lunes, 1 de septiembre de 2014

Star Trek II - La ira de Khan (1982)

He tasks me. He tasks me and I shall have him! I'll chase him 'round the moons of Nibia and 'round the Antares Maelstrom and 'round perdition's flames before I give him up!  Khan, ese superhombre iracundo.

Si he de retrotaerme a mis primeros impactos infantiles espaciales, desde luego la saga de Star Wars va a estar bastante presente. Pero gracias a algún pase televisivo he de conceder a Star Trek II - La ira de Khan, una medalla al valor, ya que presenciar una escena donde metían gusanos en los oídos de la gente era bastante más truculento que cualquier cosa que hubiera podido ver en el universo de George Lucas. Con el tiempo, aquello era lo único que podía recordar del film. ¡Orugas parásitas del desierto que se metían en el cerebro de la gente! Con todo lo enorme que pudiera ser el Rancor de El retorno de Jedi, esos bichos parecían mucho más amenazantes. Pasados los años, esa secuencia sigue pareciéndome estupenda, pero en mi opinión esta segunda entrega fílmica de Star Trek palidece frente a otras de la saga. Ciertamente me va mucho más todo ese rollo metafísico espacial de la primera entrega. Con todo, Star Trek II - La ira de Khan tiene sus alicientes, no crean.

Si algo he de concederle a Lucas es que sus films galácticos arrancan en plan muscle car; mientras que en los films de Star Trek, con todas sus tramas y referencias, la verdad es que se toman su tiempo. La ira de Khan se abre con la tripulación del Enterprise en una misión, pero en vez del capitán Kirk vemos a una pizpireta Kirstie Alley en plan vulcaniana al mando de la nave. ¿Qué ha pasado aquí? ¿Qué invento es este? Tranquilos, como luego sabremos, todo resulta ser una simulación, un test para reclutas. Mientras, cerca de un planetoide perdido de la mano de Dios, el familiar tripulate ruso Chejov, sirviendo en otra nave junto al comisario de Terminator, deambulan en una misión del proyecto Génesis, una ultrapoderosa invención terraformadora. El planetoide parece deshabitado, y mientras lo comprueban, los dos infelices se encuentran con el iracundo Khan y sus secuaces, quienes le meterán los ya mencionados bichejos en las orejas para tenerlos bajo control. Khan odia al capitán Kirk y no parará hasta vengarse.

Tras el estupendo recibimiento de Star Trek - La película la Paramount en seguida se puso a trabajar en una secuela para aprovechar la racha. Parece que la idea que Gene Roddendery tenía para la segunda parte con viajes en el tiempo y líneas temporales paralelas con el asesinato de John F. Kennedy por medio no convencieron a los directivos, que supongo ya debían de haberse sorprendido de haber sacado algo en claro tras aquella extraña trama del primer film, por lo que le dieron las gracias y le otorgaron el cargo de consultor. Así es Hollywood, amigos. Creas una serie de culto que da pie a una saga cinematográfica exitosa, y en cuanto te vayas por los cerros de Úbeda te ponen ahí, junto a la planta de interior. El productor televisivo Harve Bennett fue el designado para darle a la secuela una trama excitante. Bennett rebuscó en la serie original y dio con "Semilla espacial", un episodio donde Kirk dejaba exiliado en un planeta mostoso a un iracundo superhombre genéticamente modificado en el siglo XX llamado Khan junto a sus secuaces. Sí, aquello podía funcionar. Khan iba a volver en busca de venganza. Con lo que La ira de Khan iba a tener mucho más de aventura que de ciencia ficción.

Durante las reescrituras del tratamiento de Bennett la trama pasó de rebeliones instigadas por Khan y armas de destrucción masiva a venganza y un cachibache terraformador. Durante el proceso se introdujo un nuevo personaje del planeta Vulcano y comenzó a especularse con una posible muerte de Spock, ya que Leonard Nimoy, que ya había trabajado en el primer film de mala gana, se estaba mostrando muy reticente a ponerse de nuevo sus míticas orejas vulcanianas. Para rematar el guión y dirigir el film se trajo a Nicholas Meyer, escritor imaginativo y que había debutado como cineasta con la excelente Los pasajeros del tiempo.

