que más decir de una película que todos conocéis y de la que se ha dicho ya todo. Que quien no la haya visto que vaya a verla, aunque sólo sea por la rareza que supone una buena historia en una producción tan taquillera, y los que ya lo hayáis hecho, pues sólo explicadme una cosa: ¿qué demonios es eso de Fox Searchlight? ¿Qué ha pasado con el Twentieth Century? ¿Se ha quedado atrás con el siglo? Ya no hay respeto por nada. Dentro de poco acabaremos arrodillados en una solitaria playa maldiciendo a la humanidad ante un símbolo de la MGM con un ornitorrinco en vez de león. Si esto sigue así me voy a Betelgeuse, lo juro.
Y la gran artífice de Juno fue la mujer de exótico nombre Diablo Cody, sí, esa misma que antes de hacer guiones hacía otra cosa. Hay que aplaudir su valor, porque pasar de un trabajo digno a uno tan denigrante y tan mal visto socialmente hoy en día como es el oficio de guionista tiene su mérito. De su mano ya van a venir otra película y creo que hasta una serie de televisión. Si conserva la frescura y el ingenio que ha demostrado tener con Juno, tal vez estemos ante una futura guionista de tomo y lomo. Y es que ese particular humor y esa forma de hablar tan bombástica que tiene el personaje de la película bebe directamente de la propia Diablo, lo que lo convierte, efectivamente, en algo diabólico. Y es que oir hablar a la señorita Cody es como escuchar a la joven outsider Juno. Que Diablo nos haya regalado frases atómicas como "soy un planeta", "Sonic Youth es sólo ruido" o "he oído que en China regalan bebés como iPods, los ponen en uno de esos rifles que disparan camisetas en los partidos y demás" es para estar agradecido. Hoy en día no se encuentra tanto ingenio en una película de éxito. Y ese momento de rotura de aguas, con el Thundercats go! señalando la llegada del bebé. ¡Alucinógeno!
En fin, si Juno es una historia deliciosa, más deliciosa aún es Ellen Page (sí, yo también la quiero de amiga, de novia, o de lo que sea), una especie de Karen Allen del siglo XXI, que con esta película se ha destapado como una actriz con un futuro más que envidiable. Ojalá sepa aceptar sus futuros papeles y no acabe malgastando su talento en Transformers 3 o algo así. Mención especial también para Michael Cera, el Paul Bleeker de la peli (un nombre para el recuerdo, ¡Paul Bleeker! Digno de Supersalidos o Los albóndigas en remojo), tras cuyas descacharrantes caras de pipiolo se esconde también un gran actor, como queda demostrado en la escena en que echa en cara a Juno lo mal que lo trata. Gran tipo, sólo ver su cara mientras Juno le cuenta la lo del embarazo me hizo reír, y me veía a mí mismo encajando una noticia así de una forma tan estúpida e inmadura como él, lo cual me hacía reir más aún. Desde luego a esas edades las chicas parecen tener las cosas más claras, mientras que los tíos somos todos un atajo de Paul Bleekers.
Tampoco quiero dejar pasar la actuación de J. K. Simmons, el único e inimitable Jonah Jones de Spiderman, (no me cansaré de repetirlo, ¡spin-off para ese personaje!) que en Juno está también estupendo, y debería aparecer más a menudo en las películas hollywoodienses que nos llegan por aquí. Y no sé que decir de Jennifer Garner, tan sólo que mientras veía la película me sonaba su cara y no podía ubicarla. Y es que verla actuando haciendo de mujer normal sin estar enfundada en un traje de cuero sexy saltando por los tejados me descolocó bastante, pero seguro que como actriz estará ellá más que contenta. Si ha logrado reformarse, me alegro yo también.
En fin, que no sé que más decir de una película que todos conocéis y de la que se ha dicho ya todo. Que quien no la haya visto que vaya a verla, aunque sólo sea por la rareza que supone una buena historia en una producción tan taquillera, y los que ya lo hayáis hecho, pues sólo explicadme una cosa: ¿qué demonios es eso de Fox Searchlight? ¿Qué ha pasado con el Twentieth Century? ¿Se ha quedado atrás con el siglo? Ya no hay respeto por nada. Dentro de poco acabaremos arrodillados en una solitaria playa maldiciendo a la humanidad ante un símbolo de la MGM con un ornitorrinco en vez de león. Si esto sigue así me voy a Betelgeuse, lo juro.
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martes 15 de julio de 2008
El blues del verano
Indignante. Con el sol brillando y las chicharras cantando, y las olas (aunque sean las de las piscinas) llamando a nuestra parte, el mundo adulto nos exige que sigamos trabajando, dándonos a cambio un mísero mes de vacaciones. Podría ir al Congreso y quejarme, pero seguro que me dirían que soy demasiado joven para votar.
