Es una de las decepciones familiares más famosas en el ingente anecdotario de Hollywood. Y también e
s uno de los mayores éxitos de crítica y público que haya cosechado un film tras la Segunda Guerra Mundial. Y a su vez es un emblema del nuevo cine de vía comercial pero comprometido que marcó el segundo lustro de los 60 y especialmente los años 70. Es, en definitiva, uno de los grandes clásicos del cine hollywoodiense. Y como ocurre en muchos de estos casos, todo empezó con una novela.
En 1962 el libro de
Ken Kesey One Flew Over the Cuckoo's Nest se convirtió en una sensación nacional, vendiendo carretillas de ejemplares y convirtiéndose en la atención de muchos críticos sesudos. Su trama situada en un sanatorio mental, su canto a la libertad individual y el ataque a las técnicas de control que se ejercían sobre los pacientes de manicomios y casas de reposo subyugó a miles de lectores y la obra no tardó en convertirse en una referencia obligada en muchas universidades. A finales de 1963 se realizó una adaptación teatral para Broadway que no logró cosechar el mismo éxito de la novela. Sobre las tablas
Kirk Douglas se convirtió en el vital y rebelde McMurphy y
Gene Wilder en el tímido Billy Bibbit.
Kirk ya había estado detrás del proyecto desde el comienzo, y tras haber leído un avance de la novela de
Kesey y comprender las posibilidades que aquella magnífica historia ofrecía, se aseguró los derechos cinematográficos de la misma antes incluso de que estuviera publicada.
Sin embargo aunque
Kirk se las prometió felices se encontró con que ningún estudio estaba dispuesto a financiar aquella peligrosa historia sobre locos y lobotomías que todos juzgaban claramente anticomercial. El tiempo pasó y a principios de los 70
Kirk todavía no había podido colocar su ansiado proyecto, pero su hijo mayor
Michael se había convertido en una de las estrellas televisivas del momento gracias a
Las calles de San Francisco, serie que no sólo le había proporcionado bastante fama sino que además le había permitido hacer sus primeros pinitos como director.
Douglas hijo estaba decidido a no conformarse con interpretar, y tenía en su mente convertirse en productor. Era cuestión de tiempo que alguien sumara dos y dos.
Al parecer fue
Kirk quien hizo esa suma, convencido de que su nombre ya no bastaba para sacar adelante aquel proyecto. A pesar de que el interés en la novela había revivido gracias a nuevas adaptaciones, nadie quería producir aquella película. Por lo tanto decidió vender los derechos, pero alguien le hizo cambiar de opinión. Fue su hijo
Michael, que en aquel momento estaba en la cresta de la ola gracias a la televisión; le pidió la cesión de aquellos derechos, ya que quizás él lograría mejores resultados. Sin embargo durante dos años
Michael llamó de puerta en puerta obteniendo las mismas respuestas que había cosechado su padre la década anterior. Finalmente
Douglas hijo llamó a la puerta correcta, la de
Saul Zaentz, un productor que había hecho su fortuna en el sello de música jazz Fantasy Records, principalmente gracias a haber fichado a la
Creedence Clearwater Revival.
Zaentz estuvo de acuerdo en participar como coproductor siempre y cuando
Michael pudiera asegurarse a un actor de renombre.
¿Podía ser
Kirk Douglas ese actor de renombre? Desde luego no parece haber dudas de que
Kirk había cedido los derechos sobre la novela esperando ser él quien interpretara a R.P. McMurphy, como ya había hecho en Broadway. Donde difieren las versiones es en lo que pasó a continuación. Algunos abogan por la más bondadosa versión de
Kirk decidiendo que ya era demasiado mayor para el papel, mientras que muchos otros creen más bien que fue
Michael quien, en cierta manera, traicionó a su padre decidiendo buscar en otra parte a un actor más joven. Las primeras opciones de
Douglas Jr. fueron
Marlon Brando y
Gene Hackman, que no se mostraron interesadas. Durante un tiempo
Michael consideró seriamente a
Burt Reynolds, al parecer por sugerencia de
Milos Forman, pero quizás lo consideró demasiado arriesgado o alguien le disuadió de fichar al hombre del gran bigote. Mientras trataba de dar con el actor correcto el hijo de
Kirk contactó con el director
Hal Ashby para saber si estaría interesado en dirigir la adaptación de la novela, pero al parecer
Hal estaba más interesado en encontrar un proyecto viable para
Jack Nicholson, a quien acababa de dirigir en
El último deber. Fue así como
Michael comenzó a considerar a
Nicholson para el papel de McMurphy, idea que acabó de cristalizar después de quedar maravillado, como muchos otros, por la interpretación de
Jack en
El último deber.
Pero además de la popularidad que ya arrastraba
Nicholson desde
Easy Rider la aclamada El último deber le convirtió en uno de los actores más solicitados del momento, por lo que
Michael no lo tuvo fácil atraer la atención de la estrella. Al parecer recurrió a
Anjelica Huston para que le hiciera saber lo que se traía entre manos, y que pensaba enviarle la adaptación que había preparado el guionista
Bo Goldman. Cuando
Nicholson leyó aquel guión no tuvo que saber nada más y pospuso todas sus demás ofertas. Con
Jack a bordo
Michael se aseguró el apoyo de
Zaentz, por lo que el film podía por fin comenzar a concretarse.
Tras la negativa de
Hal Ashby el hijo de
Kirk decidió tantear a
Milos Forman enviándole el libro.
Forman aceptó, y según comentaría mucho después, a principios de los 60
Kirk ya había contactado con él en Checoslovaquia para que dirigiera la película, pero la censura no le hizo llegar la novela, por lo que
Kirk creyó que
Milos nunca respondió y éste pensó que el actor decidió no enviarle nada. Para
Michael y
Zaentz el estilo hiperrealista de
Milos sería estupendo para su aproximación documentalista a la novela.
