viernes, 28 de agosto de 2015

Hanna (2011)

Curioso film de Joe Wright (Orgullo y prejuicio, Expiación), un film de acción con sensibilidad indie que recuerda a una mezcla de D.A.R.Y.L. y Nikita

Hanna (Saoirse Ronan) es una adolescente que vive con su padre Erik (Eric Bana) en algún lugar perdido de Finlandia. Sin electricidad ni comodidad alguna, viven en una cabaña aislada alimentándose de lo que pueden cazar. Desde el comienzo queda claro que además de ejercer de padre Erik es su entrenador, moldeando a la chica para convertirse en una máquina de matar. No tardaremos en descubrir que el objetivo la joven será dejarse apresar por la CIA para acabar con una de sus agentes, Marissa Wiegler (Cate Blanchett), para quien Erik trabajó en el pasado. Sin embargo las cosas no saldrán como estaban planeadas, y padre e hija tratarán de reencontrarse mientras los agentes de Wiegler van tras ellos.

Como decía, película de espías y asesinos con tiros y peleas pero también momentos que podrían estar sacados de alguna cinta sobre adolescentes que toman conciencia de sí mismos y su lugar en el mundo. La dirección de Wright, más preciosista que adrenalítica, también contribuye a esa sensación de película independiente que desprende en algunos momentos el film, lo cual no quita para que las secuencias de acción estén rodadas con buen pulso. Por lo demás a destacar las interpretaciones de la Blanchett (como siempre) y de Ronan, una joven promesa a la que seguir la pista. Ahora mismo está rodando una adaptación de La gaviota de Chejov, y a pesar de ser de Brooklyn es una actriz idónea para participar en ese tipo de historias costumbristas.

Hanna, uno de esos pocos thrillers con espías que podrían atraer en un mismo sillón a los locos por el cine indie y los apasionados de los tiros y los golpetazos. Eso sí, sin no hay un mínimo interés por el género de acción, igual mejor esperar a que estrenen La gaviota.

jueves, 27 de agosto de 2015

lunes, 24 de agosto de 2015

Venganza (2008)

El otro día vi una imitación de Seth McFarlane en el programa de Jimmy Fallon, metiéndose en la piel de un Liam Neeson vendedor de televisión por cable. Eso me recordó que a lo mejor valdría la pena acercarse a la saga de Taken (titulada por aquí como Venganza), cosa que hasta hoy había tenido poco interés en hacer la verdad, pero tras enterarme de que Luc Besson andaba metido en el asunto (como guionista y productor) me he decidido a verla, y creo que ha valido la pena. 

 
Venganza trata justo de eso, de la venganza y/o rescate por parte de Bryan Mills, un ex-agente de la CIA que se las sabe todas, y quien tras haberse retirado vive por y para su hija, que vive con su madre, la ex-mujer de Mills, y su padrastro, un millonetis de esos que te hace quedar mal en el cumple de tu hija regalándole un caballo, mientras que a ti con tu pensión de ex-agente sólo te ha llegado para un karaoke. En fin, el caso es que Kim, la hija en cuestión, se quiere ir a París con una amiga, pero como es menor necesita el permiso del duro Mills para salir del país. El padre, claro está, no ve claro eso de que su pequeña se vaya solo a Europa, y bueno por un momento diríase que la hija quiere ir a Afganistán o algún sitio así, pero claro como agente secreto el hombre sabe que el peligro acecha en cada esquina. El buen hombre accede a regañadientes, y la hija y su amiga se van a París, donde a las primeras de cambio son secuestradas por una mafia que se dedica a la trata de blancas. Mills sabe que tiene el tiempo contado para encontrarla antes de que acabe perdida en las extensas redes de prostitución que se extienden por todo el Viejo Continente.