El reparto clásico volvió a reunirse de nuevo para esta segund aparte, aunque alguno participó a regañadientes, especialmente Nimoy, como ya he comentado. Por ello los productores se cubrieron las espaldas metiendo a otro compatriota por si las moscas, aparte de otras promesas. Curiosamente quien llegó a ultimísima hora fue Ricardo Montalbán, el Khan original, a quien al parecer nadie había contactado para que retomara el personaje. Por suerte al final a alguien se le ocurrió descolgar el teléfono y llamarle, porque la verdad es que con un McCoy menos protestón que de costumbre, Spock teniendo que ceder protagonismo a la vulcaniana de Cheers y Chejov convertido de nuevo en víctima, tan sólo quedaban los histriónicos momentos de Shatner/Kirk para animar el asunto. La verdad es que Montalbán, con su pintas de roadie sesentón de Stryper y sus epatantes frases de odio a lo capitán Ahab, es lo mejor del film. La combinación de su estilo de epopeya decimonónica con sus superpectorales que parecen prótesis pero por lo visto eran de verdad (no cabe duda de que se cuidaba, el amigo Ricardo), hacen de Khan un villano inolvidable. Sólo con la cita que abre este texto su participación ya mereció la pena. Aparte del bonus que los fans de The Big Bang Theory ya conocerán. Ciertamente las frases de Khan son más míticas que las de, por ejemplo, Chejov: "Quizá pueda tratarse de una partícula de materia preanimada contenida en sustancia intercelular". Ajá. Además, La ira de Khan contiene uno de esos momentos puramente William Shatner que automáticamente deviene en un clásico del humor. En mi humilde opinión, exabruptos así tardaron en ser igualados. Es el encanto de Star Trek, siempre navegando entre la aventura, la ciencia ficción y la comedia más surrealista.
He tasks me.
Los habrá que tratarán de disuadirles para que no vean este film. Que si es flojo y hay otros mejores. Sí, La ira de Khan no es un paradigma de la ciencia ficción, pero, ¿acaso no merece ese Paul Stanley del espacio que es Khan una oportunidad? Curiosamente para muchos "trekkies" este film es, si no el mejor, uno de los mejores de la saga cinematográfica. En mi opinión sin el cachitas Montalbán la cosa no tendría mucha enjundia. En fin, no sé, observen esta última foto atentamente y díganme si no es razón suficiente para enfundarse de nuevo las orejas puntiagudas y sentarse en familia a ver Star Trek II - La ira de Khan.

sábado, 30 de agosto de 2014

Eric Clapton TV Special 1977

La verdad es que en youtube se encuentran las cosas más increíbles; cualquiera que haya vivido los tiempos de los VHS piratas y la caza de tal o cual actuación perdida en plan Indiana Jones jamás habría podido soñar algo así. Hoy sin ir más lejos me he encontrado con este especial del Old Grey Whistle Test de Eric Clapton. No es lo mejor que le he visto, el arranque con Eric a la acústica no resulta muy excitante, y cuando por fin coge la eléctrica ocurre lo que uno nunca imaginaría, ¡Eric Clapton metiendo la pata en los solos! En fin, ya sabéis, en aquella época todavía se encontraba luchando con sus demonios personales y me temo que ese día debió de licuarse unas cuantas pintas o algunas botellas. Aun así sigue demostrando esa técnica endiablada por la que tantos suspiran, además de apoyarse en una excelente banda, con su mano derecha George Terry a la cabeza, e Yvonne Elliman (sí, la Magdalena de Jesuschrist Superstar) a los coros. En fin, esto no es el In Concert de Derek & The Dominos, pero aun así es bastante recomendable.

viernes, 29 de agosto de 2014

Ajeno a los zombis: Zombie Party

La verdad es que no sé como se me había podido pasar un film como Shaun of the Dead (o por aquí, Zombie Party). Sin duda una de las películas de zombis más divertidas que haya visto. Y encima tiene la arrolladora "Don't Stop Me Now" de Queen en la banda sonora con secuencia protagónica incluida. Muy recomendable.

jueves, 28 de agosto de 2014

Profesiones ridículas

"Encargado de la puerta grande", "experto en rapto de novias", "pingüinólogo", MILF commander... y por supuesto el pluriempleado Alan Moore. Más profesiones tontunas vistas en la tele aquí.


jueves, 21 de agosto de 2014

martes, 19 de agosto de 2014

The Rolling Stones - Exile on Main St.

Recording at my place was a necessity. Keith Richards 

I remember Gram Parsons sitting in the kitchen in France one day, while we were overdubbing vocals or something. It was crazy. Someone is sitting int he kitchen overdubbing guitar and people are sitting at the table, talking, knives, forks, plates clanking.  Andy Johns

Debido a las malas artes de Allen Klein y sus deudas con el fisco The Rolling Stones habían abandonado Gran Bretaña por el sur de Francia. Mientras trataban de poner sus negocios en orden, Mick se refugió en los brazos de su novia Bianca Pérez, mientras Keith, ajeno como todo adicto a la realidad de que masticaba más de lo que podía tragar, comenzaba a pergeñar a la deshilachada manera del drogata el nuevo disco de la banda, un disco tan variopinto como su portada creado entre las llamas de la vieja Roma a la mayor gloria del nuevo y heroinómano Nerón, de la cual iba a surgir una nueva y esplendorosa obra de arte. Esa clase de disco excelente que se pondrá en la primera fila de los pulsos neuronales de muchos fans cuando piensen en el legado inmortal de la banda. Una obra maestra en la que el rey gitano se salió con la suya por última vez, antes de que las drogas comenzaran a cobrarse su impuesto y fuera obligatoriamente sustituido por ese moderno Sejano llamado Mick Jagger.

El 5 de mayo de 1971 se produjo el primer ensayo de los Rolling Stones en su Elba particular, el sur de Francia. Tras descartar varios estudios de grabación se optó por hacer de Nellcote, la villa de Keith en Villefranche, el nuevo centro de operaciones de la banda. Entre tanto Mick últimaba los detalles de su boda con Bianca, a la que acudirían 75 invitados entre familiares, amigos y colegas de la farándula, además de una incómoda nube de periodistas. Tras el enlace la feliz pareja se fue a Italia a pasar su luna de miel.

El sótano de Nellcote, reconvertido en sala de grabación gracias al estudio móvil de la banda, era un pequeño horno en el que los músicos destilaban sudor y bourbon a la par que transpiraban buena música cuando las Musas despertaban de su sueño opiáceo. Más que nunca, el nuevo álbum iba a seguir el ritmo de Keith, adaptándose a sus horarios y sus momentos de inspiración, fraccionados entre juergas, peleas y travesuras, con una pléyade de invitados (aunque en muchos casos esta catalogación rayaba el puro eufemismo) que entraban y salían del lugar en un eterno joie de vivre con Jack Daniels, Beaujolais y drogas duras y blandas como protagonistas. La orgiástica rutina de Nellcote era un falso indicio de cualquier aspecto vacacional: entre canciones sobrantes del anterior disco, ideas sueltas y buscar nuevas composiciones, la banda tenía mucho trabajo por delante. En Atlantic estaban deseando comprobar el progreso del futuro disco, y Marshall Chess no tenía nada que ofrecerles.

El caos era total. Charlie y Bill, en el lado sobrio de la banda, acudían con puntualidad a las citas, que podían ser productivas o no. El hecho de que Keith hubiera arrastrado al productor, Jimmy Miller, así como a Bobby Keys y al joven Mick Taylor, a su particular torbellino de drogas, no ayudaba a organizar las cosas. Y por supuesto Jagger no estaba dispuesto a tolerar los desplantes heroinómanos de Keith; cuando ocurría se largaba durante varios días a París a ser consolado por su esposa Bianca, lo que a su vez sacaba de quicio al guitarrista. Aunque Miller estuviera comenzando a coquetear con el diablo quedaba patente tanto para él como para el ingeniero de sonido Andy Johns que la banda estaba muy lejos de su mejor momento. En el ambiente flotaba la duda de si aquel disco se acabaría algún día. Quizás fuera Keith, a su esporádica manera, el único que veía la luz al final del tunel. De repente se despertaba una mañana, hacía venir a los ingenieros que se habían ido a dormir pocas horas antes, y surgía un diamante como "Rocks Off". O cuando las diferencias entre Mick y Keith se disipaban, y lograban juntarse de nuevo en una habitación, como antaño, Jagger escupía algunas frases y la guitarra de Keith comenzaba a olisquear la presa, hasta que daban con "Rip This Joint" o "Tumbling Dice".

Sin embargo no todas las visitas eran simples parásitos. Es bien conocida la influencia que Gram Parsons tuvo sobre Keith, mientras se sentaban juntos al piano, o aquel le ponía tal o cual disco de legendarios artistas country. Come on down sweet Virginia. O si pasaba William Burroughs por allí, luego Mick usaría su sistema de frases escritas en trocitos de papel que el resto de la banda cogía de un montón para terminar la letra de "Casino Boogie". Con Charlie viviendo temporalmente en Nellcote, para evitarse largos viajes por las carreteras secundarias francesas, cuando Keith le avisaba para bajar al sótano los ingenieros ponían la grabadora en marcha. Era un señal de que el guitarrista se había acostado con las Musas.

De todas formas el proceso de composición, arreglos y reorganización de ideas fue permanentemente inconstante. Tan pronto como la magia aparecía podía irse de nuevo cuando Keith se quedaba flotando durante horas, o cuando Mick sentía la necesidad de volver junto a su esposa, dejando a un desconsolado guitarrista detrás. Pero a pesar de sus ya serios problemas con las drogas, Keith parecía tener más la cabeza en ese disco que su amigo Mick. Por su parte Taylor alucinaba con el caótico proceso compositivo de la banda, acercándose a las drogas con tanto tiempo en sus manos, mientras Charlie y Bill se armaban de paciencia, o se iban a hacer sus cosas hasta que se necesitaran sus servicios.

En octubre Bianca y Mick tuvieron su primer hijo, lo que se convirtió en la prioridad número del cantante, mientras en Nellcote ocurría lo inevitable; con tanto ir y venir de conocidos y extraños, alguien entró y se llevó varios instrumentos sin que nadie se enterara. El verano se iba y la Riviera francesa había sido exprimida. Habían tenido que retorcer la ubre, pero la banda tenía más de 20 canciones listas para ser grabadas, suficientes para un álbum doble. Era  hora de ir a Los Ángeles a acabar el disco. La vieja rutina. O tal vez una consecuencia de la policía francesa investigando todo el rastro de drogas que conducía hacia villa Richards.

A principios de 1972 la banda se reunió en Los Ángeles para regrabar algunas partes, añadir pistas vocales y ayudarse de las colaboraciones de algunos músicos insignes como Billy Preston o Dr. John con parte de su corte. Si Keith había estado al mando del timón en Francia, en California fue Mick quien se implicó a fondo, cosa que no es de extrañar ya que había mucho trabajo vocal por hacer. Por su parte Richards se acabó yendo a Suiza junto con Anita y su hijo Marlon; su esposa yonqui estaba embarazada y convenía una cura de desintoxicación. Su hija, Dandelion, nacería el 17 de marzo.

La policía francesa quería hacer unas preguntas a la banda, exiliada ahora de su exilio francés, mientras Mick trataba de llegar a un acuerdo con el pirata Klein para no tener todos los activos de la banda paralizados mientras la justicia seguía ponderando sobre el caso. Para seguir adelante iban a tener que retirar la demanda y aceptar las migajas que pudieran obtener de su mánager. Los derechos de edición y los máster de lo grabado en los últimos diez años por la banda siguieron en poder de Klein. El precio de la educación.

Con el disco terminado la banda se reunió en Suiza para los ensayos de la nueva gira. El 12 de mayo de 1972 Exile on Main St., el diario de los Stones vagabundos, firmado por un tal Richards, salió al mercado. 
El álbum se abre con la festiva "Rocks Off" y esa típica guitarra estoniana, que va cobrando fuerza conforme las seis cuerdas restallan y se añade el piano de Nicky Hopkins, azotados aquí y allá por los los redobles de Charlie, hasta que finalmente entran los vientos de Jim Price y Bobby Keys y el tema se pierde en un paroxístico estribillo, que en su segunda acometida se pierde en un suave medio tiempo susurrante, que tras un nuevo chute retoma su imparable ritmo anterior. El segundo corte es "Rip This Joint", uno de los temas estonianos más rápidos hasta la fecha, una furiosa canción con toques rockabilly en la que destaca la rasgada voz de Jagger y el contrabajo de Bill Plummer, grabado mientras Wyman estaba perdido por Francia, descontento una vez más. "Shake Your Hips" es una revisión del tema original de Slim Harpo, en lo que obviamente es un regreso de la banda a las raíces, y una oportunidad de poner atención a la ármonica de Mick. En "Casino Boogie" Mick y Keith se meriendan las partes vocales, guitarra rítmica y bajo, dejando protagonismo al solo de Taylor y el saxo de Bobby Keys. La cara A del primer disco se cerraba con uno de los temas más celebrados del álbum, "Tumbling Dice", un boogie rescatado de las sesiones de Sticky Fingers que se desliza como una culebra sobre un tapete. Mick Taylor se encargó del bajo; pobre Wyman, si no estaba allí para grabar, nadie le esperaba. A día de hoy Mick sigue convencido de que usaron la mezcla errónea para la canción. La cara B es el lento country "Sweet Virginia", donde Charlie se limita prácticamente a poner la base sobre la que funcionan el piano de Ian "Stu", el saxo de Bobby y los magníficos coros de Keith y presumiblemente otros invitados a la juerga. Y si hay un ejemplo de la influencia de un insigne invitado, Gram Parsons, sobre la música de los Stones, ahí está "Torn and Frayed", un corte de country rock que no habría desentonado en los Flying Burrito Brothers o alguno de los discos en solitario de Gram. Junto con "Sweet Virginia" es sin duda uno de los temas más deliciosos del Exile. Con la balada sureña "Sweet Black Angel" los Stones se pusieron más políticos que nunca apoyando a la activista Angela Davis en un letra que no pasaba desapercibida para la audiencia de la época. Musicalmente sin embargo el tema queda sepultado bajo el peso de "Torn and Frayed" y "Loving Cup", una de esas bellas baladas estonianas que la banda rescató de las sesiones del Let it Bleed, y la cual queda marcada por el piano de Hopkins y una pequeña ayuda de Jimmy Miller en las percusiones, además de la siempre bienvenida combinación de Price y Keys en los vientos. Y sí, increíblemente, el bajo lo grabó Bill Wyman.

La segunda parte del LP doble se abría con "Happy", ese excepcional tema autobiográfico del Keith más gitano y vagabundo al que Mick puso coros y Jimmy el pulso en la batería; el combo Price/Keys cerraba la formación de este tema, uno de los grandes clásicos de la banda. "Turd on the Run" es un rápido tema con aires country que evoca la musicalidad de la Inglaterra de posguerra, mientras que "Ventilator Blues", una de esas raras ocasiones en que Jagger y Richards deciden rebajarse a compartir créditos con alguien (en este caso, Mick Taylor), huele a estancadas agua de pantano y humedad de sótano, siendo el único corte de todo el disco en el que participan todos los miembros del grupo a la vez. De las marismas emerge "I Just Want to See His Face", una jam tribal a tres bandas entre Mick, Keith y Charlie. "Let it Loose" surgió del apasionado interés de Mick por los coros gospel, aunque en la letra de Keith se atisban ecos del moderno Odiseo del folk americano. La cara B del segundo disco se abría con "All Down the Line", un descarte acústico reconvertido en un "crochet" eléctrico dirigido a los sentidos. Con "Stop Breaking Down" la banda se sumergió en el Delta de la mano de Robert Johnson, un destino ideal para que Mick se desate con la armónica y Taylor haga lo propio con el slide, mientras el bueno de Stu les guarda las espaldas al piano, como si el tiempo se hubiera detenido en aquellos viejos clubs de jazz londinenses. La mayor contribución compositiva de Jagger fue "Shine A Light", que compuso originalmente en los días en que Brian iba perdiéndose cada vez más en sus adicciones, de manera similar a lo que le estaba ocurriendo a Keith; el colaborador de lujo en esta ocasión fue Billy Preston, al mando de piano y órgano. El álbum se cerraba brillantemente con "Soul Survivor", una de esas canciones de la banda que parece albergar al diablo agazapado tras cada nota y cada riff. Todo esto y más era y es Exile on Main St., un estofado de inquietudes estonianas cocinado a fuego lento bajo la supervisión de un Keith Richards cuya atropellada inspiración había alcanzado su punto máximo; podría haber sido su último canto, de no haber sido porque siempre tuvo más de fénix que de cisne.

lunes, 18 de agosto de 2014

Más Mean Tweets

Ahi vaotra ronda de tweets malvados cortesía del show de Jimmy Kimmel y algunos de los tuiteros más mordaces de la red.

viernes, 15 de agosto de 2014

Maniac (1980)

Joe Spinell, menudo tipo. En estos tiempos tan políticamente correctos y tan homogéneos realmente se echa de menos a alguien como él, uno de esos actores de carácter cuyo rostro jamás olvidas, aunque sólo le hayas visto una vez en tal o cual escena. Desde luego difícilmente alguien como él habría conseguido un papel de galán (aunque se salió de sus estereotipos en más de una ocasión), pero como secundario del tipo intimidante no tenía rivales. Incluso cuando simplemente hacía de empleado en una compañía de taxis como en Taxi Driver, uno no podía evitar fijarse en él. Pero desde el punto de vista más creativo y personal, si Spinell nos dejó un legado como actor sin duda fue Maniac.

Tanto Spinell como su amigo y director, William Lustig, eran fans del cine de terror. Muchas veces iban al cine juntos (en cierta ocasión Joe no tuvo reparos en llevar a un avergonzado Lustig a ver un film de su novia, y futura esposa, Jean Jennings, actriz de cine para adultos; aunque no sé por qué se azoró tanto si Bill debutó en el cine porno como director según tento entendido) y veían chapuceras cintas de terror como tantas se hacían por aquella época. Maniac nació del convencimiento de ambos de que por el mismo presupuesto ínfimo podían hacer un film de terror mucho mejor. Por supuesto Lustig sería el director y Spinell se aseguró el papel protagonista, además de escribir el guión y participar como productor.

El rodaje fue rápido y barato, con un equipo muy reducido y no todos los permisos necesarios para rodar algunas secuencias. Varias de las actrices secundarias que ejercerían de víctimas fueron reclutadas en el mundo del porno, para ahorrar costes, aunque alguna podría dar lecciones a víctimas de otros films. Eso sí, como coprotagonista Spinell se aseguró la aparición de la divina Caroline Munro, lo cual es de agradecer. A pesar del bajo presupuesto el film se beneficiaría de las artes de Tom Savini, hoy una leyenda de los efectos especiales que contribuyó con sus artes en varios clásicos del slasher y el terror entre los 70 y los 80 especialmente.

Contemporánea de un clásico como Viernes 13, la cinta de Lustig destaca por su retrato más realista del protagonista psicópata y una violencia mucho más gráfica, lo que los entendidos etiquetarían quizás como un film a medio camino entre el slasher y el splatter. Más gráfica pero no por ello más fantasiosa; del excelente resultado de los asesinatos de las pobres víctimas de Spinell en su alter ego del maníaco Frank Zito es buena prueba la polémica que envolvió al film tras su estreno, con grupos de feministas y otras gentes sensibles llamando a boicotear la película y echando pestes de todo lo que tenía que ver con Maniac (como podéis comprobar en este enlace). Sí, las muertes en Maniac no son tan cómodas como las de cualquier slasher al uso; si a su enfoque crudo le añadimos el inquietante rostro de Spinell con sus ojos abiertos perdido en una mirada de sádico placer, bueno, ahí tenemos una combinación explosiva para fomentar la incomodidad en el espectador. Realmente hoy en día todo lo que podamos ver en Maniac ha sido superado con creces en cuanto a nivel de violencia, depravación o festejo gore, pero aquellos eran otros tiempos, y realmente el film tenía algo pertubador que no podía encontrarse en las cintas de Herschell Gordon Lewis, por ejemplo. Curiosamente Spinell fue el primer sorprendido por toda aquella polémica, y el rechazo de muchas mujeres al film realmente le dolió, de tal manera que cuando años después puso en marcha una secuela de Maniac (que no llegaría a completarse), su psicópata se reconvirtió en un justiciero asesino de padres maltratadores.

Curiosamente la muerte más salvaje del film no era la de una mujer, sino la de un pobre tipo discotequero (interpretado por el mismo Tom Savini) en la que seguramente sea la secuencia más memorable de la película. El hombre está con su ligue en el coche, a la manera tradicional que todos conocemos, cuando aparece Zito armado con un rifle de dos cañones, ¡y patabum! le vuela la cabeza al pobre Savini. Todo rodado a una suculenta cámara lenta. El trabajo de los efectos especiales de Savini es espectacular; había ejercido como fotógrafo de guerra en Vietnam, con lo que había visto todo lo que se pueda ver sobre la muerte y la violencia. Sin duda un gran aprendizaje para un futuro creador de efectos especiales. Para asegurarse de que la escena de la voladura sesera salía bien, fue el propio Savini quien se puso en el papel de Zito para volarse a sí mismo la cabeza. Enternecedoramente profesional.

En fin, Maniac es un título de culto por muchos motivos, entre los que destacan obviamente su incómoda violencia y sobretodo un enorme Joe Spinell retratando a un torturado Frank Zito aparentemente dominado por el recuerdo de su madre como un Norman Bates de los 80, y por el subsecuente impulso misógino para cobrarse nuevas víctimas, castigándolas por algún pecado imaginario que en su mente se confunde con el puritanismo, una dependencia insana de una madre y traumas infantiles, resumidos en esa mítica frase del film, "I warned you not to go out tonight". La verdad es que dudo que ninguna máscara de hockey o maquillaje de rostro quemado pueda competir con la simple anatomía de Spinell, y esos ojos fijos que son como una puerta abierta al terror y la locura. Como decía, en el cine gore y demás subgéneros del estilo la frontera de Maniac hace mucho que quedó atrás, amén de presupuestos y avances tecnológicos. Pero amigos, alguien como Joe Spinell jamás podrá ser superado. Por todo ello Maniac es una película ineludible, especialmente en esas noches en que uno tiene la sensación de que las esquinas sombrías albergan algún tipo de amenaza y es mejor quedarse en casa.

Por último, para los más curiosos, no dejen de indagar las conexiones entre este film y una cinta como Flashdance. Eso sí que es inquietante.