El proyecto ya arrancó con problemas cuando los primeros tratamientos del guión, escritos por el mismo
Ken Kesey, fueron rechazados por
Forman y
Douglas.
Kesey quería conservar las referencias alucinógenas de la novela basadas en sus propias experiencias vitales con las drogas, y la narración del Jefe Bromden, mientras que
Douglas buscaba una aproximación muy realista a la trama. La ruptura entre el autor y los productores no fue amistosa y acabaría en demanda judicial. Fue entonces cuando le encargaron una nueva adaptación a
Goldman, que a su vez sería refinada por
Lawrence Hauben.
Con
Jack a bordo
Douglas y
Zaentz doblaron el presupuesto hasta los tres millones de dólares, asegurándose además la distribución de la United Artists. Tras el estreno de
Chinatown en junio de 1974 los productores seguían enfrascados en el perfeccionamiento del guión, por lo que
Nicholson obtuvo permiso para irse a rodar
Dos pillos y una herencia junto a
Warren Beatty (aquel debió ser uno de los rodajes más pillos del año).
El rodaje iba a comenzar en enero de 1975 en la localidad de Salem, donde estaba situado el Oregon State Hospital for the Insane. El plan era rodar en un manicomio real, con pacientes reales como extras y secundarios, que se mezclarían entre el reparto y colaborarían mano a mano con el equipo técnico. El manicomio de Salem fue elegido porque su director,
Dean R. Brooks, les ofreció una colaboración total. A cambio y como gesto de agradecimiento
Douglas le ofreció el papel del director del centro, lo cual
Brooks aceptó encantado. Su primera escena frente a
Nicholson sería en su mayor parte improvisada.
Además de pacientes reales la idea de
Forman era buscar actores totalmente desconocidos que acompañaran a
Nicholson. Se buscaron a actores entre pequeñas compañías teatrales, de donde surgieron
Christopher Lloyd y
Brad Dourif (ambos debutaron en el cine con esta película), secundarios poco conocidos como
Scatman Crothers o actores de poca experiencia como
Danny DeVito, quien retomaba su papel de la versión teatral offBroadway de1971. Encontrar a un indígena lo bastante alto para encarnar al Jefe fue realmente difícil, hasta que un secundario con un pequeño papel, vendedor de coches en la zona, les habló de
Will Sampson, un enorme indio de Portland.
Sampson se dedicaba a pintar y dibujar, y se mostraría como un estupendo actor natural. Además su papel no iba a tener muchas frases. Para el papel crucial de la malvada enfermera Ratched se barajaron nombres como el de
Anne Bancroft,
Geraldine Page,
Jane Fonda e incluso
Angela Lansbury (¿imagináis a la mítica Jessica Fletcher puteando a los pacientes? Eso sí que habría sido alucinógeno). Finalmente la elegida fue
Louise Fletcher, quien por lo visto tuvo que sudar sangre audición tras audición hasta lograr convencer a
Forman de que era la candidata idónea. Sus sudores no acabarían ahí, ya que en un rodaje cuasi experimental en el que entre pacientes y amateurs muchos actores decidieron entregarse al Método cuando las cámaras no seguían rodando
Fletcher se vio aislada del resto y desde luego
Forman no le puso las cosas muy fáciles, por lo que en su último día de rodaje la actriz, que había sido apartada para no contaminar la tensa situación interpretativa de todas las fiestas que se montaba
Nicholson, decidió dar un golpe de efecto para demostrar que ella no tenía nada que ver con Ratched desnudándose ante todo el mundo.
Alguien voló sobre el nido del cuco acabaría siendo un inesperado éxito, haría de
Nicholson la mayor estrella de su tiempo e impulsaría las carreras de varios actores antes mencionados. Y para
Forman y
Douglas significó que los grandes estudios comenzaran a tomárselos realmente en serio. La película barrió en la crítica y en los Oscar, llevándose los cinco grandes (película, director, protagonista masculino y femenino y guión adaptado).
Desde luego resulta imposible concebir un resumen de imágenes del cine hollywoodiense en los 70 sin que aparezca algun plano de
Alguien voló sobre el nido del cuco. El film es, por supuesto de lo mejor de la carrera de
Milos Forman, en el cual
Jack Nicholson nos brindó una de sus mejores interpretaciones (siempre habrá quien le niegue el pan y la sal, pero para mí desde luego es un grande con un estilo muy personal) enfrentándose a una maravillosa
Louis Fletcher a quien efectivamente todos odiamos cada vez que la vemos enfundada en su uniforme de enfermera malvada, aun cuando seguramente ni siquiera la propia Ratched sepa que en realidad está haciendo algo mal. Y, en general, todo el reparto es magnífico (de no ser famosos ahora, ¿quien podría decir si
Danny DeVito era o un paciente real?), repleto de estupendas actuaciones, aunque seguramente para el recuerdo haya quedado el icónico Jefe mudo de
Will Sampson.
Alguien voló sobre el nido del cuco es una de esas películas que pueden marcar una vida, tocar la fibra sensible, hacer reflexionar, o como quieran llamarlo ustedes. Aún recuerdo la primera vez que la vi lo sorprendido que me dejó, sin haberme figurado que se pudieran hacer films con temas tan complejos y controvertidos y al mismo tiempo tan simples en su sensibilidad. Cierto es que no sabía mucho del mundo, pero por lo general
Alguien voló sobre el nido del cuco es una puerta que puede abrirse y descubrirse a cualquier edad. Por supuesto, totalmente imprescindible.