No sé si fue por ser una producción francesa o porque algo no le acababa de convencer, pero Liam Neeson parece que estaba convencido de que Taken iba a ser un film de saldo de esos que se estrenarían directamente en DVD, pero aceptó encantado participar en el proyecto sólo para poder pegar unos cuantos tiros y tener que entrenarse y demás. Obviamente los papeles de action hero no le habían lloviado, imagino que nadie se imaginaba a Oskar Schindler pegando tiros por ahí. Pero Taken cambió todo eso, y ahora Neeson se mueve como pez en el agua en el género. No sé si temerá encasillarse, pero seguro que la paga es buena. Y bien que me alegro; tras ver a tanto pipiolo sin carisma metido a duro de pelar, es un placer ver a un veterano como él aportando su gran carisma al mundo de los tiroteos y las explosiones.

Y aunque tiroteos hay unos cuantos, explosiones pocas. Quizás en Hollywood Mills habría volado medio París para encontrar a su hija, pero aquí como mucho vuela unos bidones en una obra y, eso sí, se lleva por delante a unos cuantos albano-kosovares. Y en un momento determinado incluso las autoridades tratan de atraparle, un pequeño toque de realismo (pequeño claro, que es una película al fin y al cabo) antes de que Mills siga a lo suyo. 

También he de reprochar algún que otro detalle. Veamos, durante el arranque del film nos venden que Mills es todo un profesional, un tipo frío y concienzudo, como en la ya icónica conversación telefónica que tiene con el secuestrador, que aquí podríamos resumir con un "no sabes en qué lío te has metido, secuestrador". Y cuando llega al aeropuerto de París y localiza al captador de chicas de la organización, ¿qué hace Mills? ¡Ponerse a darle de ostias e interrogarle! ¡En la parada de taxis! Vale, alguno dirá que con lo que le está pasando a su hija el hombre está que trina, y todos somos humanos, pero entonces la construcción inicial del personaje nos desorienta un poco con ese exabrupto. Pero en fin, es un detalle que no arruina el conjunto ni mucho menos, aunque a mí me ha chocado un tanto. De todas formas más tarde lo arreglan con la secuencia de la cena con su viejo colega de la Inteligencia francesa. Ese otro exabrupto no lo esperaba, ves.

Bien, Venganza ofrece buena acción, entretenimiento, un guión sin chorradas que va al grano, y unos sorpresivos 93 minutos que son de agradecer. Imaginaos esta película con media hora más, con esta manía que hay ahora por los minutajes largos; en algún momento el film habría decaído, es difícil mantener el pulso durante tanto tiempo. 

Venganza, un buen film, sin más, y tampoco hace falta más en realidad. Da lo que promete, y eso ya es. Que hoy en día hay superproducciones de acción que no llegan ni a eso. No sé si con las secuelas ocurrirá lo mismo, o si acabarán secuestrando a su cuñado o algo así, ya lo iré averiguando. Pero ésta la recomiendo, sobretodo para fans de Liam Neeson, como es mi caso.

martes, 18 de agosto de 2015

Perdición (1944)

No puedo hacer eso. ¡Hace falta actuar! ¿Me dirá cuando no lo esté haciendo bien? 
Fred MacMurray


En efecto, comentaba Billy Wilder que el bueno de Fred MacMurray no se sentía muy seguro protagonizando un thriller, terreno alejado del que hasta entonces había sido su terreno natural, la comedia (¿quién podría decirlo viendo los papeles que hizo para el austriaco?). También era la primera vez para Wilder, cuya exigua carrera como director se reducía también a un par de comedias y Cinco tumbas al Cairo, más próxima quizá al género de aventuras. Sin embargo el resultado fue espléndido, y Wilder se anotó su primer gran clásico.

La adaptación de Double Indemnity, novela de James M. Cain basada en un crimen real, había estado circulando por Hollywood desde los años 30, pero su espinoso contenido (una esposa que lía a un agente de seguros para que mate a su marido y así poder cobrar la indemnización) de cara a la censura había mantenido a los estudios al margen. Finalmente la Paramount se hizo con los derechos de la historia, ya que se les antojaba un vehículo ideal para Wilder. A pesar de que la Oficina Hays desaconsejaba rodar aquella historia, el proyecto siguió adelante. Wilder y su por entonces colaborador habitual Charles Brackett escribieron un tratamiento más idóneo de cara a los censores. Los chicos de Hays aún señalaron dos o tres detalles que debían ser eliminados (nada de escenas en la cámara de gas, toallas demasiado cortas) antes de seguir adelante. Por entonces Brackett decidió apearse de una historia demasiado sórdida para su gusto, y para cubrir su puesto el estudio contrató nada menos que a Raymond Chandler, uno de los maestros de la ficción detectivesca norteamericana. Sobre el papel una gran idea, pero su inexperencia escribiendo guiones, y el hecho de que a la postre él y Wilder acabaran llevándose fatal estuvo a punto de hundir el proyecto, sobretodo cuando Chandler dio un ultimátum al estudio para que el director y guionista se aviniera a un código de conducta en el que no hubieran mujeres pululando ni llamando por teléfono (creo que el autor de El sueño eterno tenía envidia del éxito de Wilder con las mujeres) y gorras puestas en la oficina: "No puedo trabajar con un hombre que lleva sombrero en una oficina. Tengo la sensación de que va a ausentarse en cualquier momento. Mr. Wilder me ordenó abrir la ventana. No dijo por favor..." 

A pesar de sus diferencias el guión final resultó magnífico, como aseguró el propio James Cain, que fue a verla varias veces entusiasmado y admitió que en algunos puntos incluso habían mejorado su novela; por cierto, curiosamente, Raymond Chandler detestaba toda la obra del autor de Double Indemnity. Los diálogos del film son por lo general excelentes; quizás no alcancen el nivel de obras posteriores de Wilder pero algunos de ellos, como el de las multas de tráfico, no habrían desencajado en labios del dúo Bogart-Bacall

Fred MacMurray puede descansar tranquilo; mantener el tipo ante todo un Edward G. Robinson (quien, no cabe duda, era mucho mejor actor que él) y sobretodo ante una inconmensurable (¿o debiera decir en su línea habitual?) Barbara Stanwyck, cuyo papel había sido escrito a su medida. Imposible que su rostro no quede grabado en la retina, especialmente esa expresión (casi sexual, como afirmó Cameron Crowe) cuando tiene lugar el asesinato de su marido, fuera de cámara. Tremendo.

Perdición, otro pedazo de cine atemporal.

lunes, 17 de agosto de 2015

That's life in Hollywood

P1: ¿Qué tal era Axl entonces? Es de todos conocido que estaba fuera de control. ¿Qué opinabas de él?

Tim Mosher: ¡Y quién no estaba fuera de control en aquella época! Todo el mundo estaba tan salido que no sé cómo alguien podía opinar sobre cualquier otra persona.

David Roach: Toda la ciudad de Los Angeles era diferente entonces.

Pat Muzingo: Cada noche de la semana había algo que hacer. Salías cada noche. Conozco mucha más gente que estaba fuera de control.

Tim: Y con mucho menos dinero para hacerlo. Entonces yo estaba en otro grupo, pero todo el mundo estaba igual. Era como una especie de juego, constantemente pasaban cosas.

David: Era sexo, drogas y rock 'n' roll. Sólo que Axl parecía estar más metido en todo, ya que era el cantante solista de la banda más caliente de la ciudad por esa época, cuando todo aquello estaba sucediendo. Él tuvo todo el sexo, las drogas y el rock 'n' roll que pudo.

Tim: ¡Solía ser divertido! ¡Realmente divertido! Mi vieja banda solía hacer de teloneros en algunas partes, y después nos ibamos de fiesta. ¿te acuerdas cuando vino David Lee Roth a una fiesta nuestra?

David: Sí. Era un apartamento cochambroso, y antes habíamos dado un concierot. Estábamos en plan, ¿dónde vamos a beber esta cerveza? Bueno, vayamos al apartamento de Brian, o lo que fuera. David Lee Roth apareció con su guardaespaldas y sus provisiones farmacéuticas en nuestra fiesta, fumaba hierba y nos contó historias de guerras. Ese tipo de cosas sucedían en todas partes en Hollywood cada noche entonces.

jueves, 6 de agosto de 2015

Sígueme si puedes: hazañas y miserias en el Tour de Francia

Ando colaborando con la revista Jot Down bajo seudónimo, por si algún lector del blog es asiduo de su web. Aquí mi último escrito para la web de JD. El sempiterno artículo estival sobre el Tour de Francia.