Pero siempre hay un ritual que nada ni nadie impedirá que se repita: pinchar el "Summertime Blues" de Eddie Cochran, un grande entre los grandes.
Pero siempre hay un ritual que nada ni nadie impedirá que se repita: pinchar el "Summertime Blues" de Eddie Cochran, un grande entre los grandes.
Fríamente, sin motivos personales (1972)
Jan-Michael Vincent, uno de esos actores que durante momento pareció que iba a alcanzar el estrellato, pero que acabó sus días en films de serie B y apariciones en televisión, cumple hoy 65 añazos. ¿Conservará su melena rubia y sus aires de jovenzuelo antisistema? Ni idea, pero los astros se han unido para que coincida hoy su cumpleaños con este recuerdo a una de sus mejores películas. Aunque el verdadero protagonista de hoy debe, y de hecho es, Charles Bronson, un actor pétreo y sin embargo minusvalorado por la mayoría tras varias décadas de films de pistoleros y justicieros, cada cual peor que el anterior, que sin embargo tuvo durante los 60 y primeros 70 una carrera más que decente. En 1972, junto al director Michael Winner, con quien luego trabajaría codo con codo en algunos films del arquitecto pistolero Paul Kersey (consejo: vean la primera entrega de Kersey, la única salvable, y si gustan del humor involuntario en las películas, vean el resto, pasarán un buen rato), Bronson se destapó con un interesante protagonista en Fríamente, sin motivos personales, encarnando al típico asesino a sueldo metódico y silencioso, pero cuyos métodos personales le convierten en uno de sus papeles más interesantes. De como Winner pudo rodar films interesantes como éste o Scorpio para acabar rodando Yo soy la justicia II, es algo que no entiendo, pero el mundo del cine es así de intrincado.Si hace poco hablaba de Chacal y de su muestrario de preparaciones y planes del asesino de la OAS, el primer cuarto de hora de Fríamente, sin motivos personales incide también en esa parte de los "torpedos" o asesinos a sueldo que no solemos ver, la de la preparación del crimen. En lo que es uno de los mejores momentos de la cinta, Arthur Bishop, el personaje de Bronson, observa desde un apartamento a su víctima, recopilando datos, tomando fotografías, meditando en su casa con música clásica la forma de acabar con su objetivo. Uno de los mayores atractivos de Bishop, y de la historia, es que no es el típico pistolero de la Mafia, sino que es un "mecánico" (el The Mechanic del título original), un asesino especializado en hacer "que parezca un accidente". Así, resulta fascinante seguir durante unos tensos quince minutos el proceso que lleva a Bishop a montar un intrincado plan con el que despachar a su víctima sin que parezca un asesinato. Sólo por ese comienzo la película merece ser vista.
La película cambia de tercio cuando Bishop conoce a Steve, el hijo de un viejo amigo de su padre que se convertirá en objetivo del asesino. Sin embargo Steve no parecerá sentir demasiado la muerte de su padre, y se acercará a Bishop atraído por la extraña personalidad de éste. Pronto verán que la filosofía de vida de ambos es bastante parecida, lo que quedará patente en una aséptica escena en la que ambos observarán en silencio como una amiguita de Steve se corta las venas, de tal modo que Steve acaba entrando en el mundo de Bishop. Éste comenzará a aleccionar a Steve para que siga sus pasos, pero en su primer trabajo juntos la cosa no resulta del todo bien, lo que no gustará a los jefes de Bishop, indignados por no haber sido consultados. Ése será el primer error de Bishop. Del segundo no puedo hablar, pero llevará a una escena final sorprendente e inolvidable en la que el veterano asesino demostrará aquello de "más sabe el Diablo por viejo que por Diablo".
Aunque las escenas de acción de la película no están a la altura de otros grandes títulos de la época, lo mejor de Fríamente, sin motivos personales son sus momentos de inacción, particularmente los trabajos de Bishop y el nudo final de la película. Directa y sin espacio para subtramas que desvíen la atención de la acción principal, en sus apenas cien minutos de película el film nos muestra el día a día de un asesino muy particular que mientras ve como su mundo se desmorona tendrá tiempo para arrancarnos una socarrona sonrisa justo antes de los créditos finales. Película ideal para amantes del género o los que quieran darle una segunda oportunidad a Bronson.
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lunes 14 de julio de 2008
Lógica simbólica

1- A Angelina Jolie le gusta Alice Cooper
2- A mí me gusta Alice Cooper
3- Por lo tanto, yo le gusto a Angelina Jolie
Si las leyes de la lógica de Lewis Carroll imperaran en el universo en vez de las de Newton y Copérnico, ¡qué bonita sería la vida!
2- A mí me gusta Alice Cooper
3- Por lo tanto, yo le gusto a Angelina Jolie
Si las leyes de la lógica de Lewis Carroll imperaran en el universo en vez de las de Newton y Copérnico, ¡qué bonita sería la vida